thumb|300px|Los siete sacramentos, desde arriba y de izquierda a derecha: bautismo, confirmación o crismación, matrimonio, eucaristía, penitencia, orden y unción de los enfermos. Los sacramentos de la Iglesia son signos sensibles y eficaces por los cuales es dispensada la gracia divina,Cf. mismos que fueron instituidos por Cristo y, confiados a su Iglesia, para otorgar mediante cada uno de ellos, la gracia propia espiritual de Dios y obrar en el interior de las almas de los fieles,Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, n. 224 según la teología católica. Cada uno cuenta de ellos con su propio rito.
Son 7 sacramentos y corresponden a momentos importantes de la vida cristiana, y simbólicamente la abarcan por completo, distinguiéndose en 3 partes; sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación y eucaristía), sacramentos de curación (penitencia y unción de enfermos) y sacramentos de servicio a la comunidad (matrimonio y orden). Los sacramentos también son reconocidos, por la Iglesia ortodoxa e Iglesia copta.
Además, el bautismo y la penitencia también se conocían como los sacramentos de los muertos, en el sentido de que las almas de los pecadores, consideradas muertas ante Dios, pueden obtener la vida a través de estos sacramentos, mientras que los otros cinco son colectivamente los «sacramentos de los vivos».
La mayoría, solo pueden ser administrados por un sacerdote. El bautismo, en ocasiones excepcionales, puede ser administrado por cualquier seglar, o incluso no cristiano, que tenga la intención de hacer con el signo lo que la Iglesia hace. Además, en el sacramento del matrimonio los ministros son los mismos contrayentes y se compone de dos personas.
El término «Sacramento» en el Nuevo Testamento thumb|300px|Tríptico de los Siete Sacramentos, de Roger van der Weyden.Museo Real de Bellas Artes de Amberes, Bélgica El primer término teológico que los Padres de la Iglesia usaron para designar en general los ritos cristianos fue el de "mysterion", que luego evolucionó al término latino de "sacramentum", el cual es una traducción de aquel, (según consta también en la versión de la Biblia Vulgata, que casi invariablemente traduce la palabra griega por sacramentum).
Al parecer, la expresión viene del ambiente judío y no del griego (donde indicaba tanto la divinidad como sus «secretos») y se relaciona con deliberación, consejo, designio hacia la salvación o el juicio final. En el Evangelio se usa en Mc 4, 11 y sus textos paralelos: «los misterios del Reino de Dios», es decir, la voluntad de Dios de que todos los hombres se salven: esta salvación es ofrecida por Cristo por medio de su sacrificio en la cruz.
En las cartas de san Pablo el término mysterion aparece unas 21 veces. Indicaría el plan salvífico secreto de Dios que se ha realizado definitivamente en Cristo, dando lugar al período considerado como final de la historia (ya que no se espera una nueva revelación o alianza) y que consiste en la recapitulación (ανακεφαλαιωσις) de todas las cosas en Cristo. Así, incluye a Cristo, pero también cuánto realizó por salvar a los hombres y por ende su cuerpo místico que es la Iglesia.
Con base en esto, la Iglesia católica reinterpreta estos pasajes bíblicos como que, en la medida en que los gentiles participan de esta salvación y de la Iglesia, aceleran la plenitud final de la salvación. Además, se interpreta que el "mysterion" o sacramento son los signos y prodigios que realizan la voluntad divina de que todos los hombres se salven por medio de la Iglesia, actualizando el signo y prodigio fundamental: Cristo en su Encarnación, Muerte y Resurrección.
La economía sacramental La economía sacramental, según el Catecismo de la Iglesia Católica, se refiere al modo en que la salvación, obtenida por Cristo mediante su misterio pascual, se comunica a la humanidad a través de los sacramentos en la Iglesia. Desde Pentecostés, el Espíritu Santo hace presente y actual la obra redentora de Cristo en la vida de los creyentes. La Iglesia es así el signo y el instrumento mediante el cual Dios distribuye su gracia en el tiempo.
En resumen, la economía sacramental es la acción del Espíritu Santo que, por medio de los signos visibles instituidos por Cristo, hace eficaz la salvación en la historia y edifica la comunión del Pueblo de Dios. En otras palabras, la economía sacramental es el modo en que la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, dispensa la gracia salvadora de Cristo a lo largo del tiempo por medio de los sacramentos, especialmente en la Eucaristía, que actualiza su sacrificio redentor hasta su regreso glorioso.Catecismo de la Iglesia Católica; nn. 1076 y ss, pag 253 y ss; Librería Editrice Vaticana, 1992; ISBN: 84-288-1100-8 Aspectos dogmáticos «La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura forman un único depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia». «En la liturgia, sobre todo en la de los sacramentos, hay una parte inmutable, una parte instituida por Dios y de la que la Iglesia es guardiana, y partes que pueden cambiarse, que la Iglesia tiene el poder y, en ocasiones, también el deber de adaptar a las culturas de los pueblos recientemente evangelizados». El bautismo no puede modificarse para permitir una fórmula no trinitaria. «Cualquiera que sea consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de comulgar». En cuanto al matrimonio, «basándose en la Sagrada Escritura, que presenta los actos homosexuales como actos de grave depravación, la tradición siempre ha declarado que «los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados»[...] contrarios a la ley natural. Catecismo de la Iglesia Católica, 2357 «La ordenación de mujeres no es posible».
La eficacia de los sacramentos no depende de que el celebrante se encuentre en estado de gracia. Su poder no proviene del celebrante ni del receptor, sino de Dios, y se considera que es Cristo mismo quien obra en los sacramentos. Sin embargo, los efectos reales («los frutos») del sacramento dependen también de la disposición del receptor: «para que la liturgia pueda producir todos sus efectos, es necesario que los fieles acudan a ella con la disposición adecuada, que sus mentes estén en sintonía con sus voces y que cooperen con la gracia divina para no recibirla en vano».«Sacrosanctum Concilium», 11
Fe y gracia miniatura|Distribución de las gracias divinas por parte de la Iglesia a través de los sacramentos. En el centro, la personificación de Ecclesia con la tiara (papal); sobre ella, el bautismo, del que brotan torrentes de gracia; a la derecha, el matrimonio, la eucaristía y la confesión; a la izquierda, la unción de los enfermos, las órdenes sagradas y la confirmación (Johannes Hopffe, epitafio de Wrisberg, Hildesheim, antes de 1615) La Iglesia católica enseña que los sacramentos son «signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por los que se nos dispensa la vida divina». Los sacramentos presuponen la fe y, a través de sus palabras y elementos rituales, también la nutren, fortalecen y expresanConcilio Vaticano II, Sacrosanctum Concilium, párrafo 59, citado en Catecismo de la Iglesia Católica, 1123
La Iglesia enseña que el efecto de un sacramento se produce «ex opere operato», por el mero hecho de ser administrado, independientemente de la santidad personal del ministro que lo administra. Nuevo Diccionario Católico Sin embargo, la falta de disposición adecuada por parte del receptor para recibir la gracia transmitida puede bloquear la eficacia del sacramento en esa persona.
Si bien la Iglesia es en sí misma el sacramento universal de la salvación, los sacramentos de la Iglesia católica en sentido estricto son siete sacramentos que «tocan todas las etapas y todos los momentos importantes de la vida cristiana: dan origen y crecimiento, curación y misión a la vida de fe del cristiano». «La Iglesia afirma que, para los creyentes, los sacramentos de la Nueva Alianza son necesarios para la salvación», aunque no todos son necesarios para cada individuo.
Sacramento en la patrología
Patrología griega En los siglos y
En los escritores de los siglos y la palabra μυστεριον (mysterion) se reservará a «hecho de salvación». Para Ignacio de Antioquía, mysterion son los hechos salvíficos de la vida de Cristo. San Justino aplica mysterion, además, a las figuras y profecías del Antiguo Testamento (y compara los ritos cristianos con los mysteria de las religiones mistéricas). San Ireneo de Lyon no usa la palabra para evitar confusiones con el gnosticismo.
En el (Padres alejandrinos)
Se llama mysterion a la relación oculta entre imagen y arquetipo que es revelada al iniciado por medio de una enseñanza (mystagogia). Así, se aplicó a los ritos cristianos y a los hechos salvíficos siempre teniendo presente el designio de Dios por la salvación de los hombres y las figuras que la liturgia ofrece para significarlos. Clemente de Alejandría usa mysterion para indicar los ritos de culto, sean estos paganos o cristianos. Orígenes usa el término con un sentido platónico, es decir, como símbolo o tipo de la historia de la salvación en cuanto Cristo está presente en toda ella.
A Orígenes se debe una definición de signo que será utilizada en teología sacramental por san Agustín: «signo es una realidad sensible que enlaza con una realidad invisible».
En el siglo y
Debido a la decadencia del paganismo, el término mysterion se fue popularizando, pues ya no cabía la posibilidad de confusión con los cultos gnósticos. San Atanasio da al término el sentido de un designio salvífico que se realizó en el pasado y se celebra en la liturgia. Tanto Basilio el Grande como Gregorio de Nisa y Gregorio Nacianceno subrayan la intervención divina en el mundo, que es también una elevación de la realidad mundana. Así, el mysterion del designio de salvación se distribuye en los tres hechos principales de esa elevación: la Encarnación, Pentecostés y la Eucaristía. Juan Crisóstomo usa con frecuencia la palabra «mysterion» para referirse a los ritos cristianos. Cirilo de Jerusalén lo identifica con el acto de salvación realizado por Dios por medio de Cristo que se celebra en la liturgia. Por ello, sus catequesis mystagógicas son una introducción del fiel a la vivencia de los principales ritos: el Bautismo, la Unción y la Eucaristía.
Con Pseudo Dionisio Areopagita, tal identificación de mysteria con los ritos propios de la Iglesia se vuelve sistemática. En primer lugar, define mysterion como las acciones rituales que por medio de la invocación de la Iglesia al Espíritu Santo, la gracia salvadora de Dios, actúan sobre las personas o cosas. Luego distingue tres aspectos de mysteria:
Las consagraciones (Bautismo, Comunión y Unción). Los consagrantes: obispo, sacerdote y diácono. Los consagrados: inferiores, purificados, terapeutas o monjes.
Patrología latina
En el
En el norte de África se popularizó la traducción «sacramentum» para la palabra mysterion, aunque también se usó la voz latinizada «mysterium». Tertuliano, partiendo de la noción jurídica que la expresión «sacramentum» tenía en la cultura romana (un juramento de fidelidad con carácter religioso), lo aplicó al Bautismo, pues, según su criterio, en el Bautismo se realiza un pacto entre Dios y el bautizado. Pero también aunó la noción griega de mysterion, aplicándola a los demás ritos cristianos. Cipriano de Cartago asumió estos sentidos, dándoles un alcance eclesial al introducir la relación del bautizado con el obispo .
En los siglos - En este período, la expresión «sacramentum» era empleada con el mismo sentido de mysterion relacionado con los actos de culto de la Iglesia. Ambrosio de Milán amplió el alcance de la expresión con reflexiones que encontraron poco eco en sus contemporáneos: entendía sacramentum como los hechos de la historia de la salvación y encuentro con Jesucristo.