miniaturadeimagen|300x300px|¿Por qué existe algo, en lugar de nada? ¿Qué causó el universo? En filosofía y teología natural, un argumento cosmológico es un tipo de argumento en el que la existencia de Dios como un ser único y trascendente se infiere a posteriori a partir del movimiento, causalidad, cambio, composición, temporalidad, contingencia o finitud respecto al cosmos como conjunto de procesos dentro de él. Tradicionalmente es conocido como el argumento de la primera causa, y como el argumento causal, incluso ha llegado a verse como un argumento cosmogónico. Cualquiera que sea el término que se le emplee, el argumento cosmológico es más una categoría para distintos tipos de argumentos, en vez de un único argumento, que utilizan un patrón general de argumentación (Logos) con el que se infiere a partir de hechos particulares alegados al universo (cosmos) la existencia de un ser supremo.
El término y definición de «argumento cosmológico» fue dado por Immanuel Kant, quien distinguió tres tipos de argumentos para la existencia de Dios: ontológico (basado en el concepto a priori de Dios como "el ser más real", ens realissimum, sujeto de todos los predicados), cosmológico (basado en la necesidad de ser causa de todo lo existente) y físico-teleológico (basado en la evidencia de diseño en el orden del mundo).
Las premisas básicas de un argumento cosmológico están regidas bajo el concepto de causalidad. La conclusión del argumento tiene como objetivo demostrar la existencia de una Primera Causa o Primer Principio, que subsecuentemente es dicho de ser Dios. La historia del argumento cosmológico se remonta a los tiempos de Aristóteles (c. 384-322 a.C.) con su Motor Inmóvil. Fue retomado por el neoplatonismo y el cristianismo primitivo y luego por la filosofía islámica antigua en los siglos IX y XII, y reintroducido a la teología cristiana en el por Tomás de Aquino en sus obras Suma teológica y Suma Contra los Gentiles. El argumento cosmológico está cercanamente relacionado al principio de razón suficiente de Gottfried Leibniz y a la máxima nada surge de la nada atribuida a Parménides. Los defensores o formuladores históricos destacados del argumento cosmológico se encuentran: Aristóteles, Plotino, Avicena, Al-Ghazali, Maimónides, Tomás de Aquino, así como la mayoría de los pensadores adheridos al teísmo clásico.
El argumento fue objeto de debate por filósofos como David Hume con su crítica a la causalidad, y luego por Immanuel Kant con su crítica al concepto de «ser necesario». Más adelante, el filósofo Bertrand Russell negó que el universo mismo necesite una explicación y lo redujo a un "hecho bruto" del cual su existencia no exige una explicación; «está ahí, y eso es todo». Astrofísicos como Stephen Hawking reiteraron esta opinión. Actualmente aún se sigue debatiendo la validez y solidez de argumento, además de aportarse nuevas versiones basados en los avances modernos de la cosmología y física. Entre los defensores contemporáneos se encuentran: William Lane Craig, Robert Koons, Richard M. Gale, Alexander Pruss, Kenneth L. Pearce, William L. Rowe y Edward Feser. Por otro lado, destacan los críticos: J. L. Mackie, Michael Martin, Quentin Smith y Graham Oppy.
Historia miniaturadeimagen|Platón y Aristóteles, representado en La escuela de Atenas de Rafael. Los dos desarrollaron argumentos de primera causa. Platón (c. 427–347 a. C.) y Aristóteles (c. 384–322 a. C.) plantearon argumentos de primera causa, aunque cada uno tenía ciertas advertencias notables. En las Leyes (Libro X), Platón postuló que todo movimiento en el mundo y el cosmos era «movimiento impartido». Esto requirió un «movimiento de origen propio» para ponerlo en movimiento y mantenerlo. En el Timeo, Platón postuló un «demiurgo» de sabiduría suprema e inteligencia como el creador del cosmos. En la República, arguyó que el universo no surgió de la combinación azarosa de los átomos. Argumentó a favor de una fuente del movimiento que se mueve por sí mismo, que es el espíritu o el alma, la fuente del movimiento cósmico.
Aristóteles fue el primer filósofo en formular un argumento cosmológico. En el libro VIII de la Física y en el libro XII de la Metafísica, Aristóteles desarrolla y demuestra su concepto del Primer motor inmóvil a partir del problema del movimiento y valiéndose de su teoría de la causación.
Unos siglos más tarde, Plotino (c. 204/5-270 d.C.), un pensador platónico argumento y enseñó sobre lo totalmente trascendente y supremo, «lo Uno», el cual era indivisible, indistinto, in-multiplicable y más allá de las categorías del ser y del no-ser. «Lo Uno» no podía ser ninguna cosa existente, ni siquiera la mera suma de la totalidad de partes, sino previo a todo lo existente. Plotino identificó esta concepción de «lo Uno» con concepciones platónicas de bien y belleza.
Agustín de Hipona (c. 354-430 d.C.) sostuvo que Dios existe fuera del tiempo y Él solo es capaz de darle su existencia a este concepto. El tiempo en sí mismo fue una parte de la creación divina.
Al-Kindi (c.801-873 d.C.), un filósofo musulmán influenciado por un marco teórico aristotélico y neoplatónico, arguyó sobre la «absoluta unidad» de Dios a partir de lo que es la unicidad y la composición en el mundo. Al-Kindi decía que, mientras un cuerpo es uno, también se encuentra compuesto por diferentes partes. Una persona, por ejemplo podría decir «veo un elefante», y eso significa que «ve un elefante», pero el término 'elefante' se refiere a una especie de animal que contiene a muchos. Por esto, Al-Kindi se refiere a que mientras nosotros podemos pensar en un ser existente como «uno», en realidad, dicho ser existente es «uno» y «muchos». Por tanto—concluye más adelante el filósofo—, Dios es absolutamente uno, tanto en ser como en concepto, carente de toda multiplicidad, de tal forma que ese es su único atributo y por tanto, no encontrado en nada más que en El.
Avicena (c. 980-1037 d.C.), otro filósofo islámico propuso un argumento formal a favor de la existencia del Dios islámico. Avicena argumento que debe de haber un «necesariamente existente», es decir, un ente que no puede no-existir. Su argumento razonaba que el conjunto entero de seres contingentes debía tener una causa que no fuera contingente pues de serlo estaría forzosamente incluida en el conjunto de seres contingentes. Por tanto, debía de existir un necesariamente existente, el cual también poseía atributos como la unidad, simplicidad, inmaterialidad, intelecto, bondad y generosidad, de tal forma que se correspondía con Alá. (Ver Prueba de la veracidad).
Maimónides (1138 - 1204), un filósofo judío ofreció varias versiones del argumento cosmológico de la existencia de Dios en su libro Guía de los Perplejos. En particular modificó el argumento cosmológico de Aristóteles para hacerlo compatible con la doctrina de la creación. Su prueba del ser necesario reza que si el mundo comenzó a existir entonces debe haber habido una causa que lo hizo y "si el pasado es infinitamente largo y cada ser es contingente, entonces habría habido algún momento en el que todo dejaría de existir simultáneamente".
Tomás de Aquino (c. 1225-1274) adaptó y mejoró el argumento que encontró en su lectura de Aristóteles, Avicena y Maimónides para formar una de las versiones más influyentes del argumento cosmológico. Su concepción de la primera causa era la idea de que el Universo debe ser causado por algo que en sí mismo no tiene causa, que según él es lo que llamamos Dios. Es importante destacar que las Cinco vías de Tomás de Aquino, dada la segunda pregunta de su Summa Theologica, no son la demostración completa de Tomás de Aquino de que el Dios cristiano existe. Las Cinco Vías forman sólo el comienzo del Tratado sobre la Naturaleza Divina de Tomás de Aquino.
Siger de Brabante (c. 1240 - 1284) argumentaba en De aeternitate mundi que no hubo un primer hombre, ni un primer espécimen de ningún particular: el universo físico no tiene ningún primer comienzo y, por lo tanto, eterno. Los puntos de vista de Siger fueron condenados por el papa en 1277.
Estructura del argumento miniaturadeimagen|230x230px|Si todo efecto tiene una causa, o hay una regresión infinita de causas o una primera causa incausada. La estructura tradicional de un argumento cosmológico: Algunas cosas de nuestra experiencia son o están X. Todo lo que es o está X requiere de una causa, especialmente para su existencia en el aquí y ahora (un principio derivado de la causa y efecto). Tal serie causal debe tener un miembro más fundamental (principio de terminación de una serie causal). Aquello que da terminación a la serie causal, es-no X o no-está X . Aquello que da terminación a la serie causal también posee los atributos divinos: unidad, inmutabilidad, inmaterialidad, eternidad, omnipotencia, etc., y por tanto, es a lo que nos referimos con el nombre o término Dios.
Donde X significa que algunas cosas de nuestra experiencia son o bien contingentes, o bien están en movimiento, o bien son compuestos, o bien son distinguibles en su esencia y existencia, etc. Como se puede notar, los diversos argumentos cosmológicos hacen uso de series causales, que bien pueden ser jerárquicamente/esencialmente ordenadas (un tipo de serie en donde las causas están subordinadas entre sí y son dependientes entre sí todo momento al producir un cierto efecto) o accidentalmente/temporalmente ordenadas (un tipo de serie donde las causas de manera independiente producen un efecto dado en algún tiempo ya sea largo o corto).
Versiones Existen varios tipos de clasificaciones para el argumento cosmológico. La distinción es importante porque las objeciones planteadas contra una versión pueden no serlo en otras. Para Graham Oppy, la diferencia de cada argumento se encuentra en las conclusiones de estos y las premisas para llegar a dicha conclusión. Estas clasificaciones son importantes porque las objeciones hacia una versión del argumento pueden ser irrelevantes en otro.
William Lane Craig distingue tres tipos de argumentos cosmológicos deductivos en términos de su aproximación a una regresión infinita de causas. El primero, defendido por Aquino, se basa en la imposibilidad de una regresión infinita esencialmente ordenada. El segundo, que Craig llama el kalām. El argumento sostiene que un retroceso temporal infinito de causas es imposible porque un infinito real es imposible, e incluso si fuera posible, no podría realizarse temporalmente. El tercero, propugnado por Leibniz y Samuel Clarke se basa abiertamente en el principio de razón suficiente.
Argumento del primer motor El argumento del primer motor o de primera causa comienza con el hecho de que hay un cambio en el mundo efecto de alguna causa o motor. Cada causa es en sí misma el efecto de otra causa y esta cadena se mueve en una serie que nunca termina o se completa por una primera causa, que debe ser de una naturaleza radicalmente diferente, ya que no es causada por sí misma. Tal primera causa es un aspecto importante, aunque no la totalidad, de lo que el cristianismo quiere decir con Dios.
Aristóteles Para Aristóteles, todo lo que está en movimiento en el cosmos, es movido por otro ser en movimiento;Física, VII, 1, 241b 24 y el movimiento esta subordinado al acto y la potencia. El movimiento en sí, entendido como la actualización de una potencia, es un «acto incompleto» y una «potencia eterna», ya que si la potencia se actualiza ya no hay movimiento. Aunque Aristóteles sostiene que el movimiento del universo es eterno,Física, VIII, 1, 251b 10 se topa con la siguiente dificultad: