José María de Urquinaona y Bidot (Cádiz, 4 de septiembre de 1813-Barcelona, 31 de marzo de 1883) fue un eclesiástico católico español, obispo de Canarias entre 1868 y 1878 y obispo de Barcelona desde 1878 hasta su muerte. Participó como padre conciliar en el Concilio Vaticano I y fue senador por el arzobispado de Tarragona durante la Restauración.
Su episcopado barcelonés coincidió con el desarrollo de varias iniciativas religiosas, educativas y sociales: el nuevo Seminario Conciliar de Barcelona, la Academia Filosófico-Científica de Santo Tomás de Aquino y el Patronato del Obrero. Intervino en las celebraciones del milenario de Montserrat y en el proceso que condujo al patronazgo de su Virgen sobre Cataluña; colocó asimismo la primera piedra del templo de la Sagrada Familia. Alcanzó notoriedad pública en 1882 por su discurso parlamentario contra el tratado comercial con Francia, y durante el último año de su episcopado protagonizó un conflicto jurisdiccional y político-religioso con el sector integrista del catolicismo catalán.
Formación y ministerio sacerdotal
Nació en la calle Santiago de Cádiz, en el seno de una familia burguesa. Fue hijo de Manuel María de Urquinaona, abogado y síndico del Ayuntamiento gaditano, y de Juana Bidot. Su hermana María del Amparo Urquinaona contrajo matrimonio con Joaquín Bosichy.
Ingresó en el seminario de Cádiz, donde estudió latín, humanidades, filosofía, teología y derecho canónico. Fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1837 por el obispo Domingo de Silos Moreno. Ejerció como capellán en Jerez de la Frontera y en el convento de las capuchinas de El Puerto de Santa María, y en 1844 pasó a la Iglesia Mayor Prioral de esa ciudad.
En 1852 acompañó a Juan José Arbolí y Acaso a la diócesis de Guadix como secretario episcopal y obtuvo una canonjía en su catedral. Completó el doctorado en Teología en Granada y, después de regresar a Cádiz, fue nombrado canónigo y arcipreste de la catedral en 1857. También enseñó en el seminario gaditano y desempeñó funciones de gobierno eclesiástico. En vísperas de su elección episcopal era arcipreste y vicario general de Cádiz. El expediente del nombramiento documenta su resistencia inicial a aceptar la sede y las gestiones efectuadas para que consintiera.
Obispo de Canarias
Nombramiento y gobierno diocesano
La Corona lo presentó para la sede de Canarias mediante un decreto del 6 de marzo de 1868 y Pío IX lo preconizó en el consistorio del 22 de junio. Recibió la consagración episcopal en la Catedral de Cádiz el 7 de marzo de 1869 de manos del capuchino Félix María Arrieta y Llano, asistido por Juan Alfonso de Albuquerque y Berión y John Baptist Scandella. Tras incorporarse a Canarias ejerció efectivamente, entre 1869 y la restauración de la diócesis en 1877, como administrador apostólico de San Cristóbal de La Laguna.
El comienzo de su pontificado coincidió con el Sexenio Democrático y con una intensa disputa sobre la posición pública de la Iglesia. El 12 de octubre de 1869 intervino en una asamblea celebrada en el Circo Gallera de Las Palmas para censurar varias medidas revolucionarias, entre ellas la expulsión de los jesuitas y la ocupación o secularización de inmuebles eclesiásticos. El episodio originó réplicas de republicanos y librepensadores locales.
Como administrador apostólico realizó en 1871 una visita pastoral a Tenerife. Salió de Gran Canaria el 29 de abril, comenzó el recorrido en San Cristóbal de La Laguna al día siguiente y visitó parroquias durante aproximadamente mes y medio. Entre el 14 y el 18 de junio permaneció en El Tanque, donde inspeccionó el templo y los libros parroquiales, administró confirmaciones y predicó.
En Fuerteventura realizó dos visitas pastorales, del 25 de febrero al 20 de marzo de 1871 y del 23 de enero al 19 de febrero de 1876. En ambas recorrió las ocho parroquias insulares; en el primer viaje inspeccionó además varias ermitas y dictó en Tetir disposiciones sobre el cementerio y el osario. El análisis geográfico de las actas destaca su interés por sacar cementerios y osarios del interior de los templos.
En el contexto de la crisis de la grana o cochinilla y de una sequía prolongada, Lanzarote y Fuerteventura padecieron una crisis de subsistencias. Urquinaona dispensó ayudas por al menos 7000 reales de vellón. Manuel de Paz Sánchez recuperó el dato de una valoración de 1879 escrita por un dirigente masónico de Las Palmas que, pese a su abierta hostilidad hacia el obispo, reconoció su desprendimiento en aquellos socorros.
El nacimiento del asociacionismo obrero cristiano en Las Palmas tuvo como antecedente inmediato una disputa entre un párroco y la aconfesional Asociación de Trabajadores por la participación corporativa de esta en el entierro católico de uno de sus afiliados. En una pastoral del 1 de enero de 1873 Urquinaona rechazó que una sociedad ajena al control eclesiástico interviniera como tal en el rito; el día 7 ordenó publicar un extracto del reglamento del recién creado Círculo Católico de Obreros de Alcoy y alentó la constitución de una entidad semejante. Dieciséis promotores solicitaron su aprobación el 30 de enero; el obispo les concedió licencia el 25 de febrero, la Sociedad Católica de Obreros quedó instalada el 2 de marzo en el palacio episcopal y celebró su primera junta dos días después. La sociedad adoptó una orientación confesional y mutualista. La denominación Círculo Católico de Obreros se documenta entre 1888 y 1890, después del episcopado de Urquinaona. Al cesar en 1877 como administrador apostólico de San Cristóbal de La Laguna, el obispo mencionó la existencia de asociaciones obreras católicas en distintos puntos de las islas. En ese mismo contexto surgieron también la Asociación Católica de Las Palmas y la Juventud Católica, organizaciones de orientación confesional enfrentadas al asociacionismo republicano y laico.
En marzo de 1876, ante el riesgo de desaparición de la sociedad por el impago de cuotas, Urquinaona pidió a las clases acomodadas que ingresaran como socios honorarios y aportaran cuatro reales al mes. Según Barreto Romano, la incorporación de protectores permitió la continuidad de la entidad, pero acentuó su carácter armónico y no reivindicativo. El mismo autor considera aquel episcopado el punto de partida del asociacionismo obrero cristiano canario y señala que, tras la breve experiencia de Alcoy, entre 1873 y 1877 el modelo subsistió únicamente en Canarias, aunque con grandes dificultades.
Después de que un incendio destruyera la antigua iglesia de la Concepción de Agaete durante la noche del 28 de junio de 1874, Urquinaona bendijo y colocó solemnemente el 18 de octubre la primera piedra del nuevo templo, bajo el lugar previsto para el altar mayor. La reconstrucción se prolongó durante los años siguientes.
Concilio Vaticano I
Urquinaona asistió a las cuatro sesiones públicas del Concilio Vaticano I, abierto en Roma en diciembre de 1869. El 28 de enero de 1870 intervino en la discusión del esquema sobre la vida y honestidad del clero (De vita et honestate clericorum) y el 21 de febrero participó en el debate sobre la redacción de un catecismo breve.
Las actas lo incluyen, además, entre los firmantes de una petición favorable a definir la infalibilidad pontificia, de otra presentada el 22 de abril para que la cuestión se tratara sin demora y de una tercera destinada a cerrar la discusión general sobre el esquema de la Iglesia.
Controversias intelectuales
Durante su episcopado, el obispado mantuvo varios enfrentamientos con la intelectualidad liberal de Las Palmas. Los examinadores sinodales condenaron el 20 de enero de 1874 las Biografías de canarios célebres, de Agustín Millares Torres, y Urquinaona publicó la correspondiente pastoral el 27 de abril. Dos años después, otro grupo de teólogos examinó el primer tomo de los Estudios históricos, climatológicos y patológicos de las Islas Canarias, del médico y antropólogo Gregorio Chil y Naranjo; una pastoral fechada el 21 de junio de 1876 prohibió su lectura por considerar que algunas de sus tesis eran incompatibles con la doctrina católica.
La controversia sobre Chil dio lugar a la afirmación, repetida durante décadas, de que el obispo había excomulgado al autor. Un estudio de Justo Pedro Hernández González basado en los archivos diocesanos y vaticanos no encontró constancia de una excomunión personal y distinguió entre la condena del libro y una sanción canónica contra su autor.
Obispo de Barcelona
Urquinaona fue trasladado canónicamente a la sede de Barcelona en el consistorio del 15 de julio de 1878 y tomó posesión el 14 de octubre. El 10 de febrero de 1879 recibió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Su pontificado, de menos de cinco años, estuvo marcado por la construcción de instituciones diocesanas, el desarrollo del catolicismo social, la proyección pública del culto de Montserrat y la división política de los católicos.
Seminario, ciencia y enseñanza
miniatura|izquierda|alt=Fachada de piedra y ladrillo del Seminario Conciliar de Barcelona.|Fachada principal del Seminario Conciliar de Barcelona, cuya construcción comenzó durante el episcopado de Urquinaona.
El proyecto del nuevo Seminario Conciliar de Barcelona, obra del arquitecto Elías Rogent, había sido encargado en 1878 por el vicario capitular Joan de Palau i Soler, antes de la llegada de Urquinaona. El nuevo obispo asumió la ejecución del proyecto y presidió la colocación de la primera piedra en el Ensanche el 4 de mayo de 1879. Confió la rectoría a José Morgades y Gili, futuro obispo de Vich y de Barcelona. El edificio empezó a utilizarse en 1882, aunque permaneció inconcluso y las obras continuaron hasta entrado el siglo XX.
El Museo Geológico del Seminario, fundado por el geólogo y sacerdote Jaime Almera Comas en 1874, era anterior a la llegada de Urquinaona. Una circular del rector Salvador Casañas, fechada el 28 de febrero de 1879, pidió al clero que reuniese materiales para ampliar el entonces denominado «Museo de Historia Natural y Geológico». La colección fue trasladada e instalada en el nuevo inmueble en 1882.
El prospecto de la Academia Filosófico-Científica de Santo Tomás de Aquino apareció en 1879 y la institución fue instalada solemnemente el 11 de abril de 1880 en el palacio episcopal. Concebida como una sucursal de la academia tomista de Bolonia y vinculada al impulso intelectual de la encíclica Aeterni Patris, se organizó en cuatro secciones: Filosofía, Medicina, Derecho y Ciencias físico-naturales. Urquinaona respaldó la academia en un momento de creciente debate público sobre las relaciones entre ciencia y religión. La entidad publicó la revista El Sentido Católico de las Ciencias Médicas y formó parte de un programa católico más amplio de divulgación científica y conciliación de la física y la química modernas con la filosofía tomista.
Sus visitas pastorales comprendieron también establecimientos docentes. Entre el 17 y el 19 de noviembre de 1878 visitó Olesa de Montserrat; en el colegio de las Hijas de María Escolapias celebró misa, examinó la labor educativa y recorrió las escuelas de instrucción primaria. En 1880 informó favorablemente sobre la instalación de la misma congregación en Villanueva y Geltrú y dio la aprobación diocesana el 22 de marzo; la comunidad llegó a la localidad el 20 de abril y abrió un colegio de primera enseñanza.
Acción social católica
Urquinaona impulsó en 1879 la asociación Amigos de los Obreros, transformada después en el Patronato del Obrero. La organización combinaba beneficencia, formación religiosa y profesional, enseñanza, recreo y algunas prestaciones económicas. En el Patronato coexistían miembros protectores y trabajadores; los socios protectores, llamados «inscritos», se distribuían en grupos o «coros» de diecinueve integrantes, con un director obrero y un delegado de la junta directiva. La entidad organizó dispensarios, bolsas de trabajo y escuelas.