El conjunto histórico de Málaga es un bien de interés cultural. Su delimitación se ajusta al área urbana de Málaga en la que concurren valores históricos, edificatorios, monumentales, artísticos, etnológicos, ambientales y paisajísticos.
Evolución histórica Pocas ciudades en el mundo presentan una superposición tan amplia de huellas del paso de civilizaciones a lo largo de los siglos, tanto de Oriente como de Occidente, en tan reducido espacio urbano como Málaga. Restos fenicios, púnicos, romanos, árabes, etcétera, convierten esta zona de la ciudad en un auténtico palimpsesto histórico en el que conviven monumentos como el Teatro Romano, la Alcazaba, la Catedral, la Aduana, la Judería y un rico patrimonio arqueológico soterrado.
El asentamiento de las diferentes etnias culturales sobre el territorio se ha configurado a partir de dos accidentes geográficos que se presentan como constantes: el monte de Gibralfaro y el río Guadalmedina, elementos que abrigan el puerto de Málaga. Teniendo en cuenta esos dos elementos, el tejido urbano delimitado es un compendio de la evolución histórica de la ciudad, siendo sus edificios más representativos los hitos arquitectónicos y urbanísticos que mejor la caracterizan y singularizan.
Edad Antigua Las excavaciones de los últimos diez años en el centro histórico de Málaga han permitido documentar mejor el conocimiento del legado cultural de pueblos como los fenicios, romanos, bizantinos y musulmanes. Los fenicios han dejado una huella indeleble en el territorio malacitano, especialmente de industrias pesqueras destinadas a la producción de la púrpura y salazón. De la «Malaka» fenicia, asentamiento eminentemente comercial, encontramos restos de su recinto murado en los sótanos del actual edificio del Rectorado de la Universidad de Málaga, en el paseo del Parque y en la calle Císter.
La romanización de Málaga se produjo a partir del 197 a.C. No obstante, su desarrollo se consolidó durante el Imperio, y ya en el pasó de ser ciudad federada de Roma a municipio de derecho latino, lo que quedó plasmado en la «Lex Flavia Malacitana» hallada, en parte en 1851, en El Ejido. Además de los testimonios epigráficos, la «Malaca» romana se ha manifestado en notables hallazgos arqueológicos. La zona más importante de lo que fue la Málaga romana se sitúa por encima del puerto al pie de la colina de la Alcazaba donde se encontraban un templo, un arco de triunfo y un teatro, cuyos restos aún se conservan, recuperándose este último para la ciudad como espacio expositivo y escénico. Por toda la ciudad se reparten testimonios arqueológicos de lo que fue el asentamiento en época romana. Los mosaicos localizados en el contexto de una villae con sus piletas de salazones en la sede del Museo Carmen Thyssen, las piletas situadas en la calle San Agustín, ya de época romana tardía, así como las que se han conservado en el sótano del actual Museo Picasso Málaga, son algunos de los ejemplos de estos hallazgos.
Edad Media Con la debilidad del Imperio Romano de Occidente se produce la penetración pirenaica del pueblo bárbaro, abriéndose así un largo período visigodo en la península ibérica y, por tanto, en Málaga. Las disputas entabladas entre los mismos visigodos en el trajeron a una franja desde Tarifa a Levante y el archipiélago balear el dominio bizantino y Málaga fue una de sus plazas fuertes. La línea bizantina comprende las calles de Molina Lario, Postigo de los Abades y la subida a la Alcazaba.
El interés de la plaza provocó intervenciones de los visigodos siendo el rey Sisebuto, en las campañas contra los bizantinos del 614 y 615, quien reconquistó Málaga para el reino visigodo.
La invasión de España por los musulmanes en el 711 supuso la conquista del estado visigodo. La «Mālaqa» musulmana se ciñe a un trazado urbano bien preciso, englobando su cerca las calles Carretería y Álamos, estableciéndose los límites de la ciudad intramuros respecto de la zona de extramuros. Toda la muralla estaba recorrida por puertas que conducían al centro de la medina. Por su especial relevancia hay que destacar la puerta de Granada, la de Buenaventura y la de Antequera, algunos de cuyos restos se han localizado e integrado. Se han conservado interesantes muestras arqueológicas, así como partes del vial de ese período en las calles Beatas, Victoria, 0llerías y Granada, y bienes inmuebles como la Alcazaba, el Álzacar de Gibralfaro, el antiguo alminar de la Iglesia de Santiago y la puerta del mercado de Atarazanas.
Edad Moderna A partir de 1487, con la conquista de la ciudad de Málaga por los Reyes Católicos, se produjo un cambio paulatino y efectivo en las estructuras económicas, sociales y religiosas. La llegada de las órdenes religiosas se produjo sobre todo en dos etapas; una posterior a la conquista castellana, en donde jugaron un papel fundamental en la nueva configuración urbanística, con la construcción de inmuebles como el Hospital de San Lázaro (1491), el de Santa Ana y los conventos de San Luis el Real (1489), el de Trinitarios Descalzos de 1491 y el de los Mínimos de la Victoria en 1493; y otra etapa en el con la fundación de los conventos de Santa Clara (1505) junto a la catedral y el de San Bernardo (1543), el de religiosas de la Paz (1518), el Colegio de la Compañía de Jesús (1571), el de los Agustinos (1578), el de los conventos de las Carmelitas Descalzas (1585) y el de las religiosas de Jesús María (1597). Así, y sobre la ciudad islámica, a lo largo del se irá consolidando la transformación en ciudad cristiana, un tipo de ciudad conventual, cuyas enormes parcelas comprendían el ámbito de la clausura, pero también las huertas de las que se abastecían. Ya mediados de este siglo Málaga daba signos de su transformación, al abrirse un vial rectilíneo, la calle Nueva, gracias al Corregidor Garcí-Fernández Manrique, y las barreras iban desapareciendo.
Muchos de estos conventos y hospitales desaparecieron durante el , parcelándose sus huertas o derribándose sus maltrechas construcciones, dando paso a un nuevo panorama urbanístico, en donde el nuevo factor predominante fue la arquitectura burguesa, en la que brillaron los nombres de los artífices que hicieron posible dicho cambio, como Gerónimo Cuervo y Joaquín Rucoba, entre otros. Las desamortizaciones dieron lugar a una serie de espacios renovados, como la plaza de San Francisco, la calle Méndez Núñez o la calle Alcazabilla.
La catedral de la Encarnación y el Palacio Episcopal son dos de las edificaciones emblemáticas de Málaga durante la Edad Moderna. La catedral comenzó a construirse a finales del , pero fue en los primeros años del XVI cuando sus obras progresaron a buen ritmo, una centuria marcada por la presencia de importantes arquitectos procedentes de Córdoba, Jaén y Granada. miniatura|Visión nocturna de los tejados Uno de los viales más importantes del centro histórico es la calle Granada, antigua calle Real, que comunica el interior administrativo, comercial y religioso de Málaga. Su trazado sinuoso se debe a las torrenteras formadas por los cerros del Calvario y Gibralfaro. Su arquitectura es un buen testimonio de la evolución de la ciudad, en donde pueden encontrarse interesantes ejemplos de la arquitectura de la Edad Moderna, cuya tipología remite a la casa patio, de baja más dos y hasta tres plantas. En los últimos diez años se han recuperado numerosos edificios de este período y se ha integrado su característica ornamentación a base de pintura mural con la técnica del «secco», que comprendía repertorios geométricos coloristas, pero también otros, sobre todo a partir de la primera mitad del , en donde predominaba el lenguaje arquitectónico con gamas cromáticas más reducidas. Estas actuaciones han permitido sacar a la luz un legado cultural hasta entonces poco valorado, aunque en la actualidad ese patrimonio se ha configurado como una de las imágenes más interesantes de la ciudad. Pero también la ciudad decimonónica ha dejado su impronta en este sector urbano, en donde es constante la presencia de la arquitectura burguesa con sus característicos cierros y balcones de cerrajería de hierro fundido.
La historia e imagen de la actual Plaza de la Constitución ha ido evolucionando a la par que las instituciones que la ocuparon. Estuvo en ella el Ayuntamiento o Casa Capitular, también la Cárcel y la Casa del Corregidor ocuparon diversos espacios en la plaza. Las fiestas, los acontecimientos políticos y de otra índole, la han ido caracterizando. Ha conservado la primitiva fuente de los Genoveses o de los Cisnes, del , con añadidos del . Se sitúan en un lateral de la misma la antigua iglesia de los Jesuitas de finales del y a su lado el Montepío de Socorro a los Cosecheros del Obispado de Málaga de 1782, que es la sede de la Sociedad Económica de Amigos del País desde 1790. Este edificio es una de las mejores muestras de la arquitectura civil del . El interior posee un magnífico patio con una no menos espectacular escalera.
El mar y especialmente el puerto han jugado un papel importante en esta ciudad. En 1585 el rey Felipe II mandó construir un nuevo dique en la zona de levante, según proyecto del ingeniero italiano Fabio Bursoto. En la primera mitad del se suspendieron las obras y, a comienzos de la siguiente centuria, se retomaron bajo la nueva dinastía de los Borbones, con Felipe V y con proyecto del flamenco Bartolomé Thurus. Le sucedieron otros ingenieros como Verbom o Martín Zermeño, quien había detectado la falta de calado en el puerto por los continuos aluviones de tierra procedentes del río. Hasta los años 80 del no se puso fin a los problemas del puerto, gracias al nuevo proyecto de Sánchez Bort durante el reinado de Carlos III. Las obras realizadas en el fueron determinantes en la fisonomía actual de los muelles del puerto, debido a las ampliaciones de los ingenieros Yagüe, Prieto y Valcarce. miniatura|Trasera del Mercado de Atarazanas En el último tercio del , el gobernador Fernando Carrillo Muriel, conde de Villafiel, desarrolló en tres años una interesante y activa política urbanística de higiene pública y policía urbana en la ciudad. Reparó el camino de Vélez, canalizó el agua de uno de los arroyos de Gibralfaro, reedificó las zonas del muelle, restauró el torreón del Obispo y reedificó las murallas en la zona próxima al puerto, entre otras actuaciones. El germen del nacimiento de la Alameda se encuentra en el traslado de la vieja aduana a su nuevo emplazamiento, debido a la acumulación de tierra y a lo impracticable de la zona para el comercio marítimo. Este nuevo espacio ganado al mar se embelleció con una alameda o paseo, influenciada por la de Madrid. Con el paso del tiempo y sobre todo durante el fue uno de los escenarios de poder y representación de la oligarquía burguesa, como puede apreciarse en los numerosos ejemplos arquitectónicos que han quedado a un lado y a otro del paseo. Son edificios de los siglos al , que muestran una interesante imagen hacia la Alameda, destacando entre ellos la Iglesia de Stella Maris, obra de los años 60 del del arquitecto José María García de Paredes.
El fue especialmente fructífero para la ciudad, especialmente a partir de la década de los 5O. Uno de los obispos más recordado fue don José de Molina Lario, quien realizó importantes aportaciones económicas con la construcción del Camino de Antequera y el Acueducto de San Telmo que abasteció de aguas a la ciudad. Otro empuje a la economía y crecimiento de Málaga fue el Decreto de 1765 y la Real Pragmática de 1778 que concedía el libre comercio con América.