José Ramón Enríquez Alcázar (Ciudad de México; 22 de agosto de 1945) es un poeta, dramaturgo, director de escena, actor, pedagogo y crítico de teatro, ensayista y editor mexicano. Pertenece a la segunda generación del exilio republicano español. Su obra se ha mantenido distante del común denominador que caracteriza al teatro en México; a decir de él mismo, más bien forma parte de una generación de dramaturgos nacidos en los 40, sin mayor coincidencia que la cronológica.Vicente Leñero, Nueva Dramaturgia Mexicana, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 1998.

Biografía Segundo de tres hijos, José Ramón Enríquez nació en la Ciudad de México unos días después de que el mundo viera inaugurada la era nuclear con el bombardeo atómico a las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki. La conciencia de éste y muchos otros acontecimientos lo marcaría toda su vida, quizás debido a la diversidad que se expresaba en su familia, heredero de tradiciones contrapuestas: la del exilio republicano español, por parte de su padre, el escritor y pedagogo Isidoro Enríquez Calleja, y, por parte de su madre, la maestra universitaria Berta Alcázar, la de la fe católica. Su fe materna, en relación dialéctica con las luchas paternas, muy pronto tomaría los caminos de la Teología de la Liberación e ingresaría como cristiano al Partido Comunista Mexicano. Desde ambas posturas, no tardaría en asumir la lucha por sus derechos en los primeros movimientos de Liberación Gay.Concepción Salcedo Meza, “José Ramón Enríquez. Promotor de un teatro clásico itinerante”, en Expresiones… por escrito, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2003, pp. 24-35.

Al pie de mi amor clavado Maestros, padre y madre, la pasión por las letras apareció desde niño, así como la vocación teatral. Por una parte, en 1964 publica su primer libro: Al pie de mi amor clavado, con la ayuda de su padre; es, sin embargo, el mismo año en que ha tomado la decisión de entrar a la Compañía de Jesús, por lo que da inicio a su noviciado en la orden fundada por San Ignacio de Loyola.Alberto Castillo Pérez, “Entrevista con José Ramón Enríquez. De exilios y de encuentros”, en Revista Mexicana de Teatro Paso de Gato, 40, pp. 6-8. Los ejercicios le conducen a una profunda reflexión sobre su ser y estar en la fe cristiana y, en consecuencia, a expresar con su director espiritual la propia orientación homosexual. Este acto lo lleva, por un lado, a salir de la Compañía, y, por el otro, a participar en la lucha por la defensa de los derechos civiles, individuales y colectivos, de los miembros de la comunidad gay; en especial desde tres trincheras: el quehacer poiético en las letras y para la escena, la militancia política de izquierdas y el periodismo cultural.

Por la otra parte, juega al teatro, se descubre en él y se decide a estudiarlo, de modo que ingresa a la otrora Escuela de Arte Teatral del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) en 1966, de donde será llamado a trabajar un año más tarde como actor dentro del reparto de Macbeth, de William Shakespeare, dirigido por José Solé, y Galileo Galilei, de Bertolt Brecht, bajo la dirección de Ignacio Retes; con quien a su vez actuará en dos puestas en escena más: las de los estrenos mundiales de Los albañiles y El juicio, escritas por Vicente Leñero.Ibid., p. 8.

Ritual de estío En 1970, Ediciones Oasis le publica su primera obra de teatro: Ritual de estío, obra con la cual debutará también como director de escena dos años después en el Teatro del Zócalo, con Sergio Galindo y Francisco Marín en la actuación y Mili Bermejo en la música. Ese mismo año actúa en El problema es otro y El jefe, dirección y dramaturgia de Ignacio Solares, e interpreta un papel en Los persas, de Esquilo, dirigido por José Antonio Alcaraz. Asimismo, 1972 es el año de su paso por la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid, para regresar a las tablas en 1973 nuevamente como actor en Los títeres de cachiporra, de Federico García Lorca, con Marta Aura y Pedro Damián, bajo la dirección de Adam Guevara; mientras, Sergio Galindo le estrena en el Teatro Comonfort La tercera dinastía.

La segunda mitad de la década de los setenta significa, por un lado, el inicio de su relación con el trabajo editorial, al ser corrector, traductor y director de ediciones para Grijalbo; asesor del director del Fondo de Cultura Económica, y director del Departamento de Publicaciones de la Universidad Autónoma de Puebla y de Ediciones de la Editorial Océano; y, por el otro, como periodista cultural, oficio que no abandonará, realizando reseñas de libros y de obras de teatro para publicaciones como «El Heraldo Cultural», «Sábado» y «La letra y la imagen»; además de ser redactor en la página cultural de Excélsior, jefe de redacción de la revista El Machete y miembro fundador de la revista Proceso. Son los tiempos, también, de su paso por el Partido Socialista de los Trabajadores, del cual se escindiría como muchos otros tras las elecciones de 1976 a manera de protesta por “la cargada” a favor del candidato oficial: José López Portillo, y por el Partido Comunista Mexicano, participando de las discusiones que derivaron en su fusión con otras organizaciones de izquierdas para fundar el Partido Socialista Unificado de México; de esa época es su libro de ensayos Cristianismo y marxismo. Historia de un encuentro, escrito en colaboración con Jorge Íñiguez.

Orestes parte En cambio, la primera mitad de la década de los ochenta sirve de marco tanto para su incursión en los medios electrónicos, colaborando dentro de la sección literaria de algunos programas de radio y televisión: «Los libros no muerden», para el programa radiofónico de Montero Ponce, en Puebla; «El club del espectador», en el Canal 13, y «A fondo», en el Canal 11, cuanto para su regreso a las tablas y a las letras: en 1981, Luis de Tavira estrena su libreto de Leoncio y Lena, ópera de Federico Ibarra basada en la obra homónima de Georg Büchner; en 1983, actúa en Oulanem, de Karl Marx, dirigido por Morris Savariego, y, un año después, se estrena para la ópera su poema dramático Orestes parte, nuevamente con música de Federico Ibarra y dirección de Luis de Tavira, mientras Ediciones Oasis le publica su poemario Figuras del pantheon.

En 1985, el año de los sismos que devastaron buena parte del centro de la Ciudad de México, la Universidad Autónoma de Puebla y la Universidad Autónoma Metropolitana le publican respectivamente: El fuego (con las obras Ciudad sin sueño –mención honorífica del Premio Nacional de Teatro del INBA–, Orestes parte y El fuego) y Nuestro viaje (con poesía y teatro), y ese mismo año dirige Y luego... porqué las matan, de Xabier Lizarraga, con Luis Armando Lamadrid. 1986, por su parte, es el año en que él mismo dirige su Ciudad sin sueño, con Miguel Flores y Arturo Ríos, y Luis de Tavira le estrena su poema dramático Lamentaciones. Loa para la ciudad que espera, cantata de Federico Ibarra, publicado por la Revista de la Universidad de México en 1987. Ese mismo año es galardonado con el Premio Nacional de Dramaturgia Wilberto Cantón por su obra Madre Juana (publicada por Ediciones de la Casa de la Cultura del Mayab, Mérida, Yucatán, y estrenada por Francisco Marín) y también se vuelve miembro del Consejo Asesor del Centro Universitario de Teatro (CUT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), del que más tarde será director interino, secretario académico y director.

Tres ceremonias La década de los ochenta estará cerrando con la edición de su libro de poesía La visión peterpánica por Cuadernos de Malinalco, para entrar de lleno a los noventa con la publicación de sus Tres Ceremonias: Jubileo (estrenada por Luis de Tavira en el Teatro Juan Ruiz de Alarcón), Alicia (Premio Jacinto Guerrero de Madrid, España, estrenada con música de Federico Ibarra y dirección de Luis Miguel Lombana en el Palacio de Bellas Artes) y, con base en textos de Copi, La pasarela (con dirección del propio autor en el Foro Shakespeare), entre 1989 y 1992, y La ardilla vuela, en 1995, en lo que a producción dramática toca.

Mientras tanto, como creador sobre las tablas, la Unión de Críticos y Cronistas de Teatro le habrá otorgado su Premio Seki Sano al Mejor Director de Escena en 1994, después de que en 1992, año que Rogelio Luévano le dirige La manta que las cobija dentro del Primer Ciclo de Teatro Clandestino de la Casa del Teatro, José Ramón Enríquez llevara a la escena La cueva de Montesinos con alumnos del CUT y dirigiera El jefe máximo, con Miguel Flores, Jesús Ochoa, Antonio Crestani y Emilio Guerrero, y Desenlace, con Mónica Serna y Jesús Ochoa, ambas de Ignacio Solares; de que en 1993, año en que ingresa al Sistema Nacional de Creadores de Arte en la categoría de creador artístico, montara con estudiantes del CUT El Edipo imaginario, de Alberto Castillo, y El gran elector, con Ignacio Retes, también de Solares, y de que en 1994 dirigiera La vela de la luna loca, de Adrián Sotomayor, con Javier Rosales y Luis Armando Lamadrid. En 1995, repite la fórmula alumnos del CUT-Solares y remonta La cueva de Montesinos y, del autor de Delirimun tremens, La flor amenazada, con Juan Manuel Bernal, Aída López, Antonio Crestani, Juan Carlos Vives y Berta Vega. En 1996, año que Mauricio García Lozano aborda su obra El mar y los pescaditos en una lectura dramatizada, estrenará La rodaja en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz de la UNAM, con Eugenia Leñero, Jesús Ochoa y Antonio Crestani. Entre 1997 y 1998, dirige El villano en su rincón, con estudiantes de la Casa del Teatro, y El animal de Hungría, con alumnos de la Escuela Nacional de Arte Teatral (ENAT), ambas de Lope de Vega; Ella imagina, monólogo de Juan José Millás, con Emma Dib y una lectura dramatizada sobre La región más transparente, para conmemorar los 40 años de edición de esa novela de Carlos Fuentes.

También en 1997, la UNAM publica su libro de ensayos sobre teatro Pánico escénico y, en 1999, Juan Pablos el de poesía Supino rostro arriba. Son justo los mismos años de su práctica docente como titular de la asignatura de Literatura Dramática, en el CUT, y de Teatro Histórico, en la Maestría en Historia de la Universidad Iberoamericana; experiencia que combina con la fundación de la Casa del Teatro, A.C., la coordinación artística del proyecto «Laboratorios de Teatro del Santa Catarina» también para la UNAM, la dirección del Centro de Investigación Teatral Rodolfo Usigli del INBA y, finalmente, la secretaría académica, primero, y la dirección, después, del Centro Universitario de Teatro de la UNAM. Se despedirá del montando El maleficio de la mariposa, de Federico García Lorca; puesta en escena por la que obtiene el Premio de la Asociación Mexicana de Críticos de Teatro como el Mejor Teatro Estudiantil.

Reflejos en los Siglos de Oro El arranque del lo recibe estrenando su obra Las visiones del rey Enrique IV, en el Teatro Coyoacán de la SOGEM; Las bicicletas de Buster Keaton, de Federico García Lorca, en el Foro del CUT; Samuel y la roca, de María Elena Aura, y montando su La noche de los Macbeth –variaciones y consonancias entre voces del Génesis y Shakespeare–; y, además, siendo ratificado como director del Centro Universitario de Teatro, tras la huelga estudiantil que estalló en la UNAM en abril de 1999. Durante ese período, José Ramón Enríquez sienta las bases para la modernización que emprenderá su sucesor, el actor y director Antonio Crestani, en las instalaciones del mismo CUT.Jessica Cortés y Sebastián López, “CUT-UNAM ¿Teatro del nuevo milenio?”, en Revista Mexicana de Teatro Paso de Gato, 22, p. 49. En 2001, la UNAM le publica Nueve reflejos en los Siglos de Oro, con sus obras: La cueva de Montesinos (editada también por CONACULTA y Ediciones El Milagro en 2002), La manta que las cobija, La Rodaja, Es uno de nosotros, Anárquica y dorada, El conjuro, Jinetes pa’ la frontera (estrenada por Gloria Miravete en 1998), Las visiones del rey Enrique IV y El filósofo, la monja y el bastardo.