Z. Marcas es una novela escrita por el autor francés Honoré de Balzac, publicada por primera vez en 1840. Ambientada en el París contemporáneo, describe la gloria y caída de un brillante estratega político abandonado por los políticos a quienes había ayudado para que llegasen al poder. Destituido y olvidado, traba amistad con un par de estudiantes que viven en la misma pensión que él. La historia trata acerca de sus discusiones sobre la situación política en Francia.
Balzac se inspiró para escribir la historia en un cartel que había visto con el nombre "Z. Marcas" en la tienda de un sastre en París. Publicó la novela en julio de 1840, en la revista Revue Parisienne, fundada por él ese mismo año. Un año más tarde fue incluida en una antología con cuentos de varios autores titulada La Mort d'un ambitieux (La muerte de un hombre ambicioso). Posteriormente, Balzac la incluyó en la sección Scènes de la vie politique dentro de su vasta colección de novelas La Comédie humaine.
Aunque en Z. Marcas aparecen personajes de otras historias de Balzac y elementos de realismo literario (ambas características fundamentales del estilo del escritor), se la recuerda principalmente por su temática política. Balzac, como legitimista, creía que la falta de un líder valiente en Francia la había llevado a la mediocridad y a la ruina, y que los hombres de calidad eran ignorados o algo peor. Sostenía que la juventud de Francia estaba en peligro de ser abandonada por el gobierno, y predecía disturbios en los años venideros.
La historia también explora la convicción de Balzac de que el nombre de una persona es un poderoso indicador de su destino, una idea que obtuvo inspirándose en la obra de Laurence Sterne. El protagonista, con su agudo intelecto, está basado en la concepción que tenía Balzac sobre sí mismo: la de un genio visionario que no logra llegar a su verdadero potencial gracias a los individuos menos talentosos con mayor poder social.
Antecedentes thumb|150px|left|Balzac se presentó a sí mismo como un candidato legitimista para el Parlamento. Honoré de Balzac se vio atraído por una diversidad de intereses a lo largo de su vida, desde la economía hasta la política. Tras estudiar derecho por tres años, escribió una serie de novelas potboiler (novelas de baja calidad) bajo diversos pseudónimos. También perdió grandes sumas de dinero prestado en el negocio de la industria editorial, al intentar capitalizar ediciones baratas de trabajos clásicos. Hacia 1828 le debía 50 000 francos a su madre.
A pesar de que su visión sobre la política era cambiante, Balzac era principalmente un legitimista que apoyaba a la casa de Borbón y que creía que la Revolución de Julio de 1830 había dejado a Francia sin un liderazgo fuerte. En 1832, declaró su intención de postularse para la Cámara de Diputados del Parlamento francés; una variedad de problemas le impidieron lanzar su candidatura, pero montó una seria campaña que fue calificada de ridícula por la prensa. En referencia a la famosa novela de Balzac de 1831 La Peau de chagrin (en español, La piel de zapa), el periódico Le Figaro publicó: "Es la primera vez que alguien haya sido visto acariciando a los votantes con una piel de zapa". Aunque si bien mostró un interés renovado por la oficina pública más adelante, expresó sus opiniones políticas mayormente a través de la escritura.
En julio de 1840 trató de fusionar su deseo de ganar dinero con la política y creó una revista llamada Revue Parisienne, fundada por su amigo Armand Dutacq. Ya que tenía experiencia en la industria de las publicaciones, Balzac creía que ya había aprendido todo lo que había que saber sobre el negocio. "Esa gigantesca máquina conocida como periodismo", escribió, "es tan simple como un asador manejado por un caniche". Balzac planeaba publicar sus propias obras ficticias en Revue Parisienne, en parte para desafiar la popularidad del folletín; sin embargo, Dutacq detuvo el proyecto en septiembre, después de sólo tres números, y la última incursión de Balzac en el mundo de las publicaciones llegó a su fin.
Escritura y publicación thumb|190px|Balzac le dijo a su amigo León Gozlan que je ne suis pas seul à croire à cette alliance merveilleuse du nom et de l'homme. (en español, No estoy solo en mi creencia acerca de esta maravillosa alianza entre el nombre y el hombre.)
En el verano de 1840, Balzac tuvo una discusión con su amigo León Gozlan acerca del poder del nombre de una persona. En su ensayo cómico Balzac en pantoufles, Gozlan cuenta la insistencia de su socio:
Balzac le sugirió a Gozlan que si buscaban por las calles de París encontrarían un nombre adecuado para un personaje que él había imaginado, un genio político frustrado por la mediocridad de la época. Finalmente se encontraron con el cartel de un sastre que atrapó a Balzac, el cual llevaba el nombre de Z. Marcas. Creía que el nombre sugería l'esprit je ne sais quoi de fatal (en español, una fatalidad misteriosa), y lo eligió para el protagonista de su historia. Escribió la historia de treinta páginas poco tiempo después.
Balzac publicó Z. Marcas en el primer número de Revue Parisienne, el 25 de julio de 1840.Dedinsky da al 25 de agosto como fecha de publicación original. Fue republicada al año siguiente bajo el título de La Mort d'un ambitieux (en español, La muerte de un hombre ambicioso), dentro de una colección de varios autores titulada Le Fruit défendu (La fruta prohibida). Poco antes de su muerte, Balzac ubicó a esta historia en la sección de Scènes de la vie politique (Escenas de la vida política) de su colección La Comédie humaine.
Sinopsis
La historia se presenta relatada desde el punto de vista de un narrador en primera persona, del cual se revela muy poco hasta las últimas páginas del libro. Antes de la historia propiamente dicha, se incluye un pensamiento extendido sobre la naturaleza de los nombres de los seres humanos, específicamente del de Z. Marcas:
El narrador, Charles, vive con su amigo Juste en una gran pensión ocupada casi por completo por estudiantes como ellos (Charles estudia leyes y Juste medicina). La única excepción es su vecino de edad mediana, Z. Marcas, al cual apenas vislumbran durante breves momentos en el recibidor. Descubren que es un copista y que tiene un salario excesivamente bajo. Cuando los estudiantes se quedan sin tabaco, Marcas les ofrece compartir el suyo. Así se vuelven amigos, y el hombre les cuenta la historia de su carrera política.
Marcas, al reconocer de muy joven que tenía una mente incisiva para la política, se había aliado con un hombre anónimo de cierta fama sin sabiduría ni visión. Habían conformado un equipo, con el otro hombre como el rostro público y Marcas como el asesor. Sin embargo, una vez que su socio había llegado a ocupar un cargo, había abandonado a Marcas, lo había vuelto a contratar y finalmente lo había abandonado de nuevo. Marcas había quedado sin dinero y sin un nombre, resignado a duplicar los escritos de otros para recibir un sueldo ínfimo.
Finalmente, su amigo político le pide ayuda por tercera vez. Marcas lo evade, pero los estudiantes lo convencen de darle una última oportunidad. Tres meses después, Marcas aparece de nuevo en la pensión, enfermo y exhausto. El político nunca lo visita y finalmente Marcas muere. Los estudiantes son los únicos asistentes a su funeral y, destrozados por la tragedia, abandonan Francia.
Personajes
thumb|175 px|alt=Una colección desmoronada de pilares de piedra alrededor de un callejón, alineados a lo largo de un polvoriento pasaje.|Los estudiantes comparan a Z. Marcas con la ambición fallida de los imperios pasados, y lo denominan como "les ruines de Palmyre au désert" ("Las ruinas de Palmyra en el desierto").
Además de su particular nombre, Z. Marcas tiene una apariencia notable que sus vecinos reconocen al instante. La primera línea de la historia hace referencia a su apariencia "saisissant" ("llamativa"). Como en la mayoría de sus trabajos posteriores, Balzac describe a Marcas relacionándolo con un animal: ("El animal para Marcas era el león. Su cabello era como una melena, su nariz corta, lisa, aplastada, ancha y hendida al final como la de un león; tenía una frente partida en dos con un surco profundo, dividiéndola en dos lóbulos poderosos".)
Marcas parece estar destinado a la grandeza; se lo describe como poseedor de un espíritu tremendo, de un juicio sólido pero rápido y de un conocimiento amplio sobre las formas públicas. Su mirada tiene "une puissance" ("un poder"), que intenta no utilizar, ya que no le había traído más que desdicha en el pasado. Pese a estas características innatas, el genio político que vive en la pensión para estudiantes requiere de su ayuda para vestirse cuando la compañía oficial lo llama.
El personaje de Z. Marcas, no obstante, representa una forma feroz de tener éxito en el mundo de la política, con una mente aguda que busca hacer las cosas bien en la esfera pública. Un crítico lo describió como representante de la "ambición en su estado puro". Al igual que otros genios de La Comédie humaine, Marcas es un reflejo del ego y el deseo del propio Balzac. Al igual que el personaje, el autor soñaba con adquirir fama e influencias positivas; Marcas es despreciado y manipulado por mentes mediocres, tal como Balzac creía que le sucedía a él. Incluso sus hábitos de trabajo (quedarse frente a sus escritorios toda la noche) son similares.
Personajes recurrentes Balzac comenzó a usar personajes de obras anteriores en su novela Le Père Goriot de 1835, y convirtió a dicha técnica en un sello distintivo de sus obras ficticias. En el caso de Z. Marcas, el narrador, Charles Rabourdin, cuya identidad no se revela hasta el final de la historia, es en realidad el hijo de uno de los personajes principales del cuento La Femme superieuse, escrito por Balzac en 1837. La protagonista de la historia está casada con Xavier Rabourdin, quien es ignorado injustamente para un ascenso a jefe de su departamento de servicio civil. Al final de La Femme superieuse, Rabourdin le dice a su esposa que tendrían éxito en el mundo de los negocios. La pobreza de su hijo en Z. Marcas evidencia que su plan había fracasado.
Las interacciones de Charles Rabourdin con Marcas son iguales a las dificultades que había presenciado en la carrera gubernamental de su padre. Como lo explica el crítico Herbert J. Hunt, "Marcas representa en la esfera política lo que representa Rabourdin en la esfera administrativa". Allan H. Pasco coincide con esta opinión: "Charles había aprendido la lección de futilidad por parte de dos tutores: su padre y Marcas. Los hombres destacados no tienen futuro en la política, en la administración ni en los negocios; al menos no en Francia."
El uso de personajes recurrentes en las obras de Balzac les provee a sus lectores una profundidad no paralela y una caracterización particular. "Esta técnica", insiste Mary Susan McCarthy, "no solo le proporcionó una base unificadora, sino que también le ofreció al lector un canal de relaciones mediante el cual pueden unir varias historias y novelas separadas en las que aparecen los personajes, conformando el universo ficticio que es La Comédie humaine." Algunos lectores, sin embargo, se sienten intimidados por la profundidad creada por estas historias interdependientes, y no comprenden el contexto, importante para entender la situación de los personajes. El novelista detective Arthur Conan Doyle dijo que nunca trató de leer a Balzac, porque "no sabría dónde comenzar".