Olegario Molina Solís (Bolonchén de Rejón, Campeche, 6 de marzo de 1843 - La Habana, Cuba, 28 de abril de 1925) fue un abogado, ingeniero, empresario y político mexicano, miembro del partido liberal, que fue dos veces gobernador de Yucatán y secretario de Fomento en el gobierno de Porfirio Díaz; también fue dos veces diputado federal. Fue el personaje más conspicuo de la denominada Casta Divina, la oligarquía yucateca que controló la política y la economía del estado de Yucatán a principios del .
Orígenes familiares e infancia Nació en Bolonchén de Rejón, Campeche (cuando se llamaba Bolonchenticul y era parte de Yucatán). Su padre fue Juan Francisco Molina Esquivel (-1882), un destacado comerciante en su juventud y militante del Partido Federalista; Juan Francisco heredó tierras para cultivo de azúcar y tabaco de su padre, Julián Molina y Bastante, en 1822. En 1835 contrajo matrimonio con Cecilia Solís Rosales, madre de Olegario, quien era descendiente directa por vía paterna de Francisco Solís Pacheco, quien fue alcalde de Mérida y Encomendero de Chicxulub, así como de Francisco Domínguez Palacio Márquez y de Miguel Argaiz Alcántara, ambos también Alcaldes de Mérida. Por línea patrilineal su madre desciende no sólo de Francisco Solís Pacheco sino también de Francisco de Solís Osorio, que fue gobernador de Yucatán y de Puerto Rico en el .
Los padres de Olegario esidían en Bolonchén donde estableció una mercantil y nacieron sus seis primeros hijos, todos varones; Olegario, nacido el 6 de marzo de 1843, era el segundo hijo del matrimonio.
Juan Francisco luchó en la Guerra de Castas en 1847. Tras la guerra, perdió sus propiedades y se trasladó a Hecelchakán en 1850 para reiniciar sus negocios, por lo que la condición de la familia durante la niñez de Olegario fue relativamente humilde, con períodos de privaciones. Hacia 1848, Olegario, con cinco años de edad, pierde la vista en un ojo por una medicina mal administrada. Poco después, inicia sus estudios en esta localidad, donde nacerían el resto de sus hermanos, entre los que se destacan el periodista Audomaro Molina, el historiador Juan Francisco Molina Solís y el diputado de Yucatán y Tabasco Manuel Molina Solís.
En 1857, Juan Francisco se opuso a la separación de Campeche, lo que le causó persecución y ruina económica. Se mudó a Mérida, retirándose hasta que fue nombrado Tesorero General del Estado, por nombramiento del general Manuel Cepeda Peraza tras la restauración de la República en 1867. Olegario continuó allí sus estudios, junto con su hermano mayor, Ricardo, en el colegio del canónigo José María González. Ricardo destacaría más tarde como administrador de Haciendas, de la Aduana de Sisal, y, después, del Puerto de Progreso.
Olegario adquirió en una edad muy temprana conocimientos del idioma francés gracias a la enseñanza de un sacerdote extranjero vinculado a la Academia de Ciencias y Literatura.
Varios de sus hermanos optarían por una carrera eclesiásitca.
El abuelo paterno de Olegario, Julián Molina y Bastante, fue presidente del Ayuntamiento de Bolonchenticul hasta que sobrevino el decreto de Fernando VII aboliendo la Constitución de 1812, cuestión que generó la protesta de Molina y Bastante; esto lo llevó a prisión, donde permaneció hasta 1817.
Juventud
Estudió en el Seminario Conciliar de San Ildefonso, donde aprendió el idioma inglés y pudo avanzar aún más con el francés. Para financiar sus estudios, Olegario se dedicó a suministrar carbón a la ciudad de Mérida, lo que le proporcionaba ingresos esenciales para su sustento. Más adelante, consiguió un empleo como escribiente en el Hospital de San Juan de Dios, donde recibía un salario de $15.00 al mes.
Debido a su dominio del idioma francés, Olegario logró impartir cursos en el recientemente establecido Liceo Comercial de Juan González Arfián. A cambio de su enseñanza, negoció la admisión de sus hermanos menores, como estudiantes en la institución.
Continuó sus estudios en el Instituto Literario de Yucatán.
En 1860, cuando tenía 17 años, Olegario y otros jóvenes fundaron la sociedad La Juventud. Esta sociedad se enfocaba en impartir clases de lectura y escritura los domingos para trabajadores adultos en los suburbios de Mérida. Al año siguiente, en colaboración con su amigo Yanuario Manzanilla, Olegario estableció una escuela llamada Colegio de Enseñanza Primaria y Secundaria.
Tuvo que trabajar desde muy temprano para sostenerse y para ello estableció un pequeño negocio de carbón.
También escribió en un periódico que era de don Eligio Ancona denominado La Píldora y luego Yucatán, en el que se combatió vigorosamente a la intervención francesa en México y al imperio que de ella se derivó.
En 1866, recibió el título de licenciado en Derecho Civil de la Escuela de Jurisprudencia del Colegio Civil Universitario.
Trayectoria
Trayectoria temprana: dirección del Instituto Literario de Yucatán y ascenso político (1867-1875) Durante la intervención francesa, fue secretario particular del general Manuel Cepeda Peraza quien más tarde rendiría a los imperialistas de Mérida el 15 de junio de 1867, y que inmediatamente después se autoproclamó comandante militar y gobernador de Yucatán.
El 18 de julio de 1867 Cepeda Peraza firma un decreto para reabrir la Real Universidad Literaria con el nombre de Instituto Literario de Yucatán, y que reconfigura como instituto de estudios superiores secular, gratuito y laico. Nombra inmediatamente después como primer director al Licenciado Olegario Molina y como tesorero a un primo de éste: el Licenciado Perfecto Solís León. El decreto asignaba el antiguo Colegio de San Pedro como sede del Instituto pero no fijaba una dotación económica para sostener su actividad, debido a esto Olegario Molina y los primeros responsables deciden firmar "Compromiso de honor" para trabajar gratis durante un año y poder abrir la institución, en la que también ejercieron como maestros.
Más tarde, en 1868 Molina se graduó como ingeniero topógrafo, profesión que le valió un poco más adelante ser director de las obras del ferrocarril Mérida-Progreso que habría de inaugurarse en 1881. miniaturadeimagen|Joaquín Casasús fue alumno de Olegario Molina en el Instituto Literario de Yucatán. Años después, Casasús se volvería pieza clave en el ascenso político y económico de Molina, introduciéndolo al grupo de Los Científicos, asesores tecnócratas del presidente Díaz. El nombramiento de su padre, Juan Francisco Molina Solís, como Tesorero General del Estado y la relación que estableció con el general Cepeda Peraza le facilitó la relación con la política. Posteriormente y con Cepeda ya fallecido (muere en marzo de 1696) se convierte en diputado federal el 15 de septiembre de 1869, cargo que ocupa hasta el final de la V legislatura, en 31 de abril de 1871.
En el Instituto Literario de Yucatán conoció por primera vez a Joaquín Casasús que fue su alumno en la carrera de Derecho durante la primavera 1872. Casasús después se convertiría en banquero y destacado miembro del grupo de Los Científicos, asesores tecnocrátas de Porfirio Díaz. El apoyo político y financiero de Casasús sería esencial para el ascenso de Molina.
Repite como diputado federal entre 1873 a 1875. Desde la legislatura pidió, primero, que el gobierno de México reconociera la beligerancia de los combatientes cubanos que iniciaban entonces la lucha por su independencia de España. Después, también desde el Congreso de la Unión, solicitó un subvención federal para que se estableciera un servicio regular de vapores entre la península de Yucatán y Cuba y los Estados Unidos. Esto, con el fin de incrementar el comercio internacional de la península que a la sazón se encontraba desarrollando su agroindustria henequenera.
En 1875, después de haber sido diputado al Congreso de la Unión por segunda vez, fue nombrado fiscal del Tribunal Superior de Justicia de Yucatán, cargo al que renunció para dedicarse a ejercer sus dos profesiones de abogado e ingeniero y para impulsar sus negocios henequeneros.
Carrera empresarial thumb|izquierda|Molina,
Olegario Molina destacó como empresario por su rol en la agroexportación henequenera, la banca y la construcción y operación de líneas de ferrocarril de la península de Yucatán.
Ferrocarriles En sociedad con Casasús y con José Rendón Peniche, Molina promovió la construcción del ferrocarril Mérida-Progreso, que habría de inaugurarse en 1881; esta fecha es considerada el inicio de su carrera empresarial. Fue el primer superintendente y director del ferrocarril, una obra que fue importante para la región pues "por primera vez un sistema adecuado de transportación bajó dramáticamente los costos de transporte o embarque, y conectó mercados distantes con regiones previamente aísladas".
Mientras el principal rival de Molina, Eusebio Escalante, operaba Ferrocarriles Unidos de Yucatán, Molina fundó la compañía Ferrocarriles Sud-Orientales que se propuso enlazar la línea yucateca con Quintana Roo. En la compañía participaron como inversionistas varios políticos cercanos al Porfiriato, incluyendo a Manuel Sierra Méndez y Bernardo Reyes. La empresa no fue exitosa y en 1903 se decretó la disolución y liquidación de la empresa ya que todos "los trabajos fueron suspendidos por falta absoluta de pago."
Olegario Molina & Cía miniaturadeimagen|Peones trabajando en un plantío de henequén Asociándose nuevamente con Rendón Peniche y con Rafael Hernández Escudero, tuvo una participación en una casa exportadora de henequén. Al morir Rendón Peniche, pagó su parte a Hernández Escudero y fundó la firma Olegario Molina & Cía:"Con la creación de la compañía, Molina inició una ascendente carrera en el ámbito económico de Yucatán, aumentando su prestigio dentro del negocio henequenero durante la década de los noventa del siglo pasado, lo que le permitió consolidar una posición importante, producto del control que comenzó a ejercer en las tareas de la exportación de la fibra y por lo cual fue considerado como uno de los empresarios más hábiles e importantes de la entidad. En esta misma década comenzó a tener una mayor presencia en el escenario político regional, que trascendió hacía una esfera más amplia con relaciones en la ciudad de México.En octubre de 1902, Molina se reunió en La Habana con Cyrus McCormick, fundador de la International Harvester, y consumaron un pacto secreto mediante el cual el conglomerado norteamericano se comprometía a importar exclusivamente el henequén que le vendiera la firma de Molina, actuando como intermediario entre los hacendados henequeneros y los mercados norteamericanos. A cambio, Molina se comprometía a usar “cuantos esfuerzos estén en su poder para deprimir el precio de la fibra de sisal” y que McCormick le “pagarán solamente aquellos precios que de tiempo en tiempo serán dictados por la I.H. Co.” Como resultado del acuerdo secreto entre McCormick y Molina, el precio del henequén pasó de fluctuar en el mercado alrededor de $9,48 dólares estadounidenses por libra a una tarifa fija de solo 8 centavos de dólar por libra. izquierda|miniaturadeimagen|En detrimento de los intereses yucatecos, Molina firmó un pacto secreto con el norteamericano Cyrus McCormick, de la International Harvester, para deprimir los precios del Henequén.