thumb|right|Escena del filme Nobleza gaucha (1915), que costó 20 000.00 pesos y recaudó 600 000.00 pesos, llegó a darse en simultáneo en veinticinco cines porteños, además de España, Brasil y otros países latinoamericanos.
El cine de Argentina es uno de los más desarrollados del ámbito latinoamericano. Cuenta con el promedio de salas por persona más alto de América Latina.Román, J. (2002) Panorama histórico del cine latinoamericano, Universidad de Chile. A lo largo del , la producción argentina, apoyada por el Estado y avalada por el trabajo de una larga lista de directores y artistas, se convirtió en una de las principales del mundo en castellano. Los primeros largometrajes animados, mudos y sonoros fueron realizados por Quirino Cristiani. Dos películas fueron galardonadas con el premio Óscar a la mejor película internacional, La historia oficial (1985), dirigida por Luis Puenzo y el El secreto de sus ojos (2009), de Juan José Campanella. El cine argentino ha cosechado numerosos galardones internacionales: los Premios Goya, los del Festival Internacional de Cine de Berlín, Festival de Cine de Cannes y, en la región, los del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, entre otros.
Según estadísticas del INCAA las películas más vistas del cine argentino en el son Relatos salvajes (2014), de Damián Szifron (3.9 millones), El Clan (2015), dirigida por Pablo Trapero (2.6 millones), El secreto de sus ojos (2009), de Campanella (2.4 millones), Metegol (2013), de Campanella (2.1 millones) y El robo del siglo (2020), dirigida por Ariel Winograd (2 millones). Merecen mención Nazareno Cruz y el lobo (1975), de Leonardo Favio (3.3 millones), El santo de la espada (1970), de Leopoldo Torre Nilsson y Juan Moreira (1973), de Favio, (2.41 millones).
Del período del cine clásico argentino, entre las décadas de 1930 y 1950, algunas de las películas más aclamadas son Prisioneros de la tierra (1939), La guerra gaucha (1942), Las aguas bajan turbias (1952), Apenas un delincuente (1949), Los isleros (1951), La vuelta al nido (1938), Así es la vida (1939), La dama duende (1945), Más allá del olvido (1956), Fuera de la ley (1937), Los martes, orquídeas (1941), Mujeres que trabajan (1938) y No abras nunca esa puerta (1952), entre otras. En el cine erótico fueron de mucha popularidad en toda América Latina las películas del Armando Bó protagonizadas por Isabel Sarli.
Historia
Años pioneros (1896-1920)
Los primeros quinetoscopios de Thomas Edison llegaron a Buenos Aires en 1894, pero las proyecciones de películas fueron posibles gracias a los cinematógrafos de los hermanos Lumière, con los que se hicieron una serie de presentaciones el 28 de julio de 1896 en el Teatro Odeón.Schumann, 1987. p. 16Mahieu, 1966. p. 5 Esta primera exhibición fue organizada por el empresario de la sala, Francisco Pastor, y el periodista Eustaquio Pellicer, más tarde uno de los fundadores de la revista Caras y Caretas y Fray Mocho.Couselo (1983). «El período mudo». p. 11 Entre las proyectadas estuvo La llegada del tren, del sello Lumière, la cual «provocó el pánico entre algunos espectadores de la tertulia alta, uno de los cuales al ver la locomotora que avanzaba se lanzó a la platea, lastimándose». El negocio del cine estaba a cargo de tres inmigrantes europeos: el comerciante de artículos fotográficos belga Henri Lepage, su socio austriaco Max Glücksmann y el camarógrafo francés Eugène Py. La nacionalidad de esos precursores fue integrada al cine en el bullente fenómeno inmigratorio que caracterizó a la Argentina de fines del y comienzos del .Couselo, 1983, "El período mudo". p. 12
Las cámaras francesas Elgé, fabricadas por Gaumont, llegaron a Buenos Aires en 1897. Con una de ellas comenzó a filmar a manera de ensayo Eugène Py, produciendo la primera película del país, La bandera argentina. Se trató de una filmación de cerca de diecisiete metros, que capturó el flamear de la bandera argentina en el mástil de la Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada.
El 25 de octubre de 1900 se realizó la primera filmación cinematográfica de la Argentina, el registro de la visita del presidente de Brasil, Manuel Ferraz Campos Salles, al presidente Julio A. Roca. Esta filmación estuvo a cargo de Casa Lepage, del Barón belga Henri Lepage, dedicada a la venta de artículos importados para fotografía que funcionaba en uno de los locales comerciales del Pasaje Belgrano, al cual se entra por Bolívar 375. El francés Eugenio Py, fotógrafo de la Casa Lepage realizó la filmación. En 1908, Casa Lepage fue adquirida por el austríaco Max Glucksmann, quien trabajaba desde 1891 como fotógrafo en dicha casa, y abrió más de sesenta salas de exhibición en Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. (Glucksmann fue además con quien Carlos Gardel grabó sus primeros discos).
thumb|El Sartorio, filmado en la Argentina entre 1907 y 1912, es quizás el film pornográfico más antiguo del que se tenga registro.
A comienzos del , Argentina fue quizás el primer centro de producción de películas pornográficas del mundo. Se considera que el cine porno nació en Francia casi a la par del medio cinematográfico, pero en Buenos Aires se capitalizó su producción clandestina, conocidas como stag films o smokers. Hacia 1905, las compañías Pathé y Gaumont derivaron la producción de porno hacia Argentina para evitar la censura del gobierno francés. Los autores David Kerekes y David Slater señalan que en la zona roja de Buenos Aires de principios de 1900 se filmaron, proyectaron y exportaron las primeras películas porno a compradores privados del mundo. Estas películas no estaban destinadas al consumo local ni popular, sino que eran un «entretenimiento sofisticado para el disfrute de la clase acomodada del viejo continente». Sobre los orígenes del cine clandestino, Arthur Knight y Hollis Alpert explicaron que las películas hardcore eran enviadas por barco desde la Argentina a compradores privados, la mayoría en Francia e Inglaterra, también en Rusia y los Balcanes. En su biografía de Eugene O'Neill, Louis Sheaffer contó que el dramaturgo viajó a Buenos Aires en aquella década y que frecuentaba las salas de proyección de cine porno en Barracas. La película argentina El Sartorio (o El Satario) es quizás el film porno más antiguo del que se tenga registro, teoría que sostienen varios autores. Filmada entre 1907 y 1912 en la ribera de Quilmes o la ribera paranaense en Rosario, muestra a seis ninfas desnudas sorprendidas por un sátiro o fauno, el cual captura a una para tener sexo en una variedad de posturas, incluyendo el 69. El Sartorio se encuentra al resguardo del archivo del Kinsey Institute, la colección más amplia de stag films del mundo.
En las dos primeras décadas del los productores argentinos advirtieron la idoneidad del cine como medio para la educación patriótica que, ligada a un discurso nacionalista, proponía una recuperación de la tradición como vía para lograr la unificación nacional. La ciudad había crecido en forma desproporcionada y desde el poder empezó a plantearse fuerte la necesidad de crear un sentimiento de pertenencia a la nación, una identidad argentina que permitiera homogeneizar al conglomerado criollo-inmigratorio. La educación era el principal instrumento; el cine, por su carácter masivo, era un medio ideal para la configuración de un imaginario colectivo y para la difusión de una modernidad que comenzaba a instalarse en el país desde el proyecto de la Generación del 80, asociado a un discurso positivista que había comenzado a instalarse desde fines del en ciertos círculos influenciados por el determinismo biologicista europeo.
izquierda|miniaturadeimagen|Fotograma restaurado de La Revolución de Mayo (1909).
El discurso nacionalista encontró su mejor expresión en obras de ficción que recreaban episodios históricos como La Revolución de Mayo (1909), El fusilamiento de Dorrego (1908), Amalia, entre otras, o en aquellas que alentaban símbolos de identificación con el criollismo, la utopía agraria o el culto al honor, como Güemes y sus gauchos (1910) o Juan Moreira (1913).
El discurso positivista consideró más propicio para la exaltación de los progresos técnicos y científicos de la modernidad al cine noticiario o documental, con filmes como Operación de quiste hidatídico de pulmón (1889-1900), La expedición de la corbeta Uruguay al Polo Sur (1903) o Fels, Goubat, Zanni, Maselas y Paillete en El Palomar (1912), que manifestaban esta idea de un progreso indefinido y una fe ciega en la ciencia y «asociaban estas proezas a la superioridad social y cultural de la elite gobernante».
No se trataba solo de lo que se mostraba, sino que aquello no incluido tenía significación en la idea de país que se quería difundir, y de ahí la ausencia de crítica social o política, de ciertos actores sociales e incluso ciertos espacios del país a menos que aparecieran en contextos precisos como, por ejemplo, el de la beneficencia, donde las clases más privilegiadas asistían y aliviaban a los desfavorecidos, como en las películas de Max Glücksmann, Reparto de ropa a niños pobres en el Tigre (1913), El plato de sopa (1910), Asociación asistencia a domicilio a enfermos pobres (1916) o Patronato de la infancia. Visita a escuela agrícola de Claypole, Provincia de Buenos Aires (1919), entre otros.
Las primeras ficciones (1908-1914)
El cine se volvió más atractivo cuando comenzó a contar historias, lo que incentivó la producción y distribución. La primera película argumental del país fue El fusilamiento de Dorrego, estrenada el 24 de mayo de 1908.Mahieu, 1966. p. 6
En 1909, Julio R. Alsina instaló un laboratorio y una galería de filmación, la primera de su tipo en el país. Filmó películas similares a las de Gallo, entre ellas Facundo Quiroga y Avelino Viamonte.
Auge y crisis del cine mudo (1915-1932)
thumb|María Turgenova y Ermete Meliante en Perdón, viejita (1927), de José Ferreyra, una de las pocas películas argentinas del período mudo que se conservan completas.
Nobleza gaucha (1915) constituyó un punto de inflexión en la cinematografía argentina,Getino, 1998. p. 13 abriéndole nuevos caminos artísticos y económicos.Schumann, 1987. p. 17
El investigador Lucio Mafud afirma que comprobó en diarios de la época que Angélica García Mansilla ya había dirigido en 1915 el filme Un romance argentino, por lo que no sería exacto lo que indican otros autores en el sentido de que Emilia Saleny fue la primera mujer cineasta de América del Sur. Su primera película, la única que sobrevive, es El pañuelito de Clarita (1917), pionera del género infantil en el país.
La figura más destacada del cine mudo argentino fue José Ferreyra, apodado «el Negro».Couselo, 1983, "El período mudo". p. 30 El análisis crítico lleva a concluir que Ferreyra fue un «improvisado de natural talento», desarrolló la trama mientras filmaba y trabajando durante muchos años sin escribir ningún guion. Así nacieron La muchacha del arrabal (1922), Buenos Aires, ciudad de ensueño (1922), Melenita de oro (1923), Organito de la tarde (1925), Muchachita de Chiclana (1926), La costurerita que dio aquel mal paso (1926) y Perdón, viejita (1927). Estos dramas sociales se enfocaban en el ambiente de los barrios pobres de Buenos Aires, y eran sentidos como auténticos y populares.Schumann, 1987. p. 18 Los personajes y oposiciones de estas obras eran típicos de los sainetes y tangos, el mismo Ferreyra escribía tangos para ser cantados antes, durante o después de la proyección. El tratamiento que hace el cineasta de estos personajes populares, típicos del arrabal porteño, presenta influencias del poeta Evaristo Carriego.Mahieu, 1966. p. 12Mahieu, 1966. p. 14 La importancia de la obra de Ferreyra rebasó al período mudo, pasó a ser el «orientador intuitivo y dotado de toda una corriente popular del primer cine argentino sonoro».
Período clásico-industrial (1933-1955)