La gramática cognitiva es una teoría cognitiva desarrollada por Ronald Langacker en su obra definitoria, Foundations of cognitive grammar, que sirvió como punto de partida para el campo emergente de la lingüística cognitiva. Esta teoría considera que las unidades básicas del lenguaje son símbolos o pares convencionales de una estructura semántica con una etiqueta fonológica. La gramática se define por las limitaciones que restringen la combinación de estas unidades para la generación de frases largas, que también son el emparejamiento de la representación semántica y la fonológica. Los aspectos semánticos son moldeados como un esquema gráfico y no como una proposición, y por eso, como resultado del enlace estrecho que tienen con la etiqueta, uno puede invocar el otro.

Generalidades Para Langacker, la conceptualización humana de la realidad se ajusta básicamente al llamado billiard ball model, o modelo de bola de billar, según el cual se conceptualiza un mundo poblado de objetos que establecen distintas relaciones. Las relaciones son conceptualmente dependientes, mientras que los objetos son conceptualmente autónomos y forman entidades discretas “porque incorpora[n] una cantidad restringida de sustancia y consecuentemente tiene[n] una disposición espacial limitada”. Las relaciones y objetos conceptualizados se vierten en las lenguas prototípicamente dentro de las categorías gramaticales de verbos y nombres, respectivamente. Las ventajas que supone un acercamiento cognitivo de la gramática, según Langacker, están en que ésta resulta intuitivamente natural, psicológicamente plausible y empíricamente viable (2008).

La visión alternativa de Langacker, alejada de la perspectiva formal, propone que la gramática es parte de la cognición humana y de naturaleza simbólica. La gramática es significativa, los elementos gramaticales tienen significado por sí mismos; la gramática permite emplear esos elementos para elaborar significados más complejos.

El significado de las expresiones lingüísticas presupone: a) un sustrato conceptual, conformado por el conocimiento enciclopédico, que es la aprehensión del contexto físico, social y lingüístico; b) un constructo, que es una entre muchas posibilidades de concebir una situación; y c) habilidades imaginativas, manifestadas en la existencia de metáforas o entidades cuya existencia sólo es virtual.

Para Langacker, un lenguaje requiere tres estructuras: semántica, fonológica y simbólica. La primera está compuesta por conceptualizaciones, la estructura fonológica proporciona sonidos, gestos y la base para representaciones ortográficas, mientras que la estructura simbólica funciona como enlace entre las primeras dos estructuras. El símbolo es, entonces, el emparejamiento entre una estructura semántica y fonológica.

Los símbolos más simples, mediante combinaciones con otros símbolos, crean estructuras de mayor complejidad. Algunas estructuras simbólicas complejas pueden convencionalizarse (p. ej. las palabras compuestas o las frases hechas), integrándose al lexicón, “un conjunto de expresiones fijas en una lengua”.

De acuerdo con Langacker, la lengua manifiesta, en su propia organización, una serie de procesos cognitivos existentes independientemente: asociación (conexiones psicológicas), automatización (debido a la repetición, algunas estructuras dejan de requerir monitoreo), esquematización (a partir de experiencias con aspectos comunes se crea un concepto más abstracto) y categorización (interpretación de la experiencia con arreglo a estructuras existentes previamente) (Véase, Teoría del prototipo).

Como la gramática de construcciones (desarrollada por Adele Goldberg, discípula de Lakoff), y a diferencia de otras teorías lingüísticas, la gramática cognitiva extiende la noción de las unidades simbólicas a la gramática del lenguaje. Además, Langacker supone que las estructuras lingüísticas están motivadas por los procesos cognitivos generales. En la formulación de su teoría, hace un uso extenso de los principios de la psicología de la Gestalt y crea analogías entre la estructura lingüística y los aspectos de la percepción visual.

Conceptos fundamentales de la gramática cognitiva

En la gramática cognitiva se estudian una serie de conceptos fundamentales que permiten describir una estructura lingüística como fenómeno simbólico basado en la conceptualización. Esta corriente se basa en unidades simbólicas constituidas por una estructura semántica y fonológica.Ronald Langacker profundiza en las complejidades de esta disciplina en su obra titulada Foundations of Cognitive Grammar (1987, 1991). El autor sostiene una visión que recoge de las ideas de Ferdinand de Saussure al afirmar que una estructura simbólica no es más que el emparejamiento de una estructura semántica con otra fonológica.

El lenguaje posee un carácter basado en símbolos compuestos por forma y significado,  que tienen que pasar previamente por la conceptualización por parte del hablante para ser expresados mediante el lenguaje. Por tanto, siguiendo este criterio, no existe una separación entre forma y significado: son inseparables. Ambas dimensiones forman parte de un mismo continuo simbólico que asocia el polo fonológico con el polo semántico, contemplándose como dos elementos interrelacionados.

Esta noción evoca el concepto de signo lingüístico de la concepción de Saussure; es decir, el vínculo entre significante y significado que la lingüística cognitiva expande a todos los niveles del lenguaje. La propuesta de Langacker (1987) no reconoce la existencia de capas gramaticales autónomas que operen al margen de la semántica o la fonología. De este modo, la morfología, el léxico y la sintaxis conforman unas estructuras simbólicas que, independientemente de su complejidad, se crea una asociación entre una estructura fonológica y semántica.

Las formas lingüísticas pueden ser tanto léxicas como gramaticales que funcionan como herramientas de expresión similar. Por lo que, todas las estructuras lingüísticas son unidades simbólicas que consisten en la asociación de un concepto mental con su realización semántica y fonológica.

En este sentido, desde la gramática cognitiva, se entiende que el significado se equipara a la conceptualización, pues al modo de un hablante, construye y procesa cognitivamente la realidad: según evoluciona nuestra capacidad para procesar experiencias, asignamos significado a las formas y las usamos para expresar ese significado de forma comunicativa.

A diferencia de otras teorías como el modelo del generativismo tradicional, - que considera el lenguaje un sistema autónomo centrado en un conjunto de reglas y principios universales de la mente humana-. La lingüística cognitiva se fundamenta en una nueva unidad de estudio para el estudio del lenguaje, donde la forma y significado son inseparables.

Desde esta perspectiva, el lenguaje se concibe como una capacidad integrada dentro de los procesos cognitivos generales de la interacción humana y la capacidad de conceptualización, y no como un sistema autónomo.

Conceptos para entender la gramática cognitiva Dentro del marco de la gramática cognitiva -considerada una disciplina de investigación fundamental en la lingüística cognitiva-, es fundamental exponer las nociones básicas para comprender su complejidad. Entre estos conceptos destacan los siguientes: la metáfora, la construcción y la perspectiva.

La metáfora La metáfora se define como un mecanismo cognitivo que influye afecta en la manera en que conocemos la realidad. Si las metáforas tienen contenido cognitivo lo tienen porque construyen, reorganizan, determinan una misma realidad, o bien porque descubren, revelan o desvelan nuevos elementos o relaciones que existen en la realidad.

Es un mecanismo cognitivo el cual comprendemos y organizamos la realidad que surge a partir de una proyección de conceptos. La RAE define este concepto como «aplicación de una palabra o de una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación (con otro objeto o concepto) y facilitar su comprensión». Por tanto, no se trata solo de un recurso lingüístico, sino una forma de interpretar y buscar una experiencia sensorial mediante imágenes claras que nos capaciten para comunicarnos. La metáfora permite que los hablantes relacionen nuevas conexiones entre ideas y nuevos significados para expresar conceptos abstractos a partir de lo conocido a través de nuestra experiencia.

Mediante el uso de la metáfora los seres humanos expresan, entienden ideas y reproducen sabores, olores, texturas, capacidades mentales y psicológicas en realidades que no las poseen. En expresiones como “estoy en un momento oscuro’ o ‘estar en las nubes’ para aprendices de una lengua extranjera puede influir negativamente si tienden a traducir literalmente las metáforas de su lengua materna. No obstante, si las metáforas coinciden con la metáfora en ambas lenguas puede ser totalmente beneficioso; de lo contrario, también puede inducir errores cuando no existe ninguna coincidencia.

La construcción La gramática de las construcciones es una teoría lingüística que sostiene que las construcciones se constituyen como unidades básicas del análisis gramatical y que se contraponen con aquellos modelos que las consideran unidades derivadas. Son asociaciones de forma, significado y uso discursivo que los hablantes emplean como esquemas:

Las construcciones poseen realidad psicológica. Constituyen pautas o esquemas que se extraen de los datos en un proceso inductivo que forma parte del aprendizaje de la lengua, por tanto no hay restricciones sobre la forma en que ese proceso tiene lugar.

Un ejemplo de cómo la sintaxis evidencia una intención comunicativa y no solo el orden de las palabras, se observa en los siguientes pares:

Vamos a la feria con Marina / Vamos con Marina a la feria.

Asimismo, el orden puede alterar el rol de los participantes en la escena:

Mamá abraza a Mary / Mary abraza a mamá

La perspectiva La perspectiva es el punto de observación que adopta el hablante al describir un hecho. Se entra en una escena que se visualiza desde el ángulo dónde se sitúa el hablante quien otorga relevancia a ciertos aspectos que le da al origen del movimiento o la acción.

Los hablantes configuran su lenguaje según su propia experiencia sensorial e interpretación del mundo que les rodea, no existen valores absolutos de significado para cada palabra. Los hablantes conectan la información que dispone y completa su valor para todos los contextos de uso posibles, haciéndola transferible a otros contextos aún sin crear.

Esto ocurre con los siguientes ejemplos cuando la perspectiva altera la conceptualización de un evento con el pretérito imperfecto y pretérito indefinido:

Llovía mucho ese día: es un tiempo que hace referencia a un hecho no terminado de la historia en la que se sitúa el hablante sin ver ni el principio ni el fin de la escena. Llovió mucho ese día: describe la misma situación pero con un hecho concluido; el hablante se sitúa después del hecho con un inicio y fin del suceso.

En los siguientes ejemplos, veremos el contraste entre traer/llevar y venir/ir. Se construye una comunicación por parte del hablante según la interpretación que pueda crear desde su experiencia sensorial. A continuación, veremos cómo se mueve de dirección María pero el movimiento se determina desde la perspectiva del hablante y da a entender que María se mueve a una dirección que no coincide con el hablante porque se desconoce la relación entre María y el hablante:

María viene a casa por la noche y trae la cena.

María va a casa por la noche y lleva la cena.

Referencias

Bibliografía

Cuenca, M. J. y Hilferty, J. (1999). Introducción a la lingüística cognitiva. Ariel. Bustos Guadaño, E. de (2000). La metáfora: Ensayos transdisciplinares. Fondo de Cultura Económica / UNED.