thumb|350px|right|La conspiración de Julio Civilis (Rembrandt, 1661). Muestra un juramento bátavo a Julio Civilis, cabecilla de la rebelión batavia contra Roma en el año 69 Cayo o Gayo Julio Civilis (en latín, Gaius Iulius Civilis) fue el líder de los bátavos (el pueblo germánico que vivía en la zona que ocupan en la actualidad los Países Bajos) en su revuelta contra Roma del año 69 al 70. Fue encarcelado dos veces bajo el cargo de rebelión, y escapó por poco de ser ejecutado. Durante los disturbios que siguieron a la muerte de Nerón, se levantó en armas bajo el pretexto de apoyar a Vespasiano, induciendo a los habitantes de su país natal a rebelarse.

Los rebeldes expulsaron a las guarniciones romanas del Rin y capturaron veinticuatro barcos de la flota fluvial de ese río. Dos legiones al mando de Mumio Luperco fueron rodeadas y derrotadas en Castra Vetera (cerca de la actual ciudad de Xanten). A los rebeldes se unieron ocho cohortes de auxilia veteranos bátavos, así como parte de las tropas enviadas por Vespasiano para aliviar el cerco de Castra Vetera.

El resultado de estas adhesiones fue una nueva revuelta en Galia. Marco Hordeonio Flaco fue asesinado en 70 por sus propios hombres, y las fuerzas romanas al completo fueron inducidas por dos comandantes auxiliares galos, Julio Clásico y Julio Tutor, a defeccionar de Roma y unirse al ejército de Civilis. Prácticamente toda la Galia se declaró independiente, contemplándose la formación de un nuevo reino galo. La profetisa germana Veleda predijo el éxito completo de Civilis y la consecuente caída del Imperio romano. Pero nacieron disputas en el seno de las tribus que hicieron imposible cualquier tipo de colaboración futura. Vespasiano, tras triunfar en la guerra civil que siguió a la muerte de Nerón, exigió a Julio Civilis que depusiera sus armas, y ante su negativa inició una serie de medidas drásticas destinadas a acabar con la revuelta.

La llegada de Quinto Petilio Cerial con un poderoso ejército intimidó a los galos y a las tropas amotinadas, que se sometieron de nuevo a Roma. El propio Civilis fue derrotado en Augusta Treverorum (Tréveris) y Castra Vetera, y obligado a retirarse a la isla de los bátavos. Finalmente llegó a un acuerdo con Cerial, por el cual sus compatriotas recibieron ciertas ventajas sociales y retomaron las relaciones de amistad con Roma. Ninguna fuente menciona a Civilis después de esta fecha.

Trasfondo

Los bátavos eran un pueblo de origen germánico, que habían abandonado la nación de los catos, de la que formaban parte, y colonizado la isla formada entre las bocas del Rin y del Mosa. La posición estratégica que ocupaban impulsó a los romanos a buscar su amistad y los mismos bátavos prestaron un importante servicio a Roma en las guerras de Britania y Germania durante el reinado de los anteriores emperadores. A consecuencia de esto, gozaron de ciertos beneficios sociales y fueron eximidos de la obligación de pagar tributo, pero en contraposición debieron suministrar un gran número de auxiliares al ejército, pues eran famosos por sus cualidades como nadadores. Cuando Roma abandonó el propósito de conquistar Germania, las naciones al oeste del Rin —especialmente aquellas de origen germánico— comenzaron a albergar un sentimiento de independencia. Las guerras civiles en el Imperio romano ofrecieron una oportunidad para intentarlo y tanto las opresiones de los gobernadores provinciales como la carga conscriptiva avivaron la provocación convirtiéndose en incentivos para la revuelta.Es importante distinguir entre «Germania» propiamente dicha (Germania Magna o Germania Libera) y las dos provincias galas en el banco oeste del Rin que, por su población mayoritariamente de origen germánico, eran conocidas como «Germanias» (Germania Inferior y Germania Superior). El escenario de la guerra contra Civilis se encontraba en el banco oeste del Rin, especialmente en Germania Inferior.

Vida

Primeros años

Claudio CivilTácito, Historias 1.59 llama a Civil "Julio", al igual que otros autores (Plutarco Erot. 25, p. 770: donde, sin embargo, probablemente se refiere a Julio Tutor) o Frontino Estratagemas 4.3.15: y su hermano Julio Paulo provenían de la familia real bátava y habían conseguido ciertos méritos que les encumbraban en el plano personal. Por su nomen, es probable que Civil o alguno de sus ancestros varones fuese nombrado ciudadano romano (y, por tanto, su tribu era vasalla de Roma) en tiempos de Augusto o de Calígula. Bajo un falso cargo de traición, el legado de Nerón Fonteyo Capitón, ejecutó a Julio Paulo en 68 y envió a Civilis encadenado a Roma. Allí fue escuchado y absuelto por Galba. Posteriormente, fue nombrado prefecto de una cohorte de auxilia, pero cayó bajo sospecha de nuevo bajo el mando de Vitelio, quien exigía que fuese castigado.Tácito, Historias 1.59

Apoyo a Vespasiano

Consiguió escapar del peligro, pero no olvidó la afrenta. Pensó en Aníbal y Sertorio, pues a semejanza de ellos había perdido un ojo y, poseyendo —según Tácito— un poder intelectual por encima de lo común entre los bárbaros, planeó su venganza contra Roma bajo el pretexto de apoyar la causa de Vespasiano.

Para entender los sucesos ocurridos en este periodo en las Germanias y la Galia, es necesario recordar que las legiones de Germania consistían en las propias tropas de Vitelio, que se autoproclamó emperador, manteniendo sus pretensiones hasta el último momento. Los legados, por otra parte, se aliaron desde el inicio con Vespasiano, siendo acusados no sin razón de connivencia con los traidores en la insurrección del Rin.Tácito, Historias 4.27 Civil fue urgido por una carta de Antonio Primo y una petición personal de Marco Hordeonio Flaco a evitar que las legiones germanas marcharan hacia Italia para apoyar a Vitelio bajo la apariencia de una insurrección germánica, una apariencia que Civil resolvió convertir en realidad. Sus designios se vieron favorecidos por un edicto de Vitelio, que exigía levas de los bátavos, y por la rudeza en que este edicto fue obligado a cumplirse, pues los ancianos se vieron obligados a pagar por ser eximidos de sus servicios militares, y hermosos jóvenes fueron capturados para viles propósitos. Irritados por la crueldad de estos hechos, y movidos por Civilis y sus confederados, los bátavos rehusaron formar las levas. Civilis, de acuerdo a la antigua costumbre germánica, convocó un solemne encuentro nocturno en una arboleda sagrada, atrayendo con facilidad a los jefes bátavos por un juramento a la rebelión.La principal fuente histórica que hace referencia a la insurrección es Tácito, Historias IV y V, cuyo relato comienza al inicio del discurso de Civilis a Cerial.

Fueron enviados mensajeros para asegurarse el apoyo de los cananefates, otra tribu germánica que vivía en la misma isla, y otros para pedir la fidelidad de las ocho cohortes bátavas que habían servido en Britania, estacionadas en Mogontiacum (actual Maguncia) como parte del ejército romano del Rin. La primera de estas misiones fue completamente exitosa: los cananefates eligieron a Brinno como líder, quien, habiéndose asegurado el apoyo de los frisones —una nación más allá del Rin— atacó los cuarteles de invierno romanos, obligándoles a retirarse. Ante esto, Civilis, aún disimulando, acusó a los prefectos de deserción, pues habían abandonado sus campamentos. Su traición fue, sin embargo, descubierta, por lo que se unió abiertamente a los insurgentes. Ya al mando de las tres tribus, se enfrentó a los romanos a orillas del Rin. Durante la batalla, una cohorte de tungros desertó al bando bátavo, decidiendo la batalla. Mientras, la flota romana, que bajaba el río para cooperar con las legiones, fue desviada a la orilla por los remeros, muchos de los cuales eran bátavos, que se amotinaron contra los capitanes y centuriones. Los rebeldes capturaron en total veinticuatro naves.Tácito, Historias 4.16

Tras la victoria, Civilis envió mensajeros a las dos Germanias y a las provincias galas, induciendo a sus habitantes a rebelarse y crear un nuevo reino independiente. Hordeonio Flaco, gobernador de las Germanias, que había avivado secretamente los primeros esfuerzos de Civilis, ordenó ahora a su legado Mumio Luperco que marchara contra el enemigo. Cuando Civil le presentó batalla, el ala batavia del ejército de Luperco desertó inmediatamente. El resto de los auxiliares huyeron, y los legionarios se vieron forzados a retirarse hacia Vetera Castra, la gran ciudad-campamento que Augusto había fundado en la orilla izquierda del Rin como cuartel general de las operaciones contra Germania. Aproximadamente por estas fechas, algunas de las cohortes veteranas de bátavos y cananefates, que marchaban hacia Italia por orden de Vitelio, se amotinaron al llegar los mensajeros de Civil. En su retorno, derrotaron a las fuerzas de Herenio Galo que acampaban en la actual Bonn. Civil se encontraba ahora al mando de un ejército completo pero, reacio a enfrentarse directamente al poder romano, hizo que sus seguidores juraran fidelidad a Vespasiano, y mandó misivas a las dos legiones refugiadas en Vetera Castra para que hicieran lo propio.Tácito, Historias 4.19

Airado ante su rechazo, llamó a las armas a la nación completa de los bátavos, a quienes acompañaron los brúcteros y téncteros y envió mensajeros al interior de Germania para movilizar a sus gentes. Los legados romanos Mumio Luperco y Numicio Rufo, mientras tanto, reforzaron las fortificaciones de Vetera Castra. Civil marchó desde ambas orillas del Rin, bajando el mismo río con los barcos capturados a los romanos, y asedió la ciudad, tras un infructuoso intento de capturarla por las armas. Las operaciones de Herdonio Flaco se vieron retrasadas por su propia debilidad, su ansiedad por servir a Vespasiano y la desconfianza de sus hombres. Finalmente, fue obligado a ceder el mando a Dilio Vocula. Civil, entretanto, habiéndosele unido grandes fuerzas procedentes de Germania, procedió a acosar a las tribus galas al oeste del Mosa, llegando incluso hasta la costa, para socavar su fidelidad a Roma. Sus esfuerzos se dirigían principalmente hacia los tréveros y los ubios. Los ubios se mostraron especialmente tenaces, sufriendo el castigo de Civil en consecuencia. Posteriormente, intensificó el sitio de Vetera Castra, intentando tomarla de nuevo por las armas. Fracasó de nuevo, y se vio obligado a intentar persuadir a los soldados asediados.