El Colegio Nacional "Vicente Rocafuerte" (fundado bajo el nombre de Colegio del Guayas), es un centro educativo fundado el 26 de diciembre de 1841 a petición del gobernador de Guayaquil, al entonces presidente Juan José Flores. El 10 de diciembre de 1900, se le otorgó mediante el decreto legislativo del Congreso Nacional el nombre de Colegio Nacional "Vicente Rocafuerte". Su eslogan es: "Donde hay una VR hay un campeón".
Historia
Primera etapa: Un inicio complejo (1841–1846) Al culminar su periodo presidencial en 1839, Vicente Rocafuerte asumió el cargo de Gobernador en su ciudad natal, Guayaquil. Consciente de que la educación constituía un pilar fundamental para el desarrollo del estado, advirtió la escasez de instituciones de enseñanzas secundarias en la ciudad
En aquella época, únicamente la institución el "Seminario de San Ignacio de Loyola" impartía enseñanza secundaria, y aquellos estudiantes con recursos suficientes se dirigían a Quito o Lima para continuar su formación y especializarse. Ante esta situación, surgió en Rocafuerte la firme determinación de promover la creación de un nuevo colegio, iniciativa que posteriormente elevaría al Supremo Gobierno de Flores.
El 26 de diciembre de 1841, durante la estancia de Juan José Flores en Guayaquil, se expidió el decreto para la creación de un colegio, a solicitud de Rocafuerte, el cual fue consignado en copia autorizada por el secretario general, Mariano Miño. En el documento se señalaba como motivo principal la necesidad imperiosa de establecer una institución donde se impartieran “ciencias mayores”. Para este fin se asignó un presupuesto de 1 500 pesos destinado a los gastos iniciales, y se otorgó a Rocafuerte la facultad de designar al personal de la nueva institución. Además, según el historiador Pedro Huerta existe la posibilidad de que Vicente Rocafuerte haya elaborado el plan de estudios inicial y definido las materias a impartirse. miniaturadeimagen|Teodoro Maldonado González. Primer rector del colegio Vicente Rocafuerte Al siguiente año el 1 de febrero de 1842 se instaló la institución con el nombre de Colegio del Guayas, y su primer rector fue Teodoro Maldonado González. Sin embargo, este mismo año el colegio fue clausurado debido al abandono de sus estudiantes a causa de una epidemia de fiebre amarilla, que según Pedro Huerta, habría provocado la muerte de aproximadamente 4000 de las 20000 habitantes de Guayaquil en este periodo. Una vez que los casos disminuyeron, se retornó a las actividades, y el 18 de mayo de 1843 se decretó oficialmente su restablecimiento. En dicho decreto se establecieron las enseñanzas que se impartirían organizadas en las siguientes áreas: 1) Literatura: (lengua francesa, inglesa y griega); gramática latina-castellana, literatura y bellas letras, y elocución y poesía. 2) Filosofía y Ciencias Naturales: matemáticas, física, geografía y cronología, lógica, ideología y metafísica, moral, historia natural, química y física experimentales, mineralogía. 3) Agricultura. 4) Medicina y 5) Jurisprudencia: derecho público, civil y canónico.
Como resultado de este decreto, el colegio incorporó la enseñanza secundaria y superior, así como especialidades de carácter profesional. No obstante, se estableció que para obtener el grado doctoral los estudiantes debían trasladarse a Quito. De este modo, la institución contó con docentes de alto nivel académico, aunque en sus primeros años solo dispuso de cátedras consolidadas en el área de jurisprudencia, y no aún en las ciencias médicas.
A pesar de estos avances, los problemas económicos continuaron afectando la estabilidad del establecimiento, que buscó distintas formas de financiamiento, entre ellas la obtención de recursos mediante impuestos al cacao.
Entre 1844 y 1845 se dispone de escasa información sobre la organización interna del establecimiento. Para el 6 de marzo de 1845 estalló en Guayaquil la revolución contra el general Flores; pese a ello, el colegio continuó funcionamiento durante ese año, aunque comenzó a sufrir fuertes recortes presupuestarios. En este contexto, José Joaquín de Olmedo, entonces subdirector de Estudios, defendió los intereses de la institución para evitar su cierre. Según relata el historiador Huerta, el colegio fue clausurado por falta de fondos en 1846 y permaneció cerrado durante casi todo 1847.
Segunda etapa: Colegio Vicente Rocafuerte (1847–1862) El 17 de mayo de 1847, en Lima (Perú), falleció su fundador, Vicente Rocafuerte. Y como última voluntad "legó los sueldos devengados mientras ejerció la presidencia de la república, una invaluable biblioteca y una reclamación en dinero, pendiente ante el gobierno del Perú". Su otro gran protector José Joaquín de Olmedo fallecería el mismo año un mes antes, dejando al colegio sin dos grandes pilares. No obstante, figuras como el General Antonio Elizalde y otros guayaquileños lograron articular esfuerzos para reactivar la institución. Como resultado, el 18 de noviembre de 1847 se decretó su restablecimiento, ratificado oficialmente el 4 de diciembre de 1847 por el presidente Vicente Ramón Roca. En este decreto el establecimiento dejó de denominarse Colegio del Guayas y adoptó el nombre de San Vicente, en homenaje al fundador.
En 1848 el colegio reabrió bajo la dirección de Teodoro Maldonado. Sus finanzas comenzaron a estabilizarse y se incrementó el número de estudiantes, entre pensionistas y becarios. Para 1849, la matrícula ascendía a 30 alumnos, entre ellos José Joaquín de Olmedo (hijo). El cuerpo docente estaba integrado por cuatro profesores: Teodoro Maldonado, José Julián Navarro, M. Carlos Fournier y M. Stephen Davis, responsables de las cátedras de matemáticas y de lengua latina, francesa e inglesa, respectivamente.
El Nuevo edificio propiedad del colegio Ese mismo año la institución adquirió un solar de "45 varas por lado", ubicado cerca de la iglesia Matriz, al sur con la calle del Colegio (actual Clemente Ballén), al oeste con la antigua calle de la Caridad (actual calle Chile), y por los otros lados con terrenos donde posteriormente se levantaría el templo de San José y otros solares que también serían adquiridos por el colegio, llegando a ocupar aproximadamente la cuarta parte de la manzana. Y en 1849 se convocó a licitación para la construcción del edificio, que fue adjudicada al maestro carpintero Juan M. Martínez Coello. El proyecto contemplaba una edificación de 45 varas de largo por 10 varas de alto (aproximadamente 37,6 m de longitud y 8,36 m de altura), construida con maderas de moral, amarillo o madera negra, con un plazo de ejecución de 18 meses y un costo total de 32 500 pesos.
Los retrasos de los pago ocasionaron dificultades, incluyendo el deterioro de materiales y el riesgo de pérdida parcial de la infraestructura ya levantada. Durante ese período, el colegio funcionaba en una casa arrendada, con escasas comodidades y un elevado alquiler mensual de 80 pesos. A pesar de estas limitaciones, la obra avanzó y en agosto de 1851 se efectuó el traslado al nuevo edificio. Entre 1850 y 1851 se impartieron las cátedras de filosofía (Francisco Santur), dibujo (Antonio Meucci) y física (Vicente Piedrahita). Para el 4 de julio de 1852, durante un intento de toma de Guayaquil, por parte de Juan José Flores, el edificio del colegio fue utilizado como cuartel para batallones de reserva y tropas auxiliares, lo que obligó a suspender las clases hasta octubre, cuando fue desocupado. Ese mismo año renunció Teodoro Maldonado, quedando la dirección a cargo de Francisco Santur. En septiembre de 1853 es nombrado rector el Dr Carlos Andrade quien permaneció en el cargo hasta su renuncia en agosto de 1855. Durante los años 1854 y 1855 se destacaron por su aprovechamiento académico estudiantes como Alejo Lascano, Lizardo García, Carlos Mateus, Martín Icaza y Adolfo Hidalgo.
En 1856 asumió el rectorado el Dr. Luis Antonio Salazar, reconocido por su capacidad administrativa. Durante su gestión se realizaron importantes mejoras en la infraestructura del colegio, favorecidas en parte por los ingresos derivados de la producción cacaotera, que constituía una de las principales fuentes de financiamiento institucional. En 1857, José Joaquín de Olmedo (hijo) donó diversas obras a la biblioteca del colegio y se dispuso la colocación de un retrato fotográfico de su padre en las instalaciones. Posteriormente, los conflictos armados internos que desembocaron en la guerra civil provocaron una nueva ocupación militar del edificio. Los estudiantes fueron trasladados al Colegio Seminario y, el 8 de noviembre de 1859, el plantel fue nuevamente desalojado por orden del gobernador de la ciudad. En 1860, un incendio afectó la techumbre del edificio. El colegio permaneció cerrado hasta 1861, cuando, tras la estabilización de la situación política, el presidente Gabriel García Moreno nombró como rector, en septiembre de ese año, a José Joaquín Borda. La guerra había dejado daños materiales y problemas financieros. Durante esta etapa se produjeron tensiones entre el rector y el colector de rentas, lo que motivó la conformación de una comisión investigadora que finalmente desestimó las acusaciones de maltrato a estudiantes contra Borda. En 1863 se incrementó el número de becas, y figuran entre sus estudiantes destacados César Borja Lavayen (1851–1910), José Julián Coronel y Miguel Valverde.
Tercera etapa: Padres Jesuitas (1863 –1875) Durante el gobierno de Gabriel García Moreno, el rector Borda ocupó el cargo de manera provisional, mientras se implementaba un profundo plan de reorganización educativa basado en principios del catolicismo en todo el país. Se prohibió la enseñanza laica y se confió la educación primaria a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y la secundaria y superior a la Compañía de Jesús. En julio de 1862 se firmó un contrato para el arribo de los padres jesuitas, suscrito entre Rafael Carvajal, ministro del Interior y Relaciones Exteriores, y el padre Francisco Javier Hernáez, representante de la Compañía de Jesús. El acuerdo fue aprobado en 1864 y establecía que el colegio pasaría a administración jesuita. Sin embargo, la falta de recursos económicos casi impidió su ejecución, situación que se resolvió cuando Miguel Jané un importante comerciante otorgó un préstamo a García Moreno, lo que permitió concretar la llegada de los religiosos en 1863.
El 19 de abril de ese año se inauguró oficialmente el Colegio Vicente Rocafuerte bajo la tutela de los jesuitas, y el 20 de abril se iniciaron las clases con 74 estudiantes matriculados. Como era frecuente en el sistema educativo de la época, pronto se generaron retrasos en los pagos a la orden, lo que ocasionó tensiones entre el gobernador Vicente Piedrahita, el padre Hernáez y Miguel Jané. Para 1865 el conflicto se había disipado y los jesuitas comenzaron a ganarse el reconocimiento de la sociedad guayaquileña, por las mejoras introducidas en la enseñanza. Entre los docentes destacaron los padres Soberón, Vicente Ramírez y los sacerdotes de apellido Navarro, reconocidos por su formación científica. El prestigio del colegio atrajo estudiantes de diversas regiones del país. Entre sus alumnos más notables se contaron Emilio Estrada (1855–1911), futuro presidente de la República; César Borja (1851–1910); Francisco Martínez Aguirre; Manuel Antonio Franco; Alfredo Baquerizo Moreno y Eduardo Molestina.