miniaturadeimagen|Joaquín de Anchorena, presidente de la Sociedad Rural, acompaña al presidente del país durante la exposición de 1929. La «oligarquía conservadora» es un concepto utilizado por parte de la historiografía de la Argentina para referirse a un grupo social, político y económico.Alberto Guerberof, Izquierda colonial y socialismo criollo, Ediciones del Mar DulceNatalio R. Botana. El orden conservador, Buenos Aires, 1986. Hyspamérica Ediciones Argentina S.A. ISBN 950-614-365-X, págs. 72/3 El historiador Alberto Guerberof la designa como una élite que dirigió políticamente al país en determinados momentos históricos y económicos desde 1880 hasta 1916. La utilización del término «conservadora» alude a la ideología del Partido Autonomista Nacional, que gobernó el país entre 1874 y 1916, y del Partido Demócrata Nacional, considerado representante político de dicho sector en la década de 1930.
Los términos «élite dirigente» o «clase dirigente» también han sido utilizado por historiadores como Tulio Halperín Donghi por considerar que describen mejor su rol político e institucional, más allá de su composición económica.
Para el historiador Natalio R. Botana, en la Argentina el fenómeno puede ser analizado desde tres puntos de vista: como una clase social determinada por su capacidad de control económico; como un grupo político, en su origen representativo, que deriva en métodos restrictivos; y como una clase gobernante, con conciencia de pertenecer a un estrato político superior, integrada por un tipo específico de hombre político al que él denomina «el notable».
Origen Si bien el origen de su poder político puede datarse con el surgimiento de la Generación del Ochenta y con el inicio de la primera presidencia del general Julio Argentino Roca, en 1880, quien fue el máximo referente del Partido Autonomista Nacional, esto es solo una de las varias etapas históricas de conformación de la propiedad rural en Argentina. miniaturadeimagen|El Palacio Paz en Buenos Aires (hoy Círculo Militar) propiedad de la familia homónima, mansión representativa de este tipo de viviendas en la ciudad a principios de 1900.Los pueblos originarios tenían concepciones distintas al concepto europeo de la propiedad privada Los conquistadores castellanos reputaron realenga la tierra americana, propiedad de los reyes de Castilla (pero no parte del reino de Castilla), y la entregaron en forma de mercedes de tierras, suertes de estancias y chacras, a los primeros vecinos fundadores de las ciudades hispanoamericanas.
Estos vecinos y su descendencia constituyeron la clase alta del período virreinal y tenían el privilegio de ser los únicos elegibles para ocupar los cargos del cabildo, y conforme las Leyes de Indias se les reconocían idénticos privilegios a los que en Castilla gozaban los hidalgos de sangre,Hialmar Edmundo Gammalsson, Los pobladores de Buenos Aires y su descendencia, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, Secretaría de Cultura, Buenos Aires, 1980. por lo cual constituían un estrato similar a una nobleza que subsistió como tal hasta que la Asamblea del Año XIII, imbuidos de los principios igualitarios de la Ilustración, eliminara todos los privilegios nobiliarios. Si bien entre los conquistadores y primeros pobladores hubo algunos hidalgos, algunos lejanos descendientes de las casas reales peninsulares, como Hernando Arias de Saavedra, apodado Hernandarias Gonzalo de Mendoza, Pedro de la Puente Hurtado de Mendoza, Juan Ramírez de Velazco o Jerónimo Luis de Cabrera, o parientes relativamente cercanos de casas de la alta nobleza, como Alonso Riquelme de Guzmán, sobrino nieto del primer duque de Arcos, no hubo en cambio nobles titulados que pudiesen ser tentados por las inexistentes riquezas de estas tierras extremas del imperio español. De hecho Fernando de Toledo Pimentel, biznieto del II duque de Alba, es el conquistador más cercano a la alta nobleza peninsular, sin mayores posibilidades de heredar ni el título y ni el patrimonio adjunto. Otros, como Domingo Martínez de Irala, hasta debieron vender su modesto mayorazgo para costear su viaje a América como simple soldado en la flota de don Pedro de Mendoza.Narciso Binayán Carmona, Historia genealógica argentina, Emecé Editores, Buenos Aires, 1999, ISBN 950-04-2058-9.miniaturadeimagen|Exposición anual en el predio de la Sociedad Rural (1915) evento social donde se daban cita las grandes familias de terratenientes.Durante el período virreinal las mercedes de tierras más extensas se establecieron en la región que en aquel entonces se denominó el Tucumán, que se corresponde con el actual noroeste argentino, por su participación funcional en la economía extractiva del Alto Perú. Así se destacan inmensas superficies concedidas a particulares, como la que correspondió en Catamarca en 1622 a Diego Gómez de Pedraza, que pasó a sus sucesivos descendientes; aún hoy existen dudas acerca de su real extensión, que podría alcanzar a ochocientas setenta y tres mil hectáreas, una superficie mayor a la de varios de los pequeños estados europeos.Manuel Soria, Fechas Catamarqueñas, Tip. "Propaganda", S.A., en dos tomos.
Otras inmensas mercedes constituyeron la estancia Choya en Santiago del Estero, que, tras algunas peripecias propias de los enfrentamientos de jurisdicción que se dieron en aquel entonces, recayó finalmente en la familia Espeche, o las tierras jujeñas de Juan José Fernández Campero de Herrera, que fueron parte del marquesado del Valle de Toxo, el único título de nobleza concedido en territorio argentino con implicancias territoriales (existió la intención de conceder cuatro títulos condales a Liniers, Pueyrredón, Sáenz Valiente y Lezica, con motivo de las jornadas de las Invasiones inglesas, cuya tramitación fue interrumpida por los sucesos de la Revolución de Mayo. Fue concedido a Santiago de Liniers el de conde de Buenos Aires, pero ello no tuvo implicancias territoriales).
Existieron funcionarios españoles que ostentaron títulos nobiliarios, como Nicolás del Campo, II márqués de Loreto, virrey del Río de la Plata. Otros virreyes, como Antonio Olaguer Feliú y Heredia López y Domec o Joaquín del Pino Sánchez de Rozas Romero y Negrete, suegro de Bernardino Rivadavia, contra la norma establecida, contrajeron matrimonio con hijas del país, Ana de Azcuénaga el primero, y Rafaela de Vera Mujica y López Pintado el segundo. miniaturadeimagen|Edificio del Jockey Club en Buenos Aires (hoy desaparecido) institución representativa.
Otros casos como el de Ramón García de León y Pizarro, fundador de la ciudad de Orán, en Salta, Mariscal y General del Rey Fernando VII que ocupó el cargo de Gobernador de Salta y fue presidente de la Audiencia de Charcas, fue creado marqués de Casa Pizarro con el vizcondado previo de la Nueva Orán. (Es de estilo, en el rango nobiliario, que los marquesados sean creados sobre un título de vizcondado previo). Los títulos de marqués, así como los de duque, correspondían a la alta nobleza. Otro caso fue el arribo en 1778 a Buenos Aires de Francisco de Paula Sanz, algunos dicen que en realidad fue hijo de Carlos III de España, fruto de una relación extramatrimonial del rey, pero que tenía sangre real. El mismo tuvo cargos importantes en esta ciudad, pero por ser contrarrevolucionario, el ferviente realista fue fusilado en Potosí por tropas del Ejército del Norte al mando de Juan José Castelli. En la ciudad de Mendoza, el primer intendente del municipio mendocino de Lavalle, en 1895, D. César Cipriano Ibáñez Soler, poseía 550.000 hectáreas, distribuidas en 10 fincas y 2 estancias. Fue biznieto del Brigadier General de los R.E. en Buenos Aires, D. Pascual Ibáñez y Roca, casado con María Francisca de Rospigliosi y Ramírez de Saguez. De la aristocrática casa de los príncipes de Rospigliosi en Roma, y a la cual perteneció el papa Clemente IX, Giulio de Rospigliosi. Por otro lado, la familia Pelliza Acassuso, nietos del fundador de San Isidro, D. Domingo de Acassuso, poseía vastas tierras en el norte de la Provincia de Buenos Aires, al igual que sus descendientes, los Pelliza Pueyrredón y los Pelliza de Videla Correa de Sa, en el Virreinato del Río de la Plata.
Tras el proceso de emancipación americana, la región del noroeste argentino decaería al interrumpirse el circuito de producción de plata en el cerro Rico de Potosí para su remisión a España, desplazada por la producción ganadera en las tierras pampeanas ubicadas al sur del paralelo de 35°S, que se integraría paulatinamente al circuito del comercio inglés. A medida que la vieja nobleza virreinal perdía su preeminencia, iría surgiendo una nueva clase de comerciantes convertidos en terratenientes ganaderos. En algunos casos se podía ver a las viejas familias del Norte entroncando con las de estos nuevos propietarios, como el emblemático caso de Fabián Gómez Anchorena, de las antiguas familias de la nobleza choyana de San Pedro de Choya.María Esther de Miguel, Un dandy en la corte del rey Alfonso, Editorial Planeta, Buenos Aires, 2000, ISBN 950-49-0626-5.
thumb|Escudo de armas de familias del valle de Baztán, entre ellas la de Anchorena La segunda corriente de nobleza, basamento de la oligarquía y aristocracia Argentina, vino de manera migratoria entre finales del y principios del . En ese tiempo hubo una gran influencia de Europa en la oligarquía Argentina de origen europeo, quien miraba a Europa con ojos de admiración (sin embargo ya con varias generaciones en Argentina). Entre las familias más aristocráticas de la oligarquía de esos años, a las que se conocía como las tres ‘A’, estaban los Anchorena, los Alvear y los Álzaga. Esto se vio remarcado en la Belle Époque, cuando las familias argentinas de la aristocracia porteña se codeaban con el más rancio linaje de la nobleza europea.
De esta manera se dieron muchos de los casamientos más renombrados entre argentinas acaudaladas y antiguas familias de nobles europeos. De los Anchorena Ibáñez, se puede mencionar a D. Rosa de Anchorena Ibáñez, fundadora de varios institutos de ayuda a los más necesitados. D. Rosa estaba emparentada con los Ibáñez de Ibarzábal de la ciudad de Mendoza, terratenientes y de profunda convicción conservadora en esa provincia. Su biznieto, D. Julio César Becerra Ibáñez de Pelliza, posee varios títulos nobiliarios pertenecientes a sus ancestros españoles, entre ellos el Marquesado de Ancona, el cual perteneciera a su ancestro Stefano Colonna, cuya Casa Colonna actualmente pertenece a los príncipes Colonna Gioenni, en Roma, también el vizcondado de Narbonne, el cual perteneció a sus ancestros, Manrique de Lara en España, etcétera, hoy recuperados a través de la Justicia Europea en Ginebra y por el Colegio Notarial de Madrid, en España. Además, éste posee el título de Príncipe Arpad, otorgado por el Prelado de la Iglesia Ortodoxa Griega en California, por ser el mencionado 33° nieto del rey Bela I de Hungría y además por pertenecer a las reales casas de Francia de los Capeto y D'Anjou y pertenecer además a la casa real de Italia al tener más de 9 abuelas pertenecientes a la Real Casa de Saboya. Tal es el caso de la condesa consorte de Castellane, Florinda Fernández Anchorena (1901-1995), hija de los primeros propietarios del Palacio Fernández Anchorena, mujer del conde Georges de Castellane Gould (1897-1944), quien era hijo del marqués Boni de Castellane (quizás uno de los personajes más representativos de la Belle Époque en Francia) y de Anna Gould, hija del magnate estadounidense Jay Gould. miniaturadeimagen|Típica imagen de la alta sociedad reunida en el Hipódromo (1898).