El Abecedario de Gilles Deleuze (L'Abécédaire de Gilles Deleuze) es un programa de la televisión francesa producido por Pierre-André Boutang en 1988-1989, emitido en 1996. Consiste en una serie de tres entrevistas que Claire Parnet le realizó al filósofo.

Detalles Es el único documento televisivo del filósofo, refractario a aparecer en TV. Se llevó a cabo bajo la condición de que sean conversaciones entre él y una antigua alumna y amiga, Claire Parnet, y que sea emitido a título post mortem auctoris. Está dividido en veinticinco temas por cada una de las letras del abecedario. Al momento de filmarse todavía no había aparecido su libro ¿Qué es la filosofía? (1991), así como tampoco Crítica y clínica (1993). La entrevista está también pactada con una intención pedagógica: está expresado de forma sencilla. L'Abécédaire de Gilles Deleuze (Artículo de Wikipedia en francés)

A de Animal. (Animal) Durante toda la entrevista Deleuze insistiría en la condición de que este documento filmado debía ser póstumo. Entrando en el tema de la letra, Parnet refiere el bestiario que se deduce de la obra del filósofo, un bestiario particular: en él pululan la pulga, la garrapata, el piojo. Asimismo, la noción de uso corriente de animal es instada a revisarse con su noción de "devenir animal". De los animales familiares, no le apetecen los gatos porque se restriegan y los perros porque su ladrido resulta insoportable. Prefiere el aullido del perro a la luna y destaca su necesidad de tener una relación animal con el animal, lo que implica no hablarle. Muy propio de su filosofía, Deleuze insiste en su preferencia por el trato animal con el animal ya que cada uno de estos tiene un mundo único. Le interesan los animales territoriales porque el territorio expresa su mundo. Para la noción que acuñó junto Félix Guattari (desterritorialización) Deleuze notó después que había un equivalente en Herman Melville y que era "outlandish". Comparando el mundo del animal, caracterizado por la emisión de señales, con la escritura, el escritor escribe para un lector, un público, pero lo hace igual que el animal, emitiendo señales, lo cual lo aleja, al menos inmediatamente, de un público. "Escribe para un no-lector". Parnet cita de Mil Mesetas: "El escritor es un brujo porque vive el animal como el único pueblo ante el que es responsable". Deleuze, Gilles. El abecedario de Gilles Deleuze. Trad. Raúl Sánchez Cedillo. En este sentido el escritor hace lo que puede por forzar el lenguaje a asumir señales animales, gritos, música, no-pensamiento y lo hace sobre todo sobre la sintaxis porque es esta la que estructura el lenguaje.

B de Bebida. (Boisson) Deleuze se reconoce como un gran bebedor que ha abandonado ese hábito. Esta letra está muy ligada a la letra M (Enfermedad) por lo siguiente: a Deleuze le interesa interpretar los signos de las aficiones, de los hábitos singulares. Por ejemplo, el bebedor o el drogadicto cuando dice "yo paro cuando quiero", frase que no es comprendida por quien no tiene el hábito, encierra su verdad: el bebedor, en este caso, refiere una relación con su satisfacción; busca, de alguna manera, dar final a ese deseo y para ello requiere una cantidad que le es propia. Deleuze enuncia: "un bebedor es el que nunca deja de dejar de beber" o cita Charles Péguy: "El último nenúfar no repite el primero". Dicho de otra forma, la satisfacción está en último vaso, y por ende todos los demás no se repiten. Aquí Deleuze profundiza el juego de palabras diciendo que el último vaso es en realidad el penúltimo, porque es el último del día para poder seguir bebiendo al día siguiente, sin perder el dominio de su hábito lo que sería el comienzo de lo que comúnmente se llama la enfermedad. Para Deleuze Henri Michaux lo ha dicho todo al respecto. Además sugiere una relación con todo este tipo de sustancias donde lo que importa no es tanto si pueden o no ser soportadas sino más bien aquello que hace que se sea llevado a su consumición. Los que las buscan, buscan algo que sin ellas creen que no conseguirían.

C de Cultura. (Culture) Deleuze afirma que no es culto porque cada vez que ve a alguien cultivado queda pasmado. Él, en cambio, dice no tener ningún saber de reserva (todo está en su obra) y que no siente admiración por ese tipo de cultura. Nombra a Umberto Eco como uno de estos ejemplos, intelectual al que se le puede preguntar de cualquier tema. La cultura está ligada a la palabra, y como Deleuze dice detestar hablar, detesta a la cultura y trata de explicar porqué. Él no cree en la cultura sino más bien en los encuentros. Y los encuentros "no son con gente sino con cosas". Como se deja ver, la noción que maneja Deleuze de encuentro, de influencia spinoziana, está ligada a su otra noción de "devenir animal": estar al acecho (como observa en los animales) es condición necesaria de un posible encuentro; estar al acecho es la actitud propia de quien consigue, encuentra o crea algo. Son ejemplos curiosos de encuentro, en razón del libro que ha escrito sobre la noción de pliegue en Gottfried Leibniz, las cartas que ha recibido tanto de los aficionados a la papiroflexia como de los surfistas. Deleuze enumera aquí tres males de la cultura actual: el periodista que escribe libros como si de artículos periodísticos se tratara; la generalización de la idea de que cualquiera puede escribir porque su "asunto privado" vale la pena; y por último, que los clientes de los medios (incluido el libro) han cambiado: son los anunciantes, los distribuidores o fabricantes de superventas. Más allá de estos males, optimista, Deleuze observa que es efecto natural que sucedan circuitos paralelos constituidos como mercados negros.

D de Deseo. (Désir) Deleuze es llamado por algunos el filósofo del deseo. Para definir el deseo, aquí Deleuze insiste con que los buenos conceptos, a diferencia de lo que se piensa comúnmente, son cosas muy concretas. El caso del concepto del deseo es que hasta El Anti-Edipo, resultaba abstracto. El deseo está identificado por un objeto: hacer un viaje, un vestido, etc. El concepto popular sería muy abstracto porque realizaría un efecto elíptico, mientras que cuando se comprende como una situación, un conjunto de objetos, se observa su carácter arbitrario o que posee una naturaleza imaginaria. La frase precisa sería: se desea "en" conjunto. La vertiente de su noción del deseo es optimista, y está atravesada de nociones spinozianas. Deleuze erige el concepto de agenciamiento para realizaciones o efectuaciones de deseo. Para que se produzca un agenciamiento debe haber diferencia de potenciales, o dicho de otra forma: se debe asimilar la diferencia de las entidades involucradas en ese cruce. La noción de deseo en El Anti-Edipo (escrito con Félix Guattari), es crítico de la concepción del psicoanálisis. Básicamente trata de vaciar de sentido al deseo y entenderlo como mero flujo, acercándolo al delirio. Así encuentra, junto a Guattari, que lo que se entiende como enfermedad, no encuentra solución en relaciones de parentesco, relaciones familiares, o grupales, sino en lo que llama agenciamientos maquínicos, constructivismo. A su vez, el deseo no sería ni espontaneísmo ni la diversión o la fiesta. Un agenciamiento está compuesto de estados de cosas, estilos de enunciación y movimientos de territorialización-desterritorialización. A propósito de que la interpretación o mal interpretación del libro El Anti-Edipo, por algunos entendido como alabanza de la permisividad, sea causa suficiente para provocar enfermedad en el individuo, Deleuze afirma: "Yo siempre me he dividido entre la imposibilidad de quitarle la razón a alguien y el deseo absoluto, o la negativa absoluta a que se convierta en un pingajo." (léase: despojo humano)

E como Infancia. (Enfance) Al respecto de los pocos recuerdos que Deleuze tiene de su infancia, refiere que la memoria no es un archivo sino una facultad. Cuenta que perteneció a una familia de derechas inculta, con un padre, no obstante, en cierto modo exquisito, de profesión ingeniero. Su infancia transcurrió con la Segunda Guerra Mundial. Entre otras cosas referidas por Deleuze, la llegada de los alemanes a Deauville, donde se encontraba con su hermano, fue significativa. Hasta entonces él era un joven mediocre, mal alumno, que solo coleccionaba sellos. Fue entonces que despertó intelectualmente mediante el asombro que le produjo un personaje llamado Pierre Halbwachs, un personaje lúcido con un ojo más grande que el otro, casi tuerto, joven aún, pero mayor que Deleuze, de salud precaria, quien finalmente había resultado ser un pederasta. Halbwachs lo puso en contacto con Charles Baudelaire, Anatole France o André Gide. Luego, vuelve a París e ingresa en el Liceo Carnot donde tiene un profesor llamado Viale, muy querido por Deleuze, pudiendo en cambio haber sido alumno de Maurice Merleau-Ponty. Referir su infancia es para Deleuze poco interesante; dicho archivo que llaman "infancia" es intraducible y su única traducción es que se transforme en otra cosa: "devenir animal", "devenir niño", devenir, a fin de cuentas, lo que no es. Ya que "devenir escritor, filósofo, profesor", como refiere el mismo Deleuze, no es ningún devenir. Como se podrá notar, esta idea está sumamente arraigada en Deleuze en relación con su oposición al psicoanálisis, sobre todo al de carácter infantil. Deleuze aprovecha para citar al poeta ruso Ósip Mandelshtam, que a su ver, refleja lo que intenta decir: "Hay algo que, no obstante, no comprendo. Nunca he podido entender a gente como Tolstoi, enamorado de los archivos familiares, con sus epopeyas de recuerdos domésticos. Mi memoria no es de amor sino de hostilidad, y no trabaja para reproducir sino para descartar el pasado. Para un intelectual de origen mediocre la memoria es inútil, no tiene más que hablar de los libros que ha leído y ya tiene hecha su autobiografía. Mientras que en las generaciones felices la epopeya habla en hexámetros y en crónicas, en mi caso hay un signo de oquedad y entre mí y el siglo yace un abismo, una zanja llena del tiempo que murmura. ¿Qué querría decir mi familia? No lo sé, era tartamuda de nacimiento y no obstante tenía algo que decir. Sobre mi y muchos de mis contemporáneos pesa el tartamudeo de nacimiento. Aprendimos no a hablar sino a balbucear y sólo prestando el oído al ruido creciente del siglo y una vez blanqueados por la espuma de su cresta, pudimos adquirir una lengua". Para Deleuze, en todo caso, si ha de irse a una infancia no es a través de un archivo y será una infancia del mundo, cósmica, no personal.

F de Fidelidad. (Fidélité) La "fidelidad" deducible como resultado de lo que se llama amistad es para Deleuze un asunto de encuentros, de agenciamientos –de más está decirlo– de naturaleza "prelingüística". Como la mayoría de las veces, Deleuze es optimista también en este caso: la amistad sería el resultado de ofrecer algo sin perderlo o si existiera el caso según el cual en pos del éxito de ese agenciamiento habría que deponer, no por ello habría deposición. No entendida como deposición, ya no es tal. También esto supone la idea de que si no se produce la amistad no se debe a que una de las partes carezca de encanto. En tanto que todas las personas poseen su encanto, el fallido se produce en la percepción. La amistad en este sentido es, como dice Deleuze, un asunto de percepción (de ese encanto). Tal encanto es llevado aquí por Deleuze a un significado tan rudimentario como el de "señal" o "emisión". Se refieren distintas visiones sobre la amistad: la de Maurice Blanchot como una categoría necesaria para poder pensar. La del mismo Deleuze: la de que hay una hora en que hay que desconfiar hasta del amigo. Y la de Marcel Proust: no hay pensamiento en la amistad; en este último sentido tal vez más shakespeareano, "hay pensamiento en el amor celoso".

G de Izquierda. (Gauche) A diferencia de sus amigos, Deleuze no pasó por el Partido Comunista.