Se denomina Guerra de Castas al conflicto racial entre los mayas del sur y oriente de Yucatán y la población de blancos (criollos y mestizos), que se encontraba mayoritariamente establecida en la porción nor-occidental de la península de Yucatán. La guerra, que costó cerca de un cuarto de millón de vidas humanas, inició el mes de julio de 1847 y terminó oficialmente en 1901 con la ocupación de la capital maya de Noj Kaaj Santa Cruz por parte de las tropas del ejército federal mexicano.Francisco José Paoli Bolio, La guerra de Castas en Yucatán, Editorial Dante, Mérida, Yucatán, México, 2015. ISBN 978-607-709-153-0
En los primeros años de la guerra, se planteó la división de Yucatán en dos países distintos: Uno de blancos y otro de mayas insurrectos, medida en la que tuvo gran interés en el Reino Unido, al grado de que se comprometió a negociar con los rebeldes el abandono de las armas y su inserción al trabajo. Obviamente, como dijo en esos momentos Le Trait d'Union, los británicos se entrometieron no por cuestiones de humanidad, sino por los negocios que sostenían con los mayas y su anhelo de apoderarse de dichas tierras en conflicto.Citado por El Monitor Republicano, op. cit., domingo 12 de agosto de 1849, número 1552, p. 4. Los británicos proporcionaron armas y recursos a los mayas a cambio de madera de palo de tinte. A fines de mayo de 1848 los rebeldes ocupaban las cuatro quintas partes de la península, con excepción de Mérida, Campeche, algunos pueblos de sus cercanías y los situados en el camino real que unía ambas ciudades. La situación era tan angustiosa que el gobernador se preparaba para huir a Campeche y el obispo a La Habana. Alrededor de 80 000 refugiados de todo Yucatán se apiñaban en Mérida, lo que unido a la escasez de recursos ocasionó una epidemia que diezmó a la población.
Aunque sin éxito, los criollos yucatecos habían solicitado en mayo de 1848 la ayuda del comodoro estadounidense Matthew C. Perry, poco después algunos soldados del 13.º regimiento de infantería del ejército estadounidense aceptaron la oferta del gobierno yucateco para luchar como mercenarios contra los mayas rebeldes, a cambio de ocho dólares mensuales y de 320 acres de tierra que recibirían una vez que se pacificara la península. En septiembre de 1848 arribaron 938 soldados a Tekax. En abril del año siguiente se les acusó de que se conducían como conquistadores y no como auxiliares, y de que su indisciplina y depredaciones los hacían casi tan temibles como los mismos rebeldes mayas (esta expedición mercenaria fue independiente y no obtuvo ningún apoyo de su propio gobierno, a pesar de que los yucatecos arriesgaron su soberanía a cambio de apoyo militar).Moisés González Navarro. Raza y tierra: La Guerra de Castas y el henequén.
Historia
Contexto Los indígenas mayas en lo general habían sido sometidos religiosa, cultural y físicamente durante los 300 años que siguieron a la conquista. Existía un férreo control social en la península yucateca de todos los grupos sociales que no fueran españoles o criollos. Había algunas zonas de Yucatán, como en la región de Valladolid, donde el control social se expresaba con mayor severidad.
Es claro que la población criolla era la que más favorecía dicha estructura. La estructura que pudiera haberse llamado de castas (peninsulares, criollos, indígenas, mestizos, negros, y sus diversas combinaciones), persistió, y lo cierto es que en ese esquema los indígenas mayas ocuparon siempre un lugar inferior a peninsulares y criollos en la escala social.
Las formas de control social por parte de la clase dominante, que habrían de refinarse en el resto de México durante el , se mantuvieron en Yucatán sin ningún problema durante este período. Aunque la esclavitud se había prohibido desde la proclama de Hidalgo en 1810 (se oficializó su prohibición por decreto presidencial de Vicente Guerrero en 1829), los hacendados en Yucatán persistieron en formas de mantener el control y la esclavitud de sus "acasillados", todos indígenas mayas, que venían de un régimen de sumisión desde las encomiendas.
Los indígenas eran sometidos, entre otras formas, por la vía del adeudo. Un indígena nacía y moría en el mismo lugar; en la hacienda donde trabajaba desarrollando arduas tareas, se le asignaba un pago bajo al arbitrio del hacendado. Este pago se realizaba a través de la tienda de raya, propiedad del propio hacendado, donde era obligado a adquirir, a precios también arbitrarios, los elementos básicos para su subsistencia. Así se le sometía en forma tal que quedaba sujeto para siempre, toda vez que el endeudamiento llegaba a ser tan grande que no solo era incapaz de pagarlo sino que le era exigible en el momento de querer abandonar la hacienda.
Con ello, si se separaban subrepticiamente de su trabajo quedaban en condición de fugitivos perseguibles por la autoridad. Las cuentas por otro lado, eran hereditarias , de manera que los hijos debían pagar lo que el padre no hubiera podido cubrirle al patrón, perpetuándose la dependencia de la familia y llegándose al extremo de que, para saldar una deuda, al hacendado le era permitido comerciar con sus trabajadores vendiéndolos en el mercado de esclavos de Cuba.Carlos R. Menéndez, "Historia del infame comercio de indios en Yucatán", 1922, Mérida, Yucatán
Así, familias enteras eran trasladadas en cadenas humanas, desde la península a la isla caribeña. En esas condiciones vivían y sufrían muchos indígenas mayas de Yucatán de mediados del .John Kenneth Turner, México Bárbaro, 1965, Costa Amic editores, México, D.F.Nelson Reed, The Caste War of Yucatan, Stanford University Press, 1964Descubrimiento arqueológico del INAH del hundimiento en el siglo XIX de un barco dedicado al traslado de mayas esclavos a la isla de Cuba
Diferencias de clases sociales en la península Al terminar la guerra de la independencia en 1821, en lo que fue la Capitanía General de Yucatán no se dieron las expulsiones de españoles que si ocurrieron en otros lados, al menos no fueron masivas y permaneció en la península buena parte de la población de origen español. Por otro lado, aunque la población criolla no siempre simpatizaba con los estrictamente españoles, tampoco era solidaria con el resto de los habitantes peninsulares, los mestizos y los indígenas.
Por otro lado, en las diversas zonas de Yucatán no se mantenía el mismo nivel de control por parte del gobierno ni de los hacendados. Este control era más fuerte hacia el norte y el este de la península, especialmente en la región de Valladolid y menor en la Ciudad de Campeche. La concentración de población indígena en el oriente era muy superior a la de la región correspondiente al eje Campeche-Mérida –el denominado Camino real– porque en esa zona vivía la mayoría de los criollos. Los mayas estaban en una proporción de tres a uno en la península, pero en el oriente esa relación era de cinco a uno. De aquí que el control sobre la población indígena y la severidad del mismo tuviera que ser más acentuado en la región oriental de la península.
Hay que apuntar también que, en este control, la Iglesia católica había jugado un papel preponderante a lo largo de los tres siglos del coloniaje; tanto a través de los procesos forzosos de la evangelización como mediante su alianza con el poder militar y administrativo de los españoles.Op cit.: Nelson Reed, The Caste War of Yucatan, Stanford University Press, 1964
Otros elementos contributivos Se debe recordar que en 1847 Yucatán era una república en ciernes, separada de México, país con el que incluso había sostenido un conflicto bélico del que había salido relativamente victorioso al expulsar de su territorio a las tropas representativas del México centralista. En este proceso bélico, Yucatán había utilizado el apoyo de un fuerte contingente de indígenas mayas que se habían solidarizado con el gobierno de Yucatán, a la sazón encabezado por Santiago Méndez que había sucedido a Miguel Barbachano en el gobierno. Los indígenas participantes en el conflicto habían sido armados en ese proceso y habían decidido no devolver sus armas cuando estas les fueron solicitadas una vez concluido el episodio.
Fue entonces cuando estalló la guerra llamada de intervención norteamericana. México, inmerso en el caos político y administrativo, peleaba por defender su territorio del norte en contra del expansionismo de sus vecinos.
Pero en Yucatán las cosas tampoco marchaban bien. Existían conflictos latentes y patentes entre diversas facciones políticas. La lucha por el poder entre el grupo representativo de los intereses campechanos encabezado por Santiago Méndez y la facción representativa de los intereses meridanos, dominada por Miguel Barbachano, había llegado a un punto álgido, que la emergente guerra de castas iba a recrudecer aunque, por momentos, las dos facciones parecieron avenirse mediante acuerdos explícitos e implícitos orientados a unificar la lucha contra el enemigo común: los mayas rebeldes.
Otro elemento estuvo presente durante esa época en la península de Yucatán. La presencia de los británicos en la región en donde el imperio británico había ocupado los territorios que hoy son de Belice, en la porción peninsular sur-oriental. Desde ahí, este otro factor imperial aprovechaba la coyuntura para medrar e influir en el conflicto, alentando a los mayas sublevados a independizarse del gobierno de Yucatán y vendiéndoles armas a lo largo del conflicto.
Antecedentes de la guerra
La inconformidad del pueblo maya era pues patente desde antes de la independencia de México. Las condiciones de vasallaje en que se encontraban los indígenas mayas que habían sido conquistados en el y su enorme superioridad numérica en la península de Yucatán mantenían a la región en un estado permanente de tensión social.
Se había manifestado ya, en el , con la rebelión de Jacinto Canek y su dramático aniquilamiento, en 1761, pero aquel brote no fue sino una manifestación menor en comparación de la amplitud que habría de adquirir el levantamiento poco menos de un siglo después, ya en época del México independiente.
La Guerra de Castas surgió en Yucatán debido, en parte, a las precarias condiciones de vida de los indígenas mayas en la península. Solo los criollos y algunos mestizos eran yucatecos con plenos derechos y, en general, ellos solían ocupar la parte superior de la escala social y económica, por lo que los mayas, pertenecientes a la clase depauperada, no se sentían parte de ellos, eran simplemente mayas, foráneos en su propio territorio, en la tierra de sus antepasados.
Ante esa situación de pobreza y desigualdad social, los indígenas mayas se sublevaron. En julio de 1847, siendo gobernador de Yucatán Santiago Méndez, su administración se percató de una enorme concentración de indígenas armados y con reservas de alimentos, en la hacienda Culumpich, propiedad de Jacinto Pat, batab (caudillo) maya, a 40 km de Valladolid.
Tras ese descubrimiento, con la intención de sofocar cualquier revuelta, Manuel Antonio Ay, líder maya principal en Chichimilá, fue aprehendido bajo el pretexto de habérsele encontrado una carta en la que se planeaba la insurrección, juzgado sumariamente y ahorcado en la plaza de Santa Ana en Valladolid.
Posteriormente, en busca de los otros caudillos, la población de Tepich fue incendiada y sus habitantes duramente reprimidos. En respuesta a ello, el 30 de julio de 1847, Cecilio Chi atacó Tepich en el oriente y ordenó la muerte de todos los pobladores blancos. Jacinto Pat se incorporó desde el sur con sus huestes. Había estallado la guerra que duró 54 años y no concluyó oficialmente sino hasta 1901, aun cuando los problemas de fondo que la originaron continuarían siendo motivo de inquietud social hasta bien entrado el . Un año después, en 1848 la guerra de castas había cundido por toda la península y parecía por momentos que los indígenas lograrían exterminar a la población blanca.