La Merindad del Infantazgo de Valladolid (en castellano medieval citada como Meryndat del Infantadgo de Ualladolid) fue una merindad menor de la Corona de Castilla, vigente durante la Baja Edad Media e integrada en la Merindad Mayor de Castilla. Su descripción figura en el Becerro de las Behetrías de Castilla, elaborado en 1352 a raíz de las peticiones que el estamento de los hidalgos dirigió al rey Pedro I de Castilla en las Cortes de Valladolid de 1351, con la pretensión de convertir las behetrías en tierras solariegas.

Su capital se localizaba en la villa fronteriza de Urueña, y su territorio se extendía aproximadamente por la mitad central y occidental de la actual provincia de Valladolid, incluyendo el Concejo de Valladolid y sus aldeas, así como Tordesillas y Medina de Rioseco.

Etimología y origen del nombre

El término Infantazgo (también Infantado) designaba en los reinos de León y Castilla una institución surgida a mediados del siglo X, consistente en un conjunto patrimonial de monasterios, iglesias y tierras vinculado al sostenimiento de las hijas solteras de los monarcas o de los condes castellanos. El antecedente castellano más conocido es el Infantazgo de Covarrubias, creado en 972 por el conde García Fernández y su esposa Ava de Ribagorza para dotar a su hija Urraca.

A diferencia del infantazgo como dotación patrimonial femenina, la merindad homónima de Valladolid funcionó ya en la Baja Edad Media como circunscripción de naturaleza administrativa, fiscal y judicial. La pervivencia del nombre refleja la vinculación originaria de este territorio con bienes ligados al patrimonio regio.

Contexto histórico: las merindades castellanas

Las merindades sustituyeron progresivamente a los antiguos alfoces como demarcación territorial básica al norte del Duero entre los siglos y . El término merino procede del latín maiorinus y designaba al delegado regio con funciones administrativas, judiciales y fiscales sobre el distrito asignado.

El sistema se perfiló durante los reinados de Alfonso VII y Alfonso VIII y se mantuvo con escasas modificaciones hasta el . A mediados del la Merindad Mayor de Castilla abarcaba la mayor parte del reino al norte del Duero y se subdividía en diecinueve merindades menores, de las cuales el Becerro describe únicamente quince; las cuatro no incluidas son las de Bureba, Rioja-Montes de Oca, Logroño y Allende Ebro.

Territorio y límites

La Merindad del Infantazgo de Valladolid ocupaba un espacio coincidente, en líneas generales, con el corazón de la actual provincia de Valladolid. Sus límites eran:

Al norte, con las merindades de Carrión, Campos y Cerrato. Al este, con la Merindad de Cerrato. Al sur, con las comunidades de villa y tierra de Medina, Olmedo, Portillo, Cuéllar y Peñafiel. Al oeste, con el Reino de León.

Capital: Urueña

La cabeza de la merindad fue la villa de Urueña, situada en el extremo occidental del territorio, sobre los Montes Torozos y a escasa distancia de la raya con León. Su elección como capital se explica por su carácter estratégico: se levantaba en un emplazamiento elevado y conserva uno de los recintos amurallados medievales mejor preservados de Castilla, lo que apunta a una clara función defensiva ante el reino vecino.

Estructura señorial

El Becerro registra para cada núcleo de población su condición jurídica, identificando cuatro grandes tipos de señorío vigentes al norte del Duero:

Realengo: lugares dependientes directamente del rey. Abadengo: pertenecientes a sedes episcopales, monasterios y otras instituciones eclesiásticas. Solariego: sometidos a magnates seglares. Behetría: aquellos cuyos vecinos podían en principio elegir señor, frecuentemente entre los miembros de un linaje determinado (los llamados «naturales» o «diviseros»).

En el caso del Infantazgo de Valladolid, la proximidad a importantes centros monásticos, la presencia de la corte regia cuando se reunía en Valladolid y la implantación de poderosos linajes nobiliarios dieron lugar a un mosaico señorial muy diverso, con presencia simultánea de las cuatro categorías.

Localidades principales

Entre las poblaciones integradas en la merindad destacaban tres villas que llegarían a ostentar un peso decisivo en la historia castellana:

Valladolid, sede del concejo, con un señorío compartido en el que tenía papel relevante la abadía de Santa María la Mayor; sería una de las sedes habituales de la corte castellana en la Baja Edad Media y a comienzos de la Edad Moderna. Tordesillas, villa de realengo en la que se reunieron en varias ocasiones las Cortes de Castilla y residió la corte regia. Medina de Rioseco, cabecera de la Tierra de Campos y posterior sede de los Almirantes de Castilla tras la concesión del título a la casa de Enríquez en 1405.

Otras localidades documentadas dentro de la merindad incluyen Tordehumos, Torrelobatón, Villabáñez, Villamarciel, Villavieja del Cerro, Piña de Esgueva, Peñalba de Duero, Arroyo de la Encomienda, Quintanilla de Onésimo, Villagarcía de Campos, Fuensaldaña y Villavaquerín, además del Priorato de Santa María de Duero y los monasterios de Santa María de Retuerta y Santa María de La Santa Espina.

Frontera con el Reino de León

La merindad constituía a lo largo de todo su límite occidental la frontera meridional de Castilla con el Reino de León hasta la unificación definitiva de ambas coronas bajo Fernando III en 1230, y en el plano administrativo hasta la reorganización territorial del .

Este carácter fronterizo dejó una huella visible en la toponimia y en el paisaje fortificado de la zona: la propia capital de Urueña y los castillos de Torrelobatón y Tiedra forman parte de este sistema defensivo. Ya fuera de los límites de la merindad, la localidad de Melgar de Arriba, en la Merindad de Carrión, conserva el rastro de aquella raya: su denominación antigua era Melgar de la Frontera.

En este escenario fronterizo se firmaron varios acuerdos diplomáticos entre las dos coronas: el Tratado de Tordehumos (1194), el Tratado de Cabreros (1206) y el Tratado de Valladolid (1209).

Disolución y reorganización

A partir del , las atribuciones jurisdiccionales y fiscales de las merindades fueron asumidas paulatinamente por la nobleza señorial, de modo que estas demarcaciones conservaron sobre todo su función como distritos fiscales para la recaudación de antiguas rentas reales, como las monedas o los servicios.

En 1502 el adelantamiento mayor de Castilla se dividió en dos partidos, cada uno regido por un alcalde mayor: el de Burgos y el de Campos. El partido de Campos quedó integrado por las antiguas merindades de Liébana, Saldaña, Carrión, Monzón, Campos, Infantado y Cerrato.

Las merindades como demarcaciones reales acabaron desapareciendo con la nueva división provincial promovida en 1833 por Javier de Burgos, que estableció el marco de la actual provincia de Valladolid.

Véase también

Referencias

Bibliografía

Enlaces externos

Ficha del Libro Becerro de las Behetrías de Castilla en el Portal de Archivos Españoles (PARES), Archivo General de Simancas, signatura PTR,LEG,93,18. «670 años del Libro becerro de las behetrías de Castilla (1352-2022)», Ministerio de Cultura.

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