200px|thumb|Mapa físico del término municipal de Málaga.

El urbanismo de Málaga es el reflejo del proceso de ocupación de esta ciudad española y de la evolución de sus construcciones desde la fundación de la ciudad en el siglo VII a. C. Topográficamente se podría definir a Málaga desde el punto de vista urbano como una gran T invertida con el río Guadalmedina como eje vertical que aún hoy marca una división no solo geográfica en la ciudad. Tres son los condicionantes físicos que han marcado la trayectoria urbana de Málaga: el mar Mediterráneo, el río Guadalmedina y la cercanía de los Montes de Málaga. De hecho la zona oriental de la ciudad es una estrecha y larga faja de terreno encajonada entre mar y monte. La zona natural de expansión de Málaga es el oeste, hacia la amplia vega resultante entre el río Guadalhorce y el Guadalmedina: la Hoya de Málaga, donde han surgido grandes barrios a lo largo del sigloXX.

Con el nombre de Malaka primero y Malaca después, la historia de Málaga tiene unos 2700 años, pero los asentamientos humanos en su territorio no adquieren un nivel significativo de población y de urbanización hasta el . Durante los siglosXVIII y XIX, se configura el grueso de lo que hoy se conoce como Centro Histórico, al este del río Guadalmedina. Se caracteriza por tener un trazado irregular, herencia de la época musulmana. Entre sus edificios se mezclan las viviendas con varios siglos de antigüedad, (con distinto grado de conservación, muchas de ellas en ruinas o en proceso de restauración), con edificios decimonónicos y otros de reciente construcción.

En la zona este, con excepción del barrio de La Malagueta, predominan las viviendas unifamiliares, que van desde casas tradicionales de pescadores en las calles limítrofes a la costa, a viviendas exentas con jardín en los barrios de Pedregalejo y El Limonar, herencia de la burguesía industrial del . En el extremo oriental se sitúa el popular barrio de El Palo, viejo enclave de pescadores que conserva muchas de sus casas modestas, tabernas y ambiente particular, manteniendo la imagen de la Málaga tradicional y marinera.

A la orilla oeste del Guadalmedina se situaba el arrabal urbano y la zona industrial donde obreros, jornaleros y otras clases populares eran los habitantes habituales, manteniéndose esta situación hasta bien adentrados en el , con la excepción del barrio de El Perchel, arrabal árabe que data de un periodo anterior a la Reconquista. El éxodo rural, como en el resto de España se vino produciendo desde finales de los años 50. Se fueron suplantando huertas, vaquerías y ruinas industriales por barrios obreros poblados de forma masiva por gente proveniente de zonas rurales, atraídos por las oportunidades laborales relacionadas con el boom turístico e industrial. El resultado es el de un urbanismo mal planificado, que se realizó únicamente con intereses empresariales especulativos, aprovechando el bajo coste del suelo y buscando el máximo beneficio. Hasta bien entrado los años 90, había en estas zonas multitud de los típicos corralones, de los que aún sobreviven algunos en los barrios de El Perchel y La Trinidad.

Los orígenes de la ciudad 200px|thumb|Piletas de salazones de época bajo imperial en el Rectorado de la Universidad, donde también han aparecido restos fenicios. Malaka fenicia La estructura urbana anterior al asentamiento islámico es poco conocida. Se ha especulado con que Málaga es el lugar del emplazamiento de la colonia griega de Mainake, aunque no se han encontrado pruebas fehacientes que apoyen esta tesis. Sin embargo, sí se han encontrado vestigios de las civilizaciones fenicia y romana. De lo que fue la colonia fenicia de Mlk o Malaka quedan varios tramos de la muralla defensiva bajo los sótanos de algunos edificios del centro histórico, concretamente bajo el Museo Picasso Málaga y el antiguo edificio de Correos, así como restos de un santuario o templo en un solar de calle Císter.

Según datos obtenidos de excavaciones, se conoce que el asentamiento fenicio se extendía aproximadamente desde la ladera de Gibralfaro, hasta la calle Císter y los jardines de Ibn Gabirol y por el sur hasta el mar, que en la época llegaba hasta el actual edificio del Rectorado de la Universidad. La aparición de una necrópolis fenicia en calle Andrés Pérez ha permitido establecer estos los límites, ya que los pueblos semíticos tenían por costumbre ubicar los cementerios fuera de las áreas pobladas, por lo que la ciudad de Malaka debió estar restringida al área mencionada. Se trató, por tanto, de una población de pequeña entidad, que vivía de cara al mar, por lo que también se ha especulado con la posibilidad de que contara con algún tipo de instalación portuaria o un simple espigón, sin que hayan aparecido restos tangibles.

Malaca romana De la Malaca romana se tiene constancia de que su extensión fue considerablemente mayor a la de la ciudad fenicia, pues se conoce la existencia de una industria alfarera en el entorno de la colina de El Ejido y calle Ollerías en el . Los restos más visibles son los del teatro romano, situado junto a la alcazaba, así como algunos retazos del sistema viario y unas grandes termas públicas en el área de calle Alcazabilla en dirección calle Císter. Fuera de esta zona, la estructura y fisionomía de la ciudad romana es muy poco conocida. Se ha constatado la existencia de varios sectores funerarios en el extrarradio de la antigua ciudad, algunos de ellos situados en torno a vías de comunicación, como establecían los parámetros urbanísticos del Imperio que la ciudad adoptó varias generaciones después de la llegada de los latinos. 200px|thumb|Teatro romano de Málaga. La antigua colonia fenicia irá adquiriendo una posición excéntrica respecto a la ciudad romana a medida que esta se expande hacia el norte y el oeste. El foro de la ciudad romana no se ha identificado aún. Se baraja la posibilidad de que se encuentre bajo el palacio de la Aduana o calle Alcazabilla o, más improbablemente, en la zona de la plaza de la Merced o de la plaza de la Constitución. Por el contrario, sí se han identificado algunas áreas donde prevalecían las funciones domésticas. En la ladera sur de Gibralfaro, se han encontrado los restos de una villa en los actuales jardines de Puerta Oscura y al norte de la plaza de la Constitución han aparecido diferentes muestras de antiguas viviendas, sobre todo alrededor de las calles de Santa Lucía y San Telmo. El crecimiento hacia el norte y el oeste del núcleo original fenicio también queda constatado por la evolución de los emplazamientos funerarios. Así, se observa el desplazamiento de la necrópolis de calle Beatas hacia el suroeste de la misma para el , extendiéndose hacia la zona del Teatro Cervantes y calle Frailes en la época bajoimperial.

Bajo la dominación romana Malaca continúa con la elaboración de conservas y salazones iniciada por los fenicios, cuyos restos se esparcen por todo el hinterland de la ciudad. En los alrededores de calle Beatas hubo una factoría de salazones de ocho piletas datada a finales del . La actividad productiva de esta zona se complementaba con los hornos de cerámica encontrados en calle Carretería y el basurero asociado en calle Álamos, y se expandió más al norte y al oeste, hacia calle San Juan de Letrán y calle de la Compañía.

Respecto al sistema defensivo, se tiene constancia del trazado de la muralla tardo romana, de la que han sobrevivido restos bajo los números 17 y 19 de Cortina del Muelle, a lo largo de calle Molina Lario y plaza del Obispo y calle Strachan, así como tres puntos en el sector oeste del casco antiguo. Pero la ciudad romana no se restringió a la zona fortificada. Se extendió extramuros según indican algunas muestras detectadas en calle Pozos Dulces, muy cerca ya del cauce del Guadalmedina.

Malaca bizantina y visigoda Durante el periodo de dominación bizantina, iniciado a mediados del , se mantiene la estructura de la ciudad romana. En el área de las calles Molina Lario y Strachan se situaron las naves de almacenamiento de los productos destinados a la exportación, coincidiendo con la línea de costa de la época, según se ha podido saber gracias a un fondeadero descubierto en calle Camas. También se han detectado restos de la presencia bizantina al otro lado del Guadalmedina.

Con la llegada de los visigodos y la crisis generalizada en el Mediterráneo, se inicia un periodo de feudalización propiciado por la desaparición del garum y la inseguridad creciente. La población huyó a los montes de forma masiva. Con el abandono de la ciudad, desaparece el puerto hacia el y no será hasta la llegada de los árabes cuando Málaga se recupera.

La ciudad musulmana 200px|thumb|Murallas de la alcazaba. 200px|thumb|Puerta nazarí de las atarazanas. En el año 743, los árabes entran en la ciudad, a la que llaman Mālaqa (مالقة). Su importancia entonces no es mayor que la de otros asentamientos vecinos como Bezmiliana o Archidona, capital de la cora de Rayya, demarcación administrativa que se estableció en el territorio correspondiente a la actual provincia de Málaga. Con el establecimiento del Califato de Córdoba en 929 y ya como capital provincial, Mālaqa adquiere mayor importancia, que se incrementa bajo la dinastía de los Hammudíes, alcanzando su máxima expansión durante la época nazarí.

Medina La morfología de la Mālaqa nazarí corresponde al modelo clásico del urbanismo islámico medieval, constituido por la medina, el castillo y los arrabales. El perímetro amurallado de esta época rodeaba los que en la actualidad se considera el centro histórico. El eje central de la medina unía la alcazaba con la puerta de Antequera, conectando la plaza de las Cuatro Calles (en la actualidad plaza de la Constitución), el zoco y la mezquita mayor. La ciudad se configura en trazados transversales a este eje central, destacando el eje de calle Granada, que se extendía desde la citada plaza hasta la salida del camino real de Granada, a través de la puerta homónima, y que concentraba varias mezquitas y casas señoriales. El restante sistema viario se caracterizaba por su trazado sinuoso de calles estrechas, de las que algunas han perdurado hasta hoy, como es el caso de calle Ascanio.

Alcazaba y castillo La alcazaba se comenzó a construir en 1065 por orden del rey Badis y fue ampliada en época nazarí. Se sitúa en el lado oriental de la medina y está rodeada por tres murallas. El recinto exterior albergaba la plaza de armas y contenía los accesos a la medina. En el recinto interior se situaban las dependencias palaciegas y un pequeño barrio intramuros. La alcazaba estaba comunicada con el castillo de Gibralfaro a través de un camino protegido por una doble muralla o coracha, utilizada para el suministro de alimentos de los soldados. El castillo adquiere su fisionomía definitiva durante el reinado de Yusuf I (1333-1354), aunque algunas de sus partes estas datadas en épocas anteriores. Consta de dos recintos amurallados y dos áreas interiores: la alta, donde se encontraba la mezquita del castillo, un pozo de origen fenicio, baños y la torre mayor; en la zona baja se situaban las caballerizas y la residencia de la tropa.

Complementando el sistema defensivo de la ciudad existían una serie de torres vigías esparcidas por el actual término municipal y municipios vecinos, de las que aún se conservan la torre del Prado, también conocida como torre de Fajardo o torre de Campanillas, situada junto al barrio de Colmenarejo; la torre de la Quirosa o de la Alhaja, en la zona de Los Almendrales; y la torre de los Verdiales, en la zona del mismo nombre. De las torres de Cerrado de Calderón, de San Telmo, de San Isidro y del Río, solo quedan algunos restos. Otras torres aún en pie son de origen cristiano.

Murallas