thumb|300px|Secciones de Nummulites en una muestra de roca pulida thumb|300px|right|Cocolitofórido al microscopio electrónico miniatura|300px|Ejemplar fósil de grano de polen al microscopio electrónico (Aquilapollenites attenuatus, del Cretácico superior de los Estados Unidos) La micropaleontología es el estudio de los fósiles microscópicos (conocidos como microfósiles y nanofósiles), para lo cual se emplean técnicas especiales de muestreo, preparación y observación con el microscopio.
La micropaleontología se encarga principalmente del estudio de los fósiles pertenecientes a microorganismos, como bacterias, arqueas, protistas y hongos, pero también se estudian pequeños restos fósiles de plantas y animales, como pólenes y esporas, ostrácodos, piezas dentarias de micromamíferos o elementos conodontales de peces extintos (Conodonta), de otro modo encuadrados normalmente en ramas como la paleobotánica y la paleozoología.
Su separación como una especialización de la Paleontología obedece a razones de índole técnica, práctica y aplicada, ya que los principios científicos son los mismos. El valor práctico de los microfósiles en varios campos de la Geología histórica y económica proviene de su pequeño tamaño, abundancia y amplia distribución geográfica en los sedimentos de todas las edades y en casi todos los medios, tanto marinos como continentales.
Historia de la micropaleontología
Primeras observaciones (Siglo XVII-XVIII) El nacimiento de la micropaleontología estuvo marcado por la invención del microscopio por Anton van Leeuwenhoek en el siglo XVII. Este avance tecnológico permitió que Robert Hooke, en su obra Micrographia, describiera microfósiles que más tarde serían reconocidos como foraminíferos. A partir de estas primeras observaciones, otros naturalistas como Gualtieri, Soldani y Bianchi continuaron el estudio de restos hallados en arenas de playa, atribuyéndolos a pequeños moluscos, corales e incluso otros foraminíferos. Gracias a sus trabajos, algunos de estos microfósiles recibieron posteriormente nomenclatura binomial, sentando las bases de una clasificación más sistemática.
Consolidación en el siglo XIX Durante el siglo XIX, la labor taxonómica se intensificó y permitió ampliar el campo de estudio. Alcide d’Orbigny destacó como uno de los fundadores de la micropaleontología al describir miles de especies de foraminíferos, tanto actuales como fósiles, y demostrar su valor bioestratigráfico.A partir de sus aportes, otros investigadores comenzaron a explorar nuevos grupos: Pander describió los conodontos, Sars estableció una taxonomía de ostrácodos, Schmidt publicó un atlas de diatomeas y Rüst describió tintínidos. Paralelamente, el perfeccionamiento de los microscopios ópticos abrió la puerta al estudio de polen, esporas y nanofósiles. En este contexto, Christian Ehrenberg introdujo el término “microgeología” en 1854 y fue considerado uno de los pioneros en separar la micropaleontología de otras disciplinas.
Aplicaciones estratigráficas y petroleras Con el avance de estas investigaciones, la utilidad estratigráfica de los microfósiles comenzó a hacerse evidente. Investigadores como Brongniart y Forbes aplicaron foraminíferos y ostrácodos para establecer zonaciones, lo que demostró su potencial en la correlación de estratos. Posteriormente, Józef Grzybowski fue pionero en aplicar la micropaleontología a la prospección petrolera (1897), al estudiar muestras de sondeos en Polonia y establecer horizontes bioestratigráficos. Aunque su trabajo pasó desapercibido inicialmente por estar escrito en polaco, hoy se reconoce como un hito en la aplicación industrial de la disciplina.
Microfósiles Los microfósiles son restos de organismos cuyo tamaño es tan pequeño que su identificación científica, e incluso la determinación de su presencia, requiere el uso del microscopio. Generalmente no superan el milímetro de longitud, aunque existen excepciones: algunos macroforaminíferos bentónicos, como Nummulites o Discocyclina, pueden alcanzar varios centímetros de diámetro. Se denomina nanofósiles a los de tamaño inferior a 20 μm, mientras que los fósiles bacterianos, menores a 2 μm, suelen llamarse picofósiles.
Tipos de Microfósiles
Organismos unicelulares: incluyen procariotas (Archaea y Bacteria) y eucariotas como foraminíferos, radiolarios, diatomeas, dinoflagelados y silicoflagelados. Organismos pluricelulares de pequeño tamaño: algunos invertebrados como ostrácodos, briozoos o pterópodos poseen especies microscópicas que se estudian en micropaleontología. Partes aisladas de macroorganismos: polen y esporas (paleobotánica), fragmentos de algas calcáreas, escolecodontos de anélidos, artejos de crinoideos o piezas dentarias de micromamíferos. Aunque provienen de organismos mayores, su tamaño reducido los convierte en objeto de estudio micropaleontológico
Los microfósiles no suelen sobrepasar el milímetro. Sin embargo, algunos grupos cuyo estudio se asigna normalmente a la Micropaleontología pueden alcanzar dimensiones tales que su presencia en las rocas puede determinarse a simple vista y es posible lograr una identificación preliminar con una lupa de mano (por ejemplo, macroforaminíferos bentónicos como Nummulites, Operculina, Discocyclina, etc; algunos Cycloclypeus actuales pueden alcanzar diámetros de hasta 10 cm). Se suele denominar nanofósiles a los de tamaño inferior a 20 μm. Además, los microfósiles de bacterias, que suelen tener un tamaño inferior a 2 μm, se les ha llamado picofósiles.
Aplicaciones de la micropaleontología Algunos microfósiles son muy utilizados en geología económica ya que brindan valiosa información durante la realización de prospecciones de recursos naturales como petróleo, gas, carbón, etc. Debido a su abundancia y pequeño tamaño solo basta poca cantidad de muestra para su estudio en perforaciones.
Otra aplicación que tienen es en el campo de la bioestratigrafía, algunos reúnen ciertas condiciones que lo hacen útiles al momento de datar las rocas, es decir, actúan como indicadores estratigráficos, muy importantes en la resolución temporal ya que permiten ajustar determinados intervalos de tiempo.
Desde el punto de vista paleoambiental y paleoecológico algunos grupos resultan de gran importancia ya que su presencia en las rocas permite realizar reconstrucciones confiables del paleoambiente de depositación, además existen grupos muy sensibles a los cambios de las condiciones ambientales permitiendo realizar inferencias acerca del clima a lo largo del tiempo geológico.
Existen rocas formadas casi exclusivamente por microfósiles, como las diatomitas (diatomeas), las radiolaritas (radiolarios) que constituyen importantes fuentes de sílice o la creta (cocolitofóridos y foraminíferos) fuente de carbonatos. Todos estos elementos muy utilizados en el ámbito industrial.
Véase también Paleovirología Esther Applin
Referencias
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Bibliografía recomendada Camacho, H. H. (2008). Los Invertebrados Fósiles. Vázquez Mazzini Editores, 950 págs. (Tomo I y II). Buenos Aires. ISBN 978-987-22121-7-9
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Enlaces externos Microfossils Centro de Palinología, Universidad de Sheffield, RU The American Association of Stratigraphic Palynologists (AASP) Commission Internationale de Microflore du Paléozoique (CIMP), international commission for Palaeozoic palynology. CIMP Subcommission on Acritarchs CIMP Chitinozoan Subcommission Micropaleontology Press, a division of the Micropaleontology Project, a nonprofit organization with the mission of promoting the science of micropaleontology. University of California, Berkeley, microfossil collections. The Ocean Drilling Programme (ODP) Micropaleontological reference centres. University College, London, Micropalaeontology Unit, including the MIRACLE database de imágenes de microfósiles Equipo de Micropaleontología, Universidad de Zaragoza, España Laboratorio de Palinoestratigrafía y Paleobotánica