La ciudad de Toulouse (o Tolosa como a veces se denomina en español) en la región de Occitania, en el sur de Francia, se remonta a tiempos antiguos. Fue la capital del condado de Tolosa en la Edad Media y actualmente es la capital de la región francesa Occitania.

Época prerromana: antes del 118 a. C. Las evidencias arqueológicas remontan la presencia humana en Toulouse hasta el El primer emplazamiento se encontraba en una situación muy ventajosa del centro de la ciudad actual, en un lugar donde el río Garona se dirige hacia el oeste hacia el océano Atlántico y puede cruzarse con facilidad. Fue un importante centro comercial entre las poblaciones situadas entre los Pirineos, el mar Mediterráneo y el océano Atlántico. Al norte de las colinas tolosanas se encontraba una gran llanura muy adecuada para la agricultura. Los habitantes asentados en las colinas dominaban al río. Desde la antigüedad la ciudad era llamada Tholosa, y la mayoría de las investigaciones coinciden en que posiblemente se trate de un término derivado del antiguo idioma aquitano, emparentado con el vasco antiguo, pero su significado exacto se desconoce, aunque se ha propuesto una derivación de Tol (lugar elevado) y Ossa, una fuente de agua. En cualquier caso el nombre de la ciudad ha permanecido prácticamente sin cambios a lo largo de los siglos a pesar de las sucesivas invasiones celtas, romanas y germánicas, algo poco frecuente en las ciudades francesas.

Los primeros habitantes de la ciudad y sus alrededores parecen haber sido pueblos de origen aquitano, de los que quedan muy pocos vestigios. Posteriormente llegaron íberos desde el sur, que como los aquitanos eran pueblos no indoeuropeos. En el llegó una tribu gala de origen celta llamados los Volcas tectósages, procedentes de la actual Bélgica o del algún lugar al sur de la actual Alemania, y son los primeros pueblos indoeuropeos que se asentaron en lugar. Se asentaron en Tholosa y se mezclaron con los pueblos locales. El lenguaje y la cultura de los galos se hicieron predominantes. Hacia el 200 a. C. está atestiguado en varias monedas acuñadas que “Tholosa” era la capital de los Volcas Tectosages, a los que Julio César llamó Tolosates (singular Tolosas) en su relato sobre la guerra de las Galias (De Bello Gallico, 1. 10). Los arqueólogos confirman que Tholosa era una de las ciudades más importantes de la Galia, y ya en época romana diversos testimonios indican que era considerada una de las más ricas. En las cercanías se explotaban minas de oro y plata, y las ofrendas en los santuarios y templos sagrados de Tholosa habían acumulado una impresionante riqueza en la ciudad.*Jesús Rodríguez Ramos, "Iberian Epigraphy page": Aquitanian language

Período romano: 118 a.C. – 418 d.C. thumb|Vomitorium del anfiteatro de Tolosa, siglo I d.C.

Los romanos comenzaron la conquista del sur de la Galia (posteriormente conocida como la Provincia), hacia el 125 a. C. Dirigiéndose hacia el oeste, en el 118 a. C. fundaron la colonia de Narbo Martius (actual Narbona), la ciudad mediterránea más próxima a Tolosa, y así entraron en contacto con los Tolosates, famosos por su riqueza y la posición estratégica de su ciudad para el comercio con el Atlántico. Los habitantes de Tholosa decidieron aliarse con los romanos, que establecieron un fuerte militar en la llanura norte de la ciudad en una posición cerca de la frontera con las tribus galas de Aquitania, pero aparte de esta presencia permitieron que los habitantes de Tholosa se gobernaran libremente con gran autonomía.

En el 109 a. C. una tribu germánica, los cimbros, descendieron por el valle del río Rhone, invadieron la Provincia y derrotaron a los romanos, cuyo poder se desmoronó en los territorios recién conquistados de la costa mediterránea. Los tolosates aprovecharon la debilidad de los romanos para rebelarse y asesinaron a la guarnición militar. Sin embargo, poco después la República Romana se recuperó y derrotó a los cimbrios. En el 106 a. C. el general Quinto Servilio Carpio fue enviado para reconquistar y castigar a Tholosa. Con la ayuda de algunos tolosates que habían permanecido fieles a Roma, capturó la ciudad y se apoderó de la inmensa riqueza de los templos y santuarios locales.

Tholosa fue entonces incorporada por completo a la Provincia, que durante esta época fue rebautizada como Galia Transalpina, con capital en Narbo Martius. Tolosa se convirtió en una importante fortaleza militar en la frontera occidental de la República de Roma. Sin embargo, la ciudad céltica de las colinas conservó gran parte de su autonomía. No se estableció ninguna colonia romana y pocos soldados romanos se asentaron en la zona.

La situación cambió con la conquista del resto de la Galia por Julio César. Como muestra de que la romanización de los habitantes locales estaba avanzando, Tholosa no participó en las numerosas rebeliones contra Roma durante la guerra de las Galias. De hecho, el sur de la actual Francia siguió siendo el lugar más romanizado de Francia tras la caída del Imperio Romano. Julio César estableció su campamento en la llanura de Tholosa en el 52 a.C., y desde allí conquistó los territorios occidentales de Aquitania. Con la conquista de Aquitania y de toda la Galia, Tholosa ya no era necesaria como fortaleza militar, aunque su posición estratégica seguía resultando muy provechosa para el comercio entre el Mediterráneo y el Atlántico, ahora ambos bajo control romano, y la ciudad se desarrolló y extendió con rapidez.

Poco después tuvo lugar la decisión más importante en la historia de Tolosa, trasladando la ciudad al norte de las colinas. Durante esta época se construyó una típica ciudad romana de calles rectas, fundada en la ribera oriental del Garona en algún momento hacia el final del reinado del emperador Augusto (Entre el 10 – 30 d. C.). La población fue obligada a trasladarse a la nueva ciudad, que siguió llamándose Tolosa, mientras el asentamiento antiguo era abandonado. Se construyeron murallas alrededor de la nueva ciudad, posiblemente por iniciativa del emperador Augusto, que quería crear una gran ciudad en la unión entre la recién construida Via Aquitania y el río Garona. Gracias a la Pax Romana no era necesario construir murallas alrededor de las ciudades, pero en Tolosa se construyeron como favor imperial y como muestra de la posición especial de la ciudad. Hasta la caída del Imperio Romano la nueva “Tolosa” era una “civitas” de la provincia de la Galia Narbonense, con capital en “Narbo Martius” (Narbona), el nuevo nombre de la antigua Provincia.

Gracias al favor imperial y a la prosperidad del comercio, Tolosa pronto se convirtió en una de las principales ciudades del Imperio Romano. Durante la guerra civil que estalló tras la muerte del emperador Nerón, Marco Antonio Primo, un nativo tolosano, dirigió los ejércitos del general Vespasiano hasta Italia y entró en Roma en el año 69, estableciendo el gobierno de la dinastía de los emperadores Flavios. El emperador Domiciano, hijo de Vespasiano y amigo personal de Marco Antonio Primo, otorgó a Tolosa el título honorífico de “colonia romana”. Otra señal del favor imperial fue la decisión de Domiciano de otorgar a Tolosa el título de “Palladia”, en referencia a Pallas Atenea, diosa de las artes y el conocimiento, hacia la que sentía gran devoción.

En todos los aspectos Palladia Tolosa era una gran ciudad romana, con acueductos, circo y teatros, termas, foro y un extenso sistema de alcantarillado. Protegida por sus murallas y su lejana localización de la frontera del río Rhin, Palladia Tolosa sobrevivió en gran parte intacta a las invasiones del Mientras gran parte de la Galia era devastada, Tolosa se convirtió en la cuarta ciudad más grande del Imperio Romano de Occidente, tras Roma, Tréveris y Arlés. Durante el el cristianismo se extendió por la ciudad bajo el mandato del primer obispo de Tolosa Saturnino o Saturnio (conocido localmente como “Saint Sernin”), que fue martirizado en Tolosa alrededor del año 250. En el año 313 el Edicto de Milán estableció la libertad religiosa en el Imperio Romano, terminando con la persecución del cristianismo. En el año 403 se inauguró la basílica de St. Sernin, dedicada como santuario para las reliquias de San Saturnino.

El 31 de diciembre del año 406 la frontera romana en el Rhin fue atravesada por una gran invasión de tribus germánicas que trataban de sobrevivir al hambre de un invierno terrible. En el año 407, Tolosa fue asediada por los Vándalos, pero gracias al impulso de su obispo San Exuperio la ciudad resistió gracias a sus murallas, y los invasores terminaron levantando el asedio y trasladándose hacia Hispania, y desde allí hacia el norte de África, donde terminaron estableciéndose. Las provincias de Aquitania y de la Novempopulana (la actual Gascuña), de Lyon y de Narbon, son, a excepción de unas pocas ciudades, un escenario universal de devastación. Y las que sobreviven a la espada que llega de fuera, sucumben al hambre que surge dentro. No puedo dejar de hablar sin lágrimas de Tolosa, que ha evitado caer a la invasión por el mérito de su reverenciado obispo Exuperio., así escribió Jerónimo a una viuda romana en el año 409 (“Cartas” ccxxiii.16 ). En el año 413, tres años después de haber saqueado Roma, los Visigodos, dirigidos por su rey Ataúlfo, conquistaron Tolosa, aunque bajo la presión del ejército romano, pronto se retiraron al sur de los Pirineos. Tras el asesinato de Ataúlfo, su sucesor Walia hizo la paz con los romanos, y a cambio de la paz en el año 418 el emperador Honorio concedió a los Visigodos la región de Aquitania, así como la ciudad de Tolosa en la Galia Narbonense. Los Visigodos eligieron la prestigiosa y rica Palladia Tolosa como capital de su reino, terminando así con el gobierno de Roma en la ciudad.

El reino visigodo de Tolosa: 418 – 508 thumb|300px|Extensión del reino visigodo de Tolosa hacia el año 500.

Los reyes visigodos de Tolosa, oficialmente uno de los “foederati” (aliados federados) del Imperio Romano de Occidente y limitado a Aquitania y Tolosa, pronto comenzó a extenderse sobre los territorios vecinos. Como aliados de Roma, los visigodos ayudaron a derrotar a los diversos pueblos germánicos que habían invadido Hispania, especialmente los Suevos, y se aprovecharon de su posición para extender su propio territorio al sur de los Pirineos. Intentaron conquistar la costa mediterránea de lo que quedaba de la Galia Narbonense, pero se detuvieron ante la oposición de sus aliados romanos. En el año 439 el general romano Liborio derrotó a los visigodos en Narbona e incluso consiguió rechazarlos de regreso a Tolosa. Asedió la ciudad, pero fue derrotado y tomado prisionero en una batalla en el exterior de la ciudad. Avito, el prefecto pretoriano de la Galia, que disfrutaba de gran influencia en la corte del rey visigodo Teodorico I, fue enviado a Tolosa para firmar un acuerdo de paz. En el año 451, ante la amenaza de una gran invasión de los Hunos en la Galia, Avito negoció de nuevo un tratado entre Roma y los visigodos, y unidos, los aliados derrotaron a los hunos. En el año 455, Avito, que había sido nombrado magister militum (el principal oficial militar del Imperio Romano), durante una misión diplomática ante el rey visigodo Teodorico II fue proclamado emperador romano en Tolosa por sus amigos visigodos cuando llegaron noticia de que los Vándalos habían saqueado Roma y que el emperador Petronio Máximo había sido asesinado. Sin embargo, el reinado de Avito en Roma fue breve, ya que fue derrotado por sus enemigos en el año 456. Esta derrota rompió las relaciones con los visigodos, que desde entonces lucharon constantemente contra los nuevos líderes romanos. Finalmente, un Imperio Romano cada vez más débil terminó cediendo a las presiones, y la región de Narbona fue finalmente conquistada por los visigodos en el año 462.