Loncco es como se llamaba al campesino arequipeño que vivió en la “chacra” o la campiña de la ciudad de Arequipa hasta finales del , circunscribiéndose su existencia únicamente a la provincia del mismo nombre, sus distritos y pueblos tradicionales. Es el descendiente de los primeros españoles que habitaron la ciudad desde 1540 y que se fueron estableciendo en las afueras de la urbe, dedicándose principalmente a las labores agrícolas. Se caracterizó por ser un tipo muy recio, trabajador, alegre y galante, que expresó su romanticismo y tristeza en el “yaraví”, que cautivó a Mariano Melgar, en el que le cantaba al ser amado que nunca correspondió a su amor. Es conocido por su forma de hablar característico: el “arequipeñismo”, o “hablar loncco”, que es una forma de castellano ataviado de muchos barbarismos, términos propios, y algunas palabras adaptadas de la región con influencias quechuas.

Etimología La palabra “loncco” es un arequipeñismo que originalmente sirvió para designar a las herramientas de cocina (como cuchillo, hacha, etc.) o de labranza (como lampa, pico, machete, etc.) que no poseían filo, y que, por ende, no servían para su verdadero propósito. Es decir, aquello que está loncco no sirve y es despreciado. Este término, luego se empezó a utilizar por el mismo chacarero como apelativo para designar a aquellos chacareros que ya no servían para la chacra por ser viejos o no ser muy diestros; pero finalmente, se generalizó su uso para denominar así a todos los arequipeños que vivían en el campo y que eran conocidos así por ser toscos, rudos, poco refinados o sin pulir, por su forma de hablar, de caminar, de vestir, de cantar y hasta de bailar.

Contrariamente a lo que se cree, este término no procede del idioma quechua ni del aimara. Es pues una palabra acuñada por el mismo arequipeño, al que le corresponde por antonomasia el calificativo de “arequipeñismo”.

Semblanza del loncco El loncco pasaba una gran parte de su tiempo en la chacra, junto a su yunta, montado en su burro, o con la lampa en el hombro regando el maizal, las papas, el trigo o la alfalfa, mientras chupaba un “huiro” (carrizo dulce del maíz) o comía el “tostau” (maíz tostado) que nunca faltaba en su bolsillo, y silbaba de paso un yaraví, mientras vivía enamorado de su “ccarosa”, que es la mujer “loncca”: de sombrero, mandil, trenzas largas, tez clara, chaposa y coqueta; y, la otra parte de su tiempo, la pasaba en la “picantería”, donde tomaba la “chicha” (bebida hecha del güiñapo de maíz) o el “anisado”, mientras tocaba la guitarra cantando yaravíes, pampeñas y marineras, y de vez en cuando se recitaba un verso o poema loncco.

Los españoles y el origen del “loncco” Primeros españoles en Arequipa A la llegada de los españoles a la ciudad de Arequipa antes de 1540 encontraron un valle rodeado de volcanes, en el que discurría el río Chili, y en el que habitaban muy pocos naturales; No hay mucha evidencia de la existencia de incas en el valle de Arequipa, salvo algunas manifestaciones de pobladores de origen colla o aimara producto de la emigración.

El primer español que llegó a Arequipa fue el soldado Pedro Calvo Barrientos, conocido como “El desorejado” castigado de ese modo por haber robado piezas de oro y plata a los jefes de la conquista en 1533. Pedro Calvo se refugió en el valle, viviendo en las cercanías del río. Luego llegó el dominico Fray Pedro Ulloa, que se estableció en las colinas de Yanahuara en 1536. No hubo presencia de los conquistadores hasta el 12 de febrero de 1537 en que cruzaron en balsas el río Tambo los expedicionarios encabezados por Diego de Almagro que regresaban de su aventura descubridora en Chile. Estos expedicionarios decidieron quedarse en Arequipa y trabajar allí como agricultores, siendo los más lejanos antecesores de los “lonccos”, ya que no poseían ninguna fortuna debido a su desastrosa experiencia en Chile y optaron por trabajar la tierra para sobrevivir.

El 15 de agosto de 1540, don Manuel Garcí de Carbajal, teniente de gobernador y capitán del muy ilustre señor marqués don Francisco Pizarro —como reza el acta levantada por el escribano Alonso de Luque— “… anduvo y reconoció el valle de Arequipa y se informó del asiento más conveniente para fundar una ciudad…”, escogiéndolo en la parte del Collasuyo al frente de la Chimba que está encima de la barranca de dicho valle de Arequipa y en el que puso la cruz en el sitio elegido para la iglesia y la picota en la parte que sería para la plaza. De este modo se fundó la Villa Hermosa del Valle de Arequipa, una ciudad que para entonces tenía 51 vecinos españoles.

Durante los primeros años de la Conquista, se usó como puerto abastecedor de Arequipa la caleta de Quilca, donde desembarcaron Alonso de Camargo, en 1540 y Gonzalo Pizarro en 1544 trayendo más colonos españoles y animales de monta y carga para la nueva ciudad de Arequipa.

Siendo la etnia española muy segregacionista la que conquistó la región, los indios naturales, que en número eran muy pocos, fueron apartados de la ciudad, tanto así que aquellos que eran utilizados como servidumbre tenían que salir de la ciudad todos los días a las 6 de la tarde.

Estructura social y los ancestros del “loncco” Establecidos ya los españoles en el valle de Arequipa la estructura social y de propiedad que imperó se dividía en tres grupos:

Los encomenderos y hacendados Españoles a quienes la Corona les otorgó grandes extensiones de tierras, muchas de ellas de cultivo, con una cantidad de indios para explotarlas, entre yanaconas, mitayos o mitimaes. Estas encomiendas se ubicaban por lo general fuera de Arequipa, y abarcaba una extensa región costeña comprendida entre Nazca y Cobija, actualmente el norte de Chile, y las zonas altas de Arequipa como Caylloma, Chiguata, Chuquibamba, Andaray, etc. A los encomenderos de la costa, como Majes, Vítor, Moquegua, Tambo, Camaná, etc. Además, se les entregó esclavos negros, y cuya principal actividad era la producción de “vinos”, “aguardientes”, “azúcar” y “mieles”. Hay que destacar que este grupo, tanto de “encomenderos” o “hacendados”, y de “indios” y “esclavos” no corresponde al pasado inmediato de los “españoles arequipeños”, que jugaron un papel importante en la aparición de los “lonccos”.

Los burócratas, comerciantes y artesanos thumb|right|200px|Primer trazo de la ciudad de Arequipa en la que se hizo la repartición de “solares” Habitaron la ciudad construyendo un casco urbano con características de la metrópoli española, en la que se les repartieron los solares de la cuadrícula trazada para que construyan sus casas. Estos residentes de la nueva ciudad se turnaban los cargos de alcaldes, regidores, alféreces, etc. Muchos de ellos eran también encomenderos o hacendados que al vivir en la ciudad, concertaban con los españoles pobres la explotación de sus tierras de quienes recibirían un arriendo o pago.

A este grupo también habría que sumarle los “artesanos”, que en algún momento fueron el motor que posibilitó el florecimiento y sostenimiento de la ciudad, produciendo bienes de apoyo a la actividad comercial, como los “tinajeros”, que fabricaban grandes depósitos de barro para añejar o almacenar vinos; los curtidores que producían odres de cuero de “chivo” y que tenían muy buena reputación en Arequipa; asimismo, los talabarteros que hacían monturas y arreos para caballos y mulas en cuero repujado; los herradores de animales de carga; más tarde, los hojalateros que hacían fundamentalmente depósitos para transportar aguardientes y alcohol. Todo este grupo muy variado que ocupaba la ciudad, ya denominada “ciudad blanca” por la cantidad de españoles que vivían en ella, son los que van a dar origen al grupo social antagónico de los “lonccos”, un grupo formado por blancos españoles que más tarde tomarán el nombre de los “ccalas”, caracterizados por su mejor situación económica, su vestir burgués y hablar muy bien el castellano al igual que en España.

Los conquistadores Este grupo, también de españoles blancos y criollos, como los expedicionarios de Diego de Almagro, ocuparon las tierras del valle contiguo de la ciudad, donde no dejaron rastros de asentamientos indígenas y donde construyeron sus casas. Por esta razón los conquistadores, que más tarde van a dar origen a los “lonccos”, no contaban con indios para trabajar sus tierras y tuvieron que hacerse cargo ellos mismos del trabajo agrícola. A esta clase social se les denominaba los “españoles pobres o sin encomienda”. Este grupo social es el que se ubicaba en la zona que los españoles llamaban la “Chimba” que agrupaba Yanahuara, Cayma, Challapampa, Chilina, La Tomilla, Sachaca, Huaranguillo, Uchumayo; y Tiabaya, en la banda oeste del río Chili, antes ocupadas por algunos quechuas; y Ranchería, Characato, Pocsi, Quequeña, Puquina, “La Pampa” y Chiguata, en la banda este de la ciudad, antes ocupada por los collas o aimaras. A estos españoles, que se ubicaban a partir del “éjido” del río y desde “encima de la barranca” se les otorgó una extensión máxima de 14 fanegadas (la fanegada que trajeron los españoles fue una unidad de medida muy variable, pero debía equivaler a una extensión de terreno necesaria para producir una fanega de trigo).

En resumen, los primeros pobladores españoles de Arequipa se repartieron los terrenos de tres maneras: En “encomiendas y haciendas” fuera de la ciudad de Arequipa; en “solares y huertas”, no siempre contiguas, dentro de la ciudad; y en “chácaras” o “chacras” en la campiña inmediata a la ciudad.

Aparición de los “lonccos” Es difícil establecer el momento el que hace su aparición el ancestro o prototipo del “loncco”. Es de entenderse que los conquistadores, blancos y criollos, al establecerse en la campiña, en los alrededores de la ciudad, desarrollaron muy bien el arte del cultivo de la tierra con técnicas españolas, hasta entonces desconocidas por los incas, ya que utilizaron herramientas como la lampa, la horquilla, la yunta, el caballo, la carreta, la forma de riego, la trilla del trigo, la producción de harina, etc. que les permitió levantar su estatus de vida y vivir de una manera digna.

La herencia e Identidad del “loncco” El español criollo, en este caso los conquistadores de Almagro que fueron a vivir al campo, se tuvieron que adaptar al entorno natural y cultural que encontraron y a la existencia pasada de la cultura inca. Sin embargo, conservaron su herencia española a la que le dieron un carácter sui generis: “el arequipeñismo”. Ello se demuestra en cuatro aspectos inherentes al “loncco”:

El aspecto idiomático El “loncco” conservó hasta finales del el voseo clásico o reverencial traído de España, que consistía en usar el pronombre “vos” para dirigirse reverencialmente a la segunda persona gramatical implicando su respectiva conjugación verbal.

Vos sois un mentiroso. Si vos no sabís, mejor ¡callate!

Este voseo, muy utilizado antiguamente en el lenguaje “loncco”, ya ha desaparecido totalmente en Arequipa, se ha extinguido debido a la mayor difusión del castellano peruano por los medios de comunicación y por la migración de otras etnias hacia la región; pero que sin embargo, ha dejado una huella imperecedera que demuestra la ascendencia genuinamente española del “lonnco”.

Un aspecto, que tampoco se puede negar, es el matis quechua que terminó por adornar la inflexión de las palabras “lonccas”, al ser pronunciadas con altisonancia. Cabe resaltar que el castellano no se mezcló con los idiomas nativos mencionados, más bien tomó algunos elementos sonoros o fonéticos en cuanto a la acentuación de las palabras.

Este proceso evolutivo se debió básicamente al comercio que se estableció entre el “loncco” y los arrieros e indios que traían productos de la sierra para venderlos en la ciudad, que se realizaba en los “tambos”, donde concurría el “loncco” a comprar charqui, sal, entre otros productos, y donde se aprendió la fonética andina que muy lentamente fue adoptada e incluida en la lengua española.