miniatura |275px |Bretón de los Herreros en 1835, a los 38 años, por Federico de Madrazo.
Manuel Bretón de los Herreros (Quel, La Rioja 19 de diciembre de 1796; Madrid, 8 de noviembre de 1873) fue un dramaturgo, poeta y periodista español.
Escribió casi dos centenares de obras teatrales, muchos poemas y multitud de artículos periodísticos de actualidad y sobre crítica literaria. Fue académico de la Real Academia Española, de la que llegó a ser secretario. Fue también administrador de la Imprenta Nacional y director de la Biblioteca Nacional.
El teatro de la ciudad de Logroño y el de Haro, ambos en La Rioja, llevan su nombre.
Biografía Primeros años Hijo de Antonio Bretón y Pérez y de María Petra de los Herreros y Abadía, llegó a Madrid desde La Rioja a los nueve años, cuando ya era conocida su afición a los versos. Realizó estudios con los escolapios de San Antón, en Madrid, con no pocas estrecheces económicas.
En 1811 murió su padre y en 1812, a los 16 años, abandonó los estudios y se alistó como voluntario en el ejército durante la Guerra de la Independencia. En esos años, perdió el ojo izquierdo en un duelo que sostuvo en 1818 en Jerez de la Frontera; circunstancia que glosa en esta quintilla:
Estuvo alistado en el ejército por espacio de casi diez años, licenciándose en 1822, en pleno Trienio liberal, sin haber conseguido ascensos,quizá por sus ideas liberales. Abrazó entonces la carrera administrativa.
Llegada a Madrid Desempeñó cargos en Intendencia en Játiva y Valencia, y en Cartagena tuvo que salir huyendo ante la llegada de los Cien Mil Hijos de San Luis (1823). En ese mismo año se dirigió a Madrid en busca de fortuna literaria. La logró con el estreno de A la vejez viruelas en 1824. Pese al relativo éxito, malvivía entre 1825 y 1830 traduciendo comedias francesas o refundiendo comedias clásicas españolas para el empresario Grimaldi. En 1828 entabló una gran amistad con el manchego Mariano Roca de Togores, luego marqués de Molins, que terminó siendo su principal biógrafo. Frecuentó asiduamente la tertulia romántica «El Parnasillo» desde 1830, apenas constituida.
Consagración miniatura |275px |Bretón de los Herreros en 1837, a los 41 años, por José Gutiérrez de la Vega, óleo propiedad de la Real Academia Española. En 1831 el triunfo notable de Marcela, o ¿cuál de los tres? le abrió de par en par las puertas de la fama, al igual que la publicación de una traducción de Tibulo le aseguró un puesto como bibliotecario en la Biblioteca Nacional de Madrid. Por unas observaciones algo duras de Mariano José de Larra sobre su fertilidad como autor dramático, se enemistó con él; en realidad Larra estaba resentido por la dura crítica que había hecho Bretón a su comedia No más mostrador, y le hizo ver que se repetía a sí mismo y utilizaba siempre las mismas fórmulas. Bretón respondió atacándole en Me voy de Madrid (1835) y La redacción de un periódico (1836), donde le acusaba de tramposo, mujeriego y mendaz. Sin embargo, los amigos comunes les congraciaron en 1836.
Se casó en 1837 con Tomasa Andrés y Moyano, hija de un médico madrileño, una mujer burguesa y nada romántica con la que no tuvo descendencia, y ese mismo año ingresó en la Real Academia con un interesante discurso sobre la importancia de la variedad métrica en el teatro. Tras ser académico honorario en 1837, supernumerario en 1838 y académico de número en 1840, fue secretario de esa institución desde 1853 a 1873. También fue administrador de la Imprenta Nacional y redactor jefe y director de la Gaceta (1843-1847). Más tarde, desde 1847 a 1853, en la Biblioteca Nacional ocupó los cargos de bibliotecario segundo, director y bibliotecario mayor, este último hasta su jubilación. También fue redactor y crítico teatral de muchas revistas.
Acudió regularmente al Ateneo y al Liceo. La representación de La ponchada (1840) le acarreó una inesperada reacción de los militares que le obligó a huir brevemente a Burgos y a San Sebastián.
Últimos años Hacia 1848, tachado de repetirse y de estar anticuado, intentó renovar sus fórmulas dramáticas con el drama histórico ¿Quién es ella? (1849), ambientado en la corte de Felipe IV y en el que Quevedo representa un papel preponderante. La vejez del comediógrafo fue triste: misántropo y muy irritable, llegó incluso a romper con la Academia a la que tantos servicios había prestado (1870). El emperador don Pedro de Brasil le visitó en 1872, rindiendo tributo a la popularidad de Bretón en aquel país. Murió en 1873 de pulmonía.
Características literarias Moratinismo, costumbrismo y conformismo miniatura |Manuel Bretón de los Herreros a los 50 años, retratado en Los Poetas contemporáneos (1846, fragmento), por Antonio María Esquivel (Museo del Prado, Madrid).
Pese a hallarse en pleno romanticismo prefirió cultivar la comedia al estilo moratiniano (tendiendo a respetar la regla de las tres unidades) y satirizar las costumbres de su época. También es heredero, en el terreno de la comedia, del costumbrismo de Mariano José de Larra, Ramón Mesonero Romanos y Serafín Estébanez Calderón, y describió con exactitud un amplio repertorio de personajes. Su amistad con José de Espronceda, Juan Nicasio Gallego y Larra contribuyó a depurar su gusto y a la formación de un estilo propio y original.
Bretón no se limita a ser el espectador de la España que se encuentra entre la Guerra de la Independencia y el destronamiento de Isabel II: aporta su opinión a los problemas y propone soluciones inspiradas en el punto de vista de la burguesía media y conformista.
Se opone a reformas sociales radicales, propugna el matrimonio de conveniencia a sangre fría, condenando la coquetería y el exceso pasional; prefiere el peor arreglo al mejor divorcio y critica la moral romántica importada de Francia. El ideal para él es la vida rutinaria, prevista y ordenada por la razón común y el buen sentido.
Estilo dramático Su teatro se caracteriza por la sencillez de la intriga, la tendencia a los conflictos triangulares y el importantísimo papel de la expresión y el lenguaje.
El autor riojano pone toda su habilidad y fuerza dramática en el diálogo. Corrige meticulosamente sus obras y cuida en extremo el decoro de los personajes. Condena los galicismos, pero tampoco es un extremado purista. Utiliza con parquedad y acierto el vulgarismo como elemento cómico.
Los ambientes de sus obras son los lugares típicos de Madrid, como el Prado; las costumbres del brasero y la verbena; las modas del baile o el álbum; los cambios sociales con el ascenso de la burguesía y la decadencia de la vieja nobleza empobrecida; la mentalidad mercantilista; la corrupción administrativa; la revuelta callejera; el drama de la guerra civil.
Es indudable que el teatro de Bretón de los Herreros, pese a sus personajes planos (hidalgos dignos y arruinados, galanes enamoradizos, viudas que pasan por estrecheces económicas, patronas, andaluzas engañadoras, coquetas redomadas, lechuguinos, paletos provincianos de buen corazón, militares sin dinero), posee un amplio repertorio de figuras representativas de la época y una fina y penetrante óptica de la vida, costumbres y problemas de su país y su época.
También es característico de Bretón la utilización de un depurado lenguaje, de una métrica fácil y de inspiración áurea, y de una gran vis cómica, que destacan también en sus epigramas y otras composiciones satíricas.
Uno de sus epigramas es famoso por la anécdota biográfica que encierra. Solían confundir a un vecino de Bretón, un médico también poeta, apellidado Mata (Pedro Mata Fontanet), con el famoso autor, llamando a todas horas a su puerta, de forma que el médico se cansó y puso dos versos sobre ella que decían:
Como no se llevaban bien, Bretón replicó con la siguiente redondilla, que colgó de su propia puerta:
Obra miniatura |275px |Retrato póstumo de Bretón de los Herreros, hecho entre 1882 y 1886.
La producción de Bretón asciende a 360 títulos entre los que destacan muy principalmente su producción teatral:
103 comedias o dramas, 64 traducciones, 10 refundiciones.
Su producción escrita inclye además:
poesías que ocupan un tomo, su poema La desvergüenza ocupa otro, poemas dispersos y no coleccionados, artículos costumbristas en prosa, centenares de otros artículos sobre la actualidad o sobre crítica literaria, o escritos de tipo filológico derivados de su puesto como académico.
Teatro De sus comedias y dramas originales, veintitrés son en prosa y el resto en verso. Abundan sus comedias de corte neoclásico más que romántico. Cinco de sus comedias fueron un claro éxito de público y de crítica:
Marcela, o ¿a cuál de los tres? (1831), Muérete ¡y verás! (1837), El pelo de la dehesa (1840), ¿Quién es ella? (1849), La escuela del matrimonio (1852).
Otros estudiosos destacan también las siguientes: Un tercero en discordia (1833), Todo es farsa en este mundo (1835), Un novio para la niña o la casa de huéspedes (1834), Flaquezas ministeriales (1838), El hombre pacífico (1838), El editor responsable (1842), La independencia (1844), La batelera de Pasajes (1842), Dios los cría y ellos de juntan (1841), Un francés en Cartagena (1843).
En suma, fue el maestro consumado de la comedia entre la época de Moratín y la aparición de la conocida como alta comedia.
También se internó en el drama romántico con obras como:
Elena (1834), un típico melodrama ambientado entre los bandoleros de Sierra Morena, Fernando el Emplazado (1837), drama histórico, y Vellido Dolfos (1839) otro drama de base histórica inspirado en el Romancero y que presenta a un Vellido enamorado de la reina Urraca.
Hizo para las tablas, además, sesenta y cuatro traducciones (sobre todo del francés: Marivaux, Scribe, Racine, Voltaire, y de otros autores no franceses como la María Estuardo de Schiller). También realizó diez refundiciones de obras de Lope de Vega, Ruiz de Alarcón, Calderón, Moreto, etc.
Poesía y prosa miniatura |275px |Sepultura de Manuel Bretón de los Herreros, compartida con la de Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina. Panteón de hombres ilustres, Sacramental de San Justo, Madrid.
Escribió 387 poemas y unos cuatrocientos artículos de costumbres y de crítica teatral fundamentalmente. Su poesía resulta fiel al neoclasicismo por sus odas, anacreónticas, romances y sátiras. La primera colección de ellas que editó fue Poesías (1831), pero luego siguió publicándolas en revistas y periódicos a lo largo de toda su vida, pues tenía gran facilidad para el verso y ya los componía a los cinco años de edad. Se nota la influencia de Eugenio Gerardo Lobo por la tendencia al retruécano, de Manuel José Quintana en la vena patriótica y de Juan Meléndez Valdés en lo amoroso. Pero lo más valioso son sus sátiras, como la Epístola a Ventura de la Vega sobre las costumbres de Madrid, premiada por el Liceo, y otras varias sobre la Santa Alianza, el carlismo, el clero y los hechos de la época.
Cultivó el artículo costumbrista en la línea de Ramón Mesonero Romanos, colaborando en el Semanario Pintoresco Español y en la obra colectiva Los españoles pintados por sí mismos, con la descripción de tipos humildes como las castañeras, las lavanderas y las nodrizas. Trabajó intensamente en la Real Academia, participando en la novena edición del Diccionario y en la redacción e impresión de la Gramática, cuyo Compendio (1859) para la enseñanza elaboró enteramente. Preparó además 497 artículos para el diccionario de sinónimos e hizo resúmenes y actas de la misma entre 1859 y 1868.