La República romana temprana es un período de la historia de Roma que abarca desde la expulsión del rey Tarquinio el Soberbio en el año 509 a.C., según la tradición, hasta que Roma entra en contacto con las ciudades helénicas de la Magna Grecia (280 a.C., aproximadamente). Es el período de la formación de la ciudad-estado que conseguirá dominar Italia para, posteriormente, expandirse por todo el Mediterráneo.

Antecedentes

La arqueología ha podido demostrar que los asentamientos en la orilla del Tíber que hoy ocupa Roma se remontan al menos hasta el siglo IX a.C.. En esos primeros tiempos, Roma fue gobernada por reyes, siete según la tradición. El último de estos reyes, Tarquinio el Soberbio, utilizó la crueldad, la violencia y la brutalidad como forma de gobierno, lo que exasperó al pueblo romano. Su último crimen fue permitir que su hijo Sexto violara a Lucrecia, una joven patricia. El pueblo, liderado por Lucio Junio Bruto, se levantó contra el rey y decidió deponerlo. Así terminó la monarquía y comenzó la era republicana.

Creación de la República

Durante el tiempo de los Tarquinios el reino se había extendido hasta alcanzar 800 km² y la ciudad albergaba a unos treinta y cinco mil habitantes. Las ciudades latinas reconocían la fuerza del rey romano y le eran serviles.

La tradición establece como último rey de Roma a Tarquinio el Soberbio, personaje despiadado y déspota. Se cuenta de él que nunca consultaba al Senado ni completaba el número de sus integrantes, que pronunciaba las sentencias capitales y las confiscaciones sin la presencia de un consejo de senadores, acaparaba el trigo en cantidades enormes y obligaba a todos a servir en la guerra y a hacer frente a prestaciones abusivas. Sin embargo, no fue la conducta del rey lo que desencadenó su caída, sino la conducta de su hijo Sexto Tarquinio. Tarquinio permitió que éste violara a Lucrecia, una patricia romana. Un pariente de Lucrecia, Lucio Junio Bruto, que además era primo del rey, levantó entonces a la población para vengar el ultraje sufrido y expulsó a los Tarquinios en el año 509 a. C..

Algunos historiadores han supuesto que esta leyenda no es más que el comentario imaginado después de los sucesos. Otros opinan que hay algo de verdad en la historia. Sea como fuere, los Tarquinios (toda la familia) fueron expulsados de Roma y se establecieron en Ceres, donde en el siglo XIX se encontró un sepulcro con inscripciones pertenecientes a la familia datado de esta época. thumb|upright|La llamada lapis niger, que posee el texto en latín más antiguo En el siglo VI a.C. era común en todos los pueblos itálicos poner en manos de un jefe único y vitalicio un poder que podía resultar temible y que en manos inadecuadas podía pesar tanto sobre los ciudadanos como sobre los enemigos exteriores. El abuso y la opresión habían alcanzado límites poco tolerables para el pueblo romano, que para detenerlos tuvo que limitar ese poder.

La oposición comenzó en Roma por quitarle al gobernante la duración vitalicia de su mandato, o, más bien dicho, por suprimir la dignidad real, aborrecida desde este momento durante toda la historia de Roma. Esto no solamente ocurrió en Roma, ya que en pocos años todas las ciudades itálicas reemplazarían a sus magistrados vitalicios (reyes) por magistrados anuales.Theodor Mommsen, Historia de Roma, Libro II, cáp.I. Tito Livio dice (Ab Urbe Condita, II, 1,7): "Por otra parte, el que entonces naciera la libertad radicó más en la limitación a un año del poder de los cónsules que en la supresión de los poderes de los reyes." Ya fuera por los desmanes del rey, o por el peso que su poder ejercía sobre el pueblo, su figura acabó siendo sustituida. Es de señalar que la época en que todas las tribus del Lacio expulsan a sus reyes coincide con la época del retroceso del poder etrusco en la zona. Es sabido que los últimos reyes de Roma fueron de ascendencia etrusca, por lo que cabría pensar que la expulsión de los reyes fue un acto de independencia frente a los etruscos, más que un acto popular de liberación frente a la tiranía de un rey.

Las evidencias arqueológicas no muestran una ruptura radical en la vida de la ciudad en esa fecha. La prosperidad económica continuó en la Urbs durante todo el final del siglo VI a.C., manifestándose en las obras de acondicionamiento del foro y en la construcción de diversos templos. Sin embargo, alrededor del año 480 a. C. se produjo una crisis económica (escasez de trigo, interrupción de las construcciones urbanas) que bien podrían ir asociadas al establecimiento de las instituciones republicanas y a la guerra posterior que citan todas las fuentes históricas.

Establecimiento del poder consular

Los hechos que realmente ocurrieron se esfuman en la bruma de los tiempos, pero lo cierto es que las consecuencias de esa revolución perduraron durante siglos. thumb|upright| Busto de Lucio Junio Bruto, Museos Capitolinos.

La autoridad real no fue realmente suprimida. El único cambio que hubo fue que, en lugar de un rey vitalicio, se instituyeron dos reyes anuales,Tito Livio, Ab Urbe Condita, II, 1,7-8; Cicerón, Sobre la República, II, 56. que se denominaron "jefes del ejército" (praetoris, prae-itor) o, simplemente, "colegas" (los que debían estar de acuerdo, cónsules). Este término se convirtió en el más usual.

Los poderes atribuidos a los cónsules les fueron concedidos con importantes condiciones: la autoridad suprema no estaba repartida entre ellos, sino que cada uno la ostentaba plenamente, como la había tenido el rey; poseían poderes religiosos, judiciales y militares. Cada uno de ellos hacía de contrapeso político a las decisiones del otro (las órdenes de uno podían ser revocadas por el otro). Todo esto hacía que la institución consular fuera un órgano de gobierno muy especial en Roma. Su fin era manifiesto: conservar la autoridad real intacta, sin dividirla, y limitarla oponiéndola a sí misma. Y para evitar el exceso de los cónsules su mandato quedó limitado a un año. Esto hizo cesar la originaria irresponsabilidad de los gobernantes.

Con el cese del gobierno vitalicio de una única persona, también cesó el derecho del jefe del estado de cultivar sus tierras mediante prestaciones impuestas al pueblo. Además, la ley Valeria del 509 a. C. estableció que el cónsul se veía obligado a conceder la apelación a todo condenado con tal de que la pena no hubiese sido pronunciada por un tribunal militar.

Guerra en los primeros tiempos

Aunque el rey fue expulsado y el poder de los cónsules limitado temporalmente, las cosas continuaron siendo iguales para el pueblo.Cicerón, Sobre la República, II, 56: " en esta república el pueblo participaba poco en los asuntos públicos. Roma estaba controlada por senadores de origen patricio y carecía de cualquier atisbo democrático, puesto que los plebeyos no participaban de la igualdad de derechos civiles y políticos. En un primer momento nadie se levantó contra esto debido a la guerra, pero más tarde originaría numerosos conflictos.

Los primeros cónsules de la República, según la tradición, fueron Lucio Junio Bruto y Lucio Tarquinio Colatino. El primer acto de Bruto como cónsul fue el hacer jurar al pueblo romano que no toleraría a nadie que quisiera reinar en Roma.Tito Livio, Ab Urbe Condita, II, 1,9. Después elevó el número de senadores a 300Idem, II, 1,10. y obligó a Colatino a renunciar bajo el pretexto de que él era un Tarquinio y Roma no sería libre hasta que todos los Tarquinios hubieran sido expulsados. Colatino se vio presionado y se mudó al pueblo latino de Lanuvium. Luego el Senado decretó que todos los Tarquinios debían ser exiliados y el pueblo eligió como nuevo cónsul a Publius Valerius, amigo de Bruto. Aparentemente a nadie le interesó que a pesar de que Bruto no portaba el nombre Tarquinio, él era un pariente más cercano a los reyes que el exiliado Colatino. Es más, más de un historiador piensa que con la expulsión de Colatino lo que realmente pretendía Bruto era reinar en solitario.

Poco tiempo después, varios familiares de Bruto planearon su derrocamiento y el restablecimiento de la monarquía, contando para ello con el beneplácito de Tarquinio, pero la conspiración fracasó y muchos familiares del cónsul fueron ejecutados, incluyendo sus dos hijos: Tito y Tiberio. Al enterarse Tarquinio, montó en cólera y declaró la guerra a Roma con el apoyo de Veyes. Los dos nuevos cónsules no tardaron en reaccionar y salieron al paso de Tarquinio, venciéndole en una batalla aterradora donde Bruto encontró la muerte.

No fue esta la única vez que Tarquinio intentó recuperar el trono por las armas. Según la leyenda, una vez derrotado, Tarquinio buscó la protección del rey de Clusio Porsena, y le convenció para acabar con la República Romana, cosa para la que éste accedió a ayudarle. Se presentó con su ejército a las puertas de Roma y la sitió.miniaturadeimagen|300px|Mucio Escévola ante Lars PorsenaGiovanni Francesco Romanelli.Palacio del Louvre

Según la corriente principal, incluido Tito Livio,Ídem, II, 9-16. los jóvenes romanos, ante la imposibilidad de levantar el asedio, se conjuraron para matar a Porsena. Le tocó la suerte de ser el primero a Quinto Mucio Escevola, quien trató de infiltrarse en el campamento enemigo y asesinar al rey. Para evitar ser confundido con un desertor, puso al Senado al tanto de su decisión. Con el consentimiento, pues, de los padres conscriptos, cruzó el Tíber y, vestido a los usos de Etruria, logra ingresar por la noche en la tienda de campaña de Porsena. Pero temiendo que si no se daba prisa podría ser descubierto antes de llevar a cabo sus designios, se abalanza apresuradamente sobre la persona que por su atavío confundió con el rey y lo hiere de muerte. Escévola es rodeado al instante por los soldados de la guardia real que, por orden de Porsena, enarbolan antorchas y amenazan con someterlo al fuego si no responde quién es, por dónde llegó y cuántos se hallaban con él. Ante lo cual, Cayo Mucio, castigándose a sí mismo y demostrando absoluta entereza ante sus captores a la vez, introduce su mano derecha -aquella misma diestra que había clavado la espada en la persona errada- en un brasero que tenía a su lado y a la par que el fuego consume velozmente su carne, entre el terrible sonido y vaho de la combustión, exclama con total impasibilidad: "Poca cosa es el cuerpo, para quien sólo aspira a la gloria".

Porsena, admirado por el supremo coraje y valor del joven, decide perdonarle la vida; por lo que Cayo Mucio se muestra agradecido y decide confesarle al rey lo que por la fuerza no hubiese podido arrancarle, es decir, que 300 jóvenes romanos habían prestado juramento de acabar con el rey o sucumbir en el intento y que ahora mismo, algunos se hallaban rodeando el campamento. Dando crédito a esta invención del romano, y temiendo que se tratase de todos jóvenes tan valerosos como él, decide Porsena retirar sus tropas y poner fin a la guerra.

Con todo esto, y por quedar su mano derecha inutilizable, Cayo Mucio se ganó el apodo de Scevola, que en latín significa zurdo.

No se dio por vencido Tarquinio y organizó un nuevo ataque ayudado esta vez por los Latinos. La batalla tuvo lugar en las cercanías de Túsculo. Los romanos eligieron por primera vez a un dictador, Aulo Postumio, y a Tito Ebutio Helva como magister equitum (jefe de caballería). Octavio Mamilio, Tarquinio y su hijo Sexto comandaban a los latinos; la presencia de los Tarquinios provocó que los romanos lucharan más ardorosamente que en cualquier batalla anterior.