Ray of Light es el séptimo álbum de estudio de la cantante estadounidense Madonna, publicado el 22 de febrero de 1998 por Maverick y Warner Bros. Records. El disco supuso un marcado cambio estilístico y estético respecto a su anterior trabajo de estudio, Bedtime Stories (1994), al incorporar de forma predominante la música electrónica dentro de un marco de pop y dance. Asimismo, integra elementos de diversos géneros y subgéneros, como el techno, trip hop, house, drum and bass, ambient, el rock y la música clásica. Sus letras y atmósfera presentan una fuerte carga mística y espiritual, influenciada por el acercamiento de la cantante a la cábala, sus estudios del hinduismo y el budismo, y su práctica del yoga.
Tras el nacimiento de su primera hija, Madonna inició el desarrollo del álbum junto a los productores Babyface y Patrick Leonard. Las sesiones con ambos no ofrecieron resultados satisfactorios, por lo que la artista adoptó una nueva dirección musical con el productor británico William Orbit, cuya colaboración resultó decisiva para el sonido final del proyecto. La grabación se prolongó durante más de cuatro meses —el proceso más extenso de su carrera hasta entonces— y se vio afectada por problemas técnicos relacionados con el sistema Pro Tools, que ocasionaron interrupciones y retrasos. Durante este período, Madonna amplió su registro vocal y adoptó un timbre más pleno, influida en parte por su preparación para la película Evita (1996).
Tras su lanzamiento, el álbum recibió la aclamación generalizada de la crítica especializada, que elogió la evolución artística de la cantante, la complejidad de la producción de Orbit y su interpretación vocal, más madura y contenida. Con frecuencia se le considera su magnum opus y uno de los trabajos más influyentes de su carrera. En la 41.ª edición de los Premios Grammy, obtuvo cuatro galardones de un total de seis nominaciones, entre ellos el de mejor álbum vocal de pop. En el plano comercial, alcanzó el primer puesto en las listas de ventas de diecisiete países, entre ellos Alemania, Australia, Canadá, España y el Reino Unido, mientras que en Estados Unidos debutó en el número dos del Billboard 200, donde registró en su primera semana las mayores ventas de una artista femenina hasta ese momento. A nivel mundial, ha vendido más de dieciséis millones de copias.
Del álbum se publicaron cinco sencillos, entre los que destacaron «Frozen» y «Ray of Light», ambos éxitos internacionales. La promoción incluyó presentaciones televisivas y actuaciones en ceremonias de premios, y culminó con la gira Drowned World Tour en 2001, que también promovió su siguiente trabajo, Music (2000). Críticos y especialistas han destacado su impacto en la música popular, en particular por su papel en la incorporación de la música electrónica a la corriente mainstream y por reafirmar la vigencia de Madonna en un contexto dominado por el pop adolescente. Con el paso del tiempo, ha sido incluido en numerosas listas de los mejores álbumes de la historia, como Los 500 mejores álbumes de todos los tiempos de la revista Rolling Stone y el libro 1001 discos que hay que escuchar antes de morir.
Antecedentes thumb|upright|Para Ray of Light, Madonna trabajó con el productor William Orbit después de que Guy Oseary (imagen), socio de la discográfica Maverick, contactara con él y le solicitara algunas melodías para la cantante.
Tras el lanzamiento de su álbum recopilatorio Something to Remember (1995), Madonna comenzó a tomar lecciones de canto como parte de su preparación para su papel en la película Evita, estrenada en 1996. Ese mismo año dio a luz a su hija Lourdes. Según la intérprete, estos acontecimientos la inspiraron y la llevaron a un proceso de introspección: «Ese fue el gran catalizador para mí. Me llevó a una búsqueda de respuestas a preguntas que nunca antes me había hecho», reveló a la revista Q en 2002. Más aún, durante ese mismo período se involucró en la cábala y comenzó a estudiar el hinduismo y el yoga, lo que le ayudó a «dar un paso hacia afuera y ver el mundo desde una perspectiva diferente». Las lecciones de canto fueron otro factor relevante en el proceso creativo del disco. Madonna sintió que había «una parte completa» de su voz que no estaba utilizando y que decidió explorar durante las grabaciones. En mayo de 1997 comenzó a escribir las primeras canciones del álbum. Inicialmente colaboró con Babyface, quien ya había trabajado en Bedtime Stories (1994). Compusieron un par de canciones antes de que la cantante decidiera que la colaboración no seguía la dirección musical que deseaba para el proyecto. Según Babyface, las canciones «tenían una sonoridad similar a "Take a Bow", y Madonna no quería, o necesitaba, repetirse a sí misma».
Tras descartar los temas compuestos con Babyface, la intérprete recurrió al músico Rick Nowels, quien había coescrito canciones con Stevie Nicks y Céline Dion. Esta colaboración produjo siete pistas en nueve días, aunque solo tres de ellas —«The Power of Good-Bye», «To Have and Not to Hold» y «Little Star»— fueron incluidas en la selección final; aun así, no reflejaban la influencia electrónica que terminaría caracterizando al álbum. Posteriormente, Madonna comenzó a componer con Patrick Leonard, productor de varios de sus temas a finales de la década de 1980. A diferencia de sus trabajos anteriores, las sesiones con Leonard no se acompañaron de un intenso trabajo en estudio. La cantante consideró que la producción de Leonard «le habría imprimido un estilo similar al de Peter Gabriel en sus canciones», un sonido que no deseaba para su álbum. Más tarde, Guy Oseary, socio de Maverick Records, contactó a William Orbit, un artista de música electrónica británico, y le sugirió enviar algunas de sus propuestas a Madonna. Orbit le envió entonces una cinta de audio digital con trece pistas. La cantante explicó: «era una gran fanática de las primeras grabaciones de William, "Cargo 1 y 2" y todas esas. También me gustaron todas las remezclas que hizo para mí y estaba interesada en fusionar una especie de sonido futurista, pero también usar muchas influencias indias y marroquíes y cosas así, y quería que sonara viejo y nuevo a la vez».
Grabación
Antes de comenzar a trabajar, Madonna se reunió por primera vez con Orbit en su casa de Nueva York para mostrarle el material que había compuesto con los otros productores, el cual él calificó como «pulido». Días más tarde, acudieron al estudio Hit Factory, donde la intérprete lo invitó a colaborar en la producción de su álbum. De este modo, Orbit comenzó a enviarle cintas con fragmentos de la música en la que estaba trabajando, generalmente compuestos por frases de ocho o dieciséis barras de compás y versiones simplificadas de las melodías que más tarde se incluirían en el disco. Madonna escuchaba las cintas varias veces hasta que encontraba la inspiración para escribir las letras. Una vez que tenía una idea sobre la dirección lírica de la canción, se la mostraba a Orbit, y juntos desarrollaban y expandían esas propuestas. Como la mayoría de las demos instrumentales ya estaban grabadas, la cantante trabajaba en las letras y melodías tanto en su hogar como durante sus desplazamientos.
Las grabaciones tuvieron lugar en Los Ángeles, California en 1997 y se extendieron durante cuatro meses y medio, el periodo de grabación más largo de un álbum de Madonna. Durante la mayor parte de este tiempo, solo tres personas acompañaron en el estudio a la cantante: Orbit, el ingeniero Pat McCarthy y su asistente personal Matt Silva. En un inicio, el proceso de grabación estuvo marcado por problemas técnicos, dado que Orbit prefería trabajar con samples, sonidos de sintetizador y Pro Tools, en lugar de música en vivo. Los sistemas de grabación sufrieron un problema técnico, lo que obligó a suspender las grabaciones hasta que pudieron ser reparados. Orbit grabó casi toda la instrumentación del álbum durante estos cuatro meses; en una entrevista recordó que tocaba la guitarra durante tantas horas que sus dedos acababan sangrando debido a las largas jornadas en el estudio.
«Mer Girl» y «Ray of Light» fueron las únicas canciones en las que Madonna no compuso parte de la música. En «Mer Girl» únicamente escribió la letra, mientras que en «Ray of Light» su contribución se limitó a modificar y añadir algunos versos. Tras enfrentar dificultades con la pronunciación de los shloka en sánscrito de «Yoga Taravali» —utilizados en «Shanti/Ashtangi»—, Madonna tomó clases telefónicas con el gurú Vagish Shastri para aprender la pronunciación correcta de las palabras en dicho idioma. En una entrevista con MTV, la cantante también señaló que Guy Oseary fue una de las personas que más influyeron en la creación del álbum. Comentó: «Justo cuando pensaba que la canción estaba lista, él nos empujaba un paso adelante. "Tal vez debamos probar esto", o "Realmente no quiero escuchar eso" [...] Y a veces funcionaba y a veces no, ¡y era feliz cuando no!». En otra ocasión, Orbit mencionó que Madonna grabó «Swim» el mismo día en que Gianni Versace, diseñador de moda y amigo personal, fue asesinado en Miami, lo que otorgó al tema un profundo impacto emocional para la cantante.
Composición thumb|upright|Madonna interpretando el tercer sencillo y tema que abre el álbum, «Drowned World/Substitute for Love», durante el Confessions Tour de 2006.
Desde el punto de vista musical, este lanzamiento supuso un cambio notable respecto a los trabajos anteriores de Madonna y ha sido descrito como su disco «más arriesgado». Si bien se inscribe principalmente en el pop, el dance y la electrónica, "Ray of Light" incorpora elementos de diversos estilos musicales, como techno, house, drum and bass, trip hop, ambient, rock, new wave y música clásica. El álbum también supuso un cambio en el registro de Madonna, quien había tomado clases de canto para su papel en la película Evita; su timbre se volvió más grave y su rango más amplio. En muchas canciones, como «Frozen», abandonó el vibrato característico de sus obras anteriores. Por ello, los críticos consideraron su registro vocal entre los más destacados y completos de su carrera.