thumb|350px|Pese a que se ha cartografiado gran parte del fondo del océano, no se ha encontrado ningún indicio de presencia de osnis. En la imagen, buceadores de la Armada de los Estados Unidos operan un sonar en el mar Rojo. alt= Ovni|miniaturadeimagen El osni (acrónimo de «objeto sumergible no identificado», del inglés unidentified submerged object, USO; también traducido como «objeto submarino no identificado») se refiere a un supuesto caso de avistamento en el cual un objeto desconocido emerge o se sumerge en el agua. Por su supuesta naturaleza o su posterior evolución en el aire suele asociarse con ovnis (objetos voladores no identificados).

En España, su supuesta existencia se ha relacionado con dos conjeturas formuladas por la madrileña Beatriz Gato-Ribera, según las cuales la Tierra podría estar siendo observada por una civilización más avanzada, que no desea contactar con los seres humanos, pero a pesar de no querer ser detectada ―ocultando sus señales y habitando bajo mares y lagos para pasar desapercibida―, no es tan avanzada como para lograrlo.

Al contrario que los platillos volantes, existen muy pocos indicios físicos de los osnis, como fotografías o imágenes en movimiento, aunque sean lejanas, borrosas y con poco detalle como suele suceder con los objetos voladores no identificados. Tampoco los informes militares sobre posibles detecciones submarinas pueden ser muy precisos, ya que lo impide la naturaleza del medio acuático. Sin embargo y al igual que con los sucesos aéreos, no hay ninguna prueba de su existencia.

Sobre los objetos submarinos no identificados no se han realizado investigaciones como el proyecto Libro Azul (1952), lo que ha influido en la escasez de catalogaciones, taxonomías y publicaciones, especialmente de monografías.

Descripción

thumb|Cualquier fenómeno inexplicado se atribuye a los ovnis. Traza de vapor de un misil en 2008, parecido al ovni de Canarias.«Pentagon unable to explain "mystery missile" video», artículo en inglés, del 10 de noviembre de 2010, en el sitio web Wikinews. Según la definición estos avistamientos requerirían la existencia previa de un ovni o varios, a quienes se les atribuye un origen extraterrestre mayoritariamente. Esta vinculación también la recoge Francisco Javier tomando como referencia las palabras de Juan Manuel García Bautista en la publicación El fuego del dragón,García Bautista, José Manuel (2000): «La realidad OSNI en el litoral andaluz. Observación del fenómeno de los objetos submarinos no identificados en nuestra península», artículo publicado en el sitio web Heterogénea (Sevilla). quien afirma que la mayor parte de los avistamientos se realizan en zonas costeras. Pero dicha estadística presenta un problema: Ricardo Campo advierte que las estadísticas manejadas por muchos ufólogos no pueden ser tenida por fiables y menos por consensuadas, ya que la ufología de gran tirada no se caracteriza por su rigor. Por tanto, las zonas del planeta o los países donde hay más avistamientos desconocidos varían con cada escritor.

Cabe concluir que cualquier osni sería un ovni que navegaría por el agua, emergido o sumergido, y cuya procedencia no se puede determinar. Como en el caso de la ufología, el término «desconocido» no se refiere a que se ignora la bandera bajo la cual navega, lo desconocido es su propia naturaleza porque no se sabe si se trata de un barco, un sumergible, un submarino, un aparato anfibio... incluso si son animales acuáticos o submarinistas. Como se ha indicado, existe una tendencia que fija su procedencia fuera de la Tierra, sin embargo autores como no aclaran de qué planeta, satélite, sistema estelar o galaxia provendrían dichos objetos; por lo tanto, la hipótesis extraterrestre no resuelve la incógnita.

No es fácil encontrar una tipología clara y consensuada sobre las distintas formas de los osnis, como sí sucede con los objetos sin identificar vistos en el cielo. Tampoco se puede indicar con seguridad una silueta predominante, como erróneamente se hace con los platillos volantes, que son producto de un error cometido en 1947 por el periodista Bill Bequette al confundir la forma de volar de los objetos vistos por Kenneth Arnold. De la misma manera, se ha revelado difícil localizar bibliografía que muestre taxonomías de los posibles "osninautas", es decir, los supuestos tripulantes de los osnis, como sí ocurre en el campo aéreo con los denominados "grises", por ejemplo.

Carencia de investigaciones oficiales

No se han desarrollado investigaciones en este campo similares al Proyecto Signo (1947) o el Proyecto Libro Azul (1952), porque la existencia de los osnis nunca ha sido tenida por un peligro para la seguridad nacional de ningún país. Aunque los submarinos pueden lanzar un poder destructivo mucho más grande que los aviones , dicho peligro solo se materializó sobre todo a partir de los años sesenta, hasta entonces cualquier embarcación subacuática solo podía amenazar a otros barcos, no a instalaciones en tierra o a ciudades. Naves con la capacidad de transportar misiles nucleares hasta las costas de los Estados Unidos fueron operativos desde la década de 1960 , cuando las investigaciones ovni casi habían terminado, con la conclusión de que aquellas visiones no suponían ningún peligro para la seguridad nacional. Por tanto, no se cuenta con una catalogación tan extendida como la realizada por Josef Allen en tres distintas fases, es decir, primera fase cuando se ve al ovni en tierra o en el cielo, segunda fase cuando deja signos y tercera fase si se distingue a un tripulante. Ni tampoco en encuentros cercanos y encuentros lejanos dependiendo de si son a más de 150 metros o a menos.

La posibilidad de utilizar una catalogación similar para los osnis se descarta por ser el agua un elemento muy diferente al aire, donde la visión a 150 metros es muy difícil o imposible , ya sea en horizontal o en vertical. De la misma manera, cualquier medio el líquido elemento disuelve y esparce con rapidez la mayoría de los residuos, por lo que la toma de restos resulta también muy difícil, en el mejor de los casos. Por último, la luz y las ondas de radio en el agua sirven de poco o de nada para detectar objetos .

Origen

Según la existencia de osnis se basa en la posibilidad de que la civilización humana esté inmersa dentro de otra civilización galáctica mucho más grande. Esta conjetura la publicó la madrileña Beatriz Gato-Ribera en 2003 y solo es posible, según su autora, si se cumplieran previamente el llamado principio subantrópico, y también la conjetura de la indetectabilidad. Según la madrileña Beatriz Gato-Ribera, si dichos supuestos fuesen ciertos y convergieran, la civilización humana formaría parte sin saberlo de otra civilización más grande y más evolucionada, de igual forma que los gorilas de montaña están inmersos en la civilización humana sin percibirlo. La doctora plantea en su artículo la cuestión de si los gorilas viven conscientes de poblar una reserva natural creada por una civilización más avanzada que la suya. Concluye que no.

Asimismo, Beatriz Gato-Ribera se formula la pregunta de ¿Por qué la civilización o civilizaciones más avanzadas y cercanas a la Tierra no han contactado con los seres humanos? A lo que se responde a sí misma con dos nuevos interrogantes: "¿Enviaría algún país de este planeta una delegación oficial al territorio del gorila de montaña para presentarse abierta y oficialmente a las “autoridades” de los gorilas? ¿Se estrecharían la mano, llegarían a acuerdos e intercambiarían firmas con los machos dominantes?" nuevamente su conclusión es negativa por la misma razón, que los humanos no tratan de contactar con los simios para explicarles cuestiones como las ondas hertzianas.La respuesta está en contradicción con la experiencia. Son numerosos los casos de científicos que se han acercado a los gorilas, y otros primates, para conocerlos e incluso tratar de conversar con ellos empleando lenguajes de signos. Quizá el ejemplo más conocido de dicho acercamiento sea la zoóloga Dian Fossey.La incapacidad de las civilizaciones extraterrestres para ocultarse indicaría que no son tan avanzadas como suponen los ufólogos. Siguiendo con la analogía de los gorilas, los seres humanos pueden, por ejemplo, estudiar sus movimientos desde satélites, completamente imposibles de percibir por los gorilas.

Asumiendo el deseo de las otras civilizaciones de no contactar con la terrestre quedaría por resolver una incógnita más: ¿Por qué motivo no pueden detectarse señales luminosas o de radio causadas por dicha o dichas civilizaciones? Esta pregunta es respondida por la llamada «conjetura de la indetectabilidad», también formulada por la madrileña Beatriz Gato-Ribera. Dicha conjetura sostiene que las civilizaciones tienden a camuflar o silenciar su presencia por motivos de seguridad,Como en el caso del punto anterior, esta conjetura se contradice con la trayectoria de la comunicación y la expansión humana. La civilización terrestre no ha hecho ningún esfuerzo por silenciar sus señales, se ha producido una bajada en la potencia de algunas ondas electromagnéticas por motivos económicos, especialmente en la televisión digital, pero no un "silenciamiento" intencionado de las mismas con medidas como, por ejemplo, el cableado del planeta con el fin de confinar los flujos de datos. Más bien el efecto ha sido el contrario con el surgimiento de la telefonía móvil y de las redes inalámbricas. En lo que sí se ha trabajado mucho es en el cifrado de las señales, especialmente las militares, pero eso no les hace parecer menos artificiales, según afirmación de Carl . por ello la doctora madrileña presagia un escaso éxito a proyectos como el SETI, incluso teniendo relativamente cerca miembros de dicha civilización o civilizaciones.

Partiendo de los dos supuestos antes indicados, autores como postulan que bajo el mar podrían estar explicaciones como la de los ovnis, "hasta el momento buscada en estrellas lejanas", dicha búsqueda se refiere al pequeño porcentaje de casos no aclarados.Isgleas, Daniel (2009): «Hay aún 40 casos de ovnis sin explicación. Investigaciones. Fuerza Aérea desclasificó archivos; no descarta la hipótesis extraterrestre», artículo del 7 de junio de 2009 en el diario El País (Montevideo). Consultado el 23 de marzo de 2013.

Así pues la cadena argumental sería la siguiente: según la madrileña Beatriz Gato-Ribera la Tierra podría estar inmersa en una o varias civilizaciones galácticas que no desean contactar con la humana y no es posible detectarla por haber enmascarado sus señales. A partir de dichos supuestos autores como Torrent Rodrigo indican que dicha civilización habría llegado al planeta, habría decidido establecerse y habita en lagos y océanos para no ser detectada, siendo los avistamientos inexplicados los únicos indicios de dicha civilización.

A estas explicaciones o conjeturas se opone la recogida en el Informe Condon, publicado en los años setenta. Dicha investigación concluía que «tras los ovnis no se haya ningún fenómeno de la naturaleza desconocido para el ser humano» y que investigaciones sobre dichos avistamientos no supondrían ningún beneficio para disciplinas como la física o la ingeniería, aunque sí para ciencias sociales como la psicología o la sociología.

La ausencia de indicios