El Programa Cóndor también conocido como Misil Cóndor fue un proyecto tecnológico de la Fuerza Aérea Argentina desarrollado entre fines de los años setenta y la década de 1980.
Originado como un demostrador tecnológico de un lanzador satelital de la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), fue reconvertido en un proyecto de misil balístico tras la guerra de las Malvinas. Su desarrollo fue llevado a cabo por grupos de investigación de la Fuerza Aérea Argentina con apoyo del Instituto de Investigación y Verificación Alemán para la Aviación y los Vuelos Espaciales, proveedores privados como Messerschmitt-Bölkow-Blohm y SNIA S.p.A., y con financiamiento de Egipto, quienes a su vez recibían dinero de Irak.
Su desarrollo fue polémico desde su reconversión a un proyecto militar, tanto por su naturaleza como por presiones internacionales, principalmente de los Estados Unidos y el Reino Unido, quienes temían que un plan de semejante envergadura, con potenciales capacidades nucleares y único en el subcontinente, podía desestabilizar la región e iniciar una carrera armamentista entre los países sudamericanos, los cuales en su mayoría todavía se encontraban bajo dictaduras militares y con litigios territoriales. Las presiones llegaron a su máximo con el fin de la guerra del Golfo, donde al descubrirse el rol iraquí en el proyecto, el presidente Carlos Menem ordenó la cancelación.
La cancelación del Cóndor llevó a la disolución de la CNIE y el traslado de las actividades espaciales del país de manos militares a civiles con la creación de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, y la adhesión de la Argentina al Régimen de Control de Tecnología Misilística.
Antecedentes miniaturadeimagen|Preparativos para el lanzamiento del cohete sonda Orión II. El 4 de octubre de 1957 la Unión Soviética, motivada por las capacidades duales de sus misiles balísticos intercontinentales, lanzó el primer satélite artificial de la historia, el Sputnik 1, desencadenando en la carrera espacial. Dicha carrera llevó al avance e institucionalización de la exploración espacial con la creación de distintas agencias espaciales. La Argentina crearía mediante el decreto presidencial n.º 1164 del 28 de enero de 1960 la Comisión Nacional de Investigaciones Espaciales (CNIE), la primera agencia espacial de América Latina y una de las primeras del mundo. A pesar de que la agencia era un organismo de funciones pacíficas y civiles, era administrada por la Secretaría de Aeronáutica y su directorio estaba conformado en su mayoría por miembros de las Fuerzas Armadas. Esto se debía a la compleja relación que tenía el presidente Arturo Frondizi con las instituciones militares, que lo destituirían dos años después. Esta estructura, cuyos miembros participaban de manera ad honorem, resultó ser poco efectiva y complicó distintos proyectos espaciales del país.
A pesar de esto, la CNIE obtuvo numerosos logros en el campo de los cohetes sonda, realizando cooperaciones con las agencias espaciales de Alemania Occidental, Estados Unidos y Francia, posicionando a Argentina como referente de la actividad espacial en Latinoamérica. Inclusive, alcanzó a influir y asesorar en la creación de la agencia espacial peruana: la Conida.
Las capacidades de los cohetes sondas incrementaron en cada proyecto, esto, sumado a los intereses de incursionar en un proyecto satelital, llevaron naturalmente a que la CNIE considere la idea de desarrollar un lanzador orbital propio, como sus pares extranjeros. La primera documentación de la CNIE realizada sobre este tema, es un informe redactado por el entonces vicepresidente de la institución, comodoro Juan José Tasso, fechado el 30 de julio de 1969 y titulado Posibilidades de colocación de satélites en órbitas cercanas, donde se realizó un estudio sobre la posibilidad de desarrollar un proyecto satelital y orbitador a nivel nacional. En dicho reporte, Tasso planteó la posibilidad de realizar un programa incremental con una fuerte base de cooperación internacional, realizando al principio una construcción y diseño del proyecto extranjeros, para marchar paulatinamente reemplazando por componentes nacionales hasta lograr un desarrollo completamente local, y así, poder aumentar la experiencia de los técnicos argentinos mediante transferencia tecnológica, un método que ya había sido aplicado de manera exitosa en el desarrollo de los cohetes sonda argentinos. Tasso recomendó la utilización de combustible sólido ya que era una tecnología dominada por su extenso uso en los cohetes sonda, y planteó la posibilidad de realizar una familia de cohetes gracias a la flexibilidad de los motores cohete argentinos. A su vez, realizó una crítica sobre la estructura orgánica de la CNIE, particularmente sobre el sistema de trabajo ad honorem y la falta de un presupuesto adecuado. De todas maneras, Tasso concluyó que de iniciarse los trabajos de inmediato, se habría podido tener un lanzador y satélite nacional para el año 1977.
Si bien el informe de Tasso no logró influir en lo inmediato hacia el avance del desarrollo de un lanzador orbital, en el desarrollo del Programa Cóndor se tomaron indirectamente en cuenta sus recomendaciones.
Inicios Tras el reporte de Tasso, la CNIE no realizaría mayores estudios sobre un lanzador orbital por varios años, pero la Fuerza Aérea mantenía en secreto un proyecto de un cohete militar de grandes dimensiones. Los trabajos iniciaron en 1971, y el 10 de octubre de ese año, se inauguraría la Planta Piloto de Propulsantes, lo que permitió el desarrollo de combustible sólidos en el país, ya que hasta entonces el combustible compuesto que utilizaban los cohetes argentinos provenía de Francia. Se construyó un demostrador tecnológico llamado SS-40, cuyo primer lanzamiento se realizó en junio de 1974. Este lanzamiento fue exitoso y demostró que la Argentina podía producir su propio combustible compuesto para cohetes. Los sucesivos lanzamientos realizados hasta 1975 llevaron a proyectar el desarrollo de un nuevo vehículo, cuyo rango aumentaría de los originales 40 km a 2000.
Tras una disminución del ritmo de trabajo hacia 1975, el comodoro Andrés Francisco Alvarisqueta entregó un reporte sobre el proyecto el 30 de abril de 1979. En él, el militar manifestó la falta de una ejecución total del presupuesto asignado al proyecto y la falta de personal capacitado para resolver problemas de diseño. A su vez, propuso que se completara la Planta de Propulsantes Compuestos y valerse de los conocimientos que la CNIE tenía de guiado y control y sus contactos internacionales. Esta sería la primera vez que se menciona un proyecto con capacidades duales, tanto un proyecto de lanzador satelital como misil balístico. El 10 de agosto de 1979, el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Omar Graffigna aprobó de manera secreta el llamado Plan de Satelización, cuyo encargado sería el brigadier Edgardo Carlos Augusto Stahl.
Personal e instalaciones En 1979 el Comando en Jefe de la Fuerza Aérea inició la construcción de la planta de en Falda del Cañete, provincia de Córdoba, a vera de la Ruta Provincial C 45. Para despistar a la inteligencia extranjera, la instalación se llamó «Falda del Carmen», otra localidad cordobesa. La nueva planta se construyó para satisfacer las ambiciosas necesidades del Cóndor y mantener secreto el desarrollo del programa. Las empresas Techint y Delta realizaron las obras en el predio, que medía 474 hectáreas. La construcción cubrió un total de distribuidos en 50 edificios, la mayoría construidos bajo especificaciones militares. Complementaban 9 km de caminos que interconectaban los tres lugares principales de la base. Los trabajos finalizaron en 1983.
Ingenieros de procedencia civil y militar recibieron capacitación por parte de las empresas en MBB y SNIA.
Selección de los proveedores Stahl decidió llevar a cabo el proyecto bajo la modalidad llave en mano, para así poder garantizarse en el corto plazo el apoyo del jefe de la Fuerza Aérea. A partir de allí, el brigadier conformó una comisión para viajar a Alemania Federal, Francia, Israel e Italia. Los ofertantes israelíes aseguraban a los miembros de la comisión argentina que podían cumplir con todos sus requerimientos, pero no podían mostrar sus instalaciones ni avances debido a cláusulas de confidencialidad, algo que no generó una buena impresión en los argentinos, sumado a la falta de un precio fijo. Por ese entonces, Israel se encontraba desarrollando un programa similar de misiles balísticos llamados Jericho, que eventualmente llevaría al lanzador Shavit. Israel terminaría trabajando con Sudáfrica, país que desarrollaría el lanzador RSA-3.
En Alemania, la comisión inició conversaciones con las empresas Messerschmitt-Bölkow-Blohm (MBB) y Dornier Flugzeugwerke. MBB ofreció sus servicios para el desarrollo de motores, toberas, aerodinámica, electrónica y control térmico. En Italia, se iniciaron conversaciones con la empresa SNIA S.p.A., que se especializaba en la fabricación de propulsante sólido.
La comisión finalmente decidió elegir como contratista principal a MBB con la condición que esta subcontratara a SNIA para llevar a cabo el desarrollo del propulsante sólido. En 1980, la FAA contrató a Consen (Consulting Engineers), una empresa subsidiaria de la MBB creada para proveer la asesoría técnica. Otra empresa auxiliar era Transtechnica, que proporcionó la transferencia tecnológica requerida.
Por ese entonces, la CNIE era la responsable de los convenios de cooperación internacional, el presidente de dicha entidad, Miguel Sánchez Peña, había sido el encargado de la dirección de los proyectos de colaboración con el Instituto de Investigación y Verificación Alemán para la Aviación y los Vuelos Espaciales (DFVLR), una relación de particular interés teniendo en cuenta la relación del contratista principal con el centro. El 31 de agosto de 1980, con la consolidación del programa, el brigadier general Graffigna convirtió a la Fuerza Aérea en el único responsable del programa. La CNIE vio limitada su relación con la DFVLR a sensores remotos, energías alternativas y otros proyectos de menor prioridad.
Transformación en proyecto militar Punto de inflexión: la guerra de las Malvinas thumb|La derrota en la guerra de las Malvinas llevó a la imposición de un embargo de armas en la Argentina, y motivó a la Fuerza Aérea Argentina a continuar el desarrollo del Cóndor como un programa militar. En abril de 1982, la Junta Militar integrada por Leopoldo Galtieri, Jorge Anaya y Basilio Lami Dozo, ordenó la recuperación de las islas Malvinas y Georgias del Sur, que estaban en poder del Reino Unido. El conflicto armado se volvió inevitable.
La Argentina se vio una situación difícil ante las restricciones de armas impuestas por los países de la OTAN. Las naciones del bloque occidental apoyaron a Margaret Thatcher desde el primer día. Por ejemplo, inmediatamente iniciado el conflicto, los técnicos franceses de la Aérospatiale que estaban calibrando al misil Exocet AM 39 de la Armada abandonaron el país bajo presión del Gobierno británico. La Fuerza Aérea comenzó a carecer de repuestos promediando la guerra.
La dependencia tecnológica de los países europeos motivó a los oficiales de la FAA a continuar el desarrollo del Cóndor II para prevenir una situación similar en el siguiente conflicto. Terminado el conflicto el 14 de junio de 1982 con la rendición argentina, unos 50 oficiales aeronáuticos comenzaron a concertar reuniones en la Escuela Superior de Guerra Aérea. La institución castrense planteó el desarrollo de 36 proyectos distintos. Entre ellos estuvo un misil balístico de alcance medio que permitiera alcanzar las Malvinas.