thumb|Bosque de alcornoques en el sur de Portugal (Algarve). thumb|Ocupación potencial de los bosques ibéricos. thumb|Bosques de España según el Instituto Geográfico Nacional de España (IGNE). Los bosques de la península ibérica se encuadran dentro de dos grandes regiones de flora y vegetación: la eurosiberiana y la mediterránea. Cada una de ellas está caracterizada por una serie de plantas y comunidades vegetales que le son propias, además de tener otras muchas en común. La separación entre estas dos regiones no es clara ni tajante; existe una influencia mutua, que hace muy difícil establecer unos límites precisos: algunas especies tienen su óptimo precisamente en estos espacios intermedios.

Según un estudio elaborado por la Sociedad Española de Ciencias Forestales en septiembre de 2009, en España hay 17 804 millones de árboles, y cada año crecen una media de 284 millones más.«El número de árboles en España crece un 130% en 35 años.» El País. España es el segundo país de la Unión Europea con más superficie forestal, un total de 28 millones de hectáreas o el 57 % de su territorio, siendo la superficie arbolada, según el tercer inventario forestal, de 14,73 millones de ha y el resto de matorral mediterráneo. Suecia, con 30,9 millones de hectáreas (el 75 % de su territorio), es el país con más superficie de bosques; le siguen Finlandia, con 23,3 millones de ha; Francia, con 17,3 millones de ha; Alemania e Italia, con 11 millones de ha, respectivamente y Polonia, con 9,2 millones.

Origen y características La flora de la península, por sus condiciones bio-históricas, geográficas, geológicas, orográficas, etc., es una de las más ricas y variadas de toda Europa, comparable a la de países mediterráneos como Grecia e Italia e incluso de mayor diversidad; se calcula que incluye más de 8000 especies de plantas, muchas de ellas exclusivas (endemismos).

El Mediterráneo ha estado sometido en el pasado a grandes alteraciones de clima y vegetación, unido a unas variaciones, a veces muy grandes, en el nivel del mar y a variaciones en las posiciones relativas de las masas continentales (placas europea y africana). Con la entrada de plantas y el aislamiento, debido a las fluctuaciones marinas o a las periódicas glaciaciones, se puede encontrar una variada diversidad de especies vegetales.

La península ibérica, situada en una importante vía de paso entre África y Europa, se vio enriquecida con la llegada, según cambiaba el clima, de plantas esteparias, termófilas, xerófilas, orófilas, boreo-alpinas, etc., muchas de las cuales lograron mantenerse después, gracias a la diversidad de medios que existen en las cadenas montañosas, que les permiten subir en altitud si el clima se va haciendo más cálido, o descender si se vuelve más frío. La complejidad geológica de la mayoría de las montañas ibéricas, especialmente de las Béticas, Sistema Ibérico y Pirineos, aumentó aún mucho más el número de nuevos medios a que adaptarse e hizo posible la diversidad y riqueza de la flora actual.

La región eurosiberiana thumb|Bosque en Cantabria. Está representada por la zona atlántica, que se extiende desde el norte de Portugal, la mayor parte de Galicia, Principado de Asturias, Cantabria, País Vasco, noroeste de Navarra y Pirineos occidentales y centrales. No obstante, su influencia en forma de comunidades o especies concretas se extiende en muchos puntos hacia el interior, especialmente en las mitades norte y occidental. Se caracteriza por un clima húmedo, suavizado por la influencia oceánica, con inviernos templados-fríos y con una estación seca poco acentuada.

La vegetación está representada por bosques caducifolios de robles (Quercus petraea) y carballos (Quercus robur), con fresnedas de Fraxinus excelsior y avellanares en los suelos más frescos y profundos de fondo de valle. El piso montano se caracteriza por la presencia de hayedos y a veces, en los Pirineos, por abetales de Abies alba; estos hayedos y abetales ocupan las laderas frescas y con suelo profundo de las montañas no muy elevadas. La influencia mediterránea se siente en la presencia de encinares con laurel, que se sitúan en las crestas y laderas más cálidas, especialmente sobre suelos calizos, donde se acentúa la sequedad.

El aprovechamiento por el hombre a través de la historia ha transformado muchos de estos bosques en prados, que conservan en sus lindes restos de los setos o especies del primitivo bosque. La orla natural está formada por setos y espinares que se instalan en los calveros y partes aclaradas; están integrados por rosas silvestres, zarzas, endrinos, majuelos y otros arbustos más o menos espinosos; también pueden representar este papel, los piornales y retamares. Los siguientes son los principales bosques de esta zona.

Hayedos thumb|Bosque de hayas. Son los típicos bosques atlánticos que caracterizan el piso montano de la región eurosiberiana ibérica; se sitúan entre los 800 a 1500 , en suelos frescos y más o menos ricos, tanto calizos como silicios, si bien suelen estar casi siempre acidificados por el intenso lavado. El haya es un árbol que proyecta una sombra muy profunda, de forma que en sus formaciones tupidas quedan excluidas, en la mayoría de los casos, otras especies leñosas e incluso herbáceas. Su sotobosque por ello es muy pobre.

A pesar de su carácter atlántico, estos bosques penetran hasta el centro de la península, llegando al Moncayo; los hayedos más meridionales de la península; la Tejera negra en Somosierra-Ayllón y Montejo de la Sierra, este último en la provincia de Madrid. Refugiados en vaguadas y umbrías, donde encuentran condiciones favorables, su recuperación y repoblación al ser desforestados es muy difícil y son desplazados por el melojo. Cabe hacer mención especial a la Selva de Irati, en el pirineo navarro, uno de los más importantes bosques de hayedo-abetal existentes en Europa, con una superficie aproximada de 17 000 ha.

Robledales Los bosques de robles, sobre todo de carballos (Quercus robur), son los más característicos de la zona atlántica. Representan la formación forestal típica del piso basal, hasta unos 600 m de altitud. En altura, al ascender en las montañas, son sustituidos por los hayedos y en los fondos de los valles por fresnedas y avellanares. De los dos robles principales el carballo y el roble albar (Quercus petraea), el segundo es el que más penetra hacia el interior y el que más sube en altitud, pero desempeñando un papel secundario; en general, cuando el clima comienza a dejar notar su carácter continental, estos robledales son sustituidos por los de roble melojo.

El piso del roble es el más alterado, por ser el más adecuado para prados y cultivos. A los robles los acompañan con frecuencia castaños y abedules. Estos bosques al degradarse son sustituidos por espinares, piornales y en último extremo brezales y tojos. Al carballo correspondería en origen gran parte del área, ocupada actualmente por pinares y eucaliptales.

Abedulares En la provincia atlántica los abedules forman enclaves o bosquetes al pie de los cantiles rocosos o en los claros de los hayedos, sobre suelos más pobres y acidificados, acompañados por el temblón y el serbal de cazadores. Otras veces ocupa un piso propio, por encima del dominio del haya, en la zona montana de las montañas silíceas; este piso suele ser de poca extensión y generalmente asociado con el roble albar y serbales.

Abetales

El Abeto blanco (Abies alba) se sitúa en las laderas frescas y con suelo profundo de las faldas de los Pirineos, desde Navarra al Montseny, formando abetales puros o, con más frecuencia, bosques mixtos con el haya. Las masas más importantes están en Lérida, con unas 17 000 ha. En altitud se extiende desde los 700 a 1700 , pero sus principales masas se localizan en los valles más húmedos y umbrías; son bosques muy oscuros, con suelos muy ácidos, por la descomposición de las acículas. En altura es sustituido con cierta frecuencia por el Pinus uncinata (Pino negro). Estos abetales llevan a veces Acer pseudoplatanus (Arce blanco) y su sotobosque es muy similar al del hayedo. Como estos, tienen un claro significado eurosiberiano.

La región mediterránea Ocupa el resto de la península, la mayor parte de la misma y las islas Baleares, cuya característica principal, es la existencia de un periodo de sequía estival más o menos extenso, de dos a cuatro meses, pero siempre bien patente. La pluviosidad puede ser desde los 1500 mm hasta menos de 350 mm y temperaturas, sin ninguna helada fuerte en varios años, a zonas donde todos los inviernos se alcanzan los -20 °C o más.

Si se prescinde de la influencia de las montañas, la región mediterránea peninsular presenta como bosques típicos, los perennifolios de hoja endurecida: encinares, alcornocales, acebuchales, enebrales, etc. Dichos bosques vienen acompañados o reemplazados en las zonas más cálidas y erosionadas por pinares de pino carrasco y en los arenales y dunas fijas por sabinares y pinares de pino piñonero. Excepciones a esta regla, la constituyen la región más árida de sureste, zonas bajas de las provincias de Murcia y Almería, donde su única vegetación son los palmitos y espinares de artos y a mayor altura coscojares y lentiscales. Otro tanto se puede decir de zonas salinas o endorreicas, con grandes oscilaciones de temperatura, como la depresión del Ebro, Hoya de Baza y margas yesíferas del interior.

Melojares thumb|Bosque de melojos, Quercus pyrenaica.

El melojo o rebollo (Quercus pyrenaica) es de todos los robles el más resistente a la sequía y a los climas de matiz continental. Sus bosques, de carácter subatlántico, representan muchas veces el tránsito entre lo mediterráneo y lo atlántico. Su área peninsular es muy amplia y tienen una gran importancia, sobre todo en las montañas del centro. Desde el interior de Galicia y vertiente sur de la cordillera Cantábrica se extienden por el sistema Central, alcanzando por el sur, ya muy escasos, Sierra Nevada y Cádiz. Se suelen extender en altitudes desde unos 700-800  hasta los 1500-1600  Prefieren los suelos silíceos y sustituyen altitudinalmente a los encinares húmedos y alcornocales; en el piso superior dan paso a pinares de pino albar (Pinus sylvestris) o a los piornales serranos con enebro rastrero. En las zonas donde es más patente la influencia atlántica vienen seguidos como fase regresiva por brezales de Erica australis, en el resto son más frecuentes en sus claros y fases degradadas los jarales (jara con hoja de laurel) y cantuesos. Su área natural suele estar ocupada por pinares de pino albar o pino marítimo.

Sotos, bosques de ribera y fondo de valle En esta región, representan enclaves de bosques caducifolios favorecidos por la humedad del suelo, que se mantiene casi todo el año; esto les permite evitar el largo período de sequía estival, que caracteriza al clima mediterráneo. thumbnail|left|Bosque de ribera, río Tajuña. En ellos se da un bandeado característico, desde el borde del cauce al exterior, de modo que los bosques más freatófitos se sitúan en el borde (alisedas, saucedas) y los menos dependientes del agua en el exterior (fresnedas, olmedas, choperas).

Estos bosques están formados por sauces, chopos, alisos, fresnos, olmos y a veces también por melojos, tilos, abedules y avellanos. Cuando la presencia de la humedad empieza a disminuir en zonas más áridas del Valle del Ebro, Levante y mitad meridional de la Península, la aridez viene a menudo acompañada por un aumento de sales en el suelo; en estas condiciones nos encontramos con formaciones de arbustos de tamariscos, adelfas y carrizo (Saccharum ravennae), a veces acompañados por algún brezo. En los suelos silíceos no salinos, como los de Sierra Morena y Montes de Toledo, con tamujales, que en las situaciones más cálidas, van acompañadas de adelfas y tamariscos.