thumb|El alfabeto fenicio (centro) dio lugar los alfabetos griego y latino (izquierda) y a los alfabetos arameo/hebreo y árabe (derecha)

Un alfabeto o sistema de escritura alfabético es un sistema de escritura formado por signos que en general representan fonemas, es decir, sonidos contrastivos para una lengua determinada; estos signos, llamados letras, se escriben en secuencias lineales de orden equivalente a las de los sonidos en la lengua oral. Un alfabeto contrasta con otros sistemas de escritura fonográficos como los silabarios, en los que no se representan fonemas individuales sino grupos de fonemas (idealmente sílabas). Contrasta también con sistemas no fonográficos, como los basados en logogramas, tales como los caracteres chinos.

Por otro lado, se puede distinguir entre los alfabetos propiamente dichos, en los que se representan tanto vocales como consonantes de manera similar, de otros sistemas alfabéticos en los que las vocales o no se representan en absoluto o en todo caso se representan de manera secundaria y diferente que las consonantes: en los abyads, las vocales normalmente no se escriben, si bien en la mayoría se pueden representar opcionalmente como signos auxiliares; en los abugidas, lo que se representan son sílabas pero tomando como base del signo el de una consonante más una vocal por defecto, con signos modificados cuando la vocal es otra. Vienen a ser sistemas intermedios entre los silabarios propiamente dichos y los alfabetos.

También se denomina alfabeto o abecedario de una lengua al conjunto ordenado de sus letras. Es también la agrupación que se lee con un orden determinado (orden alfabético) de los grafemas utilizadas para representar el lenguaje que sirve de sistema de comunicación.

Etimología

El término alfabeto procede del griego ἀλφάβετον (alfábeton), derivado de las dos primeras letras griegas ἄλφα (alfa, α) y βῆτα (beta, β), derivadas a su vez de las letras fenicias ʾalp y bēt, que significaban ‘buey’ y ‘casa’ respectivamente. El alfabeto griego es una adaptación del alfabeto fenicio, que también dio lugar entre otros al hebreo y al árabe. Por su parte, el término «abecedario» proviene del latín tardío abecedārium, también derivado del nombre de las primeras letras, en este caso cuatro: a (a), b (be), c (ce) y d (de).

Algunas letras pueden recibir uno o varios signos diacríticos con el fin de diferenciar los sonidos de la lengua o poder evitar las ambigüedades. De la misma forma, el alfabeto puede ser extendido por el uso de letras suplementarias. Las evoluciones fonéticas de una lengua van a un ritmo diferente al de la forma escrita. Debido principalmente a esto, las escrituras alfabéticas no garantizan una correspondencia unívoca entre fonemas y grafemas; ejemplos extremos son las ortografías del inglés y del francés, altamente irregulares.

En otros ámbitos (matemáticas, y otros sistemas formales, por ejemplo), un alfabeto es un conjunto finito y ordenado de símbolos a partir del cual se construyen palabras y fórmulas bien formadas. En arqueología, un abecedario es una epigrafía antigua que contiene las letras de un alfabeto.

De la escritura antigua al alfabeto El paso de la escritura al alfabeto es uno de los procesos más importantes de la historia. Se trata de un reflejo clave de la cultura del Próximo Oriente Antiguo, así como posteriormente de la civilización mediterránea. El alfabeto supuso una innovación frente a los sistemas de escrituras anteriores, como la escritura cuneiforme de Mesopotamia y la escritura jeroglífica de Egipto. El alfabeto permitió simplificar el modo de representar el lenguaje escrito, pero esta innovación surge como el resultado del contacto cultural entre distintas sociedades del II milenio a. C.

Los estudios sobre la escritura señalan que el alfabeto es el último escalón de un proceso evolutivo que parte de sistemas logográficos y silábicos, que estaban solo destinados a las élites de estas civilizaciones. La transición nace de la búsqueda de representación de sonidos individuales del habla mediante un número reducido de signos, creando un sistema más sencillo y diferenciado de los sistemas anteriores. A su vez, esto permitió que fuese más sencillo aprender a escribir, por lo que más sectores de la sociedad pudieron comenzar a utilizar la escritura. Su éxito no se relaciona solo con un avance técnico, sino también con una respuesta eficiente a las necesidades lingüísticas, y se convirtió en una herramienta única para la difusión cultural.

Alfabeto semita En el templo de Serabit el-Khadim, en la costa oeste de la península de Sinaí, Flinders Petrie halló en 1904-1905 una estatua votiva dirigida a Hathor, una esfinge de piedra arenisca con unas inscripciones en dos escrituras: jeroglífica egipcia y protosinaítica. El egiptólogo y lingüista británico Alan Gardiner descifró las dos inscripciones, «como si de una piedra de Rosetta se tratase»

El proto-sinaítico muestra una importante relación con Egipto, ya que se trataba de una simplificación del sistema jeroglífico (unos 23 signos, de los que al menos la mitad son claramente egipcios). Aplicaron la regla de acrofonía, utilizando los jeroglíficos de objetos para representar el sonido de la palabra semítica que nombraba ese objeto, lo que quiere decir que el alfabeto proto-sinaítico usó los pictogramas de los jeroglíficos, como la cabeza de un buey, solo para poder representar el sonido inicial de la palabra semítica (aleph). Este nuevo sistema dio el paso del uso de los pictogramas al sistema fonético.

Al parecer los primeros en escribir las consonantes aisladas fueron los pueblos semíticos occidentales de las orillas del mar Rojo y del Mediterráneo, hebreos y fenicios. La cadena secuencial sería: signo-palabra; los signos-sonidos consonánticos mezclados a los signos-palabras (Egipto); los signos-sonidos silábicos mezclados con signos palabras (sumerio-acadio); signos-sonidos que representan sílabas de tipo constante (tipo egeo). Alfabeto silábico usado también por los tartessos en el sur de la península ibérica y que supone el primer alfabeto de toda la Europa occidental. Aún hoy, a pesar de tantas muestras escritas como existen en Andalucía y el sur de Portugal, esa lengua está por descifrarse o traducirse.

Alfabeto fenicio Los fenicios, establecidos en el actual Líbano, inventaron el primer sistema alfabético plenamente desarrollado, que contaba con 22 letras. Se caracterizaba por ser un sistema abjad, es decir, por ser un sistema con ausencia de vocales. En las inscripciones arcaicas de Biblos se encontraron las formas más antiguas de esta escritura, cuyo origen se remonta a los siglos XIII y XI a. C. Este nuevo sistema carecía de ideogramas, determinativos y silabismo. haciéndolo más sencillo que los sistemas de escritura anteriores, que permitió que su difusión fuese más rápida.

Gracias a su difusión por las rutas comerciales, generó dos grandes ramas de transmisión: la occidental, que incluye el púnico y la oriental, que marcó los alfabetos arameos y hebreos. El alfabeto fenicio se convirtió en el antecedente directo de los alfabetos modernos, puesto que siguió una línea de transmisión fenicia-griega-etrusca-latina.

Otros alfabetos El alfabeto paleohebraico proviene del fenicio, del que se fue alejando progresivamente. Otras ramas son: el alfabeto samaritano, el moabita, el púnico y el arameo (del que han derivado los alfabetos árabes, a través del alfabeto nabateo, los hebraicos, los sirios, los uraloaltaicos, etc.) El alfabeto árabe ha servido para idiomas como el persa, el turco, las lenguas bereberes, el malgache, etc. En cuanto a los alfabetos sursemíticos (surarábigo y nortearábigo) parecen provenir, con reservas, del fenicio. El alfabeto pehlvi y el avéstico son derivaciones del arameo. El origen del alfabeto libio está en discusión: fenicio, árabe, etc. El brahmi y el kharosthi, según la tesis clásica, derivan del fenicio, con la particularidad del cambio de dirección de la escritura y la notación de consonantes y vocales.

Historia de los alfabetos occidentales

Los principales alfabetos occidentales han tenido su origen en el alfabeto semítico septentrional o cananeo, datado hace más de 3500 años, entre el 1700 y el 1500 a. C., en el Próximo Oriente.

El precedente del alfabeto occidental se ideó en las regiones orientales de la costa mediterránea y se encargaron de divulgarlo los mercaderes fenicios. Probablemente los griegos conocieron este sistema de escritura en la ciudad Gibl (en el Líbano de hoy), un importante centro cultural y de comercio que llamaron Biblos; lo adoptaron en Grecia, aunque transformaron algunas consonantes y semiconsonantes en vocales. También variaron la dirección de algunas letras y generalizaron el escribir de izquierda a derecha. Se suele fechar hacia el 900 a. C.

El alfabeto griego adoptó el fenicio, modificó el valor de ciertos sonidos consonánticos y por primera vez representó las vocales igual que las consonantes. Del griego proceden el alfabeto gótico, copto, armenio, georgiano, albanés, eslavo (glagolítico y cirílico) y etrusco.

El alfabeto latino es uno de los alfabetos locales que los etruscos tomaron del griego. Se diferencia de este no solo en la forma de las letras, sino también en su empleo. En el de nuestra era estaba constituido por 23 letras. Con la expansión de la civilización grecolatina y del cristianismo, el alfabeto latino terminó por conquistar toda Europa: celtas, eslavos, germanos, escandinavos, etc. escriben con las letras latinas. Este alfabeto, adaptado por los romanos con las variantes propias, se difundió por todo el Mediterráneo, y posteriormente a todo Occidente.

Los alfabetos ibéricos parecen haberse derivado del fenicio y griego.

El alfabeto de los pueblos germánicos, llamado futhark (las runas y los oghams) por el nombre de sus seis primeras letras, se redujo de 26 signos a 16. La teoría más firme es la que le da un origen etrusco.

Orden alfabético: pasado y presente

Aunque hay muchas similitudes entre los alfabetos de distintos idiomas, se observan también diferencias peculiares en cada uno.

No siempre está claro qué es lo que constituye un alfabeto específico, único. El francés utiliza básicamente el mismo alfabeto que el inglés, pero muchas de las letras usan marcas adicionales, como la «é», la «à» y la «ô». En francés, estas combinaciones no se consideran letras adicionales. Sin embargo, en islandés letras acentuadas tales como la «á», la «í» y la «ö» se consideran letras distintas del alfabeto. En el español, la «ñ» es una letra distinta, pero vocales acentuadas como la «á» y la «é» no lo son. El alfabeto español consta de 27 letras. Asimismo, se emplean también cinco dígrafos para representar otros tantos fonemas: «ch», «ll», «rr», «gu» y «qu», considerados estos dos últimos como variantes posicionales para los fonemas /g/ y /k/. Los dígrafos ch y ll tienen valores fonéticos específicos, por lo que en la edición de 1754 de la Ortografía de la lengua española comenzó a considerárseles como letras del alfabeto español, y a partir de la publicación de la cuarta edición del Diccionario de la lengua española, en 1803,Ch, en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia EspañolaLl, en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española se ordenaron separadamente de c y l, y fue durante el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en Madrid en 1994, y por recomendación de varios organismos, que se acordó reordenar los dígrafos ch y ll en el lugar que el alfabeto latino universal les asigna, aunque todavía seguían formando parte del abecedario.Diccionario panhispánico de dudas, Santillana Ediciones Generales, ISBN 958-704-368-5, pág. 5-6 Con la publicación de la Ortografía de la lengua española de 2010, ambas dejaron de considerarse letras del abecedario.