La Bastida de Totana es un yacimiento arqueológico perteneciente a la cultura argárica situado en el municipio español de Totana, en la Región de Murcia. Está ubicado sobre un cerro de perfil cónico a unos 6 km al oeste de la localidad de Totana y fue ocupado entre aproximadamente 2200 y 1550 antes de Cristo. Se trata de uno de los poblados más extensos (4,5 ha. como estimación mínima) de los inicios de la Edad del Bronce en Europa continental y está considerado como uno de los asentamientos más importantes de la Prehistoria reciente europea. Formó parte de la red de centros neurálgicos argáricos, con incipiente urbanismo y en los que se detectan desigualdades políticas y económicas.

En 2005 La Bastida fue declarada bien de interés cultural. Su larga historia de investigación, iniciada en 1869, y las actividades de campo llevadas a cabo desde 2008 por el grupo de investigación Arqueoecología Social Mediterránea (ASOME) de la Universidad Autónoma de Barcelona, lo convierten en uno de los yacimientos argáricos mejor conocidos hasta ahora.

Geografía thumb|300px|Vistas de la cara norte de La Bastida desde la Serrecica (2010) La Bastida se localiza en las estribaciones de las sierras de La Tercia y Espuña, sobre un cerro escarpado de 450 en la confluencia de la Rambla de Lébor y el Barranco Salado.

Desde el punto de vista geológico, se encuentra en la zona de contacto entre los materiales del Mioceno, procedentes de la sierra de la Tercia, y los materiales del Paleozoico y Mesozoico, representados en la sierra de Espuña. El sustrato geológico del cerro es principalmente terciario, con predominio de conglomerados, margas, calizas, yesos y areniscas, y en menor medida pizarras y cuarcitas.

Si bien en la época prehistórica contaba con bosques de ribera más o menos densos, en el periodo argárico se inició un proceso de transformación antrópica del entorno natural que conllevaría consecuencias irreparables. La actividad continuada durante casi 700 años de la tala de los bosques para el suministro de combustible y la creación de campos de cultivo y pastos para el ganado provocaron un impacto en el medioambiente que se agravó en tiempos históricos.

El medio actual corresponde a un paisaje degradado como consecuencia del impacto ambiental continuado. Por un lado, las lluvias torrenciales periódicas conducen a una intensa acción erosiva en los cursos del Lébor y el Salado. Por otro, la explotación forestal y la posterior repoblación de pino carrasco durante la década de los 70 condujeron a la transformación artificial de la flora y el relieve mediante aterrazamientos. Todo ello ha conducido al desarrollo de un medioambiente árido caracterizado por una vegetación de secarral, con pequeños arbustos y hierbas.

La Bastida se sitúa al borde del valle del Guadalentín pero relativamente alejada y oculta al mismo tiempo de las llanuras aluviales. Esta ubicación es probablemente la clave para entender la relevancia de La Bastida en las relaciones políticas y económicas de la sociedad argárica y su condición de núcleo urbano.

Intervenciones arqueológicas La Bastida representa el primer asentamiento argárico excavado, investigado y publicado monográficamente. Los primeros trabajos de los que se tiene constancia se realizaron en 1869, dirigidos por el ingeniero de caminos Rogelio de Inchaurrandieta, quien presentó en el Congreso Internacional de Arqueología de aquel mismo año, celebrado en Copenhague, los hallazgos realizados en “la montaña funeraria” de La Bastida. En tres días, junto con dieciocho jornaleros, excavó 18 urnas y 2 cistas de enterramiento. Publicó el resultado de esta intervención en el Boletín de la Universidad de Madrid (1870) y en las Actas del Congreso de Copenhague (1875), donde expuso las primeras interpretaciones sobre las actividades económicas y prácticas funerarias llevadas a cabo en La Bastida. El material, que debía depositarse en el Museo Arqueológico Nacional, se perdió tras su ingreso en la Escuela de Ingenieros en Madrid.

Desde entonces se han ido sucediendo actividades de excavación, prospección y limpieza hasta el presente, llevadas a cabo en cada momento por diversos investigadores. Es por ello que el rigor y la calidad documental del registro relacionado con cada uno de los episodios de intervención en el lugar difieren entre sí. Esta tradición investigadora, muy dilatada en el tiempo, ha conducido además a una amplia dispersión de los hallazgos, que actualmente custodian diversos museos europeos.

Pocos años después del inicio de las intervenciones arqueológicas en La Bastida, en el otoño de 1886, Luis Siret y Pedro Flores excavaron en el yacimiento tras leer la síntesis de los trabajos de Inchaurrandieta presentada por Cartailhac (1886). En esta ocasión la campaña fue breve, pues cesaron los trabajos tras la excavación de la decimotercera tumba, tal vez por no obtener los resultados esperados.

Desde al menos mediados del y hasta época reciente, La Bastida ha sido objeto de rebuscas y excavaciones clandestinas, motivadas en buena parte por el auge de la demanda de antigüedades. Un ejemplo de esta situación queda ilustrada en el relato de las peripecias y de la picaresca de los gitanos “Corro” y “Rosao”, quienes descubrieron y falsificaron múltiples piezas de La Bastida para luego venderlas como auténticas.

A partir de 1927 el arqueólogo Juan Cuadrado, discípulo de Luis Siret, realizó diversas intervenciones en el yacimiento de La Bastida (1927-28 y 1936-39) así como en varios yacimientos de la zona, entre los que destaca Blanquizares de Lébor. Dicho material fue donado al Museo Arqueológico de Almería, del que fue director desde 1933 hasta su muerte en 1952. thumb|300px|Vista frontal de la fortificación, con varios lienzos de muralla y cinco de las torres macizas descubiertas (2012) En la posguerra, el Seminario de Historia Primitiva del Hombre de Madrid dirigido por Julio Martínez Santa-Olalla, llevó a cabo cuatro nuevas campañas de excavación. En las de 1944 y 1945 participaron Eduardo del Val Caturla, Carlos Posac Mon, José Antonio Sopranis Salto y el propio Julio Martínez Santa-Olalla, que dirigía a su vez la Comisaría General de Excavaciones Arqueológicas, organismo que publicó en 1947 bajo el formato de Memoria los resultados de estas intervenciones. Esta es hasta el momento una de las principales fuentes de información, pues incluye una detallada descripción de 18 departamentos y estructuras asociadas, entre las que se cuentan 102 sepulturas, los estudios específicos del material y una síntesis histórica.

En 1948 se encargaron de la dirección de la excavación Vicente Ruiz Argilés y Carlos Posac Mon, publicando los resultados en Cuadernos de Prehistoria Primitiva (1948) y en el Noticiario Arqueológico Hispánico (1956). En esta campaña se amplió a 21 el número de departamentos y en 15 más la colección de tumbas.

La última excavación de esta etapa se realizó en 1950. Francisco Jordá Cerdá, en colaboración con John D. Evans, ampliaron la excavación en dirección noroeste. Aunque esta zona conservaba escasos restos murarios, se extrajo una docena más de tumbas.

A este intenso periodo de excavaciones le siguió un extenso lapso de abandono científico. Fue en 1986, gracias al trabajo presentado como tesis de licenciatura por Mª Magdalena García López, cuando el yacimiento se rescató del olvido mediante el análisis de materiales cerámicos inéditos procedentes, en su mayoría, de las excavaciones llevadas a cabo en 1944-45 por Martínez Santa-Olalla y su equipo. La Universidad de Murcia publicó este estudio en 1992, dos años después de que la misma Universidad realizara una prospección (1990). Iniciado ya el , el Ayuntamiento de Totana encarga en 2003 a Arqueotec tareas de limpieza y documentación gráfica, dentro de la puesta en marcha del "Proyecto de parque arqueológico-didáctico" de Mª Magdalena García López proyecto con el que se consiguió una subvención de los Ministerios de Fomento y Cultura, que permitió la construcción de las primeras instalaciones para la musealización del yacimiento. Las tareas de documentación gráfica prosiguieron en 2005 por Arqueoweb.

A finales de 2008 se puso en marcha un proyecto de investigación, musealización y divulgación del yacimiento, bajo la dirección de Vicente Lull, Rafael Micó, Cristina Rihuete y Roberto Risch, de la Universidad Autónoma de Barcelona (Grup de Recerca d’Arqueoecologia Social Mediterrània). La Consejería de Cultura y Turismo de la Región de Murcia, la Universidad Autónoma de Barcelona, los ministerios de Industria, Comercio y Turismo y de Economía y Competitividad, y el Ayuntamiento de Totana son las instituciones que han patrocinado y financiado las labores arqueológicas llevadas a cabo recientemente.

La intervención de un equipo multidisciplinar, en el que participan investigadores y laboratorios nacionales e internacionales, así como un nutrido grupo de estudiantes, obreros y voluntarios, ha permitido sacar a la luz restos arqueológicos de crucial importancia en la interpretación no solo del propio asentamiento sino del entramado económico, político y social del periodo argárico. Adicionalmente, las labores de formación y divulgación desde el centro de investigación situado al pie del yacimiento, embrión de un futuro parque arqueológico, lo convierten en un polo de atracción científico, pedagógico, cultural y turístico.

Cronología de la investigación Intervenciones Campaña o intervención Fecha Rebuscas previas a R. de Inchaurrandieta Década de 1860 o antes Hallazgo de vasijas por el labrador del cortijo de la Casa del Pantano Antes de las actividades fraudulentas de "El Corro" y "El Rosao", a principios de la década de 1890 Hallazgo de tres tumbas en trabajos de extracción de áridos (descripción recogida por J. Cuadrado) Principios del Primera campaña del seminario de Historia Primitiva del Hombre (J. Martínez Santa-Olalla) Agosto-septiembre de 1944 Aterrazamiento de la ladera norte y de la cima en el marco de programa de repoblación forestal Principios de la década de 1970 Recogida superficial de muestras óseas para datación radiocarbónica (M.J Walker) Diciembre de 1976 Apertura de un camino desde la rambla de Lébor Inicio de 1990 Prospección superficial de la Universidad de Murcia (equipo dirigido por J. Lomba) Otoño de 1990 Limpieza, excavación y restauración (ArqueTec) Año 2003 Limpieza y planimetría (Arqueoweb) Enero de 2005

Fases de ocupación Las excavaciones realizadas desde 2009 han permitido identificar tres fases de ocupación principales, algunas de las cuales registran subdivisiones internas.

Fase I (c. 2200–2000 a. C.): los primeros testimonios de ocupación humana están representados por un número elevado de pequeñas cabañas de perímetro curvilíneo, construidas a base de barro y postes de madera. Ninguna de estas cabañas ha conservado su perímetro íntegro debido a que fueron parcialmente destruidas por la construcción de los edificios posteriores y por procesos erosivos. Todas ellas aparecen amortizadas mediante un horizonte de incendio. Las observaciones estratigráficas realizadas no permiten asociar tumba alguna a esta fase de ocupación del asentamiento. Entre los hallazgos artefactuales más numerosos destaca la cerámica, con una presencia importante de pastas de color amarillento y morfologías que recuerdan a producciones de tradición calcolítica. Cabe destacar también patrones de decoración cerámica a base de series de triángulos incisos rellenos de puntos, con paralelos en el yacimiento de Lugarico Viejo, coetáneo en esta época.Lugarico Viejo La cerámica campaniforme está ausente. Además de las cabañas, un número menor de edificios más espaciosos, construidos con muros rectos de piedra, pudo desempeñar funciones de carácter comunitario. Entre estas construcciones figura un sistema de fortificación monumental y original.