350x350px|miniatura|Salario mínimo por horas en 02/2023 (USD) La remuneración mínima, salario mínimo o sueldo mínimo es la cuantía mínima de remuneración que un empleador está obligado por ley a pagar a sus asalariados por el trabajo que éstos hayan efectuado durante un período determinado, cuantía que no puede ser rebajada ni en virtud de un convenio colectivo ni de un acuerdo individual. En más del 90 % de los Estados miembros de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) existe un salario mínimo.
Esta reglamentación fue establecida por primera vez en Australia y Nueva Zelanda en el .The Cost of Living. Filadelfia: American Academy of Political and Social Science, 1913. Cada país suele establecer las normas legales que regulan el salario mínimo y los mecanismos para determinar periódicamente su monto, generalmente en forma anual.
Generalmente se expresa en unidades monetarias por jornada de trabajo; por ejemplo, que no se puede pagar menos de 6 euros/dólares/pesos a un trabajador por cada hora de trabajo.
El salario mínimo, en términos reales, es susceptible al tipo de cambio, debido a que durante devaluaciones monetarias los salarios pierden poder adquisitivo, y la inflación. Muchas veces, los aumentos en el salario mínimo buscan restablecer el mismo poder de compra existente antes de una devaluación o periodo inflacionario.
La normativa sobre salarios mínimos, con sus diferencias, está presente en la casi totalidad de los países del mundo, y su objetivo, explícito o no, es la reducción de la desigualdad de salarios.
En los últimos años, varios países han reformado sus políticas de salario mínimo ante el aumento del costo de vida y la presión social por garantizar un ingreso digno. Algunos gobiernos han optado por vincular el salario mínimo al concepto de "salario vital", entendido como aquel que permite cubrir las necesidades básicas de una persona o familia, incluyendo alimentación, vivienda, educación y salud. Países como Alemania, Corea del Sur, Chile y Nueva Zelanda han implementado incrementos significativos, mientras que en Estados Unidos ha habido una tendencia a subir el salario mínimo a nivel estatal y municipal ante la falta de consenso federal. Además, organismos como la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) han promovido marcos para evaluar el impacto del salario mínimo en la reducción de la pobreza y la desigualdad, resaltando la importancia de ajustar estos montos de manera periódica y conforme a criterios económicos y sociales.
Diversidad internacional Existe una importante diversidad en cuanto al alcance, incidencia y niveles de salario mínimo entre países, aunque la población objeto de cobertura suele ser la misma. Suele tratarse de trabajadores con bajos niveles de calificación, mayormente jóvenes y mujeres, personas que trabajan a tiempo parcial, obreros o empleados de los sectores comercio, restaurantes y hoteles.
La fijación del salario mínimo puede ser por ley o por acuerdos de negociación colectiva, hecho que dependerá de la normativa vigente en cada país. Otra fuente de heterogeneidad importante en la normativa sobre salario mínimo de cada país es la cobertura: el salario mínimo puede fijarse para todo el país (Francia, Reino Unido, entre otros) o puede diferir entre regiones (Estados Unidos, Canadá, y otros), así como puede diferir según la rama de actividad considerada (tal es el caso de, por ejemplo, Italia y Alemania). También existe una gran diversidad entre países en cuanto al ajuste del salario mínimo: en algunos países el salario mínimo se ajusta por inflación (Bélgica, Francia, etc), pero también puede ajustarse de acuerdo a la evolución de los salarios promedio (España, Japón, etc) o administrativamente por parte del gobierno.
Es de destacar también las diferencias que se observan en cuanto a la relevancia del salario mínimo en cada país; hay acuerdo entre los economistas de que el porcentaje de trabajadores que recibe el salario mínimo en relación con el total de trabajadores es un buen indicador de la restricción o relevancia del mismo.
Historia La regulación del salario mínimo fue establecida por primera vez en el estado australiano de Victoria, en la Employers and Employes Act de 1890, y fue producto de levantamientos obreros para recriminar y legalizar un salario mínimo a percibir por un trabajo realizado. Desde entonces, diferentes movimientos obreros y sindicatos de trabajadores y otros colectivos han estado presentes en la legalización y establecimiento del concepto salario mínimo en prácticamente todos los países del mundo, con diferentes resultados.
El salario mínimo debe garantizar al trabajador el acceso a la vivienda, los artículos en la canasta básica de alimentos, así como la compra de vestuario, transporte y útiles escolares para sus hijos. El establecimiento de un salario mínimo, sumado a la reducción de la jornada laboral a no más de ocho horas diarias y a no más de 40 horas semanales, debería permitir incrementar notablemente el nivel de vida de las familias de la clase trabajadora y pasar a formar parte de la clase media.
Efectos económicos del salario mínimo Los costos y beneficios de los salarios mínimos legales son aún objeto de debate. Hay diversas teorías económicas acerca de las consecuencias del salario mínimo. Según ellas, las consecuencias pueden ser positivas o negativas.Los efectos económicos del salario mínimo dependerán de las características del mercado laboral en el que este se aplica.
Los modelos del mercado de trabajo que asumen la existencia de competencia perfecta destacan particularmente los aspectos negativos del salario mínimo sobre el nivel de empleo. Según estos modelos, de tradición neoclásica, el salario mínimo reduce la demanda de trabajadores por parte de las empresas que se ven obligadas a pagar mayores salarios. Es de resaltar que estas conclusiones se basan en el supuesto de que el salario mínimo se establece en niveles mayores a los de equilibrio. De hecho, bajo la concepción neoclásica basada en modelos de competencia perfecta, cabe la posibilidad de que fijar salarios mínimos no tenga efectos negativos sobre el nivel de empleo: esto podría suceder en el caso de que el mínimo fijado sea inferior al salario de equilibrio competitivo.
Otros desarrollos teóricos, como ser el modelo de monopsonio (con empresas con poder de mercado o con problemas de movilidad de los trabajadores) o los modelos de búsqueda y emparejamiento, muestran que la fijación de salarios mínimos en ocasiones podrían llevar a aumentos en la cantidad de trabajadores contratados.
El modelo de monopsonio sirve a los efectos de ilustrar este punto. Autores como el economista Edward Manning sostienen que este modelo se ajusta mejor a la realidad del mercado de trabajo que el de competencia perfecta donde la oferta de trabajo es perfectamente elástica. Al ejercer las firmas poder de mercado en el mercado de trabajo o al bien enfrentar una curva de oferta que no es infinitamente elástica, se puede modelizar utilizando un monopsonio. Esto implica que las empresas no toman los salarios como dados, sino que tienen poder de fijación sobre los salarios eligiendo una combinación de trabajo y salario que le permita maximizar sus ganancias.
Este resultado lo obtiene del problema de maximización de beneficios. La empresa presenta una función de producción f(L) que utiliza el insumo trabajo, esta producción se vende a un precio p, por lo que sus ingresos son iguales a la producción por el precio. Estos ingresos sustraídos los costos, en el caso simple de un solo input, es igual a los ingresos menos la masa salarial (salarios por cantidad de factor).
Π = p f(L) – w(L) L
La condición de primer orden que surge de derivar esta función es:
p f’(L) = w(L) + w’(L) L
Que representa el costo marginal de contratar. Esta curva se ubica por encima en el par de ejes (x,y) de la curva de salarios y con mayor pendiente. La cantidad de trabajo se determina en la intersección de las curvas de demanda de trabajo (Ld) y del costo marginal de contratar (CmgL), sin embargo, el salario se fija en el nivel que corresponde a esa cantidad de trabajo obtenida en la curva de salarios ordinaria. Por lo tanto, tenemos niveles de empleo y de salarios menores que en competencia perfecta. De esto surge, que la fijación de un salario mínimo puede aumentar los niveles de empleo y de salario en la medida en que se aproxime al nivel de competencia perfecta. En caso de superarlo se genera desempleo. Un consecuencia natural de este modelo es, entonces, que el gobierno podría fijar un nivel de salario mínimo óptimo capaz de maximizar los niveles de empleo y salarios conjuntamente (bajo este marco general, sería el salario de competencia perfecta).
Al incorporar fricciones en los modelos de análisis del mercado laboral, como ser rentas de la ocupación del puesto de trabajo, se observa que los efectos del salario mínimo en el empleo en realidad dependen del nivel de partida del salario mínimo. Cuando este se fija inicialmente en montos relativamente bajos, los aumentos posteriores no necesariamente serán desfavorables para el empleo y la producción; por el contrario, si en la situación inicial el salario mínimo se establece en montos relativamente elevados, es probable que los aumentos subsiguientes ejerzan un impacto negativo en los niveles de contratación. El respaldo empírico a estos modelos es significativo, particularmente debido al realismo de sus puntos de partida. La existencia de fricciones en el mercado de trabajo es frecuente en la economía debido a, entre otros factores, la existencia de costos de transporte, costos de búsqueda de trabajo, entrenamiento en el puesto de trabajo, capital humano específico a la empresa o poder de mercado en el bien producido por las empresas, no existencia de sindicatos fuertes, barreras a la entrada al mercado, etc.
El salario mínimo afecta también a la calidad del empleo, dado su impacto en el tipo de puestos de trabajo ofrecidos. Desde este punto de vista, la fijación de un salario mínimo puede mejorar la asignación de recursos de la economía, estimulando la creación de empleos con mayores niveles de productividad.
El efecto del salario mínimo sobre la estructura de empleos de la economía ha sido estudiado por Acemoglu (2001), quien desarrolló un modelo en el que existen dos tipos de puestos de trabajo: “trabajos buenos” y “trabajos malos”. Acemoglu plantea que los trabajos buenos tienen mayor productividad, por lo que crear puestos “buenos” es más caro para las empresas que crear puestos de trabajo “malos”. Teniendo en cuenta esto, es esperable que los salarios negociados entre empresarios y trabajadores sean más altos en el caso de los trabajos buenos. En esta situación, sería de esperar que el equilibrio de mercado competitivo conduzca sistemáticamente a la creación de muy pocos empleos buenos, por lo que introducir un salario mínimo levemente más elevado que el límite inferior de la distribución de salarios hace posible mejorar el bienestar social gracias a un aumento en el número de buenos empleos. Este mismo resultado es obtenido también por Cahuc y Michel (1996), quienes plantearon un modelo de crecimiento endógeno en el que la introducción del salario mínimo logra mejorar el bienestar social al generarle a la población un fuerte incentivo a la acumulación capital humano (considerada muy positiva para el crecimiento económico).