Juan Ponce de Cabrera (m. Córdoba, 1328), conocido también como Juan Ponce de León, fue un noble castellano de la Casa de Cabrera de Córdoba, hijo de Pedro Pérez Ponce de León y de Toda Álvarez de Alagón.

Fue señor de Cabra, de la mitad del castillo de Garcíez, y de la Torre de Pajares. Algunos autores afirman que fue adelantado mayor de la frontera de Andalucía entre 1322 y 1326, aunque oficialmente no está incluido en la lista de los que ejercieron ese cargo. Pero se rebeló contra Alfonso XI de Castilla al negarse a entregar el castillo de Cabra a la Orden de Calatrava y por ello y por los desmanes que cometió durante la minoría de edad de dicho monarca fue ejecutado públicamente en la ciudad de Córdoba a principios de 1328 junto con Pedro Alfonso de Haro, señor de Chillón.

El historiador y eclesiástico Manuel Nieto Cumplido lo calificó en 1991 como «uno de los nobles más funestos en la vida de Córdoba del primer cuarto del siglo XIV». Sin embargo, el historiador decimonónico Manuel de la Corte y Ruano elogió al personaje en un artículo publicado en 1843 en La Floresta Andaluza y pretendió excusarle de parte de sus delitos. Y en la revista El Entreacto se publicó en 1839 un relato ficticio titulado El castillo de Cabra que tiene como uno de sus protagonistas a Juan Ponce de Cabrera, cuya ejecución es narrada en la novela Caballeros de la Banda o las revueltas de Castilla, de José María de Andueza.

Orígenes familiares Fue hijo de Pedro Pérez Ponce de León, genearca de la Casa de Cabrera de Córdoba, y de Toda Álvarez de Alagón, y era nieto por parte paterna de Pedro Ponce de Cabrera y de Aldonza Alfonso de León, hija ilegítima de Alfonso IX de León. Por parte materna era nieto de Roldán de Alagón y de Sancha de Pallás.

Fue hermano, entre otros, de Arias de Cabrera, señor de la Casa de Cabrera de Córdoba, y de Toda Pérez Roldán de Cabrera, que contrajo matrimonio con Pedro Díaz Carrillo de Toledo, adelantado de Cazorla, y hermano de Gonzalo Díaz Palomeque, arzobispo de Toledo.

Biografía Juventud y actuaciones durante la primera parte de la minoría de edad de Alfonso XI (1312-1319) thumb|260px|Últimos momentos de Fernando IV el Emplazado. Óleo sobre lienzo de José Casado del Alisal. 1860. (Palacio del Senado de España). Se desconoce su fecha de nacimiento. Su padre, Pedro Pérez Ponce de León, fue comendador mayor y trece de la Orden de Santiago, y regidor de la ciudad de Córdoba, donde poseía numerosos bienes y casas principales en las colaciones de Santa María, que posteriormente heredaría su hijo Juan Ponce de Cabrera, y en la del Salvador. Algunos historiadores señalaron que falleció probablemente en 1280 en la batalla de Moclín, donde perdieron la vida numerosos caballeros de la Orden de Santiago, aunque otros dan por cierta con total seguridad esa posibilidad.

Juan Ponce de Cabrera fue al final de su vida señor del castillo y de la villa cordobesa de Cabra, cuya tenencia había estado varias décadas antes en manos de su tío Rodrigo Alfonso de León, que era hijo ilegítimo de Alfonso IX de León, y heredó además de su padre numerosas propiedades en la ciudad de Córdoba, entre las que se incluían unas casas principales en la colación de Santa María y un baño junto a ellas que eran conocidos como «Casas de Juan Ponce» o de «Juan Ponce de Cabrera» y «Baño de don Juan Ponce», y que según diversos historiadores habían pertenecido a los Ponce de Cabrera desde poco después de que la ciudad fuera conquistada por el rey Fernando III de Castilla en 1236. Hay constancia de que dichas casas y el baño estaban situadas cerca de la Puerta de Almodóvar y en la calle de Almanzor, que antiguamente era conocida como calle del Baño de don Juan Ponce.

El rey Fernando IV de Castilla, que era primo carnal de Juan Ponce de Cabrera, falleció en Jaén el día 7 de septiembre de 1312, y el nombre de Juan Ponce es mencionado en el documento por el que la reina Constanza de Portugal, viuda de ese monarca y madre de Alfonso XI, fundaba un aniversario en memoria de su difunto esposo, que estaba sepultado en la Mezquita-catedral de Córdoba, el día 4 de octubre de 1312. El 18 de noviembre de 1315, en Jaén, Juan Ponce de Cabrera y su cuñado Pedro Díaz Carrillo de Toledo, que estaba casado con su hermana Toda Pérez Roldán de Cabrera, alcanzaron un acuerdo y realizaron un pleito homenaje sobre la posesión del castillo de Garcíez, y se reconoció que la mitad del castillo pertenecería a Juan Ponce de Cabrera y a su esposa Inés Enríquez, de lo que se deduce que la primera esposa de Juan Ponce, María Fernández de Cárcamo, debió morir antes de 1315.235px|thumb|La Puerta de Almodóvar de Córdoba.

La muerte de los infantes Pedro y Juan de Castilla en el Desastre de la Vega de Granada, ocurrido en 1319, supuso el ascenso al poder absoluto en la Corte castellana del infante Felipe de Castilla, hijo de la reina María de Molina y apoyado por esta, de Don Juan Manuel, nieto de Fernando III, y de Juan el Tuerto, hijo del infante Juan y nieto de Alfonso X, ya que cada uno de ellos controlaba una determinada zona geográfica de Castilla e intentaban alcanzar un mayor protagonismo político y ser nombrados tutores del rey Alfonso XI en sustitución de los infantes Pedro y Juan, a pesar de que en la Concordia de Palazuelos y en las Cortes de Burgos de 1315 quedó establecido que en caso de que alguno de los tres tutores muriese continuaría siéndolo aquel que quedase con vida, lo que legalmente convertía a la reina María de Molina en la única tutora legítima de su nieto. A causa de todo ello, en Castilla comenzó, como señaló Manuel García Fernández, un periodo de anarquía y de auténtica «guerra civil», y dicho historiador también subrayó la circunstancia de que Don Juan Manuel y Juan el Tuerto fueron apoyados por el rey Jaime II de Aragón.

El día 26 de agosto de 1319, dos meses después del desastre castellano en la Vega de Granada, los representantes de los concejos que integraban la Hermandad General de Andalucía se reunieron en Peñaflor y decidieron tomar una serie de medidas preventivas de cara al vacío de poder y a los conflictos que se avecinaban por la muerte de los dos tutores del rey, y acordaron admitir en la Hermandad a los nobles más destacados que tuvieran «intereses en la frontera» con el reino nazarí de Granada, como Juan Ponce de Cabrera y su pariente Pedro Ponce de León el Viejo, que llegaría a ser señor de Marchena. En dicha reunión también se aprobó controlar el uso que se daría a las rentas de la Corona, a fin de garantizar la defensa de las fronteras terrestre y marítima con el reino granadino, y que ninguno de los concejos de la Hermandad apoyaría a ninguno de los que aspiraban a ejercer la tutoría del rey, a menos que lo hicieran el resto de los mismos. También se dispusieron una serie de medidas concernientes al adelantado mayor de la frontera de Andalucía, Alfonso Fernández de Córdoba, que debería guardar y defender los ordenamientos de dicha Hermandad.

La revuelta de Córdoba (1320) thumb|235px|Retrato que se supone representa a Don Juan Manuel, nieto del rey Fernando III de Castilla. (Catedral de Murcia).En Andalucía comenzaron las discordias entre los partidarios de Don Juan Manuel y los del infante Felipe, y Juan Ponce de Cabrera, que era primo segundo de Don Juan Manuel por ser los dos bisnietos del rey Alfonso IX de León, fue uno de sus más decididos y principales partidarios en Córdoba. A pesar de que la mayor parte de las ciudades de Andalucía respaldaban al infante Felipe, Don Juan Manuel contaba con numerosos partidarios en Córdoba, entre los que figuraban el propio Juan Ponce de Cabrera, Fernando Gutiérrez, obispo de Córdoba, Fernando Díaz Carrillo, señor de Santa Eufemia y alcalde mayor de Córdoba, Pedro Díaz, hermano del anterior, y Pedro Alfonso de Haro, señor de Chillón, siendo algunos de ellos mencionados, como señaló Sanz Sancho, en el capítulo XXVIII de la Crónica de Alfonso XI. Los principales partidarios cordobeses del infante Felipe y de la reina María de Molina eran Arias de Cabrera, hermano de Juan Ponce de Cabrera, Alfonso Fernández de Córdoba, señor de Cañete de las Torres, adelantado mayor de la frontera de Andalucía y alguacil mayor de Córdoba, Fernando Alfonso de Córdoba, hijo del anterior y alguacil mayor de Córdoba por delegación de su padre, Pay Arias de Castro, señor de Espejo y alcaide del alcázar de Córdoba, Martín Alfonso de Córdoba, hermano del anterior y alférez mayor de Córdoba, y Pedro Ximénez de Góngora, señor de Cañaveral.

En el otoño de 1320 hubo graves enfrentamientos en Córdoba entre los partidarios de Don Juan Manuel y los oficiales reales que representaban a la Corona y defendían la legalidad vigente. Los representantes municipales de la ciudad solicitaron a la reina María de Molina, madre del difunto Fernando IV de Castilla y abuela de Alfonso XI, que destituyese a los alcaldes y al alguacil de la ciudad y les permitiese designar a los que ellos eligieran en asamblea vecinal. Pero la reina no accedió a sus demandas, argumentando que el privilegio de nombrarlos siempre había correspondido al rey, y les aconsejó que cuando se reunieran las Cortes del reino enviaran sus «mandaderos» para que presentaran allí sus peticiones y todo quedara resuelto en beneficio del rey y de la propia ciudad de Córdoba, según consta en la Crónica de Alfonso XI. El historiador Manuel García Fernández subrayó que bajo tales alborotos y reclamaciones lo que realmente subyacía era el enfrentamiento entre los dos bandos del patriciado urbano cordobés por controlar la ciudad y su reino, ya que la clásica interpretación de que se trataba de un conflicto entre los nobles y el pueblo, que en realidad llevaba mucho tiempo alejado del poder municipal, carece de fundamento en la actualidad.250px|thumb|Mapa de las murallas de Córdoba.

Pero la negativa de la reina María de Molina a satisfacer las exigencias de los cordobeses provocó el descontento popular, y a pesar de que los partidarios del infante Felipe y de la reina intentaron defender la legalidad vigente, Juan Ponce de Cabrera y los suyos solicitaron a Don Juan Manuel que acudiera a Córdoba, ya que estaban dispuestos a reconocerle como tutor del rey. A continuación se alzaron en armas contra sus adversarios y ocuparon por la fuerza la zona de Córdoba conocida como la Axerquía, donde tapiaron dos de las puertas que comunicaban ese sector con la parte superior de la ciudad, siendo una de ellas probablemente la conocida como Puerta del Hierro y la otra la Puerta de la Pescadería, como afirmó el historiador José Manuel Escobar Camacho. Después ocuparon el castillo del Puente y otras torres de la ciudad y obligaron a sus enemigos a refugiarse en el alcázar, que comenzaron a asediar y cuyo alcaide era Pay Arias de Castro, produciéndose además numerosos muertos y heridos por ambas partes. Los protagonistas de la revuelta fueron Juan Ponce de Cabrera, el obispo de Córdoba, Fernando Gutiérrez, el señor y alguacil de Santa Eufemia, Fernando Díaz, el hermano de este último, Pedro Díaz, y Pedro Alfonso de Haro, y todos ellos, a excepción del obispo, eran vasallos del rey y tenentes de algunas fortalezas.

Sin embargo, cuando los defensores del alcázar, que eran acaudillados por Pay Arias de Castro, alcaide de la fortaleza, y por Alfonso Fernández de Córdoba, adelantado mayor de la frontera, tuvieron conocimiento de que Don Juan Manuel se encontraba a dos leguas de Córdoba, negociaron su rendición y abandonaron la ciudad acompañados por sus esposas, según consta en el capítulo XXXII de la Gran Crónica de Alfonso XI:

375px|thumb|Alcázar de los Reyes Cristianos. (Córdoba).