La Catedral Metropolitana de la Asunción de la Santísima Virgen María a los Cielos de la Ciudad de México (también, Catedral de la Asunción de María de México o Catedral Metropolitana de la Ciudad de México) es una iglesia catedral de culto cristiano católico, sede de la arquidiócesis Primada de México. Se ubica en el lado norte de la plaza de la Constitución en el centro histórico de la Ciudad de México, en la demarcación Cuauhtémoc. Al formar parte del mencionado conjunto arquitectónico en esa área de la ciudad, es en consecuencia Patrimonio de la humanidad desde 1987.
Fundada en 1570 como sustituta de la antigua catedral construida en 1524; la primera piedra fue colocada en 1571, sin embargo las obras comenzaron formalmente en 1573, concluyeron en el interior en 1667 y en el exterior en 1813. Fue erigida según los planos del arquitecto español Claudio de Arciniega, quien se inspiró en catedrales españolas (particularmente en la Catedral de Jaén); levantandola alrededor del antes mencionado templo primigenio; ambos inmuebles se ubicaron en la explanada del viejo centro ceremonial de Tenochtitlán, frente al Templo Mayor (y no sobre este, como erróneamente se divulgó hasta la localización de las ruinas arqueológicas en 1978). Edificada sobre un área de al menos dos hectáreas, ocupa una superficie de 7752 metros cuadrados; las medidas aproximadas de este templo son 61 metros de ancho por 128 de largo y una altura de 67 metros hasta la punta de las torres. Es una de las obras más sobresalientes de la arquitectura hispanoamericana.
Debido al prolongado tiempo que llevó su construcción, poco menos de 250 años, prácticamente todos los principales arquitectos, pintores, escultores, doradores y demás artistas plásticos del virreinato, trabajaron en algún momento en la edificación del recinto. El extenso periodo de las obras permitió que se integraran en ella los diversos estilos arquitectónicos que estuvieron vigentes y en boga en esos siglos: gótico, barroco, churrigueresco y neoclásico, entre otros; algo similar a lo que pasó en su interior con los distintos ornamentos, pinturas, esculturas y mobiliario.
Su realización significó un punto de cohesión social, pues en ella participaron autoridades eclesiásticas, gubernamentales, distintas cofradías, hermandades religiosas y múltiples generaciones de grupos sociales.
Como consecuencia de la influencia de la Iglesia católica en la vida pública, el inmueble se entrelazó con acontecimientos de trascendencia histórica para las sociedades de la Nueva España y del México independiente. Por citar algunos, se encuentran la coronación de Agustín de Iturbide y Ana María Huarte como emperadores de México por el presidente del Congreso; el resguardo de los restos fúnebres del mencionado monarca; la sepultura hasta 1925 de varios de los próceres de la independencia como Miguel Hidalgo y Costilla y José María Morelos y Pavón; las disputas entre liberales y conservadores ocasionadas por la separación de la iglesia y el estado en la Reforma; el cierre del inmueble en los días de la Guerra Cristera; las visitas de los Papas Juan Pablo II (26 de enero de 1979) y Francisco (13 de febrero de 2016); y los festejos del bicentenario de la independencia, entre otros.
La catedral presenta cuatro fachadas en las que se abren portadas flanqueadas por columnas y estatuas. Posee una planta arquitectónica de tipo basilical con cinco naves y crucero, que se componen de 51 bóvedas, 74 arcos y 40 columnas; hay dos torres que contienen actualmente 35 campanas. En su interior se destacan dos grandes altares, la sacristía y el coro. Existen dieciséis capillas dedicadas a diferentes santos, cuya construcción fue patrocinada por diferentes hermandades religiosas; estas están ricamente adornadas con altares, retablos, pinturas, muebles y esculturas. En el coro catedralicio se encuentran dos de los órganos dieciochescos más grandes del continente. Bajo el edificio hay una cripta en la que reposan los restos de algunos arzobispos de México. Junto a la catedral se encuentra el sagrario, en cuyo interior se ubica el baptisterio.
Historia
Antecedente: La iglesia mayor miniatura|derecha|250px|Plano de 1550 de la Plaza Mayor; marcado con el número uno, la antigua catedral o «Iglesia Mayor». Luego de concluida la conquista española del imperio mexica, y tras el regreso de Hernán Cortés de la exploración de la actual Honduras, los conquistadores decidieron construir una iglesia en el lugar en el que se encontraba el Templo Mayor de la ciudad de Tenochtitlán; de este modo consolidarían el poder español sobre el territorio recién conquistado. Luego de considerar la traza urbana hecha por los españoles a partir de una plaza central, el área escogida para la iglesia correspondió a los solares que cerraban el antiguo complejo mexica por el norte.
El arquitecto Martín de Sepúlveda fue el primer director del proyecto que comenzó en 1524 y se concluyó en 1532, esto en tiempos de Juan de Zumárraga, el primer obispo de la entonces recién fundada diócesis de México (1530). La antigua catedral se encontraba en la parte noroeste de lo que es la actual Plaza de la Constitución o Zócalo. La complejidad de la zona lacustre, requirió enormes trabajos de ingeniería para asentar la edificación, lo que, además de las largas distancias, ocasionó que se optara por levantar con algunos de los restos de las construcciones mexicas, hechas de materiales ligeros y resistentes, especialmente del Templo Mayor.
Tenía tres naves separadas por columnas toscanas, el techo central presentaba intrincados grabados realizados por Juan Salcedo Espinosa y dorado por Francisco de Zumaya y Andrés de la Concha. La puerta principal era probablemente de estilo renacentista. El coro tenía 48 sitiales realizados a mano por Adrián Suster y Juan Montaño en madera de ayacahuite. Para la construcción, utilizaron las piedras del destruido templo del dios Huitzilopochtli, dios de la guerra y deidad principal de los mexicas. A pesar de todo, este templo pronto fue considerado insuficiente para la creciente importancia de la capital del virreinato de Nueva España. Esta primera iglesia fue elevada a catedral por el rey Carlos I de España y el papa Clemente VII según la bula del 9 de septiembre de 1534 y, posteriormente, nombrada metropolitana por Paulo III en 1547.
Esta iglesia pequeña, austera, demeritada por todos los cronistas de la época, que la juzgaban indigna de una tan grande y famosa ciudad, prestó sus servicios durante largos años. En virtud de la importancia alcanzada por la ciudad, elevada desde 1545 al rango de arquidiócesis por el papa Paulo III, pronto se ordenó que se levantase un nuevo templo, de proporcionada suntuosidad a la grandeza del creciente virreinato, sin embargo esta nueva fábrica tropezó con tantos obstáculos para su comienzo, con tantas dificultades para su prosecución, que el templo viejo vio pasar en sus naves estrechas, suntuosas ceremonias coloniales; y solo cuando el hecho que las motivaba revestía gran importancia, se utilizaba otra iglesia, como la de San Francisco, para levantar en su enorme capilla de San José de los Indios el túmulo para las honras fúnebres de Carlos V.
Dado que la conclusión de la iglesia nueva se prolongaría mucho tiempo, en el año de 1584 se decidió reparar totalmente la catedral vieja, que estaría poco menos que ruinosa, para celebrar en ella el tercer Concilio Novohispano.
La iglesia, de planta basilical, tenía de largo poco más que el frente de la catedral nueva; sus tres naves no alcanzaban 30 metros de ancho, separadas por dos danzas de pilares ochavados de orden toscano; estaban techadas, la central con una armadura de media tijera, las de los lados con vigas horizontales. Además de la Puerta del Perdón, había otra llamada de los Canónigos, y quizás una tercera que daba a la placeta del marqués.
Permaneció en uso hasta 1625 cuando fue demolida para acelerar los trabajos de la nueva catedral; la portada principal fue trasladada a la iglesia de Santa Teresa la Antigua, donde permaneció hasta 1691, año en que el arquitecto Cristóbal de Medina fue encomendado para remodelar la fachada de dicha iglesia.Tovar y de Teresa, Guillermo, La portada principal de la primitiva Catedral de México. boletín de monumentos históricos, tercera época número 12, enero-abril 2008 Sin embargo, las autoridades decidieron conservar la antigua portada renacentista que había pertenecido a la Catedral, por lo que el arquitecto Juan Durán fue contratado para desmontar la portada, piedra por piedra, y montarla en la fachada poniente de la iglesia del hospital de Jesús Nazareno; donde se encuentra actualmente, como uno de los pocos vestigios del que permanecen en la ciudad.
Inicio de la obra
Desde 1544 se habían publicado documentos oficiales que solicitaban el reemplazo de la austera catedral de la Ciudad de México por una más grande, sin que esto pasara más allá de una intención. Finalmente el 28 de agosto de 1552 se expidió la cédula que normaba e indicaba los pasos a seguir para el proyecto de construcción. En ese mismo año, se llegó a un acuerdo por el cual el coste de la nueva catedral sería compartido por la Corona española, los comendadores y los indígenas bajo la autoridad directa del arzobispo de la Nueva España. Los planes iniciales para la fundación de la nueva catedral comenzaron en 1562; dentro del proyecto para la edificación de la obra, el entonces arzobispo Alonso de Montúfar habría propuesto una monumental construcción compuesta de siete naves y basada en el diseño de la catedral de Sevilla; un proyecto que, a palabras del propio Montúfar, llevaría 10 o 12 años. El peso de una obra de tales dimensiones en un subsuelo de origen pantanoso requeriría de una cimentación especial. Inicialmente se colocaron vigas cruzadas para construir una plataforma, algo que requería altos costos y un constante drenado, al final dicho proyecto se abandonaría en 1565, no solo por el mencionado coste, sino por las inundaciones sufridas por el centro de la ciudad. Es entonces que apoyados en técnicas indígenas, en 1570 se inyectan sólidos pilotes de madera a gran profundidad, alrededor de veinte mil de estos pilotes en un área de seis mil metros cuadrados. El proyecto es disminuido de las siete originales naves a solo cinco: una central, dos procesionales y dos laterales para las 16 capillas. La construcción comenzó con los diseños y modelos creados por Claudio de Arciniega y Juan Miguel de Agüero, inspirados en las catedrales españolas de Jaén y Valladolid.
En 1571, con algo de retraso, el virrey Martín Enríquez de Almansa y el arzobispo Alonso de Montufar colocaron la primera piedra del actual templo. La catedral comenzó a construirse en 1573 (siendo arzobispo Pedro Moya) en torno a la iglesia existente que sería derribada hasta 1625, cuando las obras avanzaron lo suficiente para albergar las funciones básicas del templo.
La obra comenzó con una orientación norte-sur, contraria a la de la mayoría de las catedrales, esto debido a las aguadas del subsuelo que afectarían el inmueble con una orientación tradicional oriente-poniente. El proyecto original de Arciniega fue similar al de las catedrales de Segovia o Salamanca en España y consideraba que las naves habrían de techarse con madera y el campanario quedaría localizado en el ábside, pero fue modificado posteriormente, de acuerdo al modelo propuesto por Juan Miguel de Agüero, considerando el techado con bóvedas y la inclusión de una cúpula principal y dos torres localizadas al frente del templo.