La Carta a la señora Cristina de Lorena, gran duquesa de Toscana (título original: Lettera a Madama Cristina di Lorena granduchessa di Toscana) es una carta escrita por el astrónomo, científico e intelectual Renacentista Galileo Galilei, en la que trata el problema de la religión y la ciencia. Por ello mismo se trata de un material sobre crítica textual, con valor literario e incluso teológico (aunque no para la época en que se redactó). La misma está dirigida a uno de los protectores de Galileo, la duquesa Cristina de Lorena, a cuyo ducado pertenecía Pisa, de donde era oriundo el propio Galileo.
Marco
miniaturadeimagen|Retratos de Italia del (femenino) La carta fue escrita hacia 1615, en medio de los sucesivos ataques a su persona. Estos ataques empiezan antes, con el significativo resultado de que Galileo es investigado desde 1611 por la Inquisición lo que apareja la censura de la teoría copernicana en el año 1616, y culmina con su condena a prisión perpetua, conmutada por el Papa a arresto domiciliario, en 1633. La obra es publicada, por primera vez, recién en el año 1636. Se debe considerar en la trama de los ataques a Galileo, tanto de parte de sus detractores como de él mismo, los celos y la vanidad intelectual, así como también los bandos enfrentados que se van sucediendo: sus partidarios y sus detractores.
Los argumentos de Galileo Observa que los ataques a sus investigaciones astronómicas han sido realizados más por amor a la opinión que al conocimiento. Según él, sus acusadores actúan con mala fe, porque aun sabiendo que sus argumentos son patrimonio de Copérnico se los quieren atribuir a él. Asimismo, destaca que al atacar sus investigaciones, las doctrinas de Copérnico, por ejemplo la reforma del Calendario Eclesiástico, promovidas por la Iglesia, también se vendrían abajo.
La defensa que realiza de sí mismo está fuertemente apoyada en los Padres de la Iglesia, con especial atención a Agustín de Hipona y a su obra Del Génesis a la letra.
Sugiere que las Escrituras se atienen de hablar de la naturaleza y que las leyes de la naturaleza, al no preguntarse por aquello que no está al alcance del entendimiento estarían más en conformidad con el Verbo. Por ello, apoyándose en Tertuliano, sugiere que Dios se revela mejor en la naturaleza que en las Escrituras. Además deja claro que las Escrituras poco dicen de astronomía y que no por nada Dios dotó al hombre de sentidos.Agustín, quien es citado a repetición —y hasta más de una vez algunos pasajes son repetidos en el cuerpo de esta carta— considera que la astronomía es una materia profana e inútil y, por lo tanto, Galileo, entiende que por ello sus investigaciones no tienen relación con la salud de las almas, ni las perjudican. Asimismo Agustín habría dicho que cuando las Escrituras se mostraran contrarias a las evidencias eso se debería más a la interpretación de los hombres que a las Escrituras mismas.
Galileo cita uno de los célebres pasajes del Eclesiastés en el que se sostiene que Dios dispuso todo para que el hombre no "halle la Obra" y por lo tanto no debe detenerse el ingenio humano. También sugiere que se restrinja la opinión de los ignorantes en las materias astronómicas ya que así comprometen la verdad de las Escrituras. Para este argumento se sostiene en San Jerónimo.
Galileo, prudentemente, y sin cejar en su intransigencia, va por más. Considerada la teología como ciencia reina, la pone, sutilmente, en duda, al entender que el sentido de "ciencia reina" le cabe a la teología por la "sublimidad de su objeto". Los ministros y profesores "rebajarían" la ciencia reina al arrogarse el derecho de dictar fallos sobre disciplinas que no han estudiado. Apela a que la idea de que dos verdades (la verdad revelada y la verdad natural) no pueden contradecirse nunca, y por ello, cuando las proposiciones naturales se muestren demostrables, ayudan a la mejor interpretación de las Escrituras.
Le parece comprensible que, debido a la oscuridad de las Escrituras, el pueblo las entienda como las entiende, y literalmente, ya que incapaz de apreciar la evidencia de la movilidad de la Tierra y demás observaciones por carecer de medios sutiles, así no se perturba su fe. Acepta que los Padres sostuvieron la estabilidad de la Tierra, pero alega que eso se debe a que no tuvieron tiempo de ocuparse en esos temas y, que, inclusive, ellos tampoco se ponen de acuerdo entre sí. Dionisio Areopagita, otra de las autoridades de que echa mano, sostenía que en el caso de Josué (Libro de Josué), cuando éste detuvo el sol, no fue el sol el que se detuvo sino el primer móvil. Esta apreciación era, según Galileo, más coherente con los datos naturales y por ende con la teoría copernicana. Para Galileo esta última ilumina la interpretación literal de las Escrituras puesto que, como se dice en el Libro de Josué, al detener el sol, con ello también se detenía el sistema completo. También declara que se somete a las opiniones de los sabios teólogos siempre y cuando estos estén versados en las observaciones astronómicas.
Sus argumentos más fuertes provienen de su referencia a Agustín; uno de ellos: cuando las proposiciones naturales no sean "evidentísimas" no van en contra de la fe. A su vez, Agustín había alertado de que los cristianos hacen mal en basar sus sentencias solo sobre las Escrituras ante infieles versados y no en estudios porque aquellos que dominaran materias, aun cuando herejes, podrían poner en ridículo la investidura cristiana. Por último, deja en claro que la atribución de condenar proposiciones como heréticas, como ha resultado con su caso, corresponde a la instancia del Concilio y al Papa.Galileo Galilei, Cartas copernicanas. Ed. Grammata (digital), 2010.
Origen de la carta a la señora Cristina de Lorena. Gran duquesa de toscana El contexto se centra en un escenario en donde la teoría copernicana del movimiento de la tierra alrededor del Sol y el movimiento de rotación de la Tierra, es defendido por el Florentino, asimismo, plantea argumentos aludiendo las falsas interpretaciones hechas por los teólogos sobre las sagradas escrituras en relación con la teoría Copernicana. miniaturadeimagen|Cover of Galileo's Letter to the Grand Duchess Christina Las cartas enviadas por Galileo tenían dos finalidades, en primer lugar comunicar hallazgos, opiniones y argumentos que permitieran a Galileo hacer contactos con la alta sociedad, y las personas más influyentes, y en segundo lugar, utilizar dichas cartas como método para divulgar sus pensamientos a personas con saberes públicos y de tal manera ganar adeptos a esta nueva ciencia.
La carta a la Señora Cristina de Lorena inicialmente sería dirigida al Padre Benedetto Castelli (1578-1673) amigo colega y discípulo de Galileo, sin embargo, según Moisés González en su libro titulado Galileo Carta a Cristina de Lorena manifiesta que debido a una discusión en la Gran Corte del Duque de Toscana, por parte de Cosimo Boscaglia quien aludiría (sin estar presente Galileo) que las teorías del Florentino sobre movimiento de la tierra contrariaba a las interpretaciones de las Sagradas Escrituras, conllevaría que la Gran Duquesa quien sí estaba presente pidiese a Castelli que conciliará los argumentos de su maestro con los de las Sagradas Escrituras, en particular sobre el pasaje Bíblico en el que Josué había hecho el milagro de que el Sol se detuviese. A este evento Moisés Gonzales responde:
“Parece que la fuerza puesta por Castelli en la discusión y sus argumentos convencieron a todos, excepto a Boscaglia y a la Gran Duquesa”
Esto conllevó que Galileo elaborará una carta a Castelli el 21 de diciembre de 1613 con la finalidad de argumentar que los aspectos Bíblicos no pueden ser alterados por conocimientos científicos, dicha carta viajó por toda Italia y conllevó que los enemigos de Galileo la leyeran, entre ellos los miembros de la Inquisición de Roma.
Posteriormente Galileo en vista de que sus argumentos podían ser tergiversados, redactaría un nuevo documento, sólido, extenso y claro en forma de carta que enviaría a Cristina de Lorena para eliminar alguna duda sobre los pensamientos del Florentino. Si bien no se conoce la época en que esta carta fue escrita se supone que fue terminada dos años después de la carta enviada a Padre Benedetto Castelli, es decir en 1615.
Galileo en la Carta La carta alude inicialmente a nuevos descubrimientos encontrados por Galileo en el momento de colocar el telescopio y observar lo que a simple vista es inobservable, cuatro pequeños objetos que giran alrededor de uno más grande, pues el Florentino a partir de sus observaciones realizadas desde 1610 encontraría que Júpiter tiene cuatro lunas como la Tierra tiene una, y que estas lunas, denominadas lunas galileanas, no giraban alrededor de la Tierra, contradiciendo el modelo geocéntrico instaurados por más de dos milenios, desde Aristóteles y colocando a su favor el modelo copernicano.
Era pues necesario demostrar que la ciencia hacia parte de la vida humana, “para que el hombre dejara de creer en algunas cosas era preciso que germinara en él la fe confusa en otras”. De esta manera Galileo argumentaría que los temas religiosos concernientes con interpretaciones realizadas por teólogos sobre pasajes bíblicos, que contradijeran conocimientos científicos no deberían ser interpretaciones literales sino más bien interpretaciones metáforicas, para que de esta manera las disciplinas científicas no atacarán a la Religión. Pero algunos adversarios de Galileo utilizarían las Sagradas escrituras para condenar a Copérnico y de paso debilitar los hallazgos y conocimientos del Florentino:
“…qué leyendose en muchos párrafos de las Sagradas Escrituras que el Sol se mueve y la Tierra se encuentra inmóvil y no pudiendo ellas jamás mentir o errar, de ahí se deduce que es errónea y condenable la afirmación de quien pretenda postular que el Sol sea inmóvil y la Tierra se mueva…” miniaturadeimagen|Justus Sustermans - Portrait of Galileo Galilei, 1636 Era necesario que Galileo planteara un nuevo giro a la discusión, ya que si sus enemigos utilizaban las interpretaciones Bíblicas su teoría sobre el movimiento de la tierra y modelo heliocéntrico estaría obsoleta, de esta manera, Galileo sustentaría tres posibles soluciones.
Primero que el problema no eran las Sagradas Escrituras sin más bien las personas encargadas de interpretarlas, ya que dichas interpretaciones no se acoplaban con una demostración o experiencias. Segundo que las demostraciones y argumentos sobre el sistema Copernicano y el movimiento de la tierra no eran correctas, y tercero que las Sagradas Escrituras debieron escribirse para cualquier tipo de persona en un lenguaje sencillo y bajo experiencias sensoriales, por lo tanto, si se hubiese colocado que la tierra se mueve y que todo gira alrededor del Sol cuando sus ojos ven que la tierra no se mueve y que todo gira alrededor de ella, su entendimiento no sería acorde con su experiencia y esté no es el principal objetivo de las Sagradas Escrituras. Ya que “La biblia nos enseña a llegar al cielo, más no como funciona el cielo”
Si bien Galileo estaba caminando sobre delgadas películas de hielo, sus consideraciones sobre las interpretaciones de las Sagradas escrituras no eran suficientes y estas debían ser avaladas por autoridades eclesiásticas, de tal manera Galileo citaría constantemente en la carta a San Agustín:
“Si ocurriera que las autoridades de las Sagradas Escrituras se mostrara en oposición con una razón manifiesta y segura, ello significaría que quien interpreta la Escritura no la comprende de manera conveniente; no es el sentido de la escritura el que se opone a la verdad, sino el sentido que él ha querido atribuirle; lo que se opone a la Escritura, no es lo que en ella figura, sino lo que él le atribuye, creyendo que eso constituida su sentido” (Epístola Séptima, AD Marcellinum).