El palacio de la Aljafería (, por derivación de uno de los nombres del rey que lo mandó construir, Abú Yaáfar al-Muqtádir)Véase la voz dedicada a «La Aljafería » en la Gran Enciclopedia Aragonesa, 2011. es un palacio fortificado construido en Zaragoza en la segunda mitad del por iniciativa de al-Muqtádir como residencia de los reyes hudíes de Saraqusta. El nombre con el que se conoce al monumento proviene de la evolución fonética y lingüística de su pronombre Abú Ya’far, de Yafar vino al-Yafariyya, posteriormente Aljafaria y finalmente Jaferia o Aljafería (Expósito Sebastián, 33).
Este palacio de recreo (llamado entonces Qasr al-Surur o 'palacio de la Alegría') refleja el esplendor alcanzado por el reino taifa en el periodo de su máximo apogeo político y cultural.
Su importancia radica en que es el único testimonio conservado de un gran edificio del arte hispanomusulmán de la época de las taifas, de hecho esta arquitectura encuentra sus precedentes artísticos en los palacios sirio-omeyas del desierto, tipología típica de la primera mitad del , entre los cuales sobresalen el de Qasr al-Hayr al-Sharqi, Qusair Mushatta, Jirbat al-Mafyar, y de la primera etapa abasí, el castillo de Ujaydir (Expósito Sebastián, 34-35).
De modo que, si se conserva un magnífico ejemplo del califato de Córdoba, su mezquita (), y otro del canto de cisne de la cultura islámica en al-Ándalus, del , la Alhambra de Granada, se debe incluir en la tríada de la arquitectura hispanomusulmana el palacio de la Aljafería de Zaragoza () como muestra de las realizaciones del arte taifa, época intermedia de reinos independientes anterior a la llegada de los almorávides. Los «restos mudéjares del palacio de la Aljafería» fueron declarados individualmente Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1986 como parte del conjunto «Arquitectura mudéjar de Aragón».
La fecha de construcción de este complejo arquitectónico se corresponde con el , concretamente entre 1065 y 1081, ya que en algunos de los capiteles se puede observar una inscripción en la que figura al-Muqtádir como el vencedor, título que no fue adoptado por el monarca hasta 1065 tras la toma de Barbastro (Beltrán Martínez, 50-51).
La planta de la construcción islámica era un recinto fortificado y reforzado por dieciséis torreones semicirculares, con planta rectangular. Este carácter de fortificación no solo sirvió como defensa, sino también para configurar dos mundos claramente diferenciados: el exterior profano y humilde, y el interior culto y delicado.
Las soluciones adoptadas en la ornamentación del palacio de la Aljafería, como la utilización de arcos mixtilíneos y de los salmeres en «S», la extensión del ataurique calado en grandes superficies o la esquematización y abstracción progresiva de las yeserías de carácter vegetal, influyeron decisivamente en el arte almorávide y almohade tanto del Magreb como de la península ibérica. Asimismo, la transición de la decoración hacia motivos más geométricos está en la base del arte nazarí.
Tras la conquista de Zaragoza en 1118 por Alfonso I el Batallador pasó a ser residencia de los reyes cristianos de Aragón, con lo que la Aljafería se convirtió en el principal foco difusor del mudéjar aragonés. Fue utilizada como residencia regia por Pedro IV el Ceremonioso (1319-1387) y posteriormente, en la planta principal, se llevó a cabo la reforma que convirtió estas estancias en palacio de los Reyes Católicos en 1492. En 1593 experimentó otra reforma que la convertiría en fortaleza militar, primero según diseños renacentistas (que hoy se pueden observar en su entorno, foso y jardines) y más tarde como acuartelamiento de regimientos militares. Sufrió reformas continuas y grandes desperfectos, sobre todo con los Sitios de Zaragoza de la Guerra de la Independencia hasta que finalmente fue restaurada en la segunda mitad del y actualmente acoge las Cortes de Aragón.
En su origen, la construcción se hizo extramuros de la muralla romana, en el llano de la saría o lugar donde los musulmanes desarrollaban los alardes militares conocido como La Almozara. Además, esta tenía la condición de construcción recreativa del monarca, por lo que no tenía la necesidad de encontrarse dentro de las murallas de la ciudad. El propio mismo lo apodó “El palacio de la alegría” en algunos de sus poemas.
Con la expansión urbana a través de los años, el edificio ha quedado dentro de la ciudad. Se ha podido respetar a su alrededor un pequeño entorno ajardinado.
La torre del Trovador miniatura|izquierda|upright|Torre del Trovador miniatura|izquierda|Primera planta. Se aprecian los arcos de herradura del o
La edificación más antigua de la Aljafería es la llamada «torre del Trovador», que recibió este nombre a partir del drama romántico de Antonio García Gutiérrez, El trovador, de 1836. Este drama fue convertido en libreto para la ópera de Giuseppe Verdi Il trovatore, de 1853.
La torre tiene su acceso principal por un pequeño patio clausurado por el lado este de la denominada «sala de los mármoles», el Norte de la mezquita y construcciones anexas, de la cual destacan algunos elementos renacentistas, como un vano; o góticos. Este conjunto ha sido uniformado mediante la disposición de galerías de arquillos aragoneses de medio punto, superpuestas, y la parte colindante de la iglesia de San Martín. (Beltrán, A. (1970). La Aljafería. Ayuntamiento de Zaragoza).
Se trata de una torre defensiva, de planta cuadrangular y cinco pisos que data de finales del (según Bernabé Cabañero Subiza, de la segunda mitad del ),Cfr. Bernabé Cabañero Subiza, descripción artística en el cap. «El palacio musulmán», en aut. cit. et alt., La Aljafería (vol. I), Zaragoza, Cortes de Aragón, 1998. pág. 84. en el periodo gobernado por el primer Tuyibí, Muhammad Alanqar, que fue nombrado por Muhammad I, emir independiente de Córdoba. La torre mantiene vestigios del arranque de los gruesos muros de aparejo de sillería de alabastro en su parte inferior, midiendo estos 4,15m de ancho, y continuaba con otros de encofrado de hormigón simple de yeso y cal, algo más delgados al ganar en altura, disminuyendo su grosor hasta los 1,10m.
La torre fue reconstruida después de que un incendio la calcinase en el 1039, año en el que los Beni Hud de Lérida tomaron la ciudad de Zaragoza, estableciendo en ella la capital de su reino. Se sabe, gracias a esto y a los documentos que confirman la existencia de un foso en torno a la torre, que esta se trataba de una construcción rectangular exenta; y que será a partir de la ordenanza de Almoctadir, que en torno a esta se construya la “casa del regocijo”. (Beltrán, A. (1970). La Aljafería. Ayuntamiento de Zaragoza).
El acceso primigenio a la torre se encontraba en una puerta situada en altura, debido a la función del edificio, accediendo a esta a través de una escalerilla. Se trata de una puerta ubicada bajo un arco de herradura con dintel partido, de ascendencia cordobesa. De esta partía un pasillo de sillares de alabastro, encontrándose a la derecha, el acceso a las escaleras de la torre, mientras que al fondo de este se accedía a otra estancia. (Beltrán, A. (1970). La Aljafería. Ayuntamiento de Zaragoza).
El exterior no refleja la división en cinco pisos interna y aparece como un enorme prisma macizo apenas roto por vanos en aspillera. El ingreso al interior se efectuaba a través de una pequeña puerta en altura a la que solo se podría acceder mediante una escala portátil. Su función inicial, era, por todos estos indicios, eminentemente militar.
La primera planta conserva la estructura constructiva del , que alberga dos naves y seis tramos separados mediante dos pilares cruciformes de los que parten arcos de herradura rebajados. Sus muros son de mampostería en la parte interior y sillares en la exterior. A la izquierda de la puerta de acceso, se encuentra un pasillo que conduce a un pozo, de cinco metros de diámetro, dotado de una escalera circular que permite acceder al fondo de este (Beltrán, A. (1970). La Aljafería. Ayuntamiento de Zaragoza).
En general y a pesar de su sencillez, conforman una estancia equilibrada, que ritma el techo al modo de las mezquitas califales y que pudo ser utilizada como baños.
La segunda planta, a la cual se accede a través de una escalera en la cual se observan las marcas del incendio de 1039, se encuentra inserta en el muro y cubierta por bóvedas de cañón (Beltrán, A. (1970). La Aljafería. Ayuntamiento de Zaragoza), repite el mismo esquema espacial de la anterior, y se observan restos de fábrica musulmana del en los lienzos de ladrillo, lo que indica que ya la segunda planta fue reconstruida posiblemente a la vez que el palacio en época de Al-Muqtádir. Construida en ladrillo, salvo una pequeña zona hecha en piedra, para enlucir; destacan sus arcos de rebajados (Beltrán, A. (1970). La Aljafería. Ayuntamiento de Zaragoza).
En el piso tercero, cuya estructura también sería del , con arcos también de herradura, aparecen pintados en el techo motivos geométricos mudéjares donde se pueden leer los nombres de Eneas, Amor y Venus, y que datan, posiblemente, del . Este piso es el más ecléctico de todos, puesto que se pueden observar elementos de tres estilos diferentes. La planta se organiza en torno a una sala central, a cuyos lados se disponen, además de la escalera de acceso, una serie de estancias. Los elementos arquitectónicos que en esta se pueden observar, en orden cronológico son, arcos de herradura, arcos de medio punto y arcos apuntados; además, con ayuda de algunas intervenciones, se han conservado una serie de inscripciones sobre algunos de los arcos donde se puede leer “El Imperio es de Allah”. (Beltrán, A. (1970). La Aljafería. Ayuntamiento de Zaragoza).
Algo similar ocurre con el aspecto de las dos últimas plantas, de factura mudéjar, y cuya construcción se debería a la edificación del palacio de Pedro IV anexo, que está comunicado con la torre del trovador gracias a un corredor, y se configuraría así como torre del homenaje. Los arcos de estas plantas ya reflejan su estructura cristiana, pues son arcos ligeramente apuntados, y soportan techumbres no abovedadas, sino estructuras planas en madera.
Su función en los siglos y era la de torre vigía y bastión defensivo. Estaba rodeada por un foso. Fue integrada después por los Banu Hud en la construcción del castillo-palacio de la Aljafería, constituyéndose en una de las torres del entramado defensivo del lienzo norte exterior. A partir de la conquista cristiana en 1118, siguió usándose como torre del homenaje y en 1486 se convirtió en calabozo de la Inquisición. Como torre-prisión se usó también en los siglos y , como demuestran los numerosos graffiti inscritos allí por los reos.
El palacio taifa miniatura|Portada de acceso La construcción del palacio —en su mayor parte realizada entre 1065 y 1081—Bernabé Cabañero Subiza, op. cit., 1998, pág. 87. fue ordenada por Abú Ya'far Ahmad ibn Sulaymán al-Muqtadir Billah, conocido por su título honorífico de Al-Muqtadir ('el Poderoso'), segundo monarca de la dinastía de los Banu Hud, como símbolo del poder alcanzado por la Taifa de Zaragoza en la segunda mitad del . El rey en persona llamó a su palacio Qasr al-Surur ('Palacio de la Alegría') y a la sala del trono que él presidía en recepciones y embajadas, Maŷlis al-Dahab ('Salón Dorado') como se atestigua en los siguientes versos del propio monarca:
El nombre de Aljafería se documenta por primera vez en un texto de Al-Yazzar as-Saraqusti (activo entre 1085 y 1100) —que transmite además el nombre del arquitecto del palacio taifal, el eslavo Al-Halifa Zuhayr— y otro de Ibn Idari de 1109, como derivación del prenombre de Al-Muqtadir, Abu Ya'far, y de «Ya'far», «Al-Yafariyya», que evolucionó a «Aliafaria» y de ahí a «Aljafería».