Exilliteratur (en español, literatura del exilio) hace referencia a aquella literatura que es producida por autores que han debido exiliarse, y la cual trata o está influida por este hecho. Normalmente se aplica al exilio de autores alemanes entre 1933 y 1945 a causa de la dictadura nazi, y a su obra. No obstante, los autores alemanes del exilio no conforman un grupo homogéneo, ni en el carácter de sus obras ni en la ideología: había comunistas (como Anna Seghers), de ideología marxista pero sin pertenecer al partido (como Bertolt Brecht), o autores de carácter más conservador (como Thomas Mann). La temática varía desde la novela de denuncia a la novela histórica o de evasión, pasando por las analogías históricas para explicar el ascenso del nazismo o el futuro que aguarda, y pasando por géneros como la lírica y el teatro.

El ascenso del nazismo

Durante la República de Weimar, crisis económicas y políticas asolaron a Alemania. De este caldo de cultivo surgió el nacionalsocialismo. En 1933 Adolf Hitler llegó al poder y poco a poco socavó el sistema democrático, hasta que consiguió el poder absoluto y comenzó a llevar a cabo sus políticas represivas, racistas, antisemitas e imperialistas.

El nacionalsocialismo se introdujo en la vida diaria de los alemanes; organizaciones dependientes del partido dominaban el trabajo y el tiempo libre. La maquinaria de manipulación y censura (cf. Joseph Goebbels) no permitía la más leve discrepancia y consiguió implantar la irracionalidad nazi en la sociedad, mientras Hitler preparó, a partir de 1935, una poderosa maquinaria militar y realizó los primeros movimientos expansionistas. Aparecieron los primeros campos de concentración para disidentes, judíos, homosexuales, romaníes, etc., y se aplicaron medidas de eugenesia y eutanasia, en un intento por «purificar la raza aria».

Los nazis consideraban el arte moderno, las vanguardias que se habían desarrollado de manera esplendorosa en Alemania y Europa, como arte degenerado y autores vanguardistas, de izquierdas, judíos o críticos del nazismo han de exiliarse. Este exilio tendrá lugar en una miríada de países y se realizará de formas muy diversas.

El exilio del continente europeo thumb|Europa a principios de 1941.

Una primera etapa del exilio alemán puede considerarse la que transcurre desde 1933 hasta 1940, durante la cual la mayoría de autores alemanes se exiliaron en países europeos. En 1940 toda Europa occidental y central queda bajo el dominio nazi o gobiernos pronazis, y algunos países europeos neutrales, como España, con un gobierno fascista que había recibido ayuda militar de Hitler y Mussolini para derrocar a la Segunda República Española, y que es invitada a formar alianza con el Eje, Suecia, que suministra materias primas a Alemania nazi, y Suiza, que sufre grandes presiones para conservar su neutralidad y que niega la entrada a muchas personas ante las presiones de Alemania. La mayoría de autores entonces huyeron a Estados Unidos, México o la Unión Soviética.

Algunos de los países europeos representativos para el exilio son:

Francia

Fue uno de los principales países de exilio, formándose núcleos sobre todo en París. A Francia huyeron intelectuales como la autora alemana judía Anna Seghers, Bodo Uhse (quien había colaborado con las Brigadas Internacionales en la guerra civil española), Franz Werfel o Arnold Zweig.

Las propias publicaciones francesas dieron cabida en sus páginas a los artículos de los exiliados. Asimismo, se publicó un periódico diario en alemán para los exiliados, Pariser Tageblatt (‘diario parisino’), más tarde llamado Pariser Tageszeitung (‘periódico parisino’).

Francia, junto a Suiza, fue el principal país donde se representaron obras de teatro. Asimismo se funda una editorial, Carrefour Verlag.

Francia fue derrotada por Alemania en julio de 1940 y se instaló un gobierno afín en el sur de Francia (Gobierno de Vichy) que comenzó una persecución contra muchos refugiados alemanes. Muchos autores, como Anna Seghers huyeron al sur de Francia con la esperanza de conseguir un pasaje de barco para Estados Unidos. Marsella era el último refugio en Europa para huir del avance alemán.

Checoslovaquia Hasta su caída ante el nazismo entre 1938 y principios de 1939 (cf. Tratado de Múnich), Checoslovaquia fue uno de los principales países de refugio y muy hospitalario; para los exiliados alemanes no era necesario un permiso de residencia y el gobierno checo los acogió activamente.

En Praga se publicó el periódico Arbeiter Illustrierte Zeitung (‘periódico ilustrado obrero’), prohibido en Alemania con el ascenso de Hitler. Se relocaliza una editorial, Malik Verlag.

Países Bajos

Los Países Bajos fueron uno de los países europeos más solidarios con los exiliados alemanes, si bien no se le consideraba un país muy seguro, pues había caído fácilmente ante los alemanes. Tuvo gran importancia en cuanto a editoriales, como Querido Verlag (‘editorial Querido’), de Klaus Mann, o Allert de Lange. Se publicó la revista Die Sammlung (‘la colección’).

Reino Unido El Reino Unido tuvo una política muy restrictiva, lo que se tradujo en que aceptaron tan solo una quinta parte de exiliados en comparación con los Países Bajos. Los exiliados debían demostrar que no serían una carga para el Estado británico, y algunos políticos se mostraban reacios a causa de la Política de apaciguamiento. A partir de 1938 su actitud se relajó, si bien en 1940 se internaron en campos de concentración a muchos exiliados alemanes. No hubo editoriales ni publicaciones importantes en el Reino Unido.

Países escandinavos Tuvieron una política muy restrictiva. Suecia, que mantenía relaciones comerciales con Alemania, reconocía la "J" (de juden, ‘judío’) timbrada en los pasaportes alemanes de ciudadanos de dicha religión.

Bertolt Brecht es el autor más destacado que pasó por Suecia y Finlandia (su periplo le llevó por Austria, Suiza, Dinamarca, Finlandia, Suecia, Gran Bretaña y Estados Unidos). También destacan, y permanecieron en Suecia, Nelly Sachs, Peter Weiss y Willy Brandt.

Austria Austria se constituyó en un país de paso o refugio temporal, pues contaba con un gobierno filofascista (austrofascismo). Algunos autores permanecieron hasta el Anschluss (anexión de Austria por parte de Alemania) en 1938. Por ejemplo Elias Canetti o Hermann Broch ―quien fue apresado, pero un movimiento solidario internacional, incluyendo a James Joyce, consiguió presionar hasta lograr su liberación―.

Suiza Permaneció neutral durante Segunda Guerra Mundial, pero a cambio tuvo que mantener buenas relaciones con Alemania. Solo entraban a Suiza exiliados famosos y con dinero, y se rehusaba normalmente a los judíos. Suiza se constituyó como lugar de paso en los primeros tiempos del nazismo.

Emil Oprecht tuvo gran influencia en los teatros de Zúrich y Basilea, además era propietario de una editorial que publicó y financió obras de teatro y la revista Maß und Wort (Medida y Palabra) de Thomas Mann.

España

España no fue un país que acogiera exiliados del nazismo per se. En su lugar, tras el inicio de la Guerra Civil en 1936, muchos exiliados alemanes vieron a España como un lugar donde podían llevar a cabo activamente su lucha contra el fascismo.

En Alemania, Italia, Austria y otros lugares de Europa había gobiernos de carácter fascista contra los que había poca o ninguna oposición por parte de la población. Muchos exiliados llegaron con las Brigadas Internacionales para poder luchar activamente contra lo que veían un enemigo común.

Alemanes e italianos podían, además, luchar contra aquellos que los habían obligado a abandonar sus países, pues tanto Hitler como Mussolini enviaban armas y personal militar para apoyar al ejército de Francisco Franco.

Lucharon o colaboraron con la Segunda República Española autores como Ludwig Renn (quién comandó la sección alemana, pues tenía experiencia de la Primera Guerra Mundial), Bodo Uhse, Gustav Regler (quien fue herido en la Batalla de Guadalajara) o Alfred Kantorowicz.

Asimismo, muchos escritores estuvieron en algún momento en España como reporteros. Por ejemplo, Erika y Klaus Mann, quienes hicieron en 1938 un reportaje para la prensa francesa; Egon Erwin Kisch, quien hizo un reportaje sobre el desalojo de los cuadros del Museo del Prado para protegerlos durante el asedio a Madrid; Maria Osten, que hizo un reportaje para la revista El Mono Azul dirigida por Rafael Alberti, sobre la vida cotidiana en Madrid, o Ernst Toller, pacifista que llevó a cabo una labor práctica a favor de los niños.

También destaca la figura de Robert Capa, quien es el autor de la celebérrima fotografía de La Muerte de un Miliciano.

Otros intelectuales alemanes no fueron a España pero realizaron escritos a favor de la República; por ejemplo: Thomas Mann, Anna Seghers o Heinrich Mann. Colaboraron también con emisiones de radio dirigidas a las tropas alemanas desde Radio Barcelona y Radio Madrid, además de la emisora de habla alemana en Madrid, Deutscher Freiheitsender. thumb|Operaciones militares alemanas en 1940.

El exilio estadounidense y soviético En 1940 el ejército nazi, que previamente se había anexionado y repartido Polonia con la Unión Soviética, lanza un ataque sobre Europa occidental: caen los Países Bajos, Bélgica y finalmente Francia. Meses atrás también habían caído Dinamarca y Noruega. En principio, la Blitzkrieg alemana parece imparable, y solo el Reino Unido queda para hacer frente a la maquinaria bélica nazi (cf. Batalla de Inglaterra).

Muchos escritores alemanes se encontraban en Francia u otros países europeos ahora bajo el dominio de Hitler, o de gobiernos títeres afines a la Alemania nazi, y vuelve a hacerse necesario huir. Esta vez el objetivo preferido es América, sobre todo Estados Unidos.

thumb|150px|Firma del Pacto Molotov-Ribbentrop. URSS La Unión Soviética tuvo una política selectiva y restrictiva, pues solo acogía a comunistas o simpatizantes comunistas.

Aquellos escritores que fueron acogidos dependían, para publicar, de la política interna de Iósif Stalin, si bien tuvieron todo tipo de facilidades económicas. Se estima que la URSS aceptó a unos 500 exiliados.

El poeta Johannes R. Becher dirigió la edición alemana en Moscú de la revista Internationale Literatur. Entre 1936 y 1939 se publicó la que es considerada por muchos la mejor revista literaria de la época, Das Wort, en la cual, siguiendo la política de Frente Popular, se aceptaban trabajados no solo de comunistas, sino también de todo tipo de antifascistas. Por ejemplo, colaboraron con esta revista, si bien físicamente no estuvieron en Moscú, autores como Bertolt Brecht, Lion Feuchtwanger y Willi Bredel.

En agosto de 1939 se produce un giro de 180 grados en la política soviética: se firma el Pacto Mólotov-Ribbentrop, un tratado de no agresión entre Alemania y la URSS, en el que en secreto se acordaba la división entre ambas potencias de Polonia, que caería en septiembre de ese año cuando, tras tres semanas de imparable avance alemán, decenas de divisiones soviéticas invadían Polonia por el este, hasta encontrarse con las tropas alemanas y completar la partición.

Este hecho se tradujo, en el ámbito intelectual, en la prohibición de cualquier actitud antifascista, la cual no volverá sino hasta 1941 (cf. Operación Barbarroja). Durante esta época se trabaja sobre la Historia de la Literatura, dejando el presente de un lado. En algunos casos muy concretos, se produjo la deportación de algún intelectual alemán a las autoridades nazis, o su encarcelamiento en Siberia.