thumb|La cara feliz, tal como muestra este emoticono, es un símbolo muy conocido de la felicidad.|200x200px La felicidad es una emoción compleja y multifacética que abarca una gama de sentimientos positivos, desde la satisfacción hasta la alegría intensa. A menudo se asocia con experiencias vitales positivas, como alcanzar metas, pasar tiempo con seres queridos o participar en actividades placenteras. Sin embargo, la felicidad también puede surgir espontáneamente, sin ninguna causa externa aparente.

La felicidad está estrechamente relacionada con el bienestar y la satisfacción general con la vida. Estudios han demostrado que las personas que experimentan mayores niveles de felicidad tienden a tener mejor salud física y mental, relaciones sociales más sólidas y mayor resiliencia ante la adversidad.

La búsqueda de la felicidad ha sido un tema central en la filosofía y la psicología durante siglos. Si bien no existe una definición única y universalmente aceptada de felicidad, generalmente se entiende como un estado mental caracterizado por emociones positivas, un sentido de propósito y una sensación de plenitud.

Aspectos generales thumb|La felicidad en el rostro de una niña.

Se entiende en este contexto como un estado de ánimo positivo. Dicho estado de ánimo es subjetivo y, por tanto, se refiere a un hecho autopercibido. Esto implica que una misma serie de hechos puede ser percibido de manera diferente por personas con diferentes temperamentos, y por tanto lo que para una persona puede ser una situación feliz para otra puede llevar aparejada insatisfacción e incluso frustración. Es por esa razón, que la felicidad a diferencia de otros hechos relacionados con el bienestar se considera una situación subjetiva y propia del individuo (en contraposición a hechos objetivos en los que diferentes observadores concordarían).

La felicidad frecuentemente se considera positiva ya que permite a los individuos sacar partido de las condiciones objetivas, favorece la actitud de abordar diferentes tareas llevándola al término propuesto. La depresión y otros trastornos psicológicos, por ejemplo, se caracterizan por una notoria falta de felicidad del individuo, lo cual frustra las posibilidades de los individuos para acometer con éxito diversas tareas u obtener beneficios de situaciones objetivamente favorables. Bajo un estado de felicidad los individuos son capaces de llevar a cabo una actividad neutral constante en un entorno con variables ya experimentadas y conocidas, los distintos aspectos de la actividad mental fluyen de forma armónica, siendo los factores internos y externos interactuantes con el sistema límbico. En dicho proceso se pueden experimentar emociones derivadas, que no tienen por qué ser placenteras, siendo consecuencia de un aprendizaje ante un medio variable.

Actualmente se conoce que la variabilidad en los niveles de felicidad que experimentan los individuos se ven influidos por tres grupos de factores (en orden de importancia): Factores socioambientales. Factores genéticos. Factores asociados a la consecución de objetivos y deseos. Igualmente es un hecho bien establecido, que el juicio sobre si uno mismo es feliz está influido por razones culturales: en ciertas sociedades se desaprueba en mayor medida expresar sentimientos negativos, mientras que en otras la sinceridad y la autoexpresión fidedigna es valorada en mayor medida. Por eso las comparaciones internacionales entre países con diferentes condiciones socioeconómicas deben corregir el sesgo cultural.

La felicidad, en tanto que estado emocional y autopercibido, es un estado subjetivo que, sin embargo, puede analizarse mediante procedimientos objetivos. Los siguientes son ejemplos de disciplinas con aproximaciones objetivas: La filosofía estudia su concepto y realidad. La psicología positiva intenta determinar los factores endógenos que el individuo puede manejar para alcanzar ese determinado estado de ánimo.Salomone (2008, diciembre 28). «La ciencia descubre las claves de la felicidad.» El País. Consultado 3 de agosto de 2013. La sociología se ocupa de analizar qué factores sociales determinan los objetivos que el sujeto se marca como meta para alcanzar estados de felicidad. La antropología muestra cómo distintas culturas han establecido cánones distintos al respecto.

Felicidad en la reflexión filosófica Según la filosofía occidental thumb|200px|Monte de perfección (1579) de San Juan de la Cruz, que describe el camino a seguir para alcanzar la plenitud espiritual y la felicidad. thumb|Un anciano chileno sonriendo. La sonrisa es una de las expresiones faciales que denotan felicidad. thumb|derecha|Rebecca L. Felton feliz y sonriente.

Artículo principal: Filosofía de la felicidad

La pregunta sobre la felicidad es esencial en el surgimiento de la ética en la antigua Grecia. Los filósofos encontraron respuestas muy diferentes, lo cual demuestra que, como decía Aristóteles, todos estamos de acuerdo en que queremos ser felices, pero en cuanto intentamos aclarar cómo podemos serlo empiezan las discrepancias. En la filosofía griega clásica hay tres posturas:

Ser feliz es autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano (eudemonismo), postura defendida por Aristóteles. En cierto sentido, también Platón puede ser encuadrado en esta postura, si bien el horizonte de la felicidad, según Platón, se abre a la vida después de la muerte. Ser feliz es ser autosuficiente, valerse por sí mismo sin depender de nada ni de nadie (cinismo y estoicismo). Ser feliz es experimentar placer intelectual y físico y conseguir evitar el sufrimiento mental y físico (hedonismo). Es la postura que defiende Epicuro.

Eudemonismo y hedonismo: la felicidad para Aristóteles y para Epicuro

Entre eudemonismo y hedonismo existe un desacuerdo fundamental. Aristóteles considera que ser feliz es ser humano en el más pleno sentido de la palabra. Epicuro, por el contrario, se pregunta qué es lo que mueve a los humanos a obrar, porque la felicidad consistirá en conseguirlo, y esa cosa es el placer.

Para Aristóteles

Aristóteles sostiene que todos los hombres están de acuerdo en llamar felicidad a la unidad presupuesta de los fines humanos, el bien supremo, el fin último, pero que es difícil definirla y describirla.

No obstante, para Aristóteles éstos no son más que bienes externos que no son perseguidos por sí mismos, sino por ser medios para alcanzar la felicidad, puesto que es ésta la única que se basta a sí misma para ser autárquica y perfecta.

Otras escuelas filosóficas

Existen también otras muchas escuelas filosóficas que han trabajado el tema de felicidad individual en otros términos. A saber:

el epicureísmo entiende la felicidad como autosuficiencia en el placer moderado; los estoicos piensan la felicidad como fortaleza en la aceptación de una existencia determinada; racionalistas como Leibniz defienden la felicidad como adecuación de la voluntad humana a la realidad; utilitaristas como John Stuart Mill defienden un concepto de felicidad como satisfacción de los placeres superiores; para algunos autores del New Thought, la felicidad es una actitud mental que el hombre puede asumir conscientemente, es decir, es una decisión. La idea de que la felicidad sea una decisión se basa, para ellos, en el hecho de que el individuo busca muchas formas de encontrar esa felicidad en muchos aspectos, y aun así, parece esquiva para la mayoría de las personas. Al descubrir que existen seres felices e infelices en todas las diversas condiciones socioeconómicas, geográficas, de edad, religión, sexo, estados mentales, estos pensadores concluyen que cuando el individuo decide aceptar su condición y su pasado, y asumir la vida tal como es en ese momento y construir su vida a partir de aquellos preceptos, es entonces realmente feliz.

Según filosofía oriental

En la filosofía oriental, la felicidad se concibe como una cualidad producto de un estado de armonía interna que se manifiesta como un sentimiento de bienestar que perdura en el tiempo y no como un estado de ánimo de origen pasajero, como generalmente se la define en occidente.

Muchas veces confundida solo con la alegría de carácter emocional y efímero, la felicidad perdura en el tiempo y se identifica como una cualidad, tal y como ser alto, fuerte o inteligente una persona es feliz.

Mientras que la alegría se concibe como un estado de satisfacción, la felicidad se considera un estado de armonía interna.

Así dentro de la filosofía oriental, podemos encontrar términos que abarcan el concepto de felicidad, tales como el término Sukha en la filosofía budista.

Felicidad en psicología Interacciones El subconsciente alimenta este estado de ánimo.Csikszentmihaly, M. (1997). Finding Flow. The psychology of engagement with everyday life. Basic Books. Admitir los límites de la personalidad facilitará la capacidad de no derrochar recursos en aquello que es incontrolable.Punset, E. (2006). El viaje a la felicidad. Las nuevas claves científicas. Destino. 8a. ed. ISBN 84-233-3777-4 Tratar de condicionar el entorno a nuestro deseoPunset, E. (2006). Op. cit. sólo impedirá que consigamos atisbar lo que es el flujoCsikszentmihaly, M. (1997). Finding Flow. The psychology of engagement with everyday life. Basic Books. que nos lleva al estado de ánimo feliz.Seligman, M. E. P. (2002). La auténtica felicidad. Ediciones B. Este estado no se encuentra fuera de nosotros, ni siquiera en nosotros, se encuentra en nuestra naturaleza interior.Csikszentmihaly, M., op. cit. No depende exclusivamente del entorno, sino que es la aceptación de que existen factores más influyentes que nuestra voluntad, modificando nuestra actitud hacia la vida; siendo el pesimismo una actitud que dificulta la consecución de dicho estado anímico y el optimismo una actitud favorecedora, pero ninguna de las dos son determinantes.Seligman, M. E. P. (2002). Authentic Happiness. Free Press. ISBN 0-7432-2298-9

La capacidad de dar soluciones a los diferentes aspectos del vivir cotidiano, hace del individuo más o menos feliz. Esto se pone de relieve cuando entendemos lo que es la frustración, causa principal de la pérdida de la felicidad. Cabe decir que, tal sensación de autorrealización y plenitud, confiere a las personas felices una mayor serenidad y estabilidad en sus pensamientos, emociones y actos; fruto del equilibrio y la compensación de las cargas emocionales y las racionales. Algunas emociones asociadas a la felicidad son la alegría y la euforia.

La adaptación hedonista

La adaptación hedonista es un constructo psicológico mediante el cual los seres humanos tienen la tendencia a regresar a un nivel de felicidad más o menos estable después de experimentar importantes cambios (positivos o negativos) en sus vidas. Según esta hipótesis, conforme una persona, por ejemplo, aumenta su nivel económico, sus deseos y aspiraciones suben en paralelo, lo que da como resultado la neutralización de las ganancias en felicidad. Brickman y Campbell acuñaron este término en un ensayo publicado en 1971.Apley, M. H. (coordinador), Adaptation Level Theory: A Symposium, New York: Academic Press, 1971, pp 287-302 A finales de los años 90, el concepto fue modificado por Michael Eysenck, psicólogo británico, y se comenzó a hablar en la literatura científica de “la cinta de correr hedonista”, donde se compara la búsqueda de la felicidad con una cinta de correr, donde una persona no deja de andar, pero siempre se encuentra en el mismo sitio.

El concepto de adaptación hedonista ha ganado un nuevo impulso gracias a la psicología positiva donde se ha revisado y desarrollado. Dado que la adaptación hedonista demuestra generalmente que la felicidad a largo plazo de una persona no se ve afectada por eventos vitales importantes, la psicología positiva se preocupa por descubrir aquellas cosas que pueden coadyuvar a cambios duraderos en el nivel de felicidad.

Las decisiones conscientes