thumb|200px|Escriba iraquí. El escriba era el copista o amanuense de la Antigüedad. En la civilización del Antiguo Egipto, era un personaje fundamental, culto, experto en la escritura jeroglífica y pictográfica, y conocedor de los secretos del cálculo, siendo el único capaz de evaluar los impuestos, asegurar los trabajos de construcción y transcribir las órdenes del faraón. Para los hebreos era el copista de las Sagradas Escrituras y, posteriormente, incluso el doctor e intérprete de la ley.
Etimología La palabra española escriba procede del latín: scriba. En hebreo so·fér, procede de una raíz que significa “contar”, y se traduce “secretario”, “escribano”, “copista”; y la palabra griega gram·ma·téus se traduce “escriba”, “instructor público”; el término alude a un animal que trabaja.
Escribas del Antiguo Egipto
thumb|200px|El escriba sentado egipcio de la dinastía V. siglo XXIV a. C. Museo del Louvre.
El escriba egipcio solía proceder de la clase baja, pero era inteligente y educado. Sus útiles eran una paleta con huecos para tintas de diferentes colores, una jarra de agua y un cálamo de papiro con su estuche. Conocía bien los documentos legales y comerciales de la época, y los preparaba al dictado o de otras maneras, un trabajo por el que recibía una remuneración.
Escriba del antiguo Próximo Oriente
Desde la antigüedad, los escribas han sido personas dedicadas a ser copistas, personajes cultos que escribían y llevaban el control de las leyes, asuntos de impuestos, arquitectura y cálculos.
El término latín «scriba» y el hebreo «so-fer» transmiten la idea de un secretario, copista o escribano, y asimismo de una persona instruida intelectualmente. La labor de los escribas era considerada muy amplia e importante, y ellos eran vistos como maestros.
En general, estos hombres pertenecían a la clase humilde; sin embargo, hubo muchos escribas que llegaron a ser reconocidos en sus naciones.
Origen de los escribas
El surgimiento de los escribas se remonta al y a la cultura egipcia, la cual utilizaba escribas para que copiaran, contabilizaran y clasificaran datos en papiros, jeroglíficos u ostracas.
Así, los escribas gozaban de un alto rango en la casa del faraón y eran considerados los hombres más instruidos. De hecho, ser copista era considerado un arte, pues en aquel entonces casi ningún egipcio sabía leer.
Posteriormente, casi todas las naciones empezaron a contar con escribas y esta labor se volvió imprescindible tanto en el aspecto económico como en el religioso.
Diferencias entre los escribas y los fariseos
Artículo principal: Fariseos.
Los escribas y fariseos son casi siempre mencionados uno junto al otro, pero si bien los escribas pertenecían al grupo de los fariseos, estos no eran los mismos.
Las principales diferencias entre escribas y fariseos son las siguientes:
Los escribas se ocupaban de la escritura de documentos importantes, los fariseos se encargaban de representar a la nación. Los escribas eran intelectuales que se ocupaban de servicios secretarios, los fariseos conocían las leyes y se encargaban de instruir oralmente. Los escribas contabilizaban y sacaban cuentas económicas, los fariseos se ocupaban de los negocios. Los escribas le daban más importancia al culto y la intelectualidad, los fariseos ligaban las anteriores a la religión y sus doctrinas.
Los escribas de los pueblos de Mesopotamia
Los escribas ejercían distintas tareas como redactar textos, clasificarlos y archivarlos. Para ejercer dicha tarea, desde una temprana edad se les instruía con base en el largo aprendizaje obligatorio de la escritura cuneiforme. Este proceso de aleccionamiento era muy largo debido a la complejidad de dicha escritura; era, de algún modo, similar al de los egipcios, y también era muy costoso. Generalmente, era una formación que recibían alumnos pertenecientes a familias nobiliarias o comerciantes.
Los discípulos no mesopotámicos, tenían que combinar su conocimiento de su lengua y su escritura maternas con la sumeria.
Los aprendices de escriba estudiaban en escuelas sumerias especializadas o Eduba ("Casa de las Tablillas"), que dependían del templo o del palacio. Los materiales que empleaban el cálamo y las tablillas de arcilla. A partir de los 7 años, los jóvenes escribas aprendían a leer escribir y contar. Pasados dos años, pasaban a la parte práctica: aprender cuestiones administrativas y redactar textos jurídicos. Al finalizar su formación, podían desempeñar su cargo en palacios o templos.
El papel del escriba era muy importante en la sociedad. Los escribas cumplían diversas funciones: eran contratistas, contables, archivadores, traductores y copistas de textos escritos (religiosos, científicos, históricos, judiciales, etc.) . Trabajaban comúnmente en la administración de los templos y palacios. Solo los mejores servían en las instituciones gubernamentales, pues trabajaban directamente para el rey o para el sumo sacerdote, y también para los organismos del gobierno; se dedicaban a la gestión de impuestos, trabajo, racionamiento y aprovisionamiento de los alimentos, alistamiento militar, etc. En cambio, los menos preparados desempeñaban oficios de carácter doméstico (compra-venta, préstamos, alquileres, etc.) En algunas ciudades como Babilonia los escribas desempeñaban la tarea fundamental de registrar en las tablillas las transacciones comerciales. Se podía traspasar el cargo de escriba de forma hereditaria. No obstante, carecía de reconocimiento social.
Escribas hebreos
Los escribanos hebreos actuaban como notarios públicos, preparando certificados de divorcio y registrando otras transacciones. Al menos en tiempos posteriores, no tenían ninguna tarifa fija, de manera que se podía negociar con ellos el precio de antemano. Por lo general solo uno de los interesados pagaba el costo de la transacción, pero a veces ambas partes compartían los gastos. Ezequiel vio en una visión a un hombre con un tintero de secretario marcando sobre la frente a sus contemporáneos (Eze 9,3-4).
Escribas en la Biblia
En la tribu de Zabulón estaban los que poseían el “equipo de escribano” para numerar y registrar las tropas (Jue 5:14; compárese con 2Re 25:19; 2Cr 26:11). Había escribas o secretarios relacionados con el trabajo en el templo (2Re 22:3). El secretario del rey Joás trabajaba con el sumo sacerdote en contar el dinero que se había contribuido, y luego se lo daba a los que pagaban el salario a los trabajadores que reparaban el templo (2Re 12:10-12). Baruc escribía lo que el profeta Jeremías le dictaba (Jer 36:32). Los secretarios del rey Asuero de Persia escribieron bajo la dirección de Hamán el decreto que promulgaba la destrucción de los judíos, y más tarde redactaron el contradecreto bajo la supervisión de Mardoqueo (Est 3:12; 8:9).
Copistas de las Escrituras
200px|thumb|Escriba judío.
En los días del sacerdote Esdras se empezó a reconocer a los escribas (soh·ferím, “soferim”) como grupo diferenciado. Estos eran copistas de las Escrituras Hebreas, muy cuidadosos en su trabajo, y les aterraban los errores. Con el transcurso del tiempo se hicieron extremadamente meticulosos, hasta el grado de que no solo contaban las palabras copiadas, sino incluso las letras. El hebreo se escribió solo con consonantes, hasta varios siglos después de Cristo, y omitir o añadir una sola letra hubiera cambiado con facilidad una palabra en otra. Si se detectaba el más mínimo error, por ejemplo, que una sola letra estuviera mal escrita, toda aquella sección del rollo se rechazaba como no apta para la sinagoga. Dicha sección se eliminaba y reemplazaba por otra nueva en la que no hubiese errores. Antes de escribir una palabra, la leían en voz alta.Se dice, que escribas religiosos limpiaban con gran meticulosidad su pluma antes de escribir la palabra Elohím (Dios) o ´Adonay (Señor Soberano).
Sin embargo, a pesar de este cuidado extremo por evitar errores involuntarios, con el transcurso del tiempo los soferim empezaron a tomarse libertades introduciendo cambios en el texto. Cambiaron el texto hebreo primitivo en 134 pasajes a fin de que leyese ´Adho·nái en lugar de Yahveh. En otros pasajes se utilizó como sustituto la palabra ´Elo·hím. Muchos de los cambios que hicieron los soferim se debieron a un espíritu supersticioso con relación al nombre divino, y también para evitar antropomorfismos, es decir, atribuir a Dios atributos humanos. Los masoretas, nombre por el que se llegó a conocer a los copistas siglos después de Cristo, se dieron cuenta de las alteraciones que habían hecho los soferim y las registraron en el margen o al final del texto hebreo. Estas notas marginales llegaron a conocerse como la masora. En quince pasajes del texto hebreo los soferim marcaron ciertas letras o palabras con puntos extraordinarios. No hay consenso sobre el significado de estos puntos extraordinarios.
La masora de los textos hebreos, es decir, la escritura en letra pequeña al margen de la página y al final del texto, contiene una nota al lado de varios pasajes hebreos que lee: “Esta es una de las dieciocho enmiendas de los soferim”, u otra frase similar. Estas enmiendas se hicieron porque se pensaba que los pasajes originales del texto hebreo eran irreverentes para con Dios o irrespetuosos para con sus representantes terrestres. Aunque bien intencionada, fue una alteración injustificada de la Palabra de Dios.En el apéndice de la Traducción del Nuevo Mundo, se encuentra una lista de todas la enmiendas de los soferim.
Los escribas, maestros de la Ley
En un principio, los sacerdotes eran a su vez escribas (Esd 7:1-6). Sin embargo, se dio mucha importancia a que todos los judíos tuvieran conocimiento de la Ley. Los que estudiaron y obtuvieron una buena formación consiguieron el respeto del pueblo, y con el tiempo estos eruditos, muchos de los cuales no eran sacerdotes, formaron un grupo independiente. Por ello, en el tiempo de Jesús la palabra “escribas” designaba a una clase de hombres a quienes se había instruido en la Ley. Estos hicieron del estudio sistemático y de la explicación de la Ley su ocupación. Se les contaba entre los maestros de la Ley o los versados en ella (Lu 5:17; 11:45). Por lo general pertenecían a la secta religiosa de los fariseos, pues este grupo reconocía las interpretaciones o “tradiciones” de los escribas, que con el transcurso del tiempo habían llegado a ser un laberinto desconcertante de reglas minuciosas y técnicas. La expresión “escribas de los fariseos” aparece varias veces en las Escrituras. (Mr 2:16; Lu 5:30; Hch 23:9). Este hecho puede indicar que algunos escribas eran saduceos, que creían solo en la Ley escrita, mientras que los escribas de los fariseos defendían con celo tanto la Ley como las tradiciones orales que se habían ido acumulando, ejerciendo una influencia aún mayor que los sacerdotes en la conciencia popular. Los escribas se encontraban sobre todo en Jerusalén, aunque también se les podía hallar por toda Palestina y en otras tierras entre los judíos de la Diáspora (Mt 15:1; Mr 3:22; compárese con Lu 5:17).