María Abella (San José, 28 de septiembre de 1866- La Plata, 5 de agosto de 1926) fue una maestra, periodista, escritora y feminista uruguaya. Con un importante papel en la lucha por los derechos de la mujer en su país y en la República Argentina durante los primeros años del .
Fundó la revista Nosotras y colaboró con la revista de la Liga Nacional Feminista, The New Woman.
Trayectoria María Abella nació en San José, Uruguay, en 1866. Vivió la mayor parte de su vida en Argentina, donde se graduó de maestra en la Escuela Normal de Señoritas de la ciudad de La Plata en 1894.La prestigiosa Escuela Normal de La Plata había sido fundada en 1888 por Mary O. Graham, una de las maestras estadounidenses que trajo a la Argentina Domingo Faustino Sarmiento.
Se casó en primeras nupcias con Leonardo Jardí con quien tuvo dos hijos, tras enviudar contrajo matrimonio en la ciudad de La Plata con el escribano uruguayo Antonino Ramírez, con quien tuvo otros cinco hijos.
Comenzó su labor periodística en 1900 en el periódico El Día de esa ciudad bajo el seudónimo de Virginia.
En 1902 fundó la revista Nosotras, con Justa Burgos Meyer como subdirectora «publicación feminista que levantaba un programa bastante avanzado para la época» que publicó hasta 1904, con una postura marcadamente anticlerical. Esta revista se caracterizó por exponer las disputas entre las distintas vertientes ideológicas de la época. Escribían allí dirigentes socialistas locales y mujeres anarquistas como Virginia Bolten. así como también mujeres masonas y católicas. Desde sus páginas apoyó las luchas que mantenían los liberales de la cercana Ensenada con el clero local que intentaba avanzar sobre la escuela pública, promovió la fundación de una casa de expósitos en La Plata y la creación de escuelas nocturnas para obreras, presionó para mantener la escuela de oficios de la ciudad y difundió las actividades culturales y educativas platenses.La tradición laica en la ciudad universitaria: El movimiento librepensador en La Plata (1896-1919)Abella fue fue librepensadora, militante feminista y también columnista habitual defendiendo el derecho de la mujer no sólo a la grande, importante y hermosa misión de madre sino a tener un poco de libertad, un poco de verdadero amor y (aunque sea muy prosaico) un poco de dinero para recompensar sus sacrificios.Revista Nosotras, Año II, N°41, La Plata, 1903, página 427.
Desde Nosotras cuestionó en ocasiones el programa socialista con respecto al trabajo femenino por considerar que su posición proteccionista y reglamentarista, por ejemplo al establecer licencias específicas por maternidad, terminaría dificultando el acceso y permanencia de la mujer en el mercado laboral.
Abella consideraba la incorporación de las mujeres al mercado laboral como un avance en su emancipación y bregaba porque no se las limitase a realizar solo los trabajos más humildes y peor retribuidos. Consideraba que eso era tan cruel como obligar a los hombres a trabajar en profesiones para las que no tienen vocación. Abella remarcaba que no a todas las mujeres les agradaban las tareas domésticas.
Sus propuestas fueron innovadoras para la época, ya que cuestionaban el rol que la sociedad le asignaba a la mujer. María Abella buscaba mediante sus ideas la construcción de una sociedad más justa en cuanto al trato y las oportunidades del hombre y de la mujer, por este motivo tuvo inconvenientes para que se publicaran y repartieran sus escritos. Finalmente encontró un tipógrafo anarquista que logró imprimir sus escritos en forma clandestina. En cuanto a la distribución de sus escritos, sería ella misma junto a sus hijos e hijas quienes lo hicieran.
En 1903 apoyó la creación de un centro feminista y en 1905 organizó una Liga Feminista Nacional de la República Argentina, filial de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer con sede en Berlín.
En 1906 fue Presidenta honoraria de la Comisión Femenina de Propaganda del «Congreso Internacional del Libre Pensamiento», que se realizó en Buenos Aires. Fue allí una de las más destacadas conferencistas con su “Programa mínimo de reivindicaciones femeninas” con reclamos de máxima como el divorcio absoluto. En el marco del mencionado congreso, surgió un desacuerdo entre María Abella y Juan Balestra, destacado diputado y figura prominente en la masonería argentina, quien también ocupaba el cargo de presidente del comité nacional de la Asociación de Libre Pensamiento Argentina. La discrepancia se originó cuando Balestra se opuso a las demandas planteadas sobre los derechos políticos, lo que llevó a María Abella a retirarse del evento en compañía de Julieta Lanteri. En ese momento, Abella expresó su descontento y decepción con la situación, afirmando que en ese Congreso, a pesar de su nombre, no había tanta libertad de pensamiento. Esta declaración refleja la percepción de Abella sobre la falta de apertura y libertad de pensamiento dentro del congreso, lo que motivó su decisión de distanciarse y expresar su crítica de manera pública.
Las ideas de María Abella tuvieron impacto internacional al conectar el feminismo latinoamericano con el europeo. En 1907 «Las Dominicales del Libre Pensamiento» publicaron en su número del 4 de enero de 1907 el «Plan Mínimo de reivindicaciones femeninas», el cual en su último punto cuestionaba lo que en ese momento eran considerados «crímenes pasionales».
En 1908 publicó En pos de la justicia haciéndose eco de las inquietudes del movimiento feminista de la época y participó en el Congreso Internacional de librepensadores que tuvo lugar en la ciudad de Buenos Aires, donde presentó un Plan mínimo de reivindicaciones femeninas enunciando las que consideraba reformas indispensables para asegurar la igualdad entre géneros: igualdad de educación, de empleos y salarios, posibilidad de administrar los bienes propios para la mujer casada, garantía de los bienes gananciales, divorcio, supresión de las cárceles del Buen Pastor e igualdad de derechos políticos.En este Congreso también participó Alicia Moreau de Justo
En 1908 se fundó la Liga Nacional del Librepensamiento y María Abella se convirtió en una de sus principales promotoras en La Plata, junto a Ángel Maffei, Ignacio Hermann, Rafael Zapata, Agustín Álvarez y el socialista Enrique Del Valle Iberlucea.
En 1909 fundó en concurso con Julieta Lanteri la Liga Nacional de Mujeres Librepensadoras y en 1910 el marco de los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, publicó la revista La Nueva Mujer, vocero de la Liga Feminista Nacional, y la Sección Argentina de la Federación Femenina Panamericana. Ese mismo año, María Abella participó activamente en el Primer Congreso Femenino Internacional, que se llevó a cabo en Buenos Aires. Durante el evento, Abella se involucró en dos áreas específicas: Sociología y Derecho, y también formó parte de la Comisión de Propaganda. El congreso fue presidido por Cecilia Grierson, lo que subraya la importancia del evento en la lucha por los derechos y la igualdad de género en ese momento histórico.
A dicho Congreso se lo denominó «femenino» con la intención de abarcar un movimiento plural, sin embargo los debates que se dieron en comisión demuestran que no había unanimidad respecto a lo que significaba «lo femenino», María Abella fue portavoz de los sectores menos moderados. En sus escritos afirmaba que la mujer no solo nace para ser madre, y que tanto los hombres como las mujeres tienen el derecho, de ser libres, de perfeccionar la sociedad y de gozar de la vida.
En 1911 impulsó la creación de la "Sección Uruguaya" de esa organización en el Ateneo de Montevideo. Esta Sección fue un antecedente a la posterior creación del Consejo Nacional de Mujeres en Uruguay en 1916, presidido por Paulina Luisi. Unos años después, en 1919, se crearía la Alianza para el Sufragio Femenino.
María Abella fue una acérrima defensora de los derechos de niños y niñas , lo cual se evidencia tanto en sus textos, La salud de los infantes y La niñez, incluidos en su escrito En pos de la Justicia, como en su participación como delegada en el Primer Congreso del Niño realizado en Buenos Aires en 1913. miniaturadeimagen|Carta de María Abella al obispo de Buenos Aires (1915) En 1915 sostuvo «una áspera polémica con el obispo de la ciudad referente a los derechos de la mujer» y fundó junto al profesor Ricardo Calatroni la Asociación Liberal Agustín Álvarez. Se trata de un texto que no sólo critica en forma directa a la Iglesia Católica Apostólica Romana y al mismísimo Obispo de la Provincia de Buenos Aires, sino también al corazón del ideario católico y, a todas sus instituciones y textos.
Legado María Abella ha dejado un legado duradero en la lucha por los derechos de las mujeres en la región del Río de la Plata. Su fallecimiento el 5 de agosto de 1926 coincidió con la reforma del Código Civil, que incorporó algunas de sus reivindicaciones. La influencia de Abella se puede observar en la trayectoria de su nieto, Juan Carlos Ramírez Abella, quien se desempeñó como abogado de la Asociación Madres de Plaza de Mayo y se destacó como defensor de los derechos humanos, después de la desaparición de su hija, María Nélida Ramírez Abella, estudiante de Historia y militante de Montoneros.
En Uruguay, específicamente en San José, lugar de nacimiento de María Abella, se ha formado una agrupación feminista denominada «Las nietas de Abella» en su honor. Esta organización se dedica a cuestionar el patriarcado y a luchar contra la violencia de género en todas sus formas, reflejando el compromiso continuo con la causa feminista que Abella representó.
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos Publicaciones periódicas dirigidas a la mujer.
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