mini|El rostro borroso de una fémina en 1992. Las caras de Bélmez son unos rostros de aspecto fantasmagórico aparecidos en sucesivas olas en una casa familiar del pueblo de Bélmez de la Moraleda (Jaén, España), consideradas por los adeptos a la parapsicología como un fenómeno paranormal.

El fenómeno empezó a producirse en 1971 con el descubrimiento de la primera mancha con forma de rostro en el suelo de la cocina, tras lo cual el diario Pueblo lo reportó repetidamente, sin embargo medio año después publicó en un informe que habían sido pintadas con sales de plata.Historia de un embuste, El Mundo, 29 de Noviembre de 2004 La afluencia de curiosos fue reportando beneficios a la familia que cobraba la entrada, venta de fotografías y los derechos a los numerosos reportajes en prensa.Caras de Bélmez. 10 mitos y 4 verdades Sur, 23 de octubre 2016 El fenómeno volvió a los medios a menudo de mano de teorías de investigadores de lo paranormal como Ricard Bru o Iker Jiménez, que publicaron libros y lo llevaron a las televisiones. Tras la muerte de la dueña de la casa en 2004, su clausura e intento de venta, aparecieron rostros en una casa diferente. Iker Jiménez inicialmente les dio validez y las añadió a su libro pero posteriormente diría que eran una falsificación.

Adeptos a la parapsicología consideraron este suceso como «sin duda, el fenómeno paranormal más importante del siglo XX».Las caras de Bélmez Sin embargo, varios estudiosos del tema lo catalogaron como un fraude. Desde la muerte de María Gómez Cámara, la propietaria de la casa, los rostros han ido haciéndose más borrosos.

Historia

El inicio: Aparición de las primeras caras mini|La primera de las caras de Bélmez, llamada "la Pava", fotografiada en mayo de 2012. Muy deformada y deteriorada respecto a su estado original, se conserva empotrada en la pared y protegida por un cristal.La primera noticia sobre el fenómeno apareció publicada en un diario local en noviembre de 1971 y fue tratada profusamente por los medios de comunicación de la época. Una vecina de Bélmez, María Gómez Cámara (1919-2004), aseguraba que el 23 de agosto de ese mismo año advirtió en el suelo de cemento de su cocina, mientras cocinaba, una gran mancha con forma clara de rostro humano y salió a avisar a sus vecinas. Cinco días más tarde se raspó la supuesta cara y el albañil Sebastián Fuentes León echó yeso sobre la misma. Sin embargo, siempre según las declaraciones de los protagonistas, la supuesta cara reapareció días más tarde. Era un rostro aparentemente de varón, con los ojos y la boca abiertos y unos largos trazos oscuros a modo de bigotes. En los días siguientes, nuevos rostros que se añadieron al inicial surgieron en el suelo de la cocina y el pasillo de la casa. Aparecían y desaparecían, se desplazaban o se transformaban en otros, en un continuo movimiento que podría haberse repetido en mayor o menor medida hasta hoy.

Reacciones Desde el primer momento, los periódicos adoptaron posturas opuestas: unos, como el Pueblo, defienden la autenticidad del suceso mientras que otros, como Ideal, lo catalogan como fraude.

Debido a la repercusión mediática, empezaron a llegar personajes y expertos famosos del mundo de la parapsicología, como Germán de Argumosa o Hans Bender, coincidiendo en catalogar los fenómenos de Bélmez como un gran misterio. Este último publicó unas líneas sobre el caso en el Zeitschrift für Parapsychologie (Revista de Parapsicología), avalando la hipótesis paranormal.

A los seis meses de las apariciones, el periódico Ideal hacía públicos los resultados de unos análisis demostrando que las caras habían sido pintadas con nitrato y cloruro de plata. Este método, usado en fotografía y empleado ya en los cuarenta por activistas antifranquistas, Pintado hizo las pintadas es muy eficaz, ya que los rostros aparecen al tiempo de haber sido pintados Las caras de Bélmez (El escéptico digital)

Más tarde fue realizado otro análisis a las caras por el CSIC, en el cual no se mostraban restos de las sustancias señaladas como componentes de las caras en el primer análisis. Cabe destacar que el CSIC advirtió que desconocía cuál había sido el proceso para recoger las muestras, y que éstas fueron entregadas en un sobre de azúcar de cualquier cafetería, algo que hace dudar de la procedencia de las muestras, las cuales han servido para que muchos investigadores afirmen la falsedad de las caras.Los caras de Bélmez.

Estancamiento A partir de 1972, el fenómeno sufre una bajada, tanto de interés mediático como de turismo, debido a que el diario Pueblo reconoce que las Caras de Bélmez no son un fenómeno paranormal como defendía el periódico El Alcázar. Según el periodista Antonio Casado, entonces en el diario Pueblo, que fue a Bélmez a cubrir la noticia, indica que hubo una censura oficiosa por parte de Francisco Franco, que permaneció oculta.

A partir de los 80 las nuevas caras sufren un cambio estilístico, pierden expresividad y se hacen más simples e infantiles. Algunos apuntaron que la muerte del fotógrafo del pueblo, que había de estar al tanto de las propiedades de las sales de plata usadas en el revelado de fotografía y que se lucraba con la venta de fotografías a los visitantes, pudo ser la causa de esta diferencia en su ejecución. En esa época surgen otros fenómenos catalogados como "sensacionales" incluyendo supuestas psicofonías y las apariciones de los rostros del gobernante Francisco Franco y de la socialite Isabel Preysler.

Resurgimiento Con la creación de la revista Enigmas, el fenómeno vuelve a disfrutar de un período de auge debido a que se baraja nuevamente la hipótesis paranormal de lo ocurrido en Bélmez. Periodistas como Iker Jiménez escriben sobre este tema para la revista y en su programa Cuarto Milenio.

Nuevas caras María Gómez falleció en febrero de 2004. Tras su muerte, Pedro Amorós, presidente de la Sociedad Española de Investigaciones Parapsicológicas (SEIP), investigó si habría más de esas pigmentaciones, que de acuerdo con su interpretación se trataba de teleplastias (manifestaciones o residuos de ectoplasma). Así surgieron las nuevas caras de Bélmez. La forma de estas nuevas caras es más vaga, y su identificación como rostros humanos queda más supeditada a la interpretación que en los casos anteriores. De hecho, una de las manchas obtenidas por la SEIP, y que supuestamente representa a un hombre de perfil, tiene semejanza con un gato de caricatura.

Varios diarios acusaron al ayuntamiento de la localidad de haber fabricado las caras en esta nueva casa al no conseguir adquirir, para explotarla turísticamente, la casa original de las caras.

La familia de María Gómez también ha sostenido que las caras no son negocio, lo cual resulta opuesto al hecho de que desde el 1 de julio de 2005 se le otorgó la titularidad de la denominación "Las caras de Bélmez" a Carmen Gómez Hervás, según consta en la web de la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). Se trata de la única marca registrada en esta oficina que incluye el topónimo "Bélmez".

Reacciones Los escépticos sostienen que las nuevas caras fueron fabricadas en un momento muy conveniente, y que de hecho fueron "descubiertas" después de que Francisco Máñez le enseñara a Pedro Amorós cómo realizar manchas en el cemento que parecieran rostros humanos.

Máñez, parapsicólogo también, le pretendía enseñar a Amorós su teoría de que las caras eran sólo manchas de humedad que la pareidolia (capacidad humana de reconocer formas en cualquier cosa) hacía reconocer como caras o rostros. A los pocos días, Amorós lanzó la noticia del descubrimiento de las nuevas caras en la casa natal de María Gómez, obtenidas tras someter al suelo a un tratamiento que el SEIP describe tal y como Máñez describe el suyo.

Explica Máñez que el 25 de septiembre de 2004:

El ayuntamiento de Bélmez siempre ha rechazado las explicaciones que niegan el origen paranormal de las caras. Sin embargo, en mayo de 2007 el investigador Francisco Máñez y el redactor del diario El Mundo Javier Cavanilles (que había salido airoso de una demanda interpuesta por Amorós por acusarle de haber falsificado las nuevas caras) publicaron el polémico libro "Los caras de Bélmez". En él intentan demostrar que el caso era un fraude desde el primer día, que todos los rostros habían sido pintados por (o con la complicidad de) la familia de María Gómez y que los principales investigadores del caso habían manipulado los datos para mantener el misterio. Además hicieron públicos los principales documentos del caso (como los informes de CSIC) para probar sus afirmaciones.

Hipótesis sobre las caras

En este caso hay dos posicionamientos opuestos muy claros. Por un lado hay investigadores que aseguran que la aparición es un proceso paranormal y por otro lado encontramos a otros investigadores que no dudan en clasificar a las caras de Bélmez como un fraude total. Existen, además, análisis químicos de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, que al amparo de dos investigaciones distintas (Juan José Alonso 1975, y Francisco José Vallé y Juan Antonio Martín 1991) no han podido encontrar el motivo de las pigmentaciones. El reporte de J.J. Alonso fue publicado originalmente en Psi Comunicación, la revista de la Sociedad Española de Parapsicología. A Alonso no le preocupó falsear la hipótesis paranormal y llegó a conclusiones ambiguas. No obstante, confirmó la presencia de un compuesto melanocrático en las muestras de la cara nombrada La pelona que analizó.

Hipótesis del origen paranormal Algunos investigadores sostienen que el origen de las caras está ligado a un antiguo cementerio andalusí del siglo XIII (prueba del C-14) descubierto en el subsuelo de la cocina de la casa. En excavaciones realizadas hasta una profundidad de 2,8 m poco tiempo después de la primera aparición, se pudo constatar la aparición de restos de huesos humanos. Investigadores de lo paranormal han relacionado las teleplastias con otros fenómenos parapsicológicos, incluyendo psicofonías. En declaraciones personales de Miguel, el hijo de la dueña de la casa, y habitante de la misma desde el descubrimiento, éste afirmaba que él mismo participó en las excavaciones efectuadas bajo el hogar de la cocina, encontrando, a casi 3 metros de profundidad, algunos restos de huesos humanos, pero no es la cantidad que algunos han afirmado. Otros aducen que la formación de las caras es un fenómeno ligado a una corriente de agua subterránea que discurre bajo el suelo de la casa, lo cual provoca que la humedad permita fijar las teleplastias de una forma más clara y precisa. El mismo hijo de la dueña ha manifestado en reiteradas ocasiones que dentro de la vivienda no se han producido jamás fenómenos de tipo "poltergeist".

José Martínez Romero publicó un libro avalando la hipótesis paranormal, donde sostiene que hay un fenómeno de teleplastia detrás de la creación de las caras. En Inglaterra, Andrew MacKenzie, un escritor de lo paranormal, dedicó el primer capítulo del libro The seen and the unseen al caso Bélmez. Sin embargo, MacKenzie no hablaba español y durante su estancia en Bélmez careció de intérprete; sólo un taxista y el hijo de Martínez Romero le ayudaban con sus escasos conocimientos de inglés.

Análisis de 2014