Maria-Bernarda Sobirós, más conocida como Bernadette Soubirous (Lourdes, -Nevers, ), fue una pastora, mística y religiosa francesa canonizada por la Iglesia católica en 1933. Su festividad se celebra el 16 de abril, aniversario de su muerte. Su cuerpo permanece incorrupto en Nevers.

Una serie de dieciocho apariciones marianas que Soubirous afirmó haber tenido en 1858 en Lourdes, y los milagros que las sucedieron, terminaron por conferirle fama mundial ya al momento de su muerte.

Biografía Orígenes familiares Bernadette nació el 7 de enero de 1844, fueron sus padres François Sobirós (1807-1871) y Louise Castérot (1825-1866). Fue bautizada en San Pablo, la parroquia local, el 9 de enero de 1844, primer aniversario del matrimonio religioso de sus padres. Sobre su nombre completo y su sobrenombre (diminutivo de su segundo nombre), existen diversas variantes según el idioma de referencia:

Maria-Bernada (Bernadeta) Sobirós (sobrenombre entre paréntesis) en gascón, su lengua materna; Marie-Bernarde (Bernadette) Soubirous en francés; María Bernarda (Bernardita) Soubirous en español. thumb|Casa paterna de Bernadette Soubirous en Lourdes, también llamada molino Lacadé (fotografiada en 1914), donde vivió la familia a partir de 1863. En esta casa murió la madre de Bernadette, Louise Castérot, el 8 de diciembre de 1866. Con anterioridad, la familia había vivido en el molino de Boly donde nació Bernadette, y en el cachot o calabozo de la calle des Petits Fossés, de donde salió a buscar leña el día en el cual señaló haber tenido su primera visión, el 11 de febrero de 1858. La fotografía se encuentra en la Biblioteca Nacional de Francia.|306x306px

Bernadette era la mayor de nueve hermanos, de los cuales solo algunos sobrevivieron a los primeros años de vida: Jean (nacida y fallecida en 1845), Marie —también llamada Toinette— (1846-1892), Jean-Marie (1848–1851), Jean-Marie (1851-1919), Justin (1855–1865), Pierre (1859-1931), Jean (nacida y fallecida en 1864) y una bebé llamada Louise (fallecida poco después de su nacimiento en 1866).

Por la condición de extrema pobreza de sus padres, vivían en un viejo sótano en un molino húmedo y miserable. Su padre, François Sobirós, tenía por empleo en el momento de las apariciones juntar la basura del pueblo y del hospital; su oficio era molinero, pero la escasez de trabajo hacía imposible desempeñarlo. Su madre, Louise Castérot, era una mujer piadosa y preocupada por sus hijos que ocasionalmente trabajaba de costurera.

thumb|Molino de Boly. Lourdes, c. 1865-1870. Allí nació Bernadette el 7 de enero de 1844. Niñez Corrían tiempos difíciles en Francia y la familia de Bernadette vivía en pobreza extrema, particularmente desde que ella cumplió diez años. Primero, su padre Francisco perdería un ojo en un accidente de trabajo y quedaría tuerto. Luego, el panadero de Lourdes lo acusó de haber robado sacos de harina, motivo por el cual pasaría una semana en la cárcel. Toda la región padeció años de graves sequías que provocarían pérdidas de cosechas. Al no haber trigo suficiente, cerraron muchos molinos (entre ellos, el molino de Boly, donde trabajaban y vivían los Soubirous). Además aparecieron los molinos de vapor, que se impusieron a los tradicionales de agua.

Desde muy pequeña Bernadette tuvo una salud delicada. La causa era la desnutrición y el lamentable y pobre estado de la casa monoambiente donde residía. Durante su niñez, el cólera causó 38 muertos y centenares de afectados en Lourdes. En otoño de 1855, esa enfermedad atacó a Bernadette dejándola sumamente debilitada. Más tarde contrajo asma. El clima y el ambiente en que residían no la ayudaban en su condición.

Llegó a vivir algunos años en una celda de la antigua prisión de Lourdes, por entonces fuera de uso: el llamado cachot, de 4,40 m por 4 m, en la calle des Petits Fossés, cedido por su propietario, un primo del padre llamado Aimé Sajous, a causa de la extrema pobreza de la familia Soubirous. La familia fue entonces señalada en el pueblo como «los que viven en el calabozo».

Había conocido la miseria hasta pasar hambre y ver a sus hermanos repartirse un mendrugo de pan. Bernadette tenía que pedir ropa prestada cuando lavaba la propia. Cuando los demás niños de su edad asistían a la escuela, ella debía cuidar a sus hermanos menores o guardar en el monte ovejas ajenas. Hasta los 16 años no aprendió a leer ni a escribir, aun así, estaba empeñada en recibir la primera comunión. Por las noches, después de largas horas de labor, la niña repetía las fórmulas del catecismo. El maestro le decía a sus padres: «Le cuesta retener de memoria el catecismo, porque no sabe leer; pero pone mucho empeño: es muy atenta y piadosa».

Apariciones de Lourdes

thumb|305x305px|Bernadette Soubirous en 1866, año en que entró al convento en Nevers.

El 11 de febrero de 1858, y durante seis meses, Bernadette recibió las revelaciones de la Virgen María en la advocación de la Inmaculada Concepción en la pequeña gruta de Masse-Vieille (hoy llamada Massabielle). El lugar estaba conformado por una roca que cubría una gruta alargada, de unos ocho metros de ancho. Aquel jueves 11 de febrero se había terminado la leña en la casa y Bernadette se ofreció a ir a recoger, a la vera del torrente Gave, con su hermana Toinette y Juana Abadie, a quien llamaban Baloum. Las tres niñas descendieron hasta Masse-Vieille. Según su relato, Bernadette oyó un fuerte rumor de viento, pero al volverse vio que todo estaba tranquilo y que los árboles no se habían movido. Por segunda vez oyó el mismo rumor, entonces en el interior de la gruta vio a una «jovencita» (que en su decimosexta aparición se identificaría como la Inmaculada Concepción).Holy people of the world: a cross-cultural encyclopedia, Volume 3 by Phyllis G. Jestice 2004 ISBN 1-57607-355-6 page 816 Así narró Bernadette la primera aparición:

thumb|221x221px|Área geográfica en que se utiliza el gascón, variedad lingüística propia del Triángulo Aquitano (del cual Lourdes forma parte), considerada generalmente un dialecto del occitano. Bernadette Soubirous utilizó probablemente la grafía febusiana de la norma mistraliana al referirse a sus apariciones con el término «Aquerò», que en la normativa estándar actual se expresa como Aquera (Aquélla).|izquierda La «joven», a quien Bernadette comenzó llamando «Aquélla» (más precisamente, «Aquerò», que en la normativa estándar actual se expresa como Aquera) y después «Señora» («uo petito damizelo», que en la normativa actual se expresa como ua petita damisela), se le presentaría dieciocho veces. En la tercera aparición, el 18 de febrero, Bernadette le preguntó su nombre. La Señora no se lo dijo de momento y le propuso una cita diaria durante quince días. Del 19 al 24 de febrero tuvieron lugar las apariciones cuarta a octava. La Señora y Bernadette se hablaron en confidencia, mientras las autoridades acusaban a la pequeña joven de perturbar el orden público y la amenazaban con enviarla a la cárcel.

La niña siempre mantuvo una consistente actitud de calma durante los interrogatorios, sin cambiar su historia ni su actitud, ni pretender tener un conocimiento más allá de lo dicho respecto a la visión descrita.

Las opiniones de los vecinos de Lourdes estaban divididas. Aquellos vecinos que creían que Bernadette decía la verdad, asumían que la mujer que se le aparecía era la Virgen María. Sin embargo, Bernadette nunca sostuvo en ese tiempo «haber visto a la Virgen» y continuó usando el término «Aquerò».

La aparición del 24 de febrero se focalizó en la necesidad de la plegaria y la penitencia. Según Bernadette, «Aquerò» dijo: «Penitenço... Penitenço... Penitenço» (en la normativa actual, «Penitença... Penitença... Penitença», es decir, «penitencia»).

El 25 de febrero tuvo lugar una de las apariciones más polémicas, ante la presencia de unas 350 personas. Según testificó Bernadette, luego de rezar el rosario la Señora le pidió que bebiera del agua del manantial y que comiera de las plantas silvestres que crecían allí. Ella interpretó que debía ir a tomar agua del cercano río Gave y hacia allá se dirigió. Pero la Señora le señaló con el dedo que escarbara en el suelo. Bernadette cavó en el suelo con las manos desnudas y ensució su rostro buscando beber donde solo había fango. Intentó «beber» tres veces, infructuosamente. En el cuarto intento, las gotitas estaban más claras y ella las bebió. También comió trozos de algunas de las plantas del lugar. Cuando finalmente tornó hacia la muchedumbre que la observaba, su cara estaba manchada con fango, sin que se hubiera revelado manantial alguno. Esto causó mucho escepticismo y fue visto como locura por muchos de los presentes, quienes gritaron: «¡Es un fraude!» y «¡Está loca!», en tanto sus parientes, desconcertados, limpiaban la cara de la adolescente con un pañuelo. Poco después, sin embargo, brotó un manantial de agua que comenzó a fluir del hoyo fangoso cavado por Bernadette.

La gran revelación: «Yo soy la Inmaculada Concepción» thumb|283x283px|Dominique Peyramale, párroco de Lourdes. El martes 2 de marzo, «Aquerò» pidió dos cosas a Bernadette: que se hicieran procesiones a la gruta y se construyera allí mismo una capilla en su honor. Acompañada por dos de sus tías, Bernadette acudió al párroco, padre Dominique Peyramale, con el pedido. Peyramale era un hombre inteligente que no creía en visiones y milagros.

Edificar una capilla... «Pero, ¿en honor de quién?» preguntaron los clérigos a quienes Bernadette refirió el coloquio. La «Señora» le revelaría su identidad en su decimosexta aparición, el 25 de marzo, en términos que Bernadette no comprendió plenamente en un principio: «Yo soy la Inmaculada Concepción» (literalmente, «Qué soï era immaculado councepcioũ», que según la normativa estándar actual se expresa Que soi era immaculada concepción). La revelación sucedió después de más de una hora, durante la cual tuvo lugar el segundo de los llamados «milagros del cirio». Bernadette sostenía un cirio encendido; durante la visión el cirio se consumió y la llama habría entrado en contacto directo con su piel por más de quince minutos, sin que produjera en ella ningún signo de dolor o daño tisular. Fueron testigos de ello numerosas personas, entre ellas el médico de la ciudad, Dr. Pierre Romaine Dozous, quien tomó el tiempo y posteriormente lo documentó.

Bernadette refirió la revelación de la identidad de «Aquerò» al clero, ante todo al Padre Peyramale —párroco de Lourdes—, también al abate Pène, al abate Serres, al abate Pomian... Se sucedieron interrogatorios permanentes e incisivos de parte de diferentes autoridades civiles francesas y autoridades eclesiásticas de la Iglesia católica. En efecto, Bernadette poseía poca instrucción, como la mayoría de su pueblo, y las dudas acerca de su capacidad para haber leído o inventado semejantes palabras valieron la atención del sacerdote del lugar.