La strada es una película italiana de 1954, dirigida por Federico Fellini y producida por Dino De Laurentiis y Carlo Ponti. Los protagonistas son Anthony Quinn y Giulietta Masina, quien era esposa de Fellini. Es considerada un clásico del neorrealismo italiano y una de las obras más representativas de este movimiento cinematográfico. La película consolidó el prestigio internacional de Fellini.
La strada recibió más de 50 premios internacionales, incluido un Óscar en 1957 a la Mejor Película en Habla No Inglesa, siendo la primera en obtener este galardón.
Sinopsis Gelsomina (Giulietta Masina) es una joven ingenua vendida por su madre a Zampanò (Anthony Quinn), un artista ambulante que recorre Italia realizando espectáculos de fuerza. A pesar del carácter rudo y violento de Zampanò, Gelsomina se adapta rápidamente a la vida itinerante y demuestra un talento natural para el espectáculo, participando como asistente en sus presentaciones.
Sin embargo, la frialdad emocional de Zampanò afecta profundamente a Gelsomina. En un momento de tristeza y desesperanza, intenta abandonarlo y regresar a su hogar, pero Zampanò la encuentra y la obliga a continuar viajando con él.
Más adelante, ambos se integran a un circo ambulante, donde Zampanò se reencuentra con un bufón (interpretado por Richard Basehart). La relación entre ambos es conflictiva y culmina en una pelea, en la que Zampanò amenaza al bufón con un cuchillo, lo que provoca su arresto.
Durante la ausencia de Zampanò, Gelsomina reflexiona sobre su vida y el propósito de su existencia. Aunque varias personas le ofrecen la oportunidad de comenzar una nueva vida, ella decide quedarse con Zampanò, a quien considera su única familia. Su lealtad y su visión del sentido de la vida constituyen el eje emocional de la historia.
Reparto miniaturadeimagen|Anthony Quinn y Giulietta Masina en una escena de la película. Giulietta Masina como Gelsomina Anthony Quinn como Zampanò Richard Basehart como Il Matto, el tonto Aldo Silvani como Il Signor Giraffa, el dueño del circo Marcella Rovere como La Vedova, la viuda Livia Venturini como La Suorina, la monja
Producción Antecedentes El proceso creativo de Fellini para La strada se inició a partir de sentimientos vagos: «Una especie de tono que me acechaba, lo que me hacía melancólico y me daba una difusa sensación de culpa, como una sombra pendiendo sobre mí. De allí surgió la idea de dos personas que se dirigen juntas hacia un desenlace fatal, y no saben por qué».
Esos sentimientos comenzaron a transformarse en imágenes: la nieve cayendo silenciosamente sobre el océano, diversas formaciones de nubes y el canto de un ruiseñor. En ese momento, Fellini empezó a dibujar y esbozar estas visiones, un hábito que afirmó haber adquirido al inicio de su carrera, mientras trabajaba en diversas compañías teatrales provincianas.
Finalmente, "la idea se me hizo real" cuando dibujó un círculo en un pedazo de papel para representar la cabeza de Gelsomina, y decidió basar el personaje en Giulietta Masina, su esposa desde hacía cinco años: «Utilicé a la verdadera Giulietta, pero como yo la veía; fui influenciado por sus fotografías de la infancia, de modo que elementos de Gelsomina reflejan a Giulietta cuando tenía diez años».
Casting Fellini consiguió la financiación para La strada a través de los productores Dino De Laurentiis y Carlo Ponti, quienes deseaban lanzar a Silvana Mangano (esposa de De Laurentiis) en el papel de Gelsomina, y a Anthony Quinn como Zampanò. Sin embargo, Fellini rechazó ambas propuestas. Giulietta Masina había sido la inspiración para todo el proyecto, por lo que Fellini estaba decidido a no aceptar ninguna alternativa.
Para el papel de Zampanò, Fellini había considerado a alguien ajeno al mundo del cine, por lo que realizó pruebas con varios hombres fuertes de circo, sin éxito. También enfrentó dificultades para encontrar al intérprete adecuado para el personaje de Il matto (el loco). Su primera opción fue el actor Moraldo Rossi, miembro de su círculo cercano y con la personalidad y físico ideales para el rol, pero Rossi prefería trabajar como asistente de dirección y no como actor.
Alberto Sordi, coprotagonista de las primeras películas de Fellini —El jeque blanco y Los inútiles—, se mostró entusiasta por asumir el papel, pero quedó decepcionado cuando Fellini lo rechazó tras una prueba de vestuario.
Finalmente, Fellini definió a los tres personajes principales inspirándose en actores asociados con la película Destino de tres vidas (Donne proibite, 1954), dirigida por Giuseppe Amato, donde Giulietta Masina interpretaba a una señora. Anthony Quinn también participaba en dicha película, y Richard Basehart solía visitar el set para acompañar a su esposa, la actriz Valentina Cortese. Fue Masina quien presentó a Quinn a su esposo, y el actor recordaría más tarde su impresión inicial: «Pensé que estaba un poco loco. Le dije que no me interesaba la película, pero siguió insistiendo durante días».
Poco después, Quinn pasó una noche con Roberto Rossellini e Ingrid Bergman, quienes le mostraron la película Los inútiles. Según el propio Quinn: «Me quedé asombrado. Les dije que era una obra maestra, y entonces me di cuenta de que el mismo director era el hombre que me venía persiguiendo desde hacía semanas».
Fellini también quedó especialmente impresionado por Richard Basehart, ya que le recordaba a Charles Chaplin. Cuando fue presentado al actor por Cortese, lo invitó a almorzar y allí le ofreció el papel de Il Matto. Basehart, sorprendido, le confesó que nunca había interpretado el rol de un payaso. Fellini le respondió: «Si hiciste lo que hiciste en Catorce horas, puedes hacer cualquier cosa». El actor, tras quedar también impresionado con Los inútiles, aceptó el papel por una remuneración menor a la habitual, en parte atraído por la personalidad del director, afirmando: «Era su entusiasmo por la vida y su sentido del humor».
Rodaje La película fue filmada en Bagnoregio, Viterbo, Lacio, y en Ovindoli, L'Aquila, en la región de Abruzzo. Los domingos, Fellini y Basehart recorrían el campo en busca de locaciones para el rodaje y de un lugar adecuado donde comer; a veces probaban hasta seis restaurantes distintos, llegando incluso a alejarse considerablemente de Rímini para que Fellini pudiera encontrar el ambiente y menú que deseaba.
La producción comenzó en octubre de 1953, pero tuvo que interrumpirse a las pocas semanas, cuando Masina se dislocó un tobillo durante una escena con Quinn en el convento. Con el rodaje suspendido, De Laurentiis vio la oportunidad de reemplazar a Masina, a quien nunca había querido en el papel y que aún no había firmado contrato. Esto cambió cuando ejecutivos de Paramount vieron algunas tomas preliminares y elogiaron su desempeño, lo que llevó a De Laurentiis a firmarle un contrato por aproximadamente un tercio del salario de Quinn.
El retraso obligó a revisar todo el calendario de producción. El director de fotografía Carlo Carlini, que ya tenía otros compromisos, fue reemplazado por , un colaborador habitual de Fellini. Cuando el rodaje se reanudó en febrero de 1954, ya era invierno. Las temperaturas descendían hasta –5 °C, y la falta de calefacción y agua caliente provocó nuevos retrasos. El equipo se vio obligado a dormir completamente vestido y a usar gorros para mantenerse abrigado.
El nuevo calendario generó un conflicto para Anthony Quinn, quien ya había firmado para protagonizar la épica Attila, también producida por De Laurentiis y dirigida por Pietro Francisci. Inicialmente, Quinn pensó en abandonar La Strada, pero Fellini lo convenció de trabajar en ambas producciones simultáneamente: filmaba La strada por la mañana y Attila por la tarde y noche. A menudo debía levantarse a las 3:30 a. m. para aprovechar la "luz desolada del amanecer", como exigía Fellini, y luego viajar a Roma para interpretar a Atila el Huno. En palabras del actor: «Esa fue la razón de la mirada demacrada que tenía en ambas películas, perfecta para Zampanò, pero apenas aceptable para Atila».
A pesar del ajustado presupuesto, el supervisor de producción Luigi Giacosi logró alquilar un pequeño circo dirigido por un hombre llamado Savitri, un hombre fuerte y tragafuego que entrenó a Quinn en la jerga circense y en el uso técnico de la cadena. Giacosi también consiguió los servicios del circo Zamperla, que proporcionó varios dobles capaces de interpretar sus propios papeles. Entre ellos, el doble de Basehart —un equilibrista alto— se negó a utilizar red de seguridad durante la filmación de su escena.
thumb|El dueño del circo Savitri proporcionó el viejo coche que Fellini destruyó en la escena tras el asesinato de Il Matto.
La falta de fondos obligaba a Giacosi a improvisar constantemente ante las exigencias del director. En primavera, recreó escenas invernales apilando 30 bolsas de yeso sobre sábanas para simular un paisaje nevado. Cuando se necesitó una multitud, convenció al sacerdote local de adelantar la celebración del santo patrón al 8 de abril, logrando reunir unos 4.000 extras no remunerados. Para evitar que se dispersaran con el paso de las horas, Fellini pidió a su asistente Rossi que gritara: «¡Preparen las habitaciones para Totò y Sophia Loren!», lo que mantuvo al público expectante.
Fellini era conocido por su perfeccionismo obsesivo. En un seminario del American Film Institute, Quinn relató cómo el director revisó más de 500 cajas antes de elegir una para que Zampanò guardara sus cigarrillos: «Cualquiera de esas cajas habría servido para mí, pero no para Federico». El actor también recordó una escena que había generado aplausos en el set, solo para recibir una llamada de Fellini esa misma noche diciendo que debían repetirla: «Verás, se supone que eres un actor malo, terrible. La gente debería haberse reído de ti, no aplaudido. Mañana la repetimos».
Con Giulietta Masina, Fellini fue especialmente exigente. Le pidió recrear la sonrisa de labios delgados que había visto en sus fotos de infancia, le cortó el cabello colocando un cuenco sobre su cabeza y recortando lo que sobresalía, lo enjabonó para darle una apariencia desaliñada, le puso talco para simular la palidez de un artista kabuki, y la vistió con una capa de la Primera Guerra Mundial tan desgastada que le cortaba el cuello. Masina se quejaba: «Eres tan amable y dulce con los demás actores. ¿Por qué eres tan duro conmigo?»
Según el acuerdo con los productores, cualquier exceso presupuestario debía salir del propio bolsillo de Fellini, lo que reducía sus posibles ganancias. Él mismo contó que, cuando se hizo evidente la falta de fondos para finalizar la película, Ponti y De Laurentiis lo invitaron a almorzar y le aseguraron que no lo obligarían a cumplir con los términos financieros: «Hagamos como si todo esto fuera una broma. Invítanos un café y lo olvidamos». Según Anthony Quinn, sin embargo, Fellini logró obtener esa indulgencia solo después de aceptar rodar tomas adicionales para Attila, que Francisci había olvidado filmar.
Durante el rodaje de las escenas finales, en el muelle de Fiumicino, Fellini sufrió un grave episodio de depresión clínica, condición que él y su entorno intentaron mantener en secreto. Pudo completar la película únicamente tras recibir tratamiento por parte de un prestigioso psicoanalista freudiano. Sonido